Sep 29 2012
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OpiniónSociedad

Poderes que matan

En este mundo moderno proliferan y se imponen poderes mafiosos, del crimen organizado, de consorcios transnacionales, de derechas proempresariales, de bancas y grupos financieros tramposos e inescrupulosos, de gobiernos privados con mano abierta a los de arriba y puño cerrado para los de abajo.| Equipo Editor.*

 

Todos ellos tienen en sus manos gran parte del poder financiero mundial, controlan gobiernos, explotan riquezas naturales, manejan poderes militares e imponen leyes para que sus operaciones sean “legales”.

 

Para ir cerrando el círculo, someten a grandes sectores de la población, sobre todo pobres, a sus controles, coerciones, designios y mandatos. Los narcos convierten jóvenes en sicarios, los empresarios a trabajadores en abusados, las transnacionales a territorios soberanos en suelos privatizados, los gobiernos de derecha a ciudadanos en excluidos.

 

Crimen organizado, trasnacionales, banca, grupos financieros, cárteles del narcotráfico, gobiernos de derecha, fuerzas militares y policiales, parecen integrar una misma familia que mueve hilos del poder que tienen al mundo como está.

 

En esta edición de El Ciudadano mucho de todo esto queda en evidencia. De eso dan cuenta las notas periodísticas sobre la expansión privatizadora y explotadora de consorcios de la industria de la pesca que ya son dueños del mar de chilenas y chilenos, y que “por ley” podrían heredarlos a sus hijos de sangre o de las finanzas; sobre las gigantescas ganancias y operaciones de todo tipo del crimen organizado y del narco; de las atrocidades cometidas contra seres humanos por la Dina, creada por los militares y amparada por la derecha, en una siniestra fórmula represiva destinada a mantener el poder.

 

Las cosas no terminan allí. Otro poder ya está instalado y beneficiando a esos fácticos del crimen, el robo, la apropiación, la explotación, la intervención, el narco, el abuso, la exclusión.

 

Es el de los medios de comunicación que con la vieja y poco creíble tesis de “es lo que la gente quiere ver”, inicia noticieros mostrando las notas rojas de los de abajo, repitiendo los cosquilleos de la farándula, instrumentalizando la popularidad del fútbol, potenciando realities, dibujando el país que acomoda a los poderes que matan para que la gente viva y sienta una enajenación que no permite pensar ni actuar.

 

Millones, entonces, están ajenos, como zombies, ignorantes y lejanos a saber, a conocer, a informarse del crimen organizado, de los cárteles de la droga, de los consorcios transnacionales, de las pillerías de la banca, del abuso de los empresarios, de los desatinos de los gobiernos y de tantas cosas que, más allá de Dios y del Diablo, determinan lo que pase o deje de pasar en la vida de cientos y cientos de millones de seres humanos.

 

Se podrá conocer el rostro y la historia de la joven empobrecida que abortó, del muchacho abandonado que robó, del trabajador desquiciado que vendió droga, del desecho humano que mató, pero jamás se conocerá el rostro ni la historia de los dueños de las farmacias que se coludieron, de los grandes empresarios que estafaron, de los banqueros que engañaron, de los dueños de las AFP que especularon, de las trasnacionales que no pagan impuestos y se llevan el cobre, el litio y los peces como la cosa más natural de este largo territorio, de los jefes de las grandes bandas y de los cárteles.

 

Que nadie se engañe. Es terrorífico y dañino el poder del crimen organizado, de los narcos, de las transnacionales, de los bancos, de los grupos financieros, de los gobiernos de derecha, de las fuerzas militares y policiales.

 

Peor aun, muchos de esos grupos de poder diseñan e imponen constituciones, leyes y normativas que enmarcan como “legales” sus acciones; otros se convierten en delincuentes “de cuello y corbata” y no pocos en gobernantes llenos de conflictos de intereses donde un especulador financiero llega a ser presidente y la hija de un general que supo de torturas y asesinatos puede ser senadora o ministra. No se les arruga ni el rostro ni el corazón.

 

Ésa es la dimensión de los problemas del planeta Tierra. Ésa es la dimensión de los poderes fácticos y atropelladores. Ésa es la dimensión de realidades que se ocultan y que se dejan pasar. En contrapunto, a esa altura están los desafíos para asumir aquello de que ‘Otro Mundo es Posible’. Por eso más vale no seguir pendejeando.
——
* Del peródico El Ciudadano (Nº 130, agosto de 2012).
www.elciudadano.cl
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