Mar 13 2018
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Sociedad

Posverdad

 

En una conversación entre Seinfeld y Costanza, el primero le pregunta… ¿le diste a ella una descripción de tí mismo a través del teléfono? Si. ¿Qué le dijiste? ¿Qué crees que le dije? No sé. Le dije la verdad. ¿Cómo tu la ves? Si, como yo la veo.

¿No es el caso que la verdad “como yo la veo” es la verdad de la era de la Posverdad? No la verdad empírica o racional, sino digamos, la verdad que proviene de una dimensión paralela no sujeta a un pensamiento racional. El concepto de verdad que sostuvo el Siglo de las Luces ha perdido su estatus de objetividad y con lo que nos quedamos es con “mi verdad” que es diferente a la tuya. Los hechos objetivos le ceden el lugar a las emociones y creencias personales. El deslizamiento de la verdad a lo que siento que es verdad.Resultado de imagen para verdad y posverdad

El prefijo pos no se refiere aquí a un tiempo que viene después de una situación o evento, sino a un tiempo en el que el concepto “verdad” ha perdido importancia o se ha vuelto irrelevante. Al final nos quedamos con que nadie está de acuerdo en qué es la verdad. ¿Significa, entonces, que antes de la era de la posverdad hubo una en que la verdad prevaleció y la mentira no era mucha? Uno quisiera creer eso, pero tal edad de oro nunca ha existido.

Lo inquietante es que, al parecer, no hay un fundamento último en base al cual un argumento pueda ser aceptado definitivamente como verdadero o falso. Lo que hoy día llamamos posmodernismo es simplemente la observación o reconocimiento que nunca hemos tenido un punto arquimídico que exista fuera del flujo de nuestras propias opiniones o teorías.

A través del tiempo hemos creado para nosotros mismos fundamentos universales y absolutos que todos reconocemos y aceptamos y que nos sirven para construir verdades objetivas que se ubican más allá de nuestros intereses y sentimientos. El temor subliminal de nuestra época es que tales fundamentos, en última instancia, son construcciones históricas. El secreto está ahora expuesto a plena luz.

Resultado de imagen para verdad y posverdadPero, ¡cuidado!… El que vivamos dentro de lo que fabricamos y luego nos narremos a nosotros mismos estas fabricaciones no nos lleva a la conclusión de que la realidad es lo que decimos de ella y que la verdad yace donde la vemos. Ciertamente que fabricamos, pero el mundo no está de ninguna manera obligado a consentir.

La perspectiva posmodernista plantea importantes cuestiones filosóficas acerca de la naturaleza de la verdad, del significado de un texto, de los hechos históricos y de muchas otras cosas. El problema es que lo que es primariamente relevante para el discurso intelectual y la academia no siempre se traduce bien en el ámbito de la vida diaria. Si en un tiempo pasado las modas intelectuales se limitaban al pequeño ámbito universitario de profesores y discípulos hoy día se filtran en la cultura popular a través de la popularización de artículos y libros que avalan un relativismo posmodernista a medio digerir.

El posmodernismo en un sentido teórico es la situación en que nos encontramos después de la descomposición del proyecto del Siglo de las Luces, que se inicia en la segunda mitad del siglo XVIII y continua hasta el siglo XX. El objetivo era lograr que diferentes personas vieran las cosas de la misma manera… que es la manera racional. Para estos pensadores había una sola posible respuesta para cualquier pregunta. Y si esto es así entonces podemos concluir que es posible controlar y ordenar racionalmente el mundo si logramos representarlo adecuadamente.

Resultado de imagen para verdad y posverdadLa presunción es que existe un solo modo correcto de representación que la ciencia y las matemáticas progresivamente van revelando. Este no es solo un esfuerzo filosófico, sino una creencia en el progreso lineal, en la verdad absoluta y en la planificación de un orden social ideal. Este modo de pensar implica una meta narrativa o un gran discurso acerca de la dirección de la historia… una historia suficientemente grande para unir la filosofía, la investigación científica, la política y el arte con un sentido unitario y direccional…

Así, por ejemplo, las historias cristianas acerca de Dios y el mundo, la historia marxista de las etapas históricas, el Destino Manifiesto de norte américa, etc. El posmodernismo es el tiempo en que estas historias ya no funcionan muy bien.

En las sociedades tradicionales se tenía la experiencia de la universalidad sin tener un concepto de ella. La gente pasaba sus días y sus vidas sin encontrar otros seres humanos con una visión diferente del mundo, por lo que no tenían que preocuparse mucho acerca del pluralismo. En el modernismo hay un concepto de universalidad basado en la esperanza de que algún genio o líder político encuentre la solución para que todo el mundo esté en la misma página.

Lo que ha ocurrido, sin embargo, es que cada guerra, cada misión comercial, cada flujo de información y cada migración ha traído un choque cultural. En el posmodernismo el concepto mismo de universalidad se vuelve cuestionable al chocar con múltiples realidades. Todos los sistemas de creencias más influyentes del tiempo del modernismo todavía circulan, pero cada uno de ellos experimenta una que otra dificultad que pone en peligro su existencia.Resultado de imagen para verdad y posverdad

Muchos quisieran que estas dificultades junto con los ataques al concepto de la verdad objetiva y universal desaparecieran. Y, en el hecho, algunos movimientos del posmodernismo que hasta no hace mucho ocuparon la cúspide de la academia, han empezado a perder su lugar preeminente. Algunos de ellos han venido y se han ido como siempre ocurre con los ismos. Este es el posmodernismo que no debiéramos confundir con la posmodernidad que es la condición de nuestro tiempo, una etapa de transición y reformulación de los fundamentos de la civilización que va a ocupar un largo tiempo.

Viviendo con tantas verdades es imposible evitar la revisión del concepto mismo de verdad. La verdad “como yo la veo” no nos lleva muy lejos, lo que obliga a pensar de nuevo. Según Richard Rorty sería mejor decir que la verdad es algo que hacemos, no algo que encontramos. Por sorprendente que parezca la idea no es nueva. La encontramos hace 2500 años atrás en el Budismo y en el occidente aparece con Heráclito el Oscuro y se repite como una muletilla en el pensamiento posterior.

La idea no implica que no haya nada “ahí afuera”. Solo implica que las historias acerca de lo que hay afuera, digamos los hechos científicos, las enseñanzas religiosas, nuestras creencias sociales, incluso nuestras percepciones personales son producto de la interacción entre la mente humana y el cosmos. A este lo encontramos, pero las ideas que nos formamos de él son hechas.

Que el mundo esta ahí afuera significa que no es nuestra creación, que las cosas que hay en el espacio y el tiempo son efectos de causas que no incluyen nuestros estados mentales. Decir que las verdades son hechas, en cambio, significa que donde no hay sentencias no hay verdad, que las sentencias son elementos del lenguaje y los lenguajes son creaciones humanas. Según el consenso posmoderno, las ideas no pueden ser entendidas aparte del sistema lingüístico, del esquema conceptual o de la visión del mundo que las produce.

Resultado de imagen para verdad y posverdadLa cosa, entonces, es que como hay más de un esquema conceptual, más de una visión del mundo, más de una sola perspectiva, hay también más de una versión de la verdad acerca del mismo tema… ¿Significa, entonces, que cada versión del tema es verdad? ¿Puede uno ser pluralista sin creer que cualquier cosa vale? Este es el problema que cualquier esfuerzo filosófico tiene que dar cuenta: realismo acerca de la verdad y pluralismo acerca del mundo.

Un problema filosófico no solo de interés académico, sino también político… cómo incorporar diferentes puntos de vista en la propia cultura. El problema es éste: si sostenemos el pluralismo cultural la verdad no puede residir en la correspondencia con un mundo de hechos neutrales. Es cierto que la verdad implica la forma en que el mundo es, pero como esta forma es relativa a un marco conceptual, entonces la verdad también es relativa.

Si los hechos y el contenido son relativos, ¿cómo podemos evitar el relativismo acerca de la verdad? Si el pluralismo quiere retener una noción de la verdad que sea estable a través de los diferentes esquemas conceptuales, digamos de las diferentes culturas, entonces necesita de un mecanismo evaluativo.

Reconocer el pluralismo no es reconocer necesariamente que una visión del mundo es tan buena como cualquier otra. ¿Por qué? Porque hay unas que funcionan mejor que otras. Una visión viable del mundo es interdependiente, consistente, se ajusta a los datos empíricos. Una no viable es fragmentada, inconsistente, ignora los datos y se equivoca con mas frecuencia.

La clave es cuál funciona mejor. ¿El sida es una invención imperialista que se puede tratar con ajo, limón y aceite de oliva, como sostenía un personero del gobierno de Sudáfrica entre 1999 y 2008, o una enfermedad viral infecciosa que puede tratarse con un tratamiento antiviral? ¿Cuál de estas visiones es más viable?

En última instancia uno puede preguntarse ¿cómo todo puede ser relativo a menos que lo relativo tenga una base? La relatividad de todas las cosas requiere de algo que no sea relativo, algo independiente de nuestros esquemas y conceptualizaciones, algo que los esquemas conceptuales son últimamente esquemas de.Resultado de imagen para verdad y posverdad

Nuestras perspectivas son perspectiva de una realidad compartida, de un mundo que nos afecta a todos. Admitir que hay un solo mundo, que hay una realidad noumenal (1), es admitir que es independiente de cualquier punto de vista. La diferencia entre un mundo de apariencias y uno transcendental no implica la diferencia entre dos mundos, sino la diferencia entre dos formas de considerar el mismo mundo, dos formas de concebir la misma realidad compartida, el mismo mundo en el que todos estamos.

Nuestro mundo es el mundo. Lo que el pluralismo aporta es que no una iniciativa, no un solo punto de vista tiene acceso a la verdad absoluta, no porque los otros también lo tienen, sino porque no hay tal verdad absoluta. Describimos el mundo y al mismo tiempo, al hacerlo, describimos cómo el mundo se presenta a nosotros. En la práctica ambos proyectos son inseparables.

Kant decía que “si no podemos conocer las cosas como ellas son en sí, podemos, sin embargo, conocerlas como ellas deben ser concebidas en una reflexión transcendental”.

Nota del editor: 1.- El noúmeno, en la filosofía de Immanuel Kant, es un término problemático que se introduce para referir a un objeto no fenoménico, es decir, que no pertenece a una intuición sensible, sino a una intuición intelectual o suprasensible.

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