Ene 30 2009
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Participación ciudadana

¿Qué pasa con el “dona cinco centavos” de los súper mercados?

G.T.

La queja –o el descubrimiento– viene en esta oportunidad de Buenos Aires, pero la costumbre de "redondear" (hacia arriba, claro) el monto a pagar en los grandes negocios de "retail", como les gusta denominarse, es antigua y "globalizada": siempre hay una institución de caridad necesitada a la cual, se dice, van esos centavitos recolectados en las cajas. ¿Será así?

En el "ticket" que certifica el pago de la compra en un súper mercado en Buenos Aires –de todos, en verdad– aparece un "redondeo de cinco centavos" autorizado por el comprador. Según la cajera del establecimiento se trata de donaciones a distintas organizaciones privadas laicas o religiosas que requieren de supernumerario para cumplir tareas caritativas o de solidaridad social. Pocos se niegan a esa virtual exacción.

Una persona, más despierta, tal vez, que el común, observó que en la pantalla de la computadora-caja registradora del negocio podía leerse "Donación a Cáritas A.C". Preguntada la amable cajera si la tienda efectivamente manejaba los montos recaudados como una donación legalmente habilitada, respondió que sí.

Probar que se donó y a quién

Como las donaciones debidamente acreditadas son deducibles de impuestos, el donante pidió se le extendiera el recibo correspondiente. Sorprendida, y sin saber qué hacer, la cajera llamó a un supervisor que, perplejo, a su vez llamó al gerente. Antes, claro, se intentó argüir con el "cliente" que para qué tanto lío, si eran "cinco centavos".

El gerente –de correcta corbata– negó la entrega del comprobante; intentó explicar que, en fin, la tienda sólo cumple con captar esos dineros para entregarlos periódicamente a la institución beneficiada. La argumentación de que no valía la pena discutir por los consabidos cinco centavos ("que no hacen a nadie más pobre ni más rico") cerró su discurso. Como el –ahora ex– donante no cedió, se le devolvieron sus cinco centavos

Nadie pretende dudar a priori de la honestidad de estas cadenas de comercio, sólo que la posibilidad de fraude es real. ¿Cómo, fraude? Sí, y lo quisieran cometer el mecanismo será el siguiente:

El negocio recauda una cantidad específica de dinero a lo largo del mes. Digamos cinco centavos por compra. Dinero que en rigor lo obtienen de millares de personas anónimas. Si es entregada la totalidad de lo recaudado a la institución favorecida, la entrega la realiza la firma comercial en su propio nombre, por lo que ella recibirá el respectivo comprobante de la donación –que podrá deducir de sus impuestos.

Es decir: no sólo es defraudado el incauto comprador, sino que lo estafa puesto que usa dinero ajeno para aliviar su carga tributaria. Un cálculo simple y juguetón nos pone frente a una realidad monstruosa. Sigamos con el ejemplo argentino:
 
Mera aritmética

Si calculamos que en un día, por una caja pasan, digamos, 40 clientes por hora, y si las cajas en un súper mercado grande no son menos de 25 y que la tienda está abierta durante sus buenas 15 horas diarias, tenemos que los cinco centavitos se convierten en un goteo de 800 aportes por hora y un torrente de 12.000 cada día; esto es, $ 600 (argentinos) por jornada y por local.

El hastiado ex donante calculó 220 locales en el país (manteniendo el promedio de cajas habilitadas) lo que da como "ingreso" $ 132.000 cotidianamente. Multiplicada esa cantidad por los 365 días del año, y calculando el cambio peso/dólar (3.38 x 1) suma apenas US$ 14.254.437,87.

Como para hablar del "trabajo" de las hormigas.
¿En su país, su ciudad, su barrio o urbanización, en el súper dónde compra ¿cómo andan las cosas?

Un asunto de estadística

Discutir si los cálculos precedentes son o no correctos es baladí, de hecho no pocos eligen pagar con tarjetas de crédito, lo que hace imposible el "redondeo"; lo importante es cómo hacer transparentes estas operaciones –y otras, que juegan con la voluntad o la vocación solidaria de las personas–.

En concreto convertir a un sector de la sociedad en involuntarios mendigos, a los supermercados en administradores de esa mendicidad y a otro sector social en la práctica en forzosos donantes carece de sentido, atenta contra la dignidad de todos.

Probablemente las sesudas discusiones en Davos, por ejemplo, exigen un monto mucho más elevado de lo que un súper mercado recauda a través de donaciones –para no hablar del costo de los viajes, viáticos y otros gastos de las mesnadas que recorren el mundo para "luchar contra el hambre" o cualquier otro "mal social".

Por ahora caben preguntaa: ¿don la misma diligencia que le piden donar algunos centavos, esas tiendas publican los montosdonados?, ¿las instituciones que reciben esas donaciones las comunican? Y quizá la más candente: ¿el Estado controla estos movimientos de dinero?

Addenda

Fuera de la Argentina, en Chile, resulta instructivo leer sobre este asunto en el portal de Atina Chile

En el sitio de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile se encuentra un material interesante aquí.

Reclamos similares y discusiones entorno de este asunto se encuentran en sitios y páginas-web de México, Colombia, Perú y otros países; en muchos de ellos se identifican las cadenas de tiendas, farmacias y otros rubros. Éstas, por su parte, niegan absolutamente veracidad a las denuncias.

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