May 10 2021
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Pol铆tica

Rabia y hast铆o: el pueblo colombiano enfrenta la represi贸n y el genocidio en las calles

El paro que se inici贸 en Colombia el 28 de abril sigue te帽ido de rabia y hast铆o, en medio de la recesi贸n econ贸mica atizada por la crisis sanitaria de la pandemia del Covid-19, deficientemente manejada por el gobierno ultraderechista de Iv谩n Duque, 聽una pobreza que escal贸 al 46 por ciento y un desempleo del 18 por ciento de la poblaci贸n, en un pa铆s con alt铆simas cifras de informalidad.

Para el Comit茅 Nacional de Paro, la reforma tributaria presentada por el gobierno es 鈥渦n asalto tributario鈥, y en su lugar propuso que 鈥渟i se eliminaran las exenciones a las empresas y a los grandes empresarios (m谩s de 23 billones de pesos), si se hicieran controles efectivos a la evasi贸n que alcanza 43 billones, as铆 como a los para铆sos fiscales, y si no se compraran aviones de guerra por 14 billones, no habr铆a necesidad de esta agresiva reforma contra el pa铆s鈥. Estas cantidades son equivalentes a seis mil 440 millones, 12 mil 40 millones y casi cuatro mil millones de d贸lares.

El clamor social contra Duque volvi贸 a las calles en respuesta al intento de imponer una reforma fiscal incendiaria y antipopular, con la cual se buscaba trasladar a los golpeados sectores medios el costo de mantener los privilegios de la oligarqu铆a que ha gobernado Colombia de forma ininterrumpida.

Pese al retiro de la ley, las marchas se transformaron en un grito para exigir cambios en las pol铆ticas del gobierno ultraconservador, y la represi贸n consiguiente ha dejado un elevado saldo de v铆ctimas mortales, debido a la incapacidad del mandatario y su entorno para procesar la disidencia por medios institucionales. La consigna parece ser no escuchar, acallar, aniquilar.

Los acontecimientos de los 煤ltimos once d铆as han vuelto a desnudar la hipocres铆a de las derechas de siempre. Mientras Duque manda tanquetas y helic贸pteros contra manifestantes inermes, la derecha de siempre -partidos, medios, organizaciones autodenominadas de la sociedad civil y otros que se autoproclaman paladines de la libertad, la democracia y los derechos humanos cuando se trata de desestabilizar a naciones que defienden su soberan铆a- ahora permanecen en ominoso silencio.

Se habla mucho de la soberbia de Duque, comenta la escritora Soledad Bonnett. 鈥淓stamos, sobre todo, ante un hombre que para poder creerse 茅l mismo su papel decidi贸 adoptar ese aire solemne y ese hieratismo de t贸tem que le sirven para esconder su inseguridad y su falta de criterio. (鈥) Porque, y esto es lo m谩s triste, el presidente no pareciera tener sensibilidad social alguna. 驴O se le ha visto conmovido alguna vez, doli茅ndose de las v铆ctimas de las masacres, de la violencia policial, de los miles de muertos en la pandemia?鈥, a帽ade.

Result贸 reveladora la inacci贸n de organizaciones defensoras de las garant铆as individuales y colectivas afines a Washington, del propio Departamento de Estado y de la principal correa de transmisi贸n de sus intereses en la regi贸n, la Organizaci贸n de Estados Americanos, presidida por Luis Almagro. Tampoco la Alta Comisionada de Naciones Unidas, Michel Bachelet, dio se帽ales de vida.

No habr铆a que sorprenderse: ya vivimos estallidos en Chile y Ecuador contra el neoliberalismo, por ejemplo, y el comportamiento fue el mismo. No hay que olvidar que Colombia es el principal socio de Estados Unidos en la regi贸n y cuenta con siete bases militares de ese pa铆s en su territorio, adem谩s de tropas y cientos de asesores.

Tambi茅n este gobierno defiende el sistema genocida y criminal del capitalismo, que viene haciendo agua en Am茅rica Latina, pero que su implementaci贸n no depende s贸lo de un gobierno sino del sistema de exclusi贸n y marginaci贸n de las mayor铆as que ampara el formato de acumulaci贸n por despojo y robo. La soluci贸n propuesta es encerrarlos en sus guetos o barrios o matarlos, mediante ejecuciones sumarias.Paro nacional en Colombia: Cuatro datos para entender lo que pasa en el pa铆s | Internacional | Noticias | El Universo

Analizar lo que est谩 pasando en Colombia -y en otros pa铆ses latinoamericanos- obliga a alejarnos de las a帽ejas teor铆as, porque estamos viviendo un importante recambio generacional, con j贸venes que entendieron que la lucha se da en las calles, no en los escritorios de los pol铆ticos y/o analistas de siempre, que recitan Marx y Gramsci, ni en los medios de comunicaci贸n. J贸venes que luchan, se rebelan, resisten, pelean por tener un futuro. Convencen a sus conciudadanos, en las calles.

Las elecciones se acercan, el temor crece

El 2022 es a帽o de elecciones en Colombia y no hay necesidad de medir la impopularidad del actual Gobierno: el term贸metro son las calles. No se puede desasociar el actuar militarista de Duque (no solo con el paro) y las frecuentes violaciones a los derechos humanos como una antesala聽 de terror a ese escenario.

Si bien faltan 13 meses para la primera vuelta presidencial de 2022, con tanta rabia acumulada, el izquierdista Gustavo Petro, ganaba 鈥搒eg煤n la encuesta de Semana- sin necesidad de balotaje. Petro mostraba, a煤n antes del paro, una intenci贸n de voto del 38,3 %, muy por encima de sus competidores, incluido Sergio Fajardo, que cay贸 a 15,9 %. No solo ganaba en las clases populares (39,4 %) y media (37,6 %), sino en los estratos medio-alto y alto, donde alcanza 32,4 %, algo incre铆ble.

Algunos analistas de la prensa hegem贸nica se帽alaron que ese susto no le conviene a Petro porque, a la larga, puede hacer que el p茅ndulo que ahora se balancea de su lado regrese al contrario en v铆speras de la votaci贸n, sobre todo a la vista de lo ocurrido en Ecuador con Andr茅s Arauz.

Esta encuesta despert贸 urgencia en el establishment. Y por eso no extra帽aron las arremetidas contra el candidato de la izquierda: 鈥淯n d铆a los mandas a atacar y al otro d铆a los mandas a abrazar. A los polic铆as y soldados se les respeta y admira todos los d铆as鈥, fue el mensaje del ministro de Defensa聽 Diego Molano.

Petro le respondi贸: 鈥淒esde que firm茅 la paz, en 1989, jam谩s, oiga bien, jam谩s he insinuado que se ataque a un solo miembro de la Fuerza P煤blica. Usted, en cambio, permite que se asesinen a civiles desarmados. Es usted el que se pone fuera de la ley鈥.

Adem谩s de estos mensajes, hay otras comunicaciones que han sido se帽aladas de favorecer o hasta incitar actos de violencia directamente. Es el caso del tuitter del expresidente 脕lvaro Uribe que fue retirado por la propia red social por 鈥済lorificaci贸n de la violencia鈥. En la comunicaci贸n, Uribe, acusado de genocidio, dijo: 鈥渁poyemos el derecho de soldados y polic铆as de utilizar sus armas para defender su integridad y para defender a las personas y bienes de la acci贸n criminal del terrorismo vand谩lico鈥.

Pero este no es el 煤nico trino de Uribe que ha sido cuestionado en medio de las manifestaciones. Hace uno d铆as, comparti贸 un video de una camioneta con la bandera del Consejo Regional Ind铆gena del Cauca (CRIC) y asegur贸 que se trataba de un s铆mbolo del insurgente Ej茅rcito de Liberaci贸n Nacional (ELN). Los l铆deres ind铆genas consideraron el gesto como un acto de estigmatizaci贸n del que fueron v铆ctimas por parte de la cabeza del partido de gobierno.

Pero quiz谩 baste recordar, como lo hace el pueblo colombiano en las calles, que al menos 6.402 civiles, en su mayor铆a hombres j贸venes, de bajos recursos, que el gobierno falsamente hizo pasar como guerrilleros, fueron asesinados por la fuerza p煤blica en Colombia, principalmente durante el gobierno de Uribe.

A la serie de ejecuciones extrajudiciales, y cuyo prop贸sito fue mostrar resultados militares a cambio de dinero, medallas, ascensos o d铆as de descanso, se le dio el nombre err贸neo de falsos positivos. En jerga b茅lica 鈥減ositivo鈥 alude a un contrincante muerto en combate y no al asesinato premeditado de civiles inocentes.

Aunque el inicio de la pr谩ctica podr铆a situarse en los a帽os ochenta, en el contexto de la guerra contrainsurgente, el 78% de los cr铆menes ocurri贸 entre 2002 y 2008, durante el gobierno de 脕lvaro Uribe, cuya bandera, la pol铆tica de Seguridad Democr谩tica, se propuso combatir la amenaza de grupos armados ilegales. El tema ha sido documentado por la prensa, la academia y varios organismos de derechos humanos.

Terror oficial, otra vez

Tras once d铆as consecutivos de protesta, la Defensor铆a del Pueblo inform贸 que el n煤mero de manifestantes desaparecidos se elev贸 a 548 desde el 28 de abril, mientras la ONG Temblores y el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) se帽alaron que 47 personas fueron asesinadas (17 en Cali), 963 fueron detenidas de forma arbitraria y hubo 12 casos de violencia sexual. Afirman que 28 de los lesionados fueron heridos en los ojos.

Pero qu茅 ser铆a de nuestros gobernantes si no pudieran alimentar el miedo con la figura del enemigo interno para poder justificar sus abusos de fuerza, sin eliminar toda oposici贸n y atornillarse en el poder vendi茅ndonos seguridad despu茅s de regalarnos miedo, se帽ala Ita Mar铆a en Vice.

Human Rights Watch-Am茅ricas se帽al贸 que los polic铆as usaron 芦tanquetas con lanzadores de proyectiles m煤ltiples dirigidos a manifestantes禄, con聽 un聽芦arma聽peligrosa e indiscriminada禄.聽 Nunca聽se ha visto 芦en Am茅rica Latina y ni siquiera en Estados Unidos禄 que los polic铆as usaran 芦lanzadores de proyectiles m煤ltiples de alta velocidad horizontales禄, a帽adi贸.

El Escuadr贸n M贸vil Antidisturbios fue imputado por uso indiscriminado de armas de fuego, disparos de bala de goma contra los ojos de los manifestantes, veh铆culos blindados, abuso sexual y persecuciones, entre otras t谩cticas de represi贸n, que han sido condenadas por la comunidad internacional, las organizaciones de derechos humanos y la prensa.

Estefan铆a Ciro se帽ala que 鈥渘os robaron la posibilidad de un futuro sin armas. Nos dijeron que se iban las FARC y el pa铆s mejoraba y no, se han encargado de romper uno a uno los compromisos, y nos empujan a una espiral de violencia y de degradaci贸n humana a la que las 茅lites v谩ndalas han estado acostumbradas a lo largo de la historia de la naci贸n鈥.

El establishment quiere volver a asperjar con glifosato, a criminalizar a los campesinos y los pueblos 茅tnicos, impedir la justicia transicional. Dos semanas atr谩s asesinaron a una gobernadora ind铆gena y la lista de dirigentes regionales y nacionales, y excombatientes asesinados crece diariamente.

Ya antes de la pandemia, el gobierno de Iv谩n Duque hizo una reforma fiscal que benefici贸 al gran capital y descapitaliz贸 el Estado y con la crisis sanitaria del coronavirus no encontr贸 nada mejor para corregir el hueco fiscal que redactar una nueva reforma fiscal que desconoce que se vive en un pa铆s donde 90 por ciento de la poblaci贸n gana menos de mil 650 d贸lares, donde hay 46 por ciento de pobres, casi la mitad.

Asimismo, los edificios llenos de trapos rojos 鈥揺n todo el pa铆s- identifican el reclamo de la gente pidiendo solidaridad -un plato de comida- en los barrios populares. La incapacidad e imposibilidad de controlar la pandemia, en su tercer pico, con un gobierno negado a proponer alternativas econ贸micas, explotaron en rabia.

Analistas destacan -ahora s铆- que Colombia se levant贸 porque ya no es inmune a la realidad de que la guerra para muchos era un velo. El establishment -que vandaliz贸 la econom铆a, la paz, el futuro, la salud, la vida- se ha beneficiado en medio de la guerra, y quieren, ahora en medio de la pandemia, seguir haci茅ndolo. En Colombia, el boom del sistema financiero se dio -y no por casualidad- en los periodos m谩s duros del conflicto armado (2002-2010).

A esto hay que sumarle que Cali, epicentro de la cacer铆a desatada por el gobierno y las tropas depredadoras y asesinas del聽 general Eduardo Zapateiro, es tambi茅n el lugar donde se est谩 jugando la reconfiguraci贸n de las econom铆as de la coca铆na, en la cual hay sectores institucionales y 茅lites involucradas. El hecho que se haya desatado esta violencia en medio de este reacomodo del narcotr谩fico no debiera ser pasado por alto.

Las im谩genes recorrieron el mundo y no gracias a los medios hegem贸nicos que trataron de invisibilizar el estallido. En ellas vimos una camioneta blanca desde donde disparan a m茅dicos y enfermeras de la misi贸n m茅dica organizada por ciudadanos para atender las emergencias en Cali. Tambi茅n vimos que desde una moto disparan a quemarropa una r谩faga a tres manifestantes en el Viaducto de Cali y la agresi贸n sexual de soldados a mujeres manifestantes.

Nos sorprendi贸 ver escenarios de guerra contra gente indefensa: un helic贸ptero aterrizando en un colegio en Bogot谩, a la polic铆a dispar谩ndole sin control a las personas que persigue en sus motos, 聽las nuevas tanquetas del Esmad lanzando r谩fagas de aturdidoras, mientras el poder judicial en clara violaci贸n a la independencia constitucional, escrib铆a comunicados conjuntos con el gobierno de Duque, con la esperanza de que el papel detuviera el estallido.

Quiz谩 sea cierto que el temporal silencio de los fusiles -desde la聽 firma del聽 incumplido (por el gobierno) acuerdo de paz con las FARC- permiti贸 escuchar el pa铆s muerto, sus v铆ctimas. El Paro ya se desbord贸 y es del pueblo, no tiene due帽os. Este despertar -en las calles, en las plazas, en asambleas barriales- no lo pudo frenar ni una pandemia ni un ej茅rcito, y ya tiene efectos, mostrando una vez m谩s que la izquierda, en nuestros pa铆ses, est谩 en las calles.

*Periodista y comunic贸logo uruguayo. Mag铆ster en Integraci贸n. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundaci贸n para la Integraci贸n Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de An谩lisis Estrat茅gico (CLAE, www.estrategia.la)

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