Mar 15 2012
3680 lecturas

CulturaPolíticaSociedad

Rashid Sherif* / Túnez y la mujer rebelde

Al nacer, vale recordar, el animal así como la cría del ser humano son definidos por su sexo, hembra o macho —femenino o masculino— en la más absoluta igualdad. Luego y sólo en función de la cultura local de las sociedades humanas según el momento histórico de su evolución, sólo entonces, se establece el género, caracterizado por la desigualdad: niña/niño.

 

A partir de allí se abre un camino predestinado, con claros patrones socioculturales en desventaja de la niña, adolescente y mujer en el seno de la estructura social patriarcal.

 

El pasado en tierras muy lejanas

 

“¡Sean determinados a no más servir, y serán libres! “
Séneca. Revisado por La Bœtie [De la Servitude].

 

No hace mucho, a escala histórica, un hombre muy enojado enterraba en la arena caliente del desierto de Arabia, con sus ojos abiertos, una hembrita recién nacida. No quería ser su padre, sentía vergüenza y una rabia descomunal frente a la familia y el grupo social; la culpa la tenía la mujer que hizo el chiste de reproducirse a ella misma.

 

Todavía en algunos países del oriente (cercano y lejano), esa mujer puede ser apaleada o repudiada, sufriendo en el mejor caso una fuerte reprobación familiar. Y con tanta presión del medio ella, a menudo, llega a interiorizar un extraño sentimiento de culpa, busca nuevos embarazos hasta llegar (o no) el alivio de ver despuntar ese tan anhelado “regalo” de sexo masculino, un “machito”.

 

A principios del siglo VII, un joven a la vez gran viajero por años había recorrido sin descanso con sus camellos alineados en caravana, con preciosa mercancía, los corredores entre Arabia y Siria; era iliterato, pero con sólidos fundamentos éticos y una amplia curiosidad con afán por aprender. Por sus extraordinarios dotes, fue capaz de llevar a cabo un grandioso proyecto visionario en su península y asumió una misión profética a favor del cambio radical de la sociedad tribal fragmentada y animista de su tiempo.

 

La obra genial revolucionaria que inició, sacudió la larga noche de Arabia hasta alcanzar la cima floreciente de una nueva civilización humana de tipo todavía patriarcal. La obra inicial fue concebida y realizada dentro de los límites de aquella península arábiga. Con todo, al morir el líder fundador, sus seguidores en vez de honrar su mensaje de paz, lo tergiversaron, ampliaron sus dichos y hechos, se libraron guerras fratricidas por el monopolio del poder; terminaron los vencedores por endiosar al que humildemente y para su grandeza sólo pretendía ser un Rasúl o Mensajero.

 

Luego, aquellos se enardecieron con su nuevo poder, lanzaron hordas armadas y fanatizadas desviando el Jihâd —o Guerra Santa— otrora requerida por motivos internos, hacia la conquista de tierras ajenas empezando por su vecindario y finalizando en lo más lejos hacia el Oeste como el Este. No descansaron hasta alcanzar con sangre y fuego la extensión de su nuevo poderío, logrando por fin establecer el territorio del imperio más amplio jamás alcanzado en la historia. Al cabo de varios siglos de dominación, ese imperio —al igual que los demás— siguió el curso conocido de grandeza y decadencia hasta su derrumbe final.

 

De nuevo volvió en caer la larga noche, tanto sobre la península arábiga como en gran parte de sus antiguas colonias, esparcidas mayormente en áreas del sur. África del norte fue una de ellas. El poder colonial árabe fue luego desplazado por el imperio otomano, a su vez sustituido por el imperio francés a finales del siglo XIX.

 

Pasado y presente

 

La colonización árabe tuvo un fuerte impacto sobre los pueblos originarios africanos del norte, amazigh (mal llamados berberes por los occidentales desde la época romana y su dominación sobre Cartago), y dejó un legado hasta el presente en uno de estos países llamados del Maghreb (significa oeste en Árabe), cuyo nombre original Ifriqya fue sustituido por éstos invasores por Túnez (en árabe. el país sereno y acogedor),–quedando entonces el nombre original para denominar al resto del continente como África.

 

El legado consistió en el idioma árabe (influenciado por la lengua autóctona amazigh) y la religión musulmana según la secta sunita malekita patriarcal con su tajante diferenciación de género hombre/mujer. La conversión forzosa de la población autóctona amazigh al Islam llegó a desplazar en gran medida la práctica de las otras religiones monoteístas, judía y cristiana, de muchísimo más antigüedad y arraigo en el país.

 

Con todo y a lo largo de los siglos, la nueva fe tuvo que doblegarse frente a la gran resistencia del pueblo y finalmente se adaptó —en un largo proceso de asimilación reciproca— a las circunstancias con una coloración moderada en Túnez, al fusionarse tanto con prácticas y creencias animistas antiguas (transfiguradas luego en marabutismo), como bajo la influencia de las otras religiones monoteístas presentes.

 

Ésta es —hasta nuestros días— una característica fundamental del Islam en Túnez: moderado y tolerante. El único tiempo histórico en que Túnez en tanto Ifriqya fue un territorio libre de la Numidia, fue cuando estuvo gobernadoi por los pueblos originarios amazigh. En aquellas épocas de libertad, se llegó incluso en edificar por largos años un Estado-nación con cierto poderío en el África del norte y la cuenca mediterránea. De paso vale mencionar la hazaña guerrera de un jefe Amazigh convertido al Islam, Tarek Ibn Ziâd, quien a principio del siglo VIII, dirigió la expedición armada en un territorio ultramar, que devendrá Andalucía, dando su nombre al estrecho cruzado como Jabal Tarek (o montaña de Tarek), luego transfigurado en Gibraltar.

 

Volvamos al tema de la cultura patriarcal y su impacto acerca del género hasta la actualidad, reforzado con el Islam sobre la condición de la mujer, en el contexto preciso de la decadencia del mundo árabe sometido al coloniaje occidental —en particular en el seno de regímenes autocráticos.

 

Se observa en países del Medio Oriente (hasta más allá, en Pakistán, por ejemplo) y en ciertos medios del África del norte, cómo la dominación seudoreligiosa de fuerzas conservadoras se aplica primero y de forma obsesiva, invasiva, contra las mujeres desde la edad de niñas. Ellas son percibidas —igual que en aquellos tiempos pre-islámicos— como hembras, féminas ante todo, las que pueden atraer escándalo y vergüenza a la familia y las que deben ser objeto de vigilancia constante, represión y opresión: excisión del clítoris (parte de Egipto y otros países africanos), velo, secuestro, lapidación, violencia degradante moral, sicológica y violencia física yendo a veces hasta la violación y el asesinato.

 

Por siglos, generaciones de niñas y mujeres han sufrido ofensas e injusticias llevando una vida que no vale nada.

 

A este propósito, nunca será suficiente destacar que la opresión colonial europea no ha hecho más que reforzar estas condiciones degradantes de la vida social. Era un arma más ésta vez en manos de los colonizados embrutecidos contra ellos mismos para hundirse un grado mayor en el oscurantismo abismal. Razón por la cual los patriotas independentistas tenían desprecio profundo hacia los imam y otros “cheikh” impostores, recuperadores del Islam y vendidos al poder autocrático y al colonialismo.

 

La complejidad paradoxal del asunto hará que el espíritu de justicia emancipador y libertario original del Islam en su inicio cuando vivía el Profeta Muhammâd, fue recuperado tal cual y sirvió de incentivo poderoso y bandera para la lucha independentista como Jihâd tanto en África del Norte como en otras áreas del África del Oeste, Centro y al Este. Para arriesgar una comparación, sería como evocar la diferencia entre Jesús Cristo de la Iglesia Católica romana a favor de los poderosos y el Jesús humilde y rebelde de los pobres y los explotados aclamado por la Teología de la Liberación.

 

Luego, las buenas almas europeas —incluyendo aquellas izquierdas sin dientes— se han dando el lujo (o el cinismo eurocentrista) de enfocar al Islam de dos modos diferentes e interesados:
– Primero nunca se cansaron por criticar al Islam de forma sincrética y a través la pésima condición de la mujer en tierra musulmana —opacando la condición de la mujer en países occidentales, la cual dista mucho de ser ejemplar.
– Segundo, salen hoy de pronto para aplaudir un supuesto “Islam político moderado” made in USA. Más allá de nuestras realidades propias, como enfoque global en el mundo contemporáneo, salvando situaciones locales especificas y diferencias culturales, la condición de la mujer está todavía ligada a un contexto sociopolítico y cultural opresivo de la sociedad patriarcal.

 

En el caso particular de la sociedad tunecina, ésta llegó a través de los siglos a asimilar el idioma árabe y la religión musulmana, como hemos señalado, acorde con su idiosincrasia. De hecho, una de las particularidades de la colonización de población árabe ha sido adaptarse ella misma a la larga, en vez de sólo imponerse con fuerza —al modo occidental colonial—, a la sociedad sometida, admitiendo así los sincretismos lingüísticos y religiosos locales.

 

De allí la variedad del Islam en el mundo con rituales distintos, y dado el caso, la gran diversificación de los acentos árabes con modismos locales. Más aún, bajo la dominación otomana, Túnez llegó a distanciarse todavía más de la influencia árabe medio oriental, desarrollando poco a poco una nueva cultura propia esencialmente urbana mediterránea y africana, acorde con su entorno físico real. La colonización francesa que siguió a finales del siglo XIX no ha hecho más que profundizar ésta particularidad tunecina.

 

A través del legado generacional resultó finalmente un proceso sociocultural evolutivo de las mentalidades y, por tanto, desde la independencia formal con la escuela obligatoria para todos, sin distinción de sexo, y la proclamación constitucional del Estatuto personal con mayores derechos a favor de la mujer, lo que ha contribuido a modificar la relación de género hombre-mujer.

 

Es precisamente el arraigo de esta originalidad histórica y sociocultural y el modo liberal de concebir la cultura musulmana y la práctica del Islam, los que están en tela de juicio desde el punto de vista de los islamistas integristas conservadores y reaccionarios hoy en el poder en Túnez. No nos dejemos engañar por su doble discurso cuando tratan de seducir con un barniz de moderación y falacia pretensión democrática. Su objetivo político es evidente: sus acciones y las declaraciones de sus ideólogos apuntan hacia la desintegración del Estado nacional a favor de un conglomerado sin particularidad territorial local con carácter religioso wahabita al estilo autocrático saudita.

 

Nada mejor pudiera coincidir con los intereses de las fuerzas imperialistas como la fragmentación territorial y la desintegración del Estado-nación, algo ya en proceso en el país vecino, Libia. Se trata de la transformación del país en mercado abierto para una expansión todavía mayor de la dominación neocolonial. No es de extrañar que el actual gobierno provisional esté a favor del TLC con Europa y EEUU. Esto es un proyecto político en el cual el uso abusivo de la religión ocupa una función de ersatz ideológico.

 

Mujer rebelde y pueblo erguido

 

Remontémonos un instante medio siglo atrás. Al calor de la independencia formal de Túnez en 1956, un primer gobierno neocolonial tomó la iniciativa de otorgar a las mujeres los derechos que aún se desconocen hasta hoy en día en país árabe alguno. Fue hecho en base a consideraciones electoralistas y también por necesidad de mano de obra femenina barata al servicio de los subcontratistas de empresas extranjeras.

 

Luego ese mismo gobierno apoyó la tendencia vigente de un Islam tolerante separado de la política en gran medida y adaptado cada vez más a la propia evolución de la sociedad, creando mayor acceso a la mujer para su participación social activa, algo que ha sido catalogado como un Estado laico en los hechos. Las mujeres como el resto de la sociedad se han de hecho beneficiado de estas medidas progresistas. El presidente recién derrocado —el segundo en más de cincuenta años— mantuvo los logros alcanzados por el Estatuto personal el cual garantiza los derechos adquiridos de la mujer. Pero, la vez, facilitó aún más una economía neoliberal derivada de un sistema neocolonial dependiente del occidente, plegada de corrupción y con la complicidad de los gobiernos occidentales.

 

Desde un principio, las mujeres tunecinas no lo pensaron dos veces, derechos otorgados o arrancados da lo mismo a partir del momento en que han asumido plenamente esas reformas fundamentales alcanzando altos niveles de instrucción y capacitación, con independencia financiera y mayor equilibrio en su vida personal y social. Son ellas las que un día salieron a la calle en primera fila con la juventud durante la Intifadha para defender además de sus derechos propios, los anhelos del conjunto de la sociedad oprimida.

 

Sabemos ya que la lucha del pueblo ha sido recuperada y desviada de su curso por la intervención de fuerzas imperialistas y sus derivados autócratas del Golfo Arábigo. A través del movimiento islámico Ennahdha y su milicia salafista, han invertido amplios recursos en captar el voto de los pobres y los abandonados en las periferias suburbanas y en el campo, con un mensaje simple derivado del Corán y promesas de mejora de su miseria. Contra la alta corrupción del régimen derrocado, oponían su aparentada fe religiosa y su pretendida probidad. Uno de cada cinco electores votó para ellos en un país donde ¡uno de cada cinco adultos es analfabeto!

 

Tenemos ya plena evidencia de que a falta de proyecto de país —y siquiera un programa gubernamental con su debido presupuesto— estos islamistas con su maquillaje de “Islam político moderado” si bien ganaron el mayor número de asientos (sin ser mayoría) en la Asamblea Constituyente, tienen como objetivo fundamental “re-islamizar y re-arabizar” al país según las normas conservadoras del fundamentalismo wahabita de Arabia Saudita, su patriarcado arcaico, incluso la forma del lenguaje árabe hablado en esa península.

 

Esta supuesta vuelta al pasado colonial árabe del siglo VII en busca de seudo raíces ajenas al país, aparece como un absurdo y una violencia contra la sociedad. ¡Y como por casualidad, su fuerte ataque inicial ha sido abiertamente contra la mujer tunecina y sus derechos civiles!

 

De allí, el contraataque actual de rebeldía de la mujer tunecina en su respuesta a ésta agresión tanto en contra de sus derechos civiles como en contra de la propia sociedad en su conjunto, denegadas su idiosincrasia y su historia: se trata de un episodio sobre la rebeldía en contra de éste neo-colonialismo árabe superpuesto al actual neocolonialismo occidental por hecho y gracia de las fuerzas imperialistas denunciadas como tal en las calles.

 

Esta nueva raíz de la rebeldía de una mayoría de las mujeres y los jóvenes, se extiende cada día tanto hacia la clase media urbana en vías de pauperización como las zonas marginales y rurales donde los islamistas habían buscado el apoyo de sus electores. En definitiva, la sorprendente ofensiva brutal de los islamistas (vía salafistas en las calles y vía sus representantes en la Asamblea Constituyente) están despertando una nueva conciencia política de corte patriótico anti-imperialista contra las agresiones islamistas y sus aliados foráneos. Esta claridad se hizo obvia durante las cuatro gigantescas marchas multitudinarias del pueblo en varias ciudades en lo que va de año, siendo la ultima éste ocho de marzo, donde se ha manifestado con gran indignación en contra de la profanación de la bandera nacional por los salafistas.

 

En vez de concentrarse como es debido en la redacción común de la nueva constitución y armar un gobierno provisional con un programa especifico para tratar asuntos urgentes y corrientes, éste movimiento islámico primero se negó en reafirmar legalmente el acuerdo de un año como límite para el conjunto de esas tareas, dejando sin fecha tope las labores de la Asamblea Constituyente, el mandato del Presidente provisional de la Republica así como el mandato del gobierno provisional, algo único en los procedimientos institucionales normales. Y por supuesto ninguna fecha ha sido fijada para las elecciones que han de seguir la redacción de la nueva constitución.

 

Desde luego, llaman la atención semejantes maniobras, que levantan la sospecha legitima de que ésta gente no ha hecho más que utilizar los recursos de las elecciones para ganar cierta legitimidad después de su pasado terrorista de los años 70 y 80, y que en realidad buscan aferrarse en el poder de una forma u otra.

 

Como hemos señalado, sus prioridades han sido de entrada atacarse al Estatuto personal constitucional que garantiza desde medio siglo los derechos de la mujer en nombre de la charía, ley musulmana cuyas interpretaciones heterogéneas pretenden todas ser derivadas del Corán y la Sunná (tradición establecida de los dichos y actos del Profeta Muhammâd después de su muerte), y su aplicación, la que desde luego no cabe en el mundo del siglo XXI.

 

Con éste viento de terror, Ennahdha trata de enviar un fuerte mensaje de intimidación en particular a las mujeres para significarles que ninguno de sus logros es irreversible en la sociedad patriarcal.

 

Al atacarse desde un principio a las mujeres, tratando de inhibirlas, aterrorizarlas para invisibilizarlas detrás del velo y las paredes, éstas fuerzas reaccionarias no han logrado más que un efecto inverso paradójico: por una parte colocaron la causa de la mujer en plena luz pública provocando una reacción en masa en defensa de la mujer tunecina, cuyos atacantes están siendo percibidos como agresores del mismo cuerpo social. Luego, al profanar la bandera nacional y pretender cambiar el himno nacional, alarmaron a la ciudadanía acerca del peligro real contra la integridad del orden republicano y el Estado-nación. Hay que destacar que fue una joven mujer estudiante la que trató de rescatar la bandera nacional que salafistas habían roto y pisado en la Facultad de Humanidades, en la capital. Es todo un símbolo el hecho que haya sido una mujer valiente la que encarnó la defensa del signo patrio.

 

La causa de la mujer llega a coincidir con la causa del pueblo y de la patria: ésto da la medida del nivel civilizacional alcanzado por la sociedad tunecina donde el 70% del estudiantado universitario son mujeres con altos rendimientos académicos.

 

El gobierno provisional de Ennahdha a través de sus voceros calló primero luego trató de minimizar el clamor popular y la gran emoción vivida por aquel acto criminal de los salafistas arrancando la bandera, lo que indica su complicidad. Sus maniobras de diversión con el uso abusivo del Islam como cortina de humo no llegan en tapar su ineptitud como gobernantes frente a la grave crisis económica y social actual. Es así como el sabio pueblo en sus intensas marchas de protesta ha reflejado ésta nueva conciencia a través de lemas tal como:
“¡Viva Túnez libre, libre y la reacción pa’fuera!”; “¡Ojo, ojo Ennahdhoui que la tunecina te supera!”; “¡Trabajo, Libertad y Dignidad nacional!” “¡Abajo el gobierno reaccionario!” “¡Ni Francia ni Qatar!”; “¡Ni Obama ni Qatar!”

 

Enarbolando con orgullo la bandera nacional, todo un pueblo desafiante lanza sus gritos con fervor patriótico, en medio de risas y chistes, cantos e Himno Nacional.
En vez de atender las tareas más apremiantes económicas y sociales, los objetivos legítimos de la insurrección popular —en la cual no había participado pero gracias a la cual logró un espacio político—, el gobierno provisional de Ennahdha se ha dedicado en tratar de acallar la opinión pública y la prensa, desalentar la nueva esperanza, desmovilizar y despolitizar a las fuerzas vivas del pueblo, mujeres y jóvenes en primer lugar. También hace uso del terrorismo criminal con sus milicias fascistas, uso de la policía anti-motines contra manifestantes pacíficos, e incluso de la policía política y la tortura que se creían abolidas, sin lograr sin embargo intimidar al pueblo quien sigue firme en su larga marcha insurreccional.

 

Las dictaduras fascistas empezaron del mismo modo. Mientras tanto, la Asamblea Constituyente cuya misión era fundamentalmente redactar una nueva constitución se encuentra atascado en pugnas absurdas de tipo parlamentario entre mayoría y minoría. Ennahdha sigue con su doble discurso, por una parte repite sin creerlo el cuento fabricado en Wáshington acerca de un “Islam político moderado” supuestamente compatible con la democracia. Por otra parte, como decíamos, emprende su ofensiva continua contra las mujeres, la prensa, las universidades, los intelectuales, los jóvenes desempleados, en fin contra la sociedad civil.

 

En las últimas semanas, algunos elementos salafistas en su gran afán por sustituir la republica por un califato –como muy bien lo declaró en público poco antes de ser nombrado el jefe del gobierno provisional en la ciudad costera de Sousse–, simplemente buscaron armas en Libia y acto seguido abrieron un frente de combate cerca de la ciudad de Sfax. En ese encuentro con el ejército hubo bajas por ambas partes. El asunto fue sofocado y no se habla más de ello.

 

De pronto, en la Asamblea Constituyente elementos de Ennahdha vuelven con otro globo de ensayo proponiendo la introducción de la charía islámica como base fundamental de la nueva constitución, y de paso cambiar el Himno Nacional. Mientras, siguen los salafistas con sus provocaciones y agresiones en la calle. Atacaron la emisora de televisión privada Nessma, luego prendieron fuego a la residencia de su director. Los miembros de esa banda criminal arrestados fueron rápidamente liberados mediante una multa ridícula, mientras el director de esa emisora ha sido acusado de “provocación”, pendiente de juicio.

 

Por otra parte, los francotiradores en los días de la insurrección están en libertad y los torturadores de presos políticos siguen activos. La policía no se mueve cuando la turba salafista ataca ciudadanos, universidades y personal docente. Sin embargo, cuando ese personal académico protesta frente a su ministerio de tutela, llega la policía y arremete contra ellos con palos y gas lacrimógeno. Hace un par de semanas un serio conflicto entre el gobierno y la central sindical UGTT provocó una manifestación popular masiva de repudio hacia el gobierno y sus amos imperialistas denunciados por su nombre.

 

Al finalizar esa marcha salió la policía anti-motines con bastones y gas lacrimógeno para atacar con rabia a los manifestantes. A la inversa, los salafistas pueden manifestar libremente incluso con gritos ofensivos y lemas racistas. Con apenas tres meses, a ese gobierno provisional se le cayó la mascara del llamado “Islam político moderado” celebrado en varias ocasiones por Hilary Clinton y el sionista Senador Mac Cain en sus frecuentes y repudiadas visitas a Túnez.

 

Honrar nuestra memoria milenaria

 

Hemos escuchado con indignación a un delegado islamista en la Asamblea Constituyente frente a las cámaras de televisión lanzar con arrogancia su ridículo llamado a un nuevo “infitâh”. Esta palabra significa en árabe “apertura” (del Islam). Había servido como lema y eufemismo a partir de la segunda mitad del siglo VII cuando se inició la invasión armada contra territorios ajenos hacia el este y oeste por las hordas árabe-musulmanas en busca de tierra para implantar colonias.

 

El llamado de ese delegado recogido por varias otras voces del integrismo significaría reiterar ahora en Túnez la invasión arabo-musulmana la cual según ellos ha quedado inconclusa. Obviamente, de un vendepatria se puede esperar semejante expresión de lacayismo. Yo pregunto: ¿Que se podría pensar de un boliviano, un ecuatoriano o un venezolano que en una asamblea nacional lanzaría el lema: “¡Que vuelva aquí el poder Real de España a perfeccionar su obra colonial!”

 

No nos queda más remedio que enfrentar aquí un tema tabú. Cualquiera pudiera arriesgar hasta su vida si levantara hoy ese desafío en público. El primer artículo de la vieja y hasta ahora única constitución de la Republica de Túnez, articulo todavía confirmado por unanimidad, menciona “Estado Árabe y su religión el Islam”. Se trata de una definición de tipo verdaderamente esquizofrénica, es como imaginar a los tunecinos con su cabeza en el Medio Oriente Árabe y sus pies en el África. Luego se habla de un “Estado” y no de un pueblo soberano con tal o más característica (idioma, religión).

 

Finalmente, y no lo menos grave, aquí se oblitera por completo de forma abusiva y bochornosa la presencia de nuestros pueblos originarios semitas, Amazigh y judíos, los que han sido reducidos a minorías, pero ¡cuentan! Es como borrarlos de la memoria colectiva y quitarle su derecho legítimo de pertenecer a esta tierra, la suya propia primero que nadie con sus raíces milenarias.

 

En cuanto a las religiones, si consideramos que la gran mayoría de la población actual ha sido islamizada con sincretismo propio, otras religiones originarias existen todavía aunque minoritarias: hebrea y cristiana.

 

Cómo borrar de la memoria de este país antiguo (Ifriqya). El hecho de que varios siglos atrás poblaciones originarias enteras fueron convertidas al judaísmo y al cristianismo, incluso en éste último caso con prestigiosos mártires, entre los cuales solo mencionaremos aquí dos mujeres amazigh, Santa Felicidad y Santa Perpetúa salvajemente asesinadas por las hordas romanas en el anfiteatro (¡todavía existe!) de Cartago, el día 7 de marzo de 203.

 

También cómo olvidar al prestigioso hijo de ésta tierra, San Agustín, Padre de la Iglesia Latina y reformador decisivo de la misma. Era también un amazigh igual que su padre y su madre Mónica (ya convertida muy temprano al cristianismo). Agustín nació en Tagaste el 13 de noviembre 354, pueblecito de montaña hoy llamado Souk-Ahras, situado al noroeste del país (frontera pre-colonial, territorio argelino en la actualidad). Cursó la escuela primaria en su pueblo y estudios superiores en Carthago donde vivió largos años, gozó de la vida en su diversidad, se desarrolló y trabajó antes de mudarse a Roma y Milán (cf. sus Confesiones). En su vejez, volvió a su amada tierra natal y murió en su pueblo.

 

Antes de la invasión arabo-musulmana a mediados del siglo VII, el país fue objeto de codicia por parte de potencias alrededor del mar mediterráneo. Fenicios y cartagineses originarios de Tyr (Líbano), piratas comercviantes de esclavos y mercenarios extranjeros, vasallos romanos, vándalos y bizantinos. Al implantarse los árabes, fueron luego a su vez desplazados por los turcos. Cuando el imperio otomano cayó, lo sustituyeron los franceses a finales del siglo XIX.

 

Ahora bien, nuestro pueblo originario amazigh nunca dejó de existir, luchar y resistir valientemente contra todos los invasores. En algunas épocas, llegaron en derrocar al poder invasor, incluyendo los árabes, para instituir de nuevo su propio Estado. De forma oportuna, hemos de mencionar a La Dihya, llamada Kahéna (hechicera) por sus enemigos, la heroica guerrillera Amazigh la que resistió sin descanso ganando batallas famosas al frente de un ejército contra las sucesivas olas invasivas armadas arabo-musulmanas hacia el final del siglo VII. Hecha prisionera en 693 en el anfiteatro romano (¡existe todavía!) de El Jem, situado en el centro cerca de la costa este del país, fue torturada salvajemente por sus captores y luego decapitada. Mártir de la causa de la resistencia del pueblo amazigh, su cabeza fue enviada como trofeo al Califa Abd al-Malik en Siria.

 

Incidentalmente, cerca de ocho siglos más tarde, los invasores españoles cometerán las mismas barbaries en contra de los pueblos originarios en América, con el genocidio de millones de seres humanos. Entre tantos prestigiosos jefes guerrilleros y mártires de la resistencia de sus pueblos nombramos a Túpac Amaru (Perú) y Túpac Katari (Bolivia), quien gritó antes de morir: “Hoy muero, un día volveré hecho millones”. ¡Y volvió!

 

Contrariamente a los países vecinos de Argelia y Marruecos donde el pueblo amazigh en su gran diversidad se mantiene vivo y vigoroso, en el caso de Túnez sufrió un verdadero genocidio a mano de los invasores árabes. Parte de los sobrevivientes se mestizaron, dando origen al criollo de hoy; otros grupos reducidos mantienen su integridad,: algunos no hablan árabe ni como segundo idioma; siguen viviendo apartados en zonas montañosas pegadas a la frontera oeste con Argelia y sur con Libia, en condiciones de pobreza y abandono.

 

Heroínas del pueblo
Mujeres pioneras hijas de Ifriqya-Túnez: he aquí algunos nombres como homenaje y guía para los años duros, para servir de aliento para las luchas presentes y futuras; vale recordar algunas entre miles mujeres valientes que viven para siempre en la memoria de nuestro pueblo. Si la ignorancia mata a los pueblos, los que pierden su memoria colectiva corren la misma suerte. Un pueblo erguido y combativo jamás fue vencido.

 

Alyssa, navegante temeraria llegada desde su lejana ciudad de Tyr, estratega hábil, fundadora de Cartago en el siglo IX antes de Cristo.

 

Santa Felicidad y Santa Perpetúa de Tébourba, la última es primera mujer Amazigh escritora; convertidas al cristianismo, fueron martirizadas y asesinadas el 7 de marzo de 203.

 

Dihya, la Kahéna, heroína amazigh, dirigió un ejército y resistió a los invasores arabo-musulmanes, finales del siglo VII.

 

Fátima (Oum Al Banine) y su hermana Myriam (Oum Al Kacem) Bent Mohamed Al Fehri; la primera una destacada literata, pensadora y líder, salió de kairouan (centro de Túnez) su ciudad natal con varios seguidores, hizo edificar tanto la famosa Grande Mezquita Al Karaouine à Fez (Marruecos) como la biblioteca adyacente donde ordenó una gran cantidad de obras traídas de su ciudad. Mientras, su hermana hizo edificar la Mezquita Al Ándalus, también en Marruecos bajo el Rey Idriss II (Época de los Aghlabide, siglo IX).

 

Aroua, amazigh de Kairouan: logró imponer la norma de la monogamia a un esposo árabe del Medio Oriente, en el siglo IX.

 

Saïda Aïcha Mannoubia: se liberó de la autoridad despótica de su padre para desarrollar una vida espiritual propia y seguir el curso de literatura y teología del guía Belhassen Chedly en Túnez (ciudad capital) en el siglo XIII.

 

Aziza Othmana, princesa mouradiya, residente en Túnez (ciudad capital): Se despojó de su herencia para invertir el dinero en la construcción y mantenimiento por años del hospital que lleva su nombre (existe todavía) donde se atendían gratuitamente tanto los enfermos como los sin techo. También hizo liberar esclavos, en el siglo XVII.

 

B’chira Ben Mrad (1913-1993), & Nabiha Ben Miled (1919-2009): fueron dos valientes combatientes contra el colonialismo francés.

 

Habiba Menchari: en un gesto simbólico de mucha valentía y desafío para la época, abogó por la abolición del velo durante una conferencia pública en 1924 en Túnez, ciudad capital. Y fue allí que se quitó ella misma su velo como ejemplo y no lo volvió en poner más nunca. [Desde la Independencia en 1956, en un gesto de liberación, las mujeres tunecinas se quitaron en masa el velo tradicional —algo que los islamistas hoy tratan de imponer de nuevo].

 

Tawhida Ben Cheïkh: la primera mujer tunecina graduada doctora en medicina en 1934. La alcaldía de Paris (Francia) honró su memoria con la creación de un centro comunitario de salud que lleva su nombre en el barrio de Montreuil.

 

Patriotas contra islamistas vendepatria

 

Volviendo a nuestra actualidad, es cierto que nuestro pueblo ha sido tomado de sorpresa por los islamistas con su afán de poder y dominación rápida de la sociedad, con su mezcolanza engañosa de lo religioso y lo político, justo al momento en que la esperanza del pueblo liberado de la dictadura se alistaba con entusiasmo para construir un nuevo Estado sobre bases democráticas, un Estado de derecho con un espíritu de justicia y una patria para tod@s.

 

A tres meses apenas de su toma del poder, todo indica que entre los patriotas y estos usurpadores de las conquistas del pueblo no hay diálogo, ni de sordos, sino verdadera desconfianza reciproca cada día más profunda. Algunos llegan a pensar hasta en el fantasma de guerra civil en el futuro o un golpe de Estado en caso de que estos se aferren en el poder.

 

A este respecto, he aquí lo que escribe recientemente un prestigioso académico y autor, Yadh Ben Achour en un pasaje elocuente de su obra La Deuxième Fâtiha[La Segunda Fâtiha, en referencia a una oración del Corán, (Ed. Cérès, Túnez, 2011, página 61)]:
“El dialogo entre el Estado de derecho y el creyente integrista es imposible. Este último tiende en justificar sus decisiones morales y jurídicas basadas en unos preceptos inamovibles y contrarios a la libertad. Son precisamente las decisiones que tomará en cuanto a la lapidación, la poligamia, el velo, la educación mixta, la amputación de la mano del ladrón, la pena de muerte, la flagelación, etc.” —Sin olvidar, añadiríamos sin exagerar, su gran afán obsesivo de dominar y esclavizar a la mujer, empezando simbólicamente por castrar la niña mediante la excisión del clítoris. Un avance si consideramos que antes del Islam la enterraban viva en el desierto…

 

Hoy, gran parte de la población expresa de una forma u otra su descontento e indignación. El movimiento islamista y sus aliados imperialistas son cada día apuntados con dedos acusadores. La insurrección había creado un sentimiento colectivo de orgullo nacional, de fervor patriótico con esperanza de poder actuar para cambiar el curso de los acontecimientos. En particular, las mujeres de todas edades y extracción social han vivido episodios privilegiados escribiendo día a día páginas gloriosas de nuestra historia. Sentían orgullo por su amplio protagonismo, y se trataban con los hombres con un sentido humano de solidaridad y compañerismo.

 

Algo profundo estaba en marcha, o al menos así se percibía. Era la esperanza de días mejores, de una nueva era. Sin embargo, como sabemos, haber derrocado a un dictador no conlleva de paso la caída de su régimen. El sistema se mantiene intacto, al recuperar la iniciativa los enemigos del pueblo internos y externos. En ausencia de una estructura política organizativa del pueblo para apoyar y llevar más allá el fervor patriótico, con tan solo la heroica espontaneidad y la iniciativa propia del pueblo insurrecto, llegamos al momento crítico y amargo de la verdad. Se entiende que por varias décadas el pueblo ha sido reprimido salvajemente cuando se había alzado, los partidos políticos prohibidos, algunos amaestrados sirvieron como alibi, los sindicatos a veces resistieron, otras veces colaboraron, los lideres martirizados o desterrados. En el caso de los islamistas habían tomado el camino del terrorismo sacrificando vidas inocentes —arrojaron bombas en hoteles hiriendo turistas extranjeros—, no tanto como patriotas opositores sino, a la luz de nuestro día, para realizar sus objetivos propios muy ajenos al bien de la Patria.

 

Poco más de un año después del triunfo de la Intifadha, se hace palpable el sentido de vacío y desorientación aunque sin decaimiento de los ánimos. No se puede improvisar un proyecto de país, una dirección política a favor del cambio ni una organización de masa o de cuadros. Tampoco se puede lamentar que el pueblo haya tomado la iniciativa de liberarse sin guía del yugo opresor. Sin embargo, al ocupar –sin llenar- ese vacío, los islamistas llegaron desde el exilio, otros salieron amnistiados de las cárceles, con todo preparado para invadir el terreno político con un discurso religioso simple y fácil, sobre todo siendo dirigido hacia los pobres y abandonados de siempre. A partir de ese momento hasta la fecha, los islamistas no han escatimado esfuerzos para dividir al pueblo y resquebrajar su nueva esperanza. De allí el descontento, la cólera y la indignación por un obvio hecho de desposesión.

 

Sobre esta tela de fondo, se crean a diario provocaciones y situaciones conflictivos artificiales alrededor de la religión la que nunca ha sido un problema en este país. Se habló incluso algo tan ajeno a la sociedad nuestra como la obligación para las mujeres de llevar el velo, no salir, no verse a solas padre e hija, no permitir clases mixtas ni maestro hombre en clase de niñas y a la inversa maestra en clase de niños; permitir tanto la poligamia como el matrimonio no declarado en instancia civil; y provocaciones tan groseras como mencionar la excisión del clítoris, algo jamás visto en la historia milenaria de Túnez —aunque existiera en algunas partes de Egipto, Sudan y otros países africanos, como rezago de las costumbres faraónicas.

 

Sobre ésta tela de fondo pues, con la religión por bandera wahabita saudí, como cortina de humo, se trata de opacar las verdaderas dificultades socioeconómicas del país: en un año se ha duplicado la masa de desempleados, llegando a casi un millón (Túnez cuenta sólo once millones de habitantes y dos millones de trabajadores en el campo y la semi-industria, con solo el 15% sindicalizados).

 

Campesinos sin tierra dependen de la caridad; niños caminan varios kilómetros a pie bajo la intemperie en el campo para ir a la escuela, estómago vacío; catástrofes naturales recurrentes anualmente con nieve seguida de inundaciones en las alturas al norte y oeste del país, sus poblaciones abandonadas a su suerte si no fuera hoy por la solidaridad activa de la propia ciudadanía desde otras regiones, con la tardanza de la reacción del gobierno, además insuficiente cuando llega. Varios conflictos laborales exigen pronta intervención del sindicato, el cual fue atacado por el gobierno provisional, provocando una masiva protesta de la población en solidaridad con los trabajadores y el sindicato. La especulación con alza de los precios llega al punto de encender la cesta básica. En breve: los objetivos de la insurrección del Karâma (dignidad) quedan relegados y el necesario cambio de la estructura socioeconómica de tipo neoliberal dependiente está siendo denegado.

 

El Genio salió de la botella

 

Finalmente, queda claro que las condiciones que han llevado a la insurrección, mientras se mantengan, tarde o temprano provocarán respuestas similares del pueblo, pero ésta vez con una asimilación de la experiencia actual por más amarga y frustrante que haya sido, para precisamente una mejor preparación de la lucha en forma organizada y con proyecto de país.

 

Queda también el logro de una experiencia conjunta de lucha codo a codo, mujeres y hombres para un mayor despertar de éstos últimos hacia no sólo la condición de la mujer todavía por superar en la sociedad, sino para elevar la propia conciencia social de los hombres de los nuevos tiempos. Es preciso que éstos entiendan que el problema de la mujer es en primer lugar un problema de los hombres que han de cambiar sus viejos patronos culturales de conducta para focalizar de otra manera al ser humano que es la mujer.

 

Deben realizar que ellos han sido mistificados por el sistema patriarcal decadente el cual es el mejor sustento del Estado totalitario. Deben entender que el hecho de ayudar de forma solidaria y cómplice a la mujer luchar por la equidad, correlativamente permite al hombre alcanzar un nivel más alto en la escala humana. Luchar por la liberación libera. Honrar honra, escribió José Martí. La mujer rebelde y patriota al liberarse libera al hombre. Mujer rebelde, futuro de la humanidad.

 

En busca de la paz social, es preciso articular la lucha de liberación de la mujer con la lucha global de todo el pueblo, conjuntamente y de forma correlativa. Esta lucha solidaria se hace aún más necesaria en la era de las guerras con amenaza del uso de armas nucleares, poniendo en juego la propia supervivencia de la humanidad. La causa de la mujer es la de la humanidad.

 

Para no concluir

 

Miles de años atrás, Ifriqya vivió épocas de autonomía en el amplio contexto de la Numidia en el África del Norte, llegando hasta edificar un Estado-nación. A finales del siglo VII tomó el nombre actual de Túnez, bajo la colonización árabe-musulmana la que no llegó en asentarse sino varias décadas más tarde producto de las sublevaciones del heroico pueblo amazigh.

 

Hoy Túnez cuenta una población con raíces múltiples, un paso incluyente más y tendríamos un perfecto “melting-pot”, con los derechos de tod@s reconocidos, pero sólo y cuando lleguemos en realizar nuestra verdadera independencia y soberanía nacional. Por lo que contamos con la audacia, la rebeldía y sentido del karâma (dignidad) de nuestro pueblo insurgente.

El futuro pertenece a mujeres y hombres libres.

——
Médico y luchador social.
El texto fue escrito en Túnez, dentro del marco de la recordación del Día Internacional de la mujer.
www.shaahidun.wordpress.com
.

X

Envíe a un amigo

Su nombre (requerido)

Su Email (requerido)

Amigo(requerido)

Mensaje

Añadir comentario