Nov 8 2012
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Sociedad

Reencantar en Chile: ¿a quién?

La resistencia a concurrir a las urnas de una masa significativa de votantes autorizados a ejercer su derecho está dando cuenta de un cierto estado de ánimo socialmente compartido, ello responde en último trámite a la irrupción de un nuevo carácter social en la sociedad chilena. Vivimos una “sociedad íntima” en que la determinación de clase, en su sentido duro, cede su lugar a la expansión de la subjetividad. Pareciera que la personalidad define más las opciones que un credo o ideología. | ÁLVARO CUADRA.*

 

Si esta hipótesis está en lo correcto, la convocatoria de la ex mandataria Michelle Bachelet se debe más a su condición de mamita de Chile que a su militancia socialista.
En suma, su particular personalidad, rica en “atributos blandos” explicaría que una parte del electorado la recuerde con afecto, mientras que al mismo tiempo aborrece de su entorno político.

 

La cuestión no es baladí, pues en esta definición se juega, ni más ni menos, su pretensión para un segundo mandato y la proyección, acaso supervivencia, de la llamada Concertación.

 

La pregunta es si acaso la figura de Bachelet es realmente viable en este nuevo clima político marcado por el ascenso de los movimientos sociales y un estado anímico adverso a los conglomerados políticos tradicionales.

 

No se puede negar que los datos que arrojan las encuestas sitúan a la ex presidenta en una posición expectante, pero, bien lo sabemos, este tipo de instrumentos no son del todo fiables. Para complicar el cuadro, hay que decirlo, todas las cifras y proyecciones cuantitativas están sesgadas al 39% del electorado que se pronunció en las urnas.

 

La masa abstencionista del 60% es lo que podríamos llamar una “caja negra”, pues si bien conocemos su magnitud, desconocemos su composición y los vectores que determinan sus orientaciones. Lo único cierto es que reaccionaron como conjunto frente a una coyuntura electoral, pero no es posible vaticinar si lo harán de nuevo y en qué medida y en qué dirección.

 

Esta realidad condiciona a todos los estamentos de la política chilena, los que tendrán que acostumbrarse a conducir bajo una niebla cerrada y con un mapa carretero obsoleto. Lo prudencia indica estar muy atentos a las señales del camino y conducir a baja velocidad.

 

Estamos ante una paradoja inquietante, mientras todos los partidos hablan de reencantar a la gente, nadie sabe a ciencia cierta de quién estamos hablando. Es claro que la masa de indiferentes no es un cuerpo compacto y homogéneo, sabemos que sus motivaciones son muy variadas.
Sospechamos que la composición de esta masa abstencionista reconoce un núcleo duro y muchas adherencias que como hojaldres se instalan unas sobre otras.

 

En su dimensión estrictamente política y reconociendo la diversidad de motivaciones para no votar, lo que no se puede negar es que la abstención es una forma de rechazo y resistencia de la ciudadanía ante la democracia tal y como se la entiende y se la practica en Chile hoy.

 

Cuando las excelentes cifras macroeconómicas no alcanzan a seducir a la mayoría de la población con derecho a voto, la cuestión es que los frutos del desarrollo nacional no están llegando a los más. Un país que se jacta de sus logros económicos y tiene a la mayoría de su población en la pobreza y privada de sus derechos básicos no puede ser un país democrático sino un país apático y desencantado de sus políticos.
——
* Semiólogo.
Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. Universidad de Artes y Ciencias (ARCIS), Chile.

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