Ene 17 2019
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Cultura

Rosal铆a y Gabriela, poetas de la desolaci贸n

鈥溾egra sombra que me asombra鈥
(Rosal铆a)

鈥淪iempre ella, silenciosa, como la gran mirada
de Dios sobre m铆; siempre su azahar sobre mi casa鈥︹
(Gabriela)

Hasta ahora no hay indicios de que Gabriela Mistral haya accedido a la obra po茅tica de Rosal铆a de Castro, aun cuando Juana de Ibarbouru y Alfonsina Storni, referentes contempor谩neas de Gabriela, conocieran y se encantaran con la poes铆a de la 鈥渉ija del Sar鈥; tambi茅n Victoria Ocampo, con quien Gabriela mantuvo asidua correspondencia, pero no existe rasgo alguno en la obra de la hija de Elqui que nos remita a la excelsa poeta gallega del siglo XIX.

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No obstante, hay similitudes notables en el estro vital y est茅tico de las dos grandes creadoras, al punto que sus obras y sus existencias, cotejadas desde la extra帽eza admirativa, nos aportan se帽eras claves anal贸gicas. El denominador com煤n de ambas 鈥搈e atrevo a decir鈥 es la desolaci贸n, el desamparo del ser ante el mundo, sin paliativos, sin esperanza, salvo aquella fuerza interior que la sensibilidad est茅tica y emocional encauza en aras de la creatividad; en este caso, ling眉铆stica y po茅tica, en aut茅ntico desgarramiento de la palabra, para que 茅sta quede temblando o fulgurando en sucesivas impotencias, c谩rcel pat茅tica del sentimiento que las desborda. Sin embargo, debido a su m贸vil intr铆nseco, la poes铆a desvela y se vuelve conocimiento intuitivo del ser y del mundo.

Rosal铆a cas贸 a temprana edad con el historiador gallego Manuel Murgu铆a, con quien tuvo cinco hijos. Hay versiones encontradas de su vida conyugal, sobre todo en aquellas instancias donde Rosal铆a requiri贸, en inmejorable met谩fora de Virginia Wolf, 鈥渦n cuarto propio鈥, ese espacio escatimado a la mujer durante siglos, 谩mbito que la cultura patriarcal reserv贸 al hombre, relegando a su compa帽era al yugo de la cocina y al rigor silencioso de la sala de costuras, o a la esfera de esa maternidad imperativa que se atribuye a una ciega voluntad divina, que obliga pero no provee. Para unos, la poeta fue apoyada e incentivada por el marido en su actividad creadora; para otros, el esposo habr铆a ejercido una tutela autoritaria, celoso de ese genio l铆rico de Rosal铆a del que 茅l careci贸.

Estas contradicciones no podr谩n ya ser desveladas, pero la obra rosaliana contiene signos y rasgos que constituyen un desaf铆o no resuelto para indagar en su mundo afectivo, en sus amores truncados 鈥搎ue los tuvo, sin duda鈥, circunstancias que le cerraron opciones a una felicidad anhelada hasta el fin de sus d铆as, cuando en la hora postrera o derradeira le pide a su hija Gala: 鈥淎bre la ventana que quiero ver el mar鈥︹

Resultado de imagen para gabriela mistral y rosalia de castroRosal铆a fallece el 15 de julio de 1885, habiendo sido negada en vida por los poderes sociales y pol铆ticos de su tiempo, por su condici贸n de hija 鈥渋leg铆tima鈥, as铆 como por su poes铆a denunciadora de las miserias de su pueblo, sobre todo de la marginaci贸n de la mujer gallega. Como flagrante contradicci贸n, su funeral ser谩 dirigido y 鈥渙ficializado鈥 por quienes la menospreciaron: los patriarcas pol铆ticos y caciquiles, vestidos de levita y sombrero hongo.

Quiz谩 vibraban, acusadores en la memoria colectiva de su pueblo, esos breves versos suyos que dicen m谩s que un tratado sociol贸gico:

Daqueles que cantan 谩s pombas e 谩s froles/ todos din que te帽en alma de muller/ I eu, que non 谩s canto, Virgen de la Paloma, alma de qu茅 a terei?

(De aquellos que cantan a las palomas y a las flores/ todos dicen que tienen alma de mujer/ Y yo, que no canto esos t贸picos, Virgen de la Paloma,/ alma de qu茅 tendr茅鈥?)

Al iniciarse la ceremonia f煤nebre, el poeta Manuel Curros Enr铆quez, rebelde y anticlerical, es impedido de pronunciar un discurso. Como alternativa, insiste en declamar un poema. Se le acepta, pensando quiz谩 en la ineficacia contestataria de la poes铆a. Curros sube al estrado y con su potente voz de bardo canta:

Do mar pola orela mir茅ina pasarResultado de imagen para gabriela mistral y rosalia de castro

Na frente una estrela

No bico un cantar

E vina tan soia na noite sin fin

Que inda rec茅i pola probe da tola

Eu que non te帽o quen rece por min

A musa dos pobos que vin eu pasar

Comesta dos lobos, comesta morreu

Os 贸sos son dela que vades gardar

Ai dos que levan na frente unha estrela

Ai dos que levan na frente un cantar.

(Del mar por la orilla la mir茅 pasar

En la frente una estrella

En los labios un cantar鈥

Y la vi tan sola en la noche infinita

Que entonces rec茅 por la pobre loca

Yo que no tengo quien rece por m铆.

La musa de los pueblos que yo vi pasar,

Comida por los lobos, devorada muri贸.

Los huesos son de ella, que vais a enterrar鈥

Ay de los que llevan en la frente una estrella,

Ay de los que llevan en los labios un cantar.)

5 poemas de Gabriela MistralC贸mo no establecer una similitud con Gabriela Mistral, cuando obtuviera, en 1945, el primer Nobel de Iberoam茅rica, habiendo sido patrocinada al galard贸n universal, no por Chile, sino por el gobierno de la Rep煤blica del Ecuador. Como pat茅tico y grotesco desenlace, seis a帽os m谩s tarde, se le otorga un tard铆o Premio Nacional de Literatura. Hasta el d铆a de hoy, Gabriela sigue siendo preterida por la 鈥渙ficialidad literaria鈥 de Chile, con honrosas excepciones de exegetas como Jaime Quezada o Na铆n N贸mez.

De la infancia de Gabriela se recogen testimonios contrapuestos y desva铆dos en el tiempo. Habr铆a sido abusada por su padrastro, hecho que influir铆a, definitivamente, en su comportamiento afectivo con los hombres. Se ha especulado, asimismo, acerca de supuestas inclinaciones lesbianas con sus asistentas y secretarias. Del sobrino que adopt贸, Yin Yin, se ha dicho que fue hijo carnal de un amor铆o secreto鈥 Pero el morbo sensacionalista da para todo, menos para un an谩lisis l煤cido de su obra a la luz de una existencia atormentada, que iba a ensombrecerse a煤n m谩s con el suicidio del sobrino adolescente.

Una d茅cada despu茅s de la partida de Gabriela nos enteramos de sus encendidas cartas de amor con el poeta Manuel Magallanes Moure, en furtiva y clandestina relaci贸n que, seg煤n amigos y conocidos cercanos, no habr铆a llegado a su culminaci贸n carnal, aunque el fuego de las palabras y de las im谩genes epistolares sugiera una pasi贸n desbocada de alma y cuerpo. La poeta escribi贸 al respecto versos significativos:

脡l pas贸 con otra;Resultado de imagen para gabriela mistral y rosalia de castro

yo le vi pasar.

Siempre dulce el viento

y el camino en paz.

隆Y estos ojos m铆seros

le vieron pasar!

No obstante el ardor epistolar con el que Gabriela parece entregarse por completo al amado, las respuestas de Magallanes Moure son m谩s bien cautelosas, como si estuviese inquieto por verse sorprendido en 鈥渇alta moral鈥. Es probable que las cartas m谩s comprometedoras escritas por 茅l a la poeta hayan desaparecido.

Se cuenta que ambos concertaron una cita en la estaci贸n El Volc谩n, del ferrocarril cordillerano que un铆a, a trav茅s de rieles de trocha angosta, la actual Plaza Baquedano, en el centro de Santiago, con esa 煤ltima parada de un antiguo paso fronterizo en los altos del Caj贸n del Maipo, entre las cumbres fronterizas de Los Andes.

Manuel la esper贸 en al and茅n, vestido con un panam谩 y sombrero de pita; en el ojal llevaba una rosa roja. Gabriela descendi贸, caminando a su encuentro por la plataforma. Cuando estaba a unos treinta metros de 茅l, se detuvo, volvi贸 presurosa y se meti贸 en uno de los carros a punto de iniciar el descenso. Un encuentro frustrado, una se帽al o sino que iba a repetirse muchas veces en la vida de la Poeta, hasta que cuatro d茅cadas m谩s tarde, ella encontr贸 la correspondencia de su amor en Doris Dana, una joven estadounidense estudiosa de su poes铆a y admiradora incondicional.Resultado de imagen para gabriela mistral y rosalia de castro

Pero cabe preguntarnos, 驴qu茅 hay detr谩s de esta perenne actitud desolada de ambas creadoras? Quiz谩 una insatisfacci贸n que est谩 m谩s all谩 de los paliativos que provee la 铆ntima anuencia con otros seres humanos; tal vez una suerte de angustia metaf铆sica de hondo arraigo femenino, tan misteriosa como inexpresable, a煤n a trav茅s de sus genios po茅ticos. Hay en sus obras un profundo sentido de la vida como tragedia irremediable, de la presencia de la muerte como sombra aciaga o peligro inminente que se ciernen sobre los seres amados para segar su existencia, sumi茅ndolas en total desamparo, en definitiva orfandad.

Para una parte de nosotros, la que habita en el Noroeste de la vieja Galicia, Rosal铆a es 鈥渓a Gabriela Mistral鈥 de los gallegos; para la que mora en la estrecha y larga cinta del 脷ltimo Reino鈥, Gabriela es 鈥渓a Rosal铆a de Castro鈥 de los chilenos.

Ambos cantos, ambas voces, pervivir谩n, porque son imprescindibles, pues sin ellos estar铆amos sumidos en esa 鈥渘egra sombra鈥 que nos desasosiega sin remedio.

 

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