Abr 12 2012
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OpiniónPolítica

Rusia: Putin, hablan los datos -I-

Antes de iniciar estas consideraciones —de las que éste es el capítulo primero— acerca de los doce años de gobierno —o desgobierno— de Putin, dos cuestiones previas:
La primera: ¿por qué insistimos en hablar de Putin, si él — mal o bien — ya ha triunfado holgadamente en las elecciones presidenciales recién pasadas?; y la segunda: ¿qué similitud existe entre Chile y Rusia que pueda interesar al lector chileno —o latinoamericano—, más preocupado con el devenir nacional, tan conmocionado en los últimos tiempos? | JAIME GARRIDO.*

 

Relativamente a la primera cuestión, es menester señalar que, precisamente antes y después de las fraudulentas elecciones presidenciales en Rusia, en diversos órganos de comunicación social, tanto en Chile como en el extranjero, han surgido voces que hablan, en términos encomiables, de un Vladimir Putin totalmente desconocido en Rusia, sin considerar, por cierto, al Putin que la propaganda oficial y la mayoría aplastante de los medios de comunicación televisiva, radial y escrita rusos — todos en manos de la oligarquía y del Gobierno — pintan, presentando al electo Presidente poco menos que como el Padre de la Nación, el gran salvador de Rusia.

 

En el fondo, lo que ocurre es que se ha creado un nuevo mito que nos habla de un verdadero patriota, de un estadista interesado en recuperar para Rusia el terreno perdido en los malhadados años 90 del siglo pasado.

 

Así, hace pocas semanas, Pepe Escobar, que suele escribir para las revistas Asia Times y Rebelión, en un artículo bajo el estrambótico título de Putin enloquece a Wáshington, hace comentarios que, a la luz de la realidad que ha vivido Rusia en los últimos 12 años bajo la conducción de Putin —o mejor, en la era putiniana— pueden ser tildados de aventurados, como lo corroboran algunas de sus aserciones dignas de una antología a eso de asumir como real lo deseado:

 

Las elites angloestadounidenses todavía se retuercen ante la mención de su legendario discurso de 2007 (de Putin, J. C.) en Munich cuando criticó al gobierno de George W Bush por su agenda imperial obsesivamente unipolar ‘mediante un sistema que no tiene nada que ver con la democracia’ y su continua violación de las ‘fronteras nacionales en casi todas partes…’ Más elementos esenciales: no a las bases que rodean a Rusia; no a la defensa de misiles sin una admisión explícita y por escrito de que el sistema nunca tendrá a Rusia como objetivo; y una creciente cooperación con el grupo BRICS de las potencias emergentes…

 

“Los atlantistas enloquecerán en masa cuando invierta todos sus esfuerzos en la coordinación de ‘una poderosa unión supranacional que puede convertirse en uno de los polos del mundo actual y un eficiente vínculo entre Europa y la dinámica región Asia—Pacífico’… Putin encabezó casi en solitario la resurrección de Rusia como mega—superpotencia energética (el petróleo y el gas representan dos tercios de las exportaciones de Rusia, la mitad del presupuesto federal y un 20% del producto interno bruto)…

 

“Que no quepan dudas. Tras la interminable satanización de Putin y la miríada de intentos de deslegitimar las elecciones presidenciales de Rusia, se encuentran algunos sectores muy encolerizados y poderosos de las elites de Wáshington y angloestadounidenses… Saben que Putin será un negociador ultra duro en todos los frentes. Saben que Moscú aplicará una coordinación cada vez más estrecha con China: en la frustración de bases permanentes de la OTAN en Afganistán; en el apoyo a la autonomía estratégica de Pakistán; en la oposición a la defensa de misiles; en garantizar que no se ataque a Irán…Será el demonio predilecto porque no podría haber un oponente más formidable a los planes de Wáshington en el escenario mundial, se llamen Gran Medio Oriente, Nueva Ruta de la Seda, Dominación de Espectro Completo o Siglo Pacífico de EE.UU. Señoras y señores, preparémonos para el estruendo…

 

Fue el ippon* de Putin contra la OTAN, el Fondo Monetario Internacional y el neoliberalismo de la línea dura. Y la pregunta surge, pertinente, natural: ¿en que mundo vive este analista? Hay otros observadores que, análogamente a Pepe Escobar, sin tener un conocimiento real de la situación que vive Rusia, arriesgan conclusiones de dudoso contenido:

 

Para la mayoría de los rusos, no todos por supuesto, los gobiernos desde 2000 a la fecha, con Putin en la mayoría del lapso y una fracción con Medvédev, han mejorado relativamente su situación económica-social… Este es un hecho, que los opositores y los imperios de afuera explican como mera consecuencia del empinamiento de los precios del petróleo y el gas… Rusia es un fuerte productor y exportador de esos recursos. Por ejemplo, aspira a producir 10 millones de barriles de crudo diarios según un plan de inversiones que tiene en marcha. Por otro lado tiene acuerdos con países europeos y China, para abastecerlos con nuevos gasoductos hacia el sur y Siberia, respectivamente…

 

“Esa crítica a Putin es la misma que la derecha venezolana y mundial le hace al presidente Hugo Chávez. La cotización del barril sería la exclusiva explicación de la mejoría de los ingresos de la mayoría de los venezolanos… Al mandatario ruso electo le pegan con el mismo garrote, como si su política de este decenio para que el Estado ruso recuperara capacidad de decisión en cuanto a sus recursos energéticos no tuviera ningún mérito… Este no es un debate del pasado pisado. Es muy actual, porque en el programa de Putin en la última compulsa se destacó su propuesta de aumentar los salarios de médicos, educadores, militares y policías.

 

Este tipo de preocupantes comentarios —no por la opinión que en sí encierran, sino por su carácter marcadamente subjetivo en términos de la evaluación de una realidad inexistente— nos impele a asumir que, desgraciadamente, los medios de comunicación de masas, concentrados como estuvieron y están en manos de las oligarquías, en lugar de informar, continúan desinformando y nosotros continuamos cayendo en la magistral telaraña, sabiamente tejida por los hacedores de conciencias y de opinión.

 

Y habría que preguntarse ¿por qué analistas y comentaristas políticos, que se puede presumir están insertos en ese vasto espectro de las mayorías que no concuerdan con el orden de cosas imperante en este injusto mundo actual, reproducen la interesada información divulgada por las grandes cadenas informativas occidentales?

 

En las páginas que siguen haremos una tentativa de mostrar no solamente cuáles han sido las formas de las políticas implementadas por Putin a lo largo de los doce años en que ha dirigido los destinos de Rusia, sino su contenido, que, al final de cuentas, es lo que efectivamente importa.

 

Similitudes

 

En cuanto a la segunda cuestión de las eventuales similitudes que existen entre Rusia y Chile y que pueden interesar al lector chileno y, por extensión, al latinoamericano, diremos que, a simple vista, para quien no conoce cabalmente la realidad de ambos países, no hay prácticamente nada que los asemeje. Empero, si observamos las políticas neoliberales aplicadas en ambos países, encontraremos, entonces, la primera similitud.

 

Luego, si, en términos de horizonte temporal, analizamos lo que ha provocado la aplicación de dichas políticas en ambos países, concluiremos que hay más de alguna semejanza. A seguir, si no ignoramos el origen del poder estatal en ambos países, constataremos que los regímenes políticos imperantes en ellos son el resultado de una prolongada secuencia de gobiernos democráticos que, a su vez, tuvieron como fuente la herencia de un poder generado por golpes de Estado: en Chile, el putsch fascista de Pinochet; en Rusia, el golpe de Estado llevado a cabo por Eltsin en 1993, que culminó con el ataque militar contra el único y legítimo titular del poder estatal: el Soviet Supremo de Rusia.

 

Después, si verificamos que, tanto en Rusia como en Chile, los oligarcas locales, amén de disponer del poder económico, se han hecho del poder político, gobernando a favor propio y de los grandes conglomerados internacionales del capital, estaremos en presencia de una nueva semejanza.

 

Por último, the last but not least, los oligarcas de Chile y Rusia han pasado a engrosar las listas de los hombres más ricos del mundo en el mismo período y, como contrapartida, han generado en sus propios países el mayor número de pobres y de personas marginadas de la sociedad, que se van sumando al floreciente ejército de drogadictos, alcohólicos y delincuentes producidos con considerable eficiencia por las economías neoliberales. Es obvio que las mencionadas similitudes son tan sólo la punta del iceberg, toda vez que la mayoría aplastante de los innumerables fenómenos que tienen lugar en ambas sociedades son similares. De allí, pues, el interés evidente que la situación de Rusia puede tener para el lector latinoamericano y, en particular, para el chileno.

 

Esclarecidas las causas que estuvieron en el origen de nuestra decisión de enfocar una vez más, de modo crítico, los hechos reales de Vladimir Putin, diremos que, para evaluar la actividad de cualquier gobierno, es de uso generalizado recurrir al análisis de la evolución o comportamiento de los siguientes parámetros:

 

— Territorio;
— Recursos naturales;
— Población;
— Administración;
— Economía;
— Cultura y religión;
— Fuerzas armadas; y
— Política externa.

 

Todos los datos que citaremos en estos comentarios pueden ser encontrados y corroborados en fuentes abiertas, fidedignas e idóneas, principalmente oficiales, que dan cuenta, precisamente, de una situación que nada tiene que ver con la propugnada por los analistas cuyos artículos fueron extensamente citados más arriba.

 

Es menester señalar que las condiciones específicas del desarrollo de Rusia después del año 1991 influyeron de modo determinante en la formación del peculiar régimen político, cuya personificación ha sido y continúa siendo Putin. Como ha quedado demostrado por el propio devenir de los pertinaces hechos reales, Medvédev, el segundo de a bordo, no es más que el niño de los mandados, que estuvo cuatro años sentado en el sillón presidencial, calentándolo para que Putin regresara a utilizarlo.

 

La propaganda oficial, mucho antes de las elecciones presidenciales, apuntaba a distanciar a Putin de los malditos años 90, cuando el país fue saqueado por sus propios gobernantes, con Eltsin a la cabeza. La misma tónica fue utilizada en el año 2007, cuando, majaderamente, se comenzó a hablar de un supuesto Plan de Putin, que también estaría dirigido a resucitar a Rusia como gran potencia después de la destrucción de la Unión Soviética. Putin, afirman sus propagandistas, habría comenzado la ejecución de su plan a partir del año 2000.

 

Veamos cómo han ocurrido, objetivamente, los hechos

 

A inicios de los años 90 —después de haber regresado de su misión como funcionario del KGB en Alemania— Putin se desempeñó como jefe del Comité de Relaciones Externas de la Municipalidad de San Petersburgo y como principal hombre de confianza del tristemente célebre alcalde de la segunda capital de Rusia, A. Sobchak.

 

De acuerdo con informaciones nunca desmentidas —por lo demás, debidamente sustentadas por documentos del Parlamento Municipal de San Petersburgo—, en el ejercicio de sus funciones, Putin se caracterizó por ser un incisivo impulsor de la corrupción, al punto que una comisión del Parlamento local solicitó, oficialmente, su exoneración del puesto de jefe del mencionado Comité.

 

Pero, en la criminal Rusia de aquel entonces, ser corrupto no era delito, independientemente de la connotación, alcance y consecuencias del crimen cometido, como, por ejemplo, dejar sin productos de primera necesidad a la ciudad.

 

En 1996, Putin comenzó a trabajar en el Kremlin, inicialmente como subdirector de la Administración de los asuntos del presidente, luego como suplente del Director de la Administración del Presidente y Jefe de la Dirección de Control del Kremlin. Allí, se destacó por llevar a cabo supuestos severos controles de los suministros para las Fuerzas Armadas. Este ejemplar control — según el propio Putin — habría obligado al Ministro de Defensa de Rusia, I. Rodionov, a renunciar a su cargo.

 

Para no ir muy lejos por datos que puedan avalar su misión de luchador contra la corrupción, habría que echar una simple mirada a la situación imperante en la actualidad en el ámbito de la defensa, donde la corrupción ha alcanzado niveles que no tienen parangón en la historia del país. Amén del robo descarado de parte significativa del presupuesto estatal por parte de la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas, que tiene lugar a vista y paciencia del ministro —un empresario mueblista que ha cometido todo tipo de aberraciones— y del propio Putin, continúa en curso la destrucción virtual del poderío militar de Rusia, lo que pone en causa la propia subsistencia de la otrora gran potencia, al menos en los marcos de su actual configuración geográfica y administrativa.

 

Recuérdese que, en 1999, en el mejor espíritu de las monarquías, Eltsin decidió abdicar y nombró como su sucesor a Vladimir Putin, quien, sin que mediaran elecciones o cualquier otro tipo de pronunciamiento democrático, asumió la presidencia del Estado ruso.

 

Ahora, lo que más crispa es el cinismo de los propagandistas oficiales y del propio Putin que, en uno de sus artículos electorales, escribió que los acontecimientos de los años 90, se caracterizaron porque las elites oligárquicas, utilizaron descaradamente el Estado, dividiéndose la propiedad de todo el pueblo. Dicho de otra manera, Putin, después de 20 años, se lamenta porque la perversa oligarquía actuó de forma tan deshonesta. Esto es, como si él hubiese llegado ayer al país y no hubiese estado nunca al frente del Estado por un período de más de doce años, en el transcurso de los cuales podría —si lo hubiese deseado— haber tomado medidas para subsanar la situación creada por Eltsin, Gaidar y Chubais en los años 90.

 

¿Cómo se compadecen sus declaraciones con el hecho de que, al día siguiente de las elecciones presidenciales, en encuentro con los ex candidatos, declaró al representante de la oligarquía, M. Prójorov — uno de los más destacados rateros de la propiedad heredada de la Unión Soviética — que, si éste aceptaba, lo podría convidar a formar parte de su futuro gobierno? Así lucha contra la oligarquía el venerable estadista y patriota Putin. Pero veamos en qué ámbitos de la práctica encuentra manifestación esta lucha del preclaro estadista.

 

Comencemos con la economía

 

Según datos del Banco Central, la exportación neta de capitales desde Rusia fue, en el período de 2000 a 2011, de 243.300.000.000 de dólares, de los cuales 173.900.000.000 corresponden a los últimos 3 años.

 

De este modo, se puede constatar que los malditos años 90 no representan nada, en términos de fuga de capitales, comparados con la era putiniana.

 

Al 1º de Enero de 2012, las reservas internacionales de Rusia alcanzaban los 505.391.000.000 de dólares, depositadas, en su gran mayoría, en los Estados Unidos, trabajando, por tanto, en beneficio de la economía norteamericana. Es curioso y paradójico constatar que el Estado Ruso y las empresas rusas solicitan créditos a bancos norteamericanos, que cobran intereses anuales que oscilan entre los 6 y los 9 por ciento, y el Estado ruso recibe por mantener sus reservas en Estados Unidos tasas anuales de interés del orden de los 2 por ciento. ¡Negocio redondo del patriota Putin!



 

En lo que atañe al monto global de la deuda externa de Rusia, incluida la estatal y privada, al 1º de Enero de 2012, ésta llegaba a los 538.940.000.000 de dólares, esto es, su volumen superaba al observado por las reservas internacionales. Y, nuevamente, constatamos que los malditos años 90 fueron, también en este capítulo, francamente mejores que la era putiniana.

 

Y, como ya es norma, aquí en Rusia, la falacia usada por los círculos oficiales del poder, como argumento para justificar tal orden de cosas, es que esta deuda externa estaría condicionada, supuestamente, por el aumento de las inversiones extranjeras, lo cual, por un lado, es desmentido rotundamente por el volumen de fuga de capitales desde Rusia —como ya quedó demostrado— y, por otro, por los esquemas que mostraremos a continuación sobre las inversiones extranjeras en Rusia:

 

Con 41 por ciento se destaca Chipre, a seguir las Islas Vírgenes Británicas y Holanda, con 12 por ciento; las Bermudas, con 9 por ciento; Bahamas, con 6; Alemania, con 5; y Estados Unidos, Suecia y Gibraltar, con 4 por ciento. Lo que, en realidad, acontece es que a Rusia regresan recursos generados en el propio país, que fueron desviados para huir a la tributación en territorio ruso.

 

En Chipre se encuentran, entre otras, registradas las empresas del grupo Russian Commercial Bank, Promsvyazbank, Alfa—Bank, Renessance Kapital, Troiki Dialog, Otkrytiya; una parte importante de los activos de Evraza pertenece a la empresa chipriota Mastercroft. La Rosneft’ posee 51 por ciento del capital de la Shell Caspian Ventures Ltd.. Entre los activos de la Lukoil se cuentan la LukOil Cyprus Ltd., la K&S Baltic Offshore (Cyprus) Ltd., la LukOil Overseas Cyprus Ltd y la Bitech Cyprus Ltd. También está registrada en Chipre, la Norilsk Nickel Cyprus Ltd., filial de la Norilsk Nikel — empresa monopolista soviética de la cual ilegalmente se apropió el flamante candidato presidencial, ahora convidado por Putin a formar parte del gobierno, M. Projórov.

 

Esta pequeña lista es un pelo de la cola si la comparamos con la cantidad total de empresas rusas registradas en el extranjero con la deliberada finalidad de minimizar el pago de impuestos y, concomitantemente, encubrir su estructura de propiedad. De otro lado, este tejemaneje permite a los empresarios rusos manipular los precios de la producción y los créditos que se otorgan a sí mismos.

 

Los propagandistas del régimen de Putin afirman, sin el menor pudor, que la deuda externa es, principalmente, privada. Sin embargo, el sector empresarial privado está constituido por organizaciones en forma de sociedades anónimas privadas abiertas, limitadas, cerradas y por cuotas. Para efectos estadísticos, se considera que la deuda es privada incluso cuando cien por ciento de las acciones pertenece al Estado. Por ejemplo, la deuda neta de Rosneft en el segundo trimestre de 2011 era de 12.450.000.000 de dólares. Su principal accionista, con 75.16 por ciento de las acciones, es la sociedad anónima limitada ROSNEFTGAZ, que pertenece en 100 por ciento al Estado. Empero, esta deuda es considerada, formalmente, privada, aun cuando, de hecho, la empresa es propiedad del Estado.

 

Otro ejemplo: la deuda neta de la gigantesca Gazprom, al 11 de Marzo de 2011, era de 27.800.000.000 de dólares; ésta también es una deuda privada. Una tercera parte de toda la deuda corporativa es de responsabilidad de empresas y bancos estatales. De acuerdo con el Deutsche Bank tan sólo tres compañías —Gazprom, Rosneft y VTB— son responsables por 20 por ciento de la deuda externa de Rusia. Así, se puede concluir que parte significativa de la deuda externa rusa es estatal.

 

El tiempo no pasa en vano. Y pareciera que la memoria humana es la que más sufre los perniciosos efectos del avance implacable del tiempo. Es casi seguro que muy pocos, en Rusia, recuerdan las promesas formuladas por Putin en el sentido de que su gobierno, teniendo como referencia el año 2003, duplicaría el Producto Interno Bruto (PIB). Veamos en qué medida fue cumplida la promesa, pero no tomando el año 2003 sino el 2000 como punto de partida. Los precios corresponden al año 2003.

Podemos observar que, en el período de doce años, el PIB creció solamente 66 por ciento. Ahora bien, si se toma como referencia el año 2003 propuesto por Putin, su crecimiento alcanza apenas el 40 por ciento. Claro está que a cualquier persona esto le podrá parecer mucho. No obstante, a la luz de las cifras que nos muestran las exportaciones de Rusia, principalmente de petróleo, gas y derivados del petróleo, podremos deducir que este crecimiento es despreciable: el problema es saber ¿dónde están los inmensos recursos financieros obtenido con la venta de materias primas?

 

De acuerdo con estadísticas oficiales, entre los años 2000 y 2011, Rusia exportó 2.684.000.000 de toneladas de crudo por la suma de 1.047.000.000.000 de dólares; 1.174.000.000 de toneladas de derivados del petróleo por 484.000.000.000 de dólares; y 2,257 trillones de metros cúbicos de gas natural a un precio de 427.158.000.000 de dólares,esto es, en los doce años de gobierno de Putin, Rusia vendió crudo y gas por una suma de casi dos (1,958) trillones de dólares.

 

(La segunda parte de este análisis se publicará el miércoles 18 de abril).
———
* Ippon, literalmente, significa un punto total, que es la calificación máxima que puede alcanzar un luchador en las Artes Marciales japonesas, normalmente usado en el judo, karate o jujutsu.

 

Notas y precisiones:
Vide: Pepe Escobar. Putin enloquece a Washington. En Rebelión, 09.03.2012, aquí.

 

Emilio Marín: Presidente por Rusia Unida ganó con 63%: Casa Blanca y Unión Europea, alarmados por la victoria de Putin. En El Ciudadano, 10.03.2012, aquí.

 

Илья Барабанов (Barabanch), 2007—11—28. Шакалы (Chacales). http://barabanch.livejournal.com/421306.html=; Ruscesar: Салье о всех делах Путина, 29 Мар, 2012. http://ruscesar.livejournal.com/542069.html

 

La verdad es que las Fuerzas Armadas han sido descabezadas debido a la oposición que los altos mandos militares han manifestado contra la traicionera actividad de la dirigencia política de Rusia.
Cada vez que un militar de alto rango ha sido llamado a retiro — y, en muchos casos, han terminado muertos en accidentes o como consecuencia de repentinas enfermedades — se ha tratado de militares patriotas que han abogado contra la destrucción de las fuerzas armadas y del Complejo Militar Industrial heredado de la Unión Soviética.
aquí.

 

Este adalid del neoliberalismo más recalcitrante, que fue uno de los candidatos a la presidencia de Rusia, considera que los trabajadores deben laborar 60 horas por semana sin aumento de sus salarios y que la edad para jubilarse debe ser aumentada

 

Todos los mapas, gráficos y esquemas usados en el presente trabajo fueron elaborados por Vladislav Naganov.
Vide: Пособие по борьбе с пропагандой 1, 2, 3.
aquí.
aquí.
aquí.

 

Es una práctica muy extendida en Rusia, donde las empresas que tienen que pagar sólo un 13 por ciento de impuesto, no lo pagan pues están registradas en los paraísos tributarios.

 

V. Naganov. Op. Cit.

 

Servicio Federal de Estadística Estatal (ROSSTAT). (www.gks.ru).
Aquí
Aquí
Aquí.

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