Jul 17 2012
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OpiniónPolítica

Siria: el giro a la guerra

El aparente fracaso de la conferencia de Ginebra puede significar el fin de los esfuerzos diplom√°ticos para resolver la crisis siria. La conferencia de Ginebra de 30 de junio, convocada por el enviado especial de las Naciones Unidas y la Liga √Ārabe, Kofi Annan, representaba tal vez la √ļltima oportunidad para que las potencias mundiales acordasen una soluci√≥n pac√≠fica de la crisis en Siria.| GRAHAM USHER.*

 

Este esfuerzo parece estrellarse ahora en el mismo arrecife contra el que han naufragado todas las posibilidades de rescate internacional de la revuelta, que dura ya 15 meses: el desacuerdo sobre el destino del presidente sirio Bashar Al-Assad.

 

Con la asistencia de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, tres pa√≠ses √°rabes y Turqu√≠a, la conferencia de Ginebra ten√≠a como objetivo insuflar vida al moribundo¬† plan de paz de Annan: un alto el fuego, hasta ahora no respetado, seguido de negociaciones pol√≠ticas que, en teor√≠a, llevar√≠an a la celebraci√≥n de elecciones y a un ‚Äúestado aut√©nticamente democr√°tico y pluralista¬Ľ en Siria.

 

En Ginebra, la partera del plan iba a ser la formaci√≥n de un Gobierno de Unidad Nacional de Transici√≥n (TNUG), en la que el gobierno y la oposici√≥n tendr√≠an representantes. Sin embargo, excluir√≠a a ¬ęaquellos cuya presencia podr√≠a socavar la credibilidad de la transici√≥n y poner en peligro la estabilidad y la reconciliaci√≥n¬Ľ: una manera discreta de cerrar el paso a Al-Assad.

 

Esa cl√°usula hab√≠a sido exigido por Estados Unidos, la Liga √Ārabe, Turqu√≠a y, sobre todo, la oposici√≥n siria, para quien la ca√≠da de Al-Assad es condici√≥n indispensable para tomar parte en cualquier transici√≥n dirigida por la ONU. Rusia se ech√≥ atr√°s, insistiendo que la composici√≥n del TNUG era un asunto del ¬ępueblo sirio¬Ľ y no de ¬ędictados¬Ľ extranjeros.
Un d√≠a largo de negociaciones solo sirvi√≥ para alcanzar el¬† m√°s d√©bil de los compromisos. La composici√≥n del TNUG ser√≠a por ¬ęconsentimiento mutuo¬Ľ, seg√ļn la declaraci√≥n final de Ginebra; una f√≥rmula que otorga tanto a Al-Assad como a la oposici√≥n el poder de vetarse mutuamente.

 

El canciller ruso, Sergei Lavrov, declar√≥ estar¬† ¬ęencantado¬Ľ con la chapuza. ¬ęNo hay ning√ļn intento de imponer un proceso de transici√≥n ni de excluir a ning√ļn grupo del proceso¬Ľ.

 

Su hom√≥loga de EE UU, Hillary Clinton, apenas pudo contener su rabia: ¬ęAl-Assad tendr√° que irse, en cualquier caso. Nunca obtendr√° el consenso mutuo porque tiene sangre en sus manos¬Ľ.

 

Los estados occidentales hab√≠an acudido a Ginebra creyendo que, a falta de intervenci√≥n militar, el camino del cambio en Damasco pasa por Mosc√ļ. No era una creencia equivocada. Por primera vez, en Ginebra, Rusia ha firmado un plan de transici√≥n que podr√≠a conducir a un futuro post-Assad. Pero Mosc√ļ sigue oponi√©ndose a la interferencia externa, incluida la adopci√≥n de medidas por el Consejo de Seguridad.

 

Los comentaristas rusos dicen que no es por lealtad a Al-Assad, ni para proteger sus¬† contratos de armas por valor de¬† 700 millones de d√≥lares al a√Īo, y menos a√ļn para mantener su vieja base militar naval de Tartus. Es para evitar que Occidente orqueste otro cambio de r√©gimen a la Libia en Oriente Medio. Porque seg√ļn estos analistas, Rusia tiene dos temores en Siria.

 

El primero es que cambio inducido desde fuera pueda provocar un colapso del Estado sirio como en Irak, y con ello, con vertirse en un refugio para los grupos yihadistas, incluyendo Al-Qaeda, como Irak. El segundo es que Damasco acabe en manos de un gobierno de los Hermanos Musulmanes aliado de los Estados del Golfo, pro-estadounidense en su pol√≠tica exterior y hostil no s√≥lo a Mosc√ļ sino tambi√©n a Ir√°n y las minor√≠as no sunitas sirias.

 

Ello supondría un grave riesgo para los 30.000 ciudadanos rusos en Siria. También situaría un gobierno islamista sunita a las puertas  del Cáucaso norte, donde mantienen una activa presencia los jihadistas de origen ruso. Por estas razones geopolíticas, Rusia prefiere la actual formula de poder en Damasco a cualquier otra.

 

El problema es que cuanto m√°s defienda Rusia a Al-Assad de cualquier presi√≥n significativa para cambiar de rumbo ‚ÄĒincluso en el Consejo de Seguridad‚ÄĒ m√°s probable es que se acaben concretando los escenarios que¬† m√°s teme.

 

Turquía es uno de los poderes regionales que apoyan el plan de paz de Annan en principio, pero a la oposición siria en la práctica. Da refugio al Consejo Nacional de Siria y al Ejército Sirio Libre,  a los que probablemente ayuda a armarse y entrena, dándoles  la forma que quiere, si no como un gobierno alternativo en el exilio, si desde luego como las fuerzas políticas capaces de liderar la transición en una Siria post-Assad.

 

La combinaci√≥n de dinero en efectivo del Golfo, la experiencia de lucha de un a√Īo y un creciente n√ļmero de deserciones de oficiales, ha transformado a la oposici√≥n armada siria de una milicia en un ej√©rcito de guerrillas, capaz de controlar grandes franjas de territorio en las zonas rurales de Siria.

 

Cada vez más cercado, el régimen de Al-Assad intenta desesperado derrotar militarmente a la guerrilla retomando el control de los centros urbanos a través de brutales castigos infligidos por helicópteros, artillería, tropas y milicias.

 

De este giro militar se desprenden tres consecuencias. En primer lugar, las víctimas y los abusos de ambas partes se han multiplicado. Cerca de 16.000 sirios han perdido la vida desde  que la revolución comenzó en marzo de 2011. Sin embargo, más de 5.000 personas han sido asesinadas solo desde abril, cuando Annan presentó por primera vez su plan de paz y, al parecer, tanto el régimen como  los rebeldes optaron por la victoria militar y no por el compromiso político como objetivo estratégico.

 

En segundo lugar, el car√°cter sectario del conflicto se ha vuelto m√°s pronunciado. A medida que el n√ļmero de muertos asciende, el apoyo del r√©gimen es abrumadoramente alauita, que ven el conflicto en t√©rminos cada vez m√°s existenciales. La oposici√≥n, por su parte, tanto los combatientes como los simpatizantes, pertenecen en buena parte a¬† la mayor√≠a sunita: creen que¬† el censo, la geograf√≠a y la historia est√°n de su lado.

 

Por √ļltimo, el conflicto se ha regionalizado. El mes pasado, Siria derrib√≥ un avi√≥n de reconocimiento de Turqu√≠a, alegando que hab√≠a violado el espacio a√©reo sirio (Ankara dijo que fue derribado en el espacio a√©reo internacional).

 

El 1¬ļ de julio ‚Äď tras elevar el nivel de sus reglas de enfrentamiento- Turqu√≠a autoriz√≥ a sus¬† aviones F-16 a acosar a los helic√≥pteros sirios que volaban¬† ¬ęcerca¬Ľ de la frontera. Ankara y Damasco est√°n al borde de comenzar las hostilidades: cualquier error podr√≠a iniciar una guerra.

 

La conferencia de Ginebra quiz√°s signifique la desaparici√≥n del plan de paz Annan. Pero no augura el final de un compromiso internacional en el conflicto sirio. Pero seg√ļn el plan de Annan las reglas de ese compromiso deb√≠an ser definidas por los diplom√°ticos, las fuerzas de paz y los observadores desarmados de la ONU. Ahora, lo m√°s probable es que las impongan los guerrilleros y los ej√©rcitos de la regi√≥n.
‚ÄĒ‚ÄĒ
* Periodista y escritor estadounidense.
En www.sinpermiso.info ‚ÄĒTraducci√≥n de Gustavo Buster.

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