Jul 21 2013
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Economía

Stiglitz/ La farsa del libre comercio

En las negociaciones comerciales, como las que est√°n iniciando la Uni√≥n Europea y EE.UU., los intereses mercantiles suelen imponerse sobre los intereses de la ciudadan√≠a, se√Īala el premio Nobel de Econom√≠a Joseph Stiglitz.

Aunque la Ronda de Doha de la OMC para negociaciones comerciales mundiales no dio ning√ļn resultado desde su inicio hace doce a√Īos, se est√° preparando otra rueda de negociaciones; pero esta vez no tendr√°n car√°cter mundial y multilateral, sino que se negociar√°n dos enormes acuerdos regionales: uno transpac√≠fico y otro transatl√°ntico.¬Ņ Hay m√°s probabilidades de que esas negociaciones den resultado?
La Ronda de Doha fue torpedeada por la negativa de los EE.UU. de eliminar las subvenciones a la agricultura , condición sine qua non de cualquier ronda que de verdad sirva al desarrollo, en vista de que el 70% de la población de los países en desarrollo depende de la agricultura, directa o indirectamente. La posición de los EE.UU. fue en verdad asombrosa, dado que la OMC ya se había pronunciado mediante una resolución sobre la ilegalidad de las subvenciones del algodón de los EE.UU., que benefician a menos de 25.000 cultivadores ricos.
La respuesta de EE.UU. fue sobornar a Brasil, que había planteado el reclamo, para que desistiera y dejara en la estacada a millones de algodoneros pobres de Africa y la India, que sufren las consecuencias de unos precios muy bajos por la generosidad de los EE.UU. para con sus plantadores ricos.
En vista de esa historia reciente, ahora parece claro que las negociaciones para crear una zona de libre comercio entre los EE.UU. y Europa y otra entre los EE.UU. y gran parte de los países del Pacífico (exceptuada China) no van encaminadas a crear un verdadero sistema de libre comercio, sino que su objetivo es un régimen de comercio dirigido , es decir, para que esté al servicio de los intereses especiales que durante mucho tiempo han impuesto la política comercial en Occidente.
Hay algunos principios b√°sicos que quienes participen en las conversaciones se tomar√°n ‚Äďes de esperar‚Äď en serio. En primer lugar, todo acuerdo comercial ha de ser sim√©trico . Si los EE.UU., como parte en el ‚ÄúAcuerdo de Asociaci√≥n Transpac√≠fico‚ÄĚ (AATP), piden al Jap√≥n que elimine sus subvenciones del arroz, deber√°n, a su vez, ofrecerse a eliminar no s√≥lo las subvenciones de su producci√≥n de arroz, que es relativamente poco importante para los EE.UU, y del agua, sino tambi√©n de otros productos b√°sicos agr√≠colas.
En segundo lugar, ning√ļn acuerdo comercial debe colocar los intereses mercantiles por encima de los intereses nacionales m√°s amplios, en particular en los casos en que est√©n en juego cuestiones no relacionadas con el comercio, como la reglamentaci√≥n financiera y la propiedad intelectual. El acuerdo comercial de los Estados Unidos con Chile, por ejemplo, impide la utilizaci√≥n por parte de este √ļltimo de controles de capitales, pese a que el Fondo Monetario Internacional reconoce ahora que los controles de capitales pueden ser un instrumento importante de pol√≠tica macroprudencial.
En otros acuerdos comerciales se ha insistido tambi√©n en la liberalizaci√≥n y la desregulaci√≥n financieras, si bien la crisis de 2008 deber√≠a habernos ense√Īado que la falta de una buena reglamentaci√≥n puede hacer peligrar la prosperidad econ√≥mica. Asimismo, la industria farmac√©utica de EE.UU., que tiene una gran influencia sobre el Representante Comercial de los Estados Unidos, ha conseguido endosar a otros pa√≠ses un r√©gimen de propiedad intelectual desequilibrado, que, por ir encaminado a luchar contra los medicamentos gen√©ricos, coloca el beneficio por encima de la salvaci√≥n de vidas. Incluso el Tribunal Supremo de los EE.UU. ha dicho ahora que la Oficina de Patentes de los EE.UU. fue demasiado lejos al conceder patentes sobre genes.
Por √ļltimo, debe haber un compromiso con la transparencia , pero conviene avisar a los participantes en esas negociaciones comerciales que los EE.UU. profesan una falta de transparencia. La oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos se ha mostrado reacia a revelar su posici√≥n negociadora incluso a los miembros del Congreso de los EE.UU y, en vista de lo que se ha filtrado, podemos entender por qu√©. Dicha oficina est√° retrocediendo sobre los principios ‚Äďpor ejemplo, el del acceso a los medicamentos gen√©ricos‚Äď que el Congreso hab√≠a incluido en acuerdos comerciales anteriores, como el subscrito con el Per√ļ.
En el caso del AATP, hay otro motivo de preocupación. Asia ha desarrollado eeuu ueuna cadena de distribución eficiente, gracias a la cual los productos pasan fácilmente de un país a otro en el proceso de producción de bienes acabados, pero el AATP podría obstaculizarla, si China permanece fuera de él.
Como los aranceles propiamente dichos son ya tan bajos, los negociadores se centrar√°n en gran medida en las barreras no arancelarias, como, por ejemplo, los obst√°culos reglamentarios, pero la oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos, que representa los intereses empresariales, ejercer√° casi con toda seguridad presiones en pro de la norma com√ļn menos estricta, con lo que contribuir√° a una nivelaci√≥n hacia abajo, en lugar de hacia arriba. Por ejemplo, muchos pa√≠ses tienen disposiciones tributarias y reguladoras que disuaden de la adquisici√≥n de autom√≥viles grandes, no porque intenten discriminar los productos de los EE.UU, sino porque les preocupa la contaminaci√≥n y les interesa la eficiencia energ√©tica.
El principio m√°s general, antes citado, es el de que los acuerdos comerciales colocan habitualmente los intereses comerciales por encima de otros valores: el derecho a una vida sana y a la protecci√≥n del medioambiente, por citar s√≥lo dos. Francia, por ejemplo, quiere una ‚Äúexcepci√≥n cultural‚ÄĚ en los acuerdos comerciales que le permita seguir apoyando sus pel√≠culas, de las que se beneficia el mundo entero. Ese y otros valores m√°s amplios no deben ser negociables.
De hecho, resulta ir√≥nico que los beneficios sociales de semejantes subvenciones sean enormes, mientras que los costos son insignificantes. ¬ŅDe verdad cree alguien que una pel√≠cula art√≠stica francesa representa una grave amenaza para un gran hit de verano de Hollywood? Sin embargo, la avaricia hollywoodense no conoce l√≠mite y los negociadores comerciales de los Estados Unidos son implacables. Y √©sa es la raz√≥n precisamente por la que se deben retirar esos art√≠culos antes de que comiencen las negociaciones. De lo contrario, se ejercer√°n presiones y existe el riesgo real de que en un acuerdo se sacrifiquen valores b√°sicos en pro de los intereses comerciales.
Si los negociadores crearan un régimen de libre comercio auténtico, en el que se concediera a las opiniones de los ciudadanos de a pie al menos tanta importancia como a las de los grupos de presión empresariales, yo podría sentirme optimista, en el sentido de que el resultado fortalecería la economía y mejoraría el bienestar social. Sin embargo, la realidad es que tenemos un régimen de comercio dirigido, que coloca por delante los intereses empresariales, y un proceso de negociaciones que no es democrático ni transparente.
La probabilidad de que lo que resulte de las futuras negociaciones est√© al servicio de los intereses de los estadounidenses de a pie es poca; la perspectiva para los ciudadanos de a pie de otros pa√≠ses es a√ļn m√°s desoladora.

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