Oct 26 2006
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Humor

Tragicómico. – UNA MODESTA PROPOSICIÓN PARA BUSH

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

James Baker no pidió precisamente una retirada inmediata de las tropas de Iraq, pero cuestionó la negativa de Bush de conversar con Irán y Siria, y señaló: “Hablar con los enemigos no es contemporizar”*. (cable de AP, nueve de octubre de 2006.)

Ésta es nuestra propuesta para el próximo discurso de Bush acerca de política exterior:

La victoria tiene mil padres, pero la derrota es huérfana”, dijo el Presidente John F. Kennedy cuando aceptó la responsabilidad por el fracaso de Bahía de Cochinos. Yo también acepto la responsabilidad por la invasión a Iraq y la de agravar ese error al no formular una política coherente para el Medio Oriente dirigida a estabilizar la región. Seleccioné a asesores con los que me sentía cómodo, pero no a los que me dieron consejos apropiados. Ésta es nuestra propuesta para el próximo discurso de Bush acerca de política exterior.

Me dijeron que dijera en mi discurso del Estado de la Unión en 2002 que Iraq, Irán y Corea del Norte eran un “eje del mal”. Esta frase ahora me persigue. Mis políticas no han derrotado al mal. Yo pudiera decir: “denles tiempo”. Pero comprendo que he construido un peligroso “eje de incertidumbre”. Corea del Norte probablemente ha probado un arma nuclear. Debo preguntarme: ¿habrá provocado mi política de línea dura ese hecho temido?

No entablé conversaciones con Siria. En su lugar, mi administración trató de debilitar y aislar al régimen del Presidente Bashar al-Assad –incluso a pesar de que él cooperara sabiamente con nosotros en la lucha contra el terrorismo después del 11/9–. Los sirios nos suministraron inteligencia vital que ayudó a frustrar un ataque a una flota norteamericana en Bahrein. Este septiembre pasado incluso evitaron un ataque a la embajada estadounidense en Damasco. En vez de recompensar al Presidente Assad, lo castigué y con una sonrisa en mi rostro firmé la Ley de Responsabilidad de Siria.

En mayo de 2004 promulgué sanciones contra las exportaciones sirias, rompí relaciones bancarias y prohibí los vuelos sirios desde y hacia EEUU. ¿Por qué ninguno de mis asesores me informó que no vuelan aviones sirios a EEUU?
(Pausa para risas).
Vaya, yo quería dar una lección a Bashar por permitir a los insurgentes que crearan el caos en Iraq desde Siria.

Dos años más tarde, y después de la guerra de 33 días en Líbano y de violencia continuada en Iraq y los territorios palestinos, algunos ex miembros de mi administración cuestionaron mi enfoque de Siria y Líbano. El vicesecretario de Estado Richard Armitage dijo que una solución “debe incluir a Irán y Siria”. El integrante del Consejo de Seguridad Nacional Flynt Leverett dijo que las conversaciones con Siria beneficiarían los intereses norteamericanos a largo plazo.

En mi modo arrogante yo hubiera desechado a esos despreciables lacayos del Partido Ba’ath.
(Risitas.)
Pero después de reflexionar y de una serie de consultas con el Señor comprendí que no tenía sentido amenazar a Siria con más sanciones y ordenarle como a un niño malcriado que dejara de apoyar a Hamas y Hezbolá. Vaya, hasta enviamos a ese tipo canadiense-sirio, Maher Arrar, para que lo torturaran en Damasco al mismo tiempo que yo criticaba a Siria por violar los derechos humanos. Le pido excusas al Sr. Arrar.

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Quiero decir que siento mucho lo que Condi dijo cuando se refirió a la guerra en Líbano entre Israel y Hezbolá como parte de los “dolores de parto del nuevo Medio Oriente”. Hasta algunos de mis antiguos camaradas de tragos se sintieron incómodos con eso.

Una cosa es admitir los errores; alcanzar la paz es otra. Después de que retiremos nuestras fuerzas y bases de Iraq, lo cual debemos hacer antes de que se vierta más sangre estadounidense, me enfrentaré al tema Siria-Israel, Israel-Palestina. Epidemiólogos norteamericanos e iraquíes informaron el 11 de octubre que 665.000 iraquíes han muerto desde marzo de 2003. Agreguen a eso casi 3.000 estadounidenses y quizás 20.000 heridos, además de algunos heridos ambulatorios. Cometí un grave error. Ojalá Dios me perdone.

Sé que en varias ocasiones dije que no íbamos a salir en estampida, los hombres entienden ese lenguaje de machos. Los hechos son claros. Iraq es un callejón sin salida para nosotros. Sólo espero que los iraquíes puedan armar de nuevo a Humpty Dumpty después de que yo lo tumbara del muro. Les pido perdón también a ellos.

A estas alturas me imagino que debo haber escandalizado a Estados Unidos. Ustedes no están escuchando el “Programa Diario de Jon Stewart”. Les habla George W. Bush diciéndoles cómo va a apoyar un tratado de paz entre Israel y Siria antes de abandonar el cargo. Mi amigo, el primer ministro israelí Ehud Ohmert, dijo que Israel nunca devolvería a Siria las Alturas de Golán. El Presidente Bashar al-Assad, por su parte, no ha eliminado la fuerza como último recurso para recuperar Golán.

En una entrevista a BBC en octubre, Assad hizo un llamado a la paz con Israel. No ignoraré eso. Espero que Ohmert no lo ignore tampoco. Al contrario de lo que dice la prensa que yo he impedido que Israel acepte los gestos conciliatorios de Siria, permítanme aclarar. La paz entre estos dos países debe centrarse en que Israel devuelva las Alturas de Golán a Siria. A cambio, Damasco debe reconocer a Israel y garantizar su seguridad. Las incursiones a la largo de la frontera libanesa de Israel se convertirán en cosa del pasado, ya que Siria garantizará que Hezbolá se comporte. Como dijo el Ministro de Defensa de Israel en su discurso del 23 de septiembre por la radio: “Está absolutamente claro que Siria es clave para la estabilidad de la región”.

Soy bien conciente de los 20.000 colonos que actualmente viven en las Alturas de Golán. Ellos obtendrán un pago por cooperar, el cual provendrá de las reducidas ventas de armamento norteamericano a Israel y Egipto. Esto preparará el terreno para que un día todo el Medio Oriente esté libre de armas nucleares. Pero lo mismo a corto que a largo plazo, el mejor resultado, o “dividendo de paz”, como lo llaman esos finos académicos, llegará cuando tanto Israel como sus 22 vecinos árabes vivan unos junto a otros sin temor de la desestabilizadora y fea sombra de la guerra. Imaginen el incremento de los viajes y el comercio regional, niños árabes e israelíes que ya no crezcan para odiarse, sino para reconocerse mutuamente como jóvenes socios en la paz y estabilidad de la región.

No he olvidado las dificultades de los palestinos. Admito que Irak me ha hecho olvidar mi promesa de apoyar a un estado palestino viable, contiguo e independiente, basado en las fronteras anteriores a la guerra de 1967. Palestinos e israelíes viviendo unos junto a otros con Israel. ¡Oigan, que bien suena eso! El status de Jerusalén, el regreso de los refugiados palestinos, quien obtiene tanta agua –vaya, esos grandes problemas serán negociados también, no barridos bajo la alfombra como hicieron los Acuerdos Oslo de 1993–.

Es más, voy a enviar a Condi la próxima semana de regreso a Oriente Medio para que hable con todas las partes afectadas –no solo con nuestros socios confiables en Israel, Egipto y Arabia Saudí como la última vez (¿de qué sirvió?)–, sino con el líder de Hamas y los sirios. Hamas debe reconocer a Israel, como siempre he dicho. Pero EEUU debe reconocer a Hamas, ya que esos tipos ganaron unas elecciones libres y justas: exactamente lo que estado pidiendo en Orientel Medio. Aunque no quiere decir que tengamos que estar de acuerdo con ellos.

Mi administración aún anda por caminos desconocidos en Iraq, Afganistán, Irán y Corea del Norte. Pero ya yo no asumo que hablar fuerte y decir que me voy a mantener firme beneficia los intereses de EEUU y mantiene seguro al pueblo estadounidense. Fracasé y lo admito. ¡Es hora de cambiar el rumbo! Hoy he emitido un llamado a la paz que exigirá grandes concesiones tanto de Israel como de los Estados árabes y un firme liderazgo por parte de EEUU. En nombre de un público cansado de la guerra, acepto este reto.

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(Termina entre aplausos, exclamaciones, rechiflas, ruido de personas que caen de sus sillas.)

El médico de la Casa Blanca le zafó la corbata a Karl Rove y le tomó el pulso. El servicio secreto se puso en alerta debido a la sospecha de la presencia de asesinos de la Liga de defensa judía. Después del discurso, Dick Cheney invitó a Bush a ir a cazar patos.

Si el presidente se toma en serio la redención, aceptará el hecho de que es responsable de terribles problemas en el país y el extranjero. Le quedan dos años para su salvación. ¿Cree realmente alguien que él posee el verdadero valor de admitir los errores y enfrentar las consecuencias en público? Es más, pocos políticos han demostrado poseer tales agallas.

Traten de imaginar a Bush admitiendo el fracaso. Sería más fácil que creciera la hierba en la palma de la mano.

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* Estudiosos del escritor y ensayista Jonathan Swift.

En la revista Progreso Semanal (www.progresosemanal.com).

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