Nov 29 2016
1249 lecturas

Política

Trump, perdedores, medios, crisis globalizadora: aprendiendo a leer a Donald

¬†Loser, perdedor, es una de las palabras preferidas de Donald Trump. La enciclopedia estadounidense Merriam Webster, se√Īala que loser es una persona que no es exitosa o atractiva. Trump lleg√≥ a decir que Jes√ļs era ‚Äúun socialista loser‚ÄĚ porque alimentaba a los pobres y sanaba a los enfermos: ‚ÄúNo tengo respeto por √©l, no creo que sea muy bueno como deidad. Nunca fue due√Īo de casinos, nunca se cas√≥ con una modelo, como yo. Creo que est√° sumamente sobrevalorado‚ÄĚ. Am√©n.

 Loser es una palabra que aparece permanentemente en los medios de comunicación, en las tiras cómicas, naturalizando maneras despectivas y discrimanadoras para dominar a los otros. No se trata de ser el mejor para eventualmente ganar, sino de ganar para ser considerado el mejor, la falacia vigente del mercado, la ideología mercantil-empresaria trasladada al amor, al poder político, las artes, la fama y, sobre todo, la popularidad.

‚ÄúEl perdedor es el que no gana; el ganador (winner) es el que se impone entre pares y gana (solo √©l) (‚Ķ) En la sociedad contempor√°nea, en la vida cotidiana, en la realidad concebida/ pintada/vendida y celebrada como territorio de competencia y confrontaci√≥n (la cultura generada por la ideolog√≠a capitalista) solo caben ganadores (pocos) y perdedores (todos los dem√°s)‚ÄĚ, se√Īala el argentino Juan Sasturain en su Manual de Perdedores.

Para el portal loser.com, Trump es un loser, porque de self-made man no tiene nada: es hijo de un constructor millonario, con palacio en Palm Beach ‚Äúy un indecoroso escaqueo para no cumplir con el servicio militar‚ÄĚ seg√ļn el diario espa√Īol La Vanguardia. Claro, adem√°s, de xen√≥fobo, racista, mis√≥geno.eeuu-trump-acusa

El arco completo del gremio liberal pensante estadounidense ‚Äďse√Īala Jos√© Steinsleger- subestim√≥ la profec√≠a de los Simpson cuando anunciaron la llegada de Donald Trump en Bart al futuro (19 de marzo de 2000). ¬ŅFicci√≥n, realidad? La verdadera discriminaci√≥n consiste en separar alta y baja cultura. Porque el √ļnico muro realmente existente en Estados Unidos es el muro mental que los Trump erigieron durante 240 a√Īos.

Bastaba con mirar con la cabeza fr√≠a el abandono que sufren millones de norteamericanos a los que les prometen diariamente una dieta de sue√Īo americano y apenas llegan a meterse en la boca la sensaci√≥n de ser uno m√°s de esos¬†loser¬†de las peores series, se√Īala el espa√Īol Juan Carlos Monedero.

‚ÄúEntre una amiga de los banqueros -dec√≠a Hillary Clinton que el socialismo de Sanders era un terrible peligro- y un rico, la gente escoger√° al rico. Porque saben que es el jefe. A√ļn m√°s si es hombre. Porque la estructura laboral, los anuncios, los cuidados, el ej√©rcito, los salarios y la violencia recuerdan a cada paso que los que mandan son los hombre. Y los ricos. Lo que pasa en nuestras sociedades es estructural‚ÄĚ, a√Īade.

En los debates con Clinton, el enfoque no estuvo tanto en la econom√≠a, las guerras, la lucha antiterrorista o el cambio clim√°tico, sino en el sexo, las mentiras, las videograbaciones y los correos electr√≥nicos. Eran momentos de un √©xodo de pol√≠ticos republicanos de la campa√Īa, como resultado de declaraciones grabadas hace una d√©cada que revelan su agresi√≥n sexual contra mujeres. Los asesores de Trump rescataron su campa√Īa con sexo, mentiras y videos.

Lo cierto es que las mejoras con Barack Obama, han sido mínimas y hoy los ricos son infinitamente más ricos y los pobres son más y más pobres. La ciudadanía estadounidense, saturada audiovisualmente, tuvo delante un dilema difícil de digerir: elegir a alguien que va a mandar todo al diablo, o más de lo mismo.

Y, como en los a√Īos treinta, en una situaci√≥n de desempleo, de precariedad laboral, de impunidad pol√≠tica, de violencia estructural y guerra, de miedo y amenaza, los fantoches de la extrema derecha emergen.

Trump, los medios y las redes

eeuu-trump-mediosBuena parte de la prensa hegemónica muestra hoy su pesadumbre por creer que son ellos mismos los que han alimentado a la figura de Donald Trump, regalándole una cobertura mediática por valor de casi 2.000 millones de dólares a Trump (contra 746 millones para Clinton, 321 millones para Sanders o 313 para Cruz). Lo cierto es que sus publicistas bien sabían que cualquier información sobre él generaba una inmensa cantidad de visitas, mejoraba todos las cuantificaciones de audiencias.

Son muchos los estadounidenses que desprecian la supuesta ecuanimidad de la prensa convencional. Quieren reafirmarse en sus convicciones previas, y para eso ya disponen de unas redes sociales que se han convertido en c√≠rculos cerrados de partidarios y detractores. Lo cierto es que Trump tiene m√°s seguidores en twitter que el¬†Wall Street Journal¬†o el Washington Post, que los blogs y p√°ginas web de la llamada ‚Äúderecha alternativa‚ÄĚ (alt right) como¬†Breitbar.com, y de una cadena tan influyente en el debate pol√≠tico como¬†Fox News, propiedad del ultraconservador Rupert Murdoch.

Trump se nutre de la atenci√≥n de los medios, pero tambi√©n sabe que a medida que la prensa se hunde en la estimaci√≥n del p√ļblico, cualquier cobertura dura de √©l se hace menos cre√≠ble. ¬†Los medios principales ‚Äďespecialmente las televisiones, y entre ellas CNN-se han sentido obligados a expiar el pecado de haber dado un tiempo de cobertura excesivo a una candidato histri√≥nico y arrogante que, no nos enga√Īemos, elevaba los √≠ndices de audiencia, se√Īala Rafa de Miguel en El Pa√≠s de Espa√Īa.

Ronald Reagan fue el primero en darse cuenta de que, en la era de la televisión, bastaba con suministrar imágenes atractivas para dar de comer a los informativos, y así permitió que se lo grabara caminando por los jardines de la Casa Blanca al helicóptero presidencial. Entre el ruido ensordecedor del motor y las aspas, quedaban apagadas las preguntas sobre el escándalo del Irán-contras y sólo se veía a un presidente sonriente y enérgico que saludaba a los pocos curiosos congregados.

En este mundo paralelo del que se nutren los seguidores de Trump, da igual que lo que se cuenta¬† sea verdad o no. Algunos medios hablan ya de la ‚Äúera postfactual‚ÄĚ, o de la era ‚Äúpostverdad‚ÄĚ. Los veh√≠culos para la transmisi√≥n de los mensajes ya no son los ‚Äúmedios‚ÄĚ, sino los dispositivos m√≥viles y la llamadas redes sociales. Nada importan las calumnias o las injurias porque el (inexistente) c√≥digo √©tico y profesional de estos no tiene nada que ver con el periodismo tradicional, tal y como se entendi√≥ y vener√≥ en Estados Unidos liberal.eeuu-gana-trump1

No s√© de qu√© nos extra√Īamos: es con lo que somos bombardeados todo el d√≠a en nuestras casas, en nuestros televisores, radios, peri√≥dicos, en nuestras comunicaciones o recepciones por internet, en las redes sociales, por intermedio de informaci√≥n (incluyendo la imposici√≥n de imaginarios colectivos en esta llamada guerra de cuarta generaci√≥n, a trav√©s de mentiras, medias verdades, mensajes √ļnicos, golpes bajos, manipulaci√≥n), publicidad y entretenimiento, ll√°mese series de televisi√≥n o ciberjuegos.

También es cierto que la mitad de la población de Estados Unidos no ha leído nunca un periódico. Y la mitad de los norteamericanos no ha votado nunca a un Presidente, como recordaba Gore Vidal.

Aprendiendo a leer a Donald

 La victoria de Trump debe leerse en el marco de una tendencia mundial de ascenso de movimientos populistas con caracteres derechistas y xenófobos que se viene expresando en Europa, EE.UU. y partes de América Latina o Asia, que en pocos meses ha conseguido dos triunfos importantes, el del Brexit y el de Trump.

Estos movimientos populistas derechistas est√°n encauzando el profundo malestar existente entre amplias capas populares contra los efectos de la globalizaci√≥n a trav√©s de discursos demag√≥gicos que se√Īalan las soluciones en el impedimento de entrada o expulsi√≥n de los inmigrantes y en el reforzamiento de los sentimientos nacionalistas. Tanto EE.UU. como Europa comparten una fuerte presi√≥n migratoria de vecinos mucho m√°s pobres, de √°reas geogr√°ficas (en el caso europeo) asoladas por las guerras.

Esto es percibido por los estratos de trabajadores nacionales menos cualificados como una competencia por empleos cada vez m√°s escasos y peor remunerados, y por unos recursos sociales p√ļblicos en retroceso, desde el desencadenamiento de la crisis econ√≥mica actual y el desmontaje de los llamados estados de bienestar. Y, de all√≠, las amenazas xen√≥fobas relacionadas con la inmigraci√≥n; los objetivos proteccionistas que pueden variar la trayectoria de la frustrante globalizaci√≥n neoliberal impulsada desde la administraci√≥n de Ronald Reagan.

eeuu-imigrantes-somos-america Junto a ello, amenaza con una nueva arquitectura de las relaciones internacionales con tendencia a un mayor aislacionismo y un nuevo enfoque sobre los aliados, para hacerla más favorable a los intereses de las corporaciones estadounidenses,  sustituyendo algunos de los grandes tratados comerciales existentes o en curso por acuerdos bilaterales dónde se impongan más nítidamente los intereses propios. Reagan tenía en la mira a Rusia, Trump en cambio, tiene a China.

Hace ‚Äúapenas‚ÄĚ 44 a√Īos, el chileno Ariel Dorfman y el belga Armand Mattelart, escrib√≠an ‚ÄúPara leer al Pato Donald‚ÄĚ, donde se√Īalaban que las historietas de la factor√≠a Disney no s√≥lo eran un reflejo de la ideolog√≠a de la clase dominante, sino, adem√°s, eran c√≥mplices activos y conscientes de la tarea de mantenimiento y difusi√≥n de esa ideolog√≠a.

En la representaci√≥n del buen salvaje, el ind√≠gena es¬†tonto por naturaleza, no entiende el uso de las cuantiosas riquezas con¬†las que cuenta y por eso¬†debe ser expoliado de ellas. Es f√°cil enga√Īarle y¬†recibe gustoso tecnolog√≠a a cambio de los¬†tesoros que esconde. As√≠, ense√Īaban al lector como opera la usurpaci√≥n imperialista.

El lado m√°s peligroso est√° en el Trump ‚Äúpopulista‚ÄĚ, que amenaza no solo a Cuba y Venezuela, sino tambi√©n a¬† M√©xico y los migrantes, porque junto al nacionalismo interno, puede reanimar el intervencionismo en Am√©rica Latina, al estilo del cowboy Teddy Roosevelt ¬†a inicios del siglo pasado.

Hoy debemos aprender a leer a este nuevo Donald, deshojando la realidad virtual, para entender qué va a pasar en nuestra América latina, para dejar de seguir comprando espejitos de colores.

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A√Īadir comentario