Nov 7 2014
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Cultura

Una función Día de Damas

… y las pulgas del Royalty eran famosas no solo en Avellaneda.   

Al principio de los setenta y en el Royalty,  un Día de Damas se vería esa de la Princesa con el fotógrafo,  cuando un Comando Revolucionario ocupó las instalaciones. Un combatiente entró a la cabina con una película en su mano izquierda y un revólver en la derecha,  y por supuesto,  Germán el operador creyó una joda de los vagos  del café.

– Gallego, hay que pasar esto – le falsearon  la voz y el hombre ni se sobresaltó.  Germán era en verdad  un catalán que envolvía sílabas en la boca al pronunciar y quien al fin de la guerra civil española,   anclaría en Buenos Aires donde por esa  argentinada de llamar turco a un armenio o ruso a cualquier judío,  él sería el gallego Germán y  operador del Royalty Cine. Un fulano que al enterarse ‘los lunes no hay función y ese día tenemos franco’, diría ‘Franco no; día libre’. Perfil que si el joven guerrillero que asaltara su cabina con gorra hasta las orejas  y revolver ’38 largo  supiera,  en vez de ‘revolucionarlo’ estaría en casa mirando televisión.

– – Quieto, pasa este rollo y viva la lucha popular – o algo así apuró el atacante.  Germán sorprendido esperó alguna otra orden, y como el otro no agrego más se repasó un pañuelo por los anteojos y entró a dictarle.

– Tranquilo pichón, guarda tu matagato  y calza eso en el carretel – y el Combatiente de gorra y bufanda, obedeció.

– … y al ver en la ventanita dos manchas blancas tira la otra  palanca y prende la máquina – así que el aspirante a bajar del Aconcagua a tomar Buenos Aires,  frente al viejo Germán que olfateara pólvora verdadera, de nuevo obedeció.

–  … y antes de ahorcarte tira esa chalina, que verás dos manchas y  si mueves esa palanca habrá proyección.cine operador

– Sí señor – ya gimoteó el pibe.

– … y ahora pichón deja eso. Ordena mis cosas del mate y esperemos que tu cinta sirva de algo – y el viejo también disfrutaba el entrevero.

En verdad el gallego Germán nacido y crecido en Cataluña, en el  Royalty disfrutaba hasta las barriales bromas resabidas: ‘a Germán de nuevo lo hirieron en el tiroteo de Arizona’,  o ‘cuando llueve el operador se calza los zapatos de Frankestein  y camina tranquilo’. Pero mientras en la cabina trajinaban Germán y el revolucionario,  las Damas del  Miércoles que aguardaban el beso del fotógrafo y la princesita,  avistaron a unos que sacudían un trapo colorado en la sala y una viejita les gritó ‘siéntense jóvenes o llamo al acomodador’.

En tanto arriba Germán instruyendo al atacante se divertía cuando en la cinta ya rodando, la voz de Fidel Castro sonaba a mascarita y el Che Guevara reculaba yéndose al llegar. Todo proyectado de revés y a contrapierna, en tanto abajo los combatientes del Royalty se sentían  malheridos por agitar su pabellón sin conmover a nadie. Acaso sin analizar por un rato que ese cine de Avellaneda ‘no guardaba las condiciones objetivas para lanzar desde allí la lucha armada’. Y que al arrolle de insignia se sumaría el efectivo rajando escalera abajo y dejando sus pertrechos; menos la gorra.

– … así no jodes a nadie, chiquilín – le gritaría Germán que acaso, quién lo sabe, en esa crítica mordiera algún fracaso propio. ..

Así que al repartir el botín incautado al enemigo,  el acomodador se guardó el ’38 niquelado y Germán eligió la chalina de vicuña.

– … muy elegante contra la bruma de cintas inglesas – se le anticipó Germán a los vagos del café de abajo.

Y quien sabe si bandera y gorra no ‘andarán’ todavía por algún rincón de Avellaneda.
*Nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

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1 Comentário

Comentarios

  1. Eduardo Persico
    3 diciembre 2014 0:48

    Genial el relato, propio de un cuentista de los buenos en serio. Luisina Barrio.