Abr 10 2012
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OpiniónPolítica

Universidades para ser y parecer

Adem√°s de formar profesionales y cumplir una importante tarea en la investigaci√≥n, las universidades deben estar atentas y comprometidas con el progreso integral del pa√≠s, aportando conocimientos y sentido √©tico a las grandes directrices pol√≠ticas. En el pasado, buena parte los lineamientos estrat√©gicos de Chile ten√≠an fundamento en las propuestas de su comunidad cient√≠fica e intelectual y, por cierto, en el vigor de un estudiantado comprometido con las grandes demandas de nuestra poblaci√≥n. | JUAN PABLO C√ĀRDENAS.*

 

El desarrollo republicano estuvo desde sus albores iluminado por la reflexión universitaria, así como los programas y referentes ideológicos tenían génesis en el aula, muy particularmente en nuestro plantel [la Universidad de Chile].

 

Al mismo tiempo que colaboraban estrechamente al desarrollo nacional, cada carrera, cada asignatura y actividad ejecutada por éstas tenía en cuenta las necesidades del país, el campo ocupacional, pero muy importantemente, el propósito que sus egresados adoptaran el compromiso profesional y moral de retribuirle a Chile el esfuerzo realizado por todos los chilenos en su formación, en un país que tenía mucho más limitaciones que las actuales.

 

Los maestros, los m√©dicos, los ingenieros y tantos otros profesionales titulados por √©sta y otras universidades llevaron al pa√≠s a emprender y lograr enormes avances en salud, escolaridad, as√≠ como en la ejecuci√≥n de los m√°s ambiciosos proyectos productivos que, por lo dem√°s, generalmente iban acompa√Īados de la iniciativa y la inversi√≥n estatal.

 

Cultores de la literatura, las representaciones esc√©nicas, la m√ļsica, la pintura y el cine se formaban en las universidades y eran parte sustancial del conjunto de la actividad art√≠stica nacional. Las universidades fueron pioneras en el desarrollo de la radio, la televisi√≥n y, por supuesto, de la irrupci√≥n del internet. Todo ello, cuando la extensi√≥n universitaria no era el pariente pobre de la Educaci√≥n Superior, sino un ingrediente fundamental de la actividad acad√©mica y parte de aquellos recursos bien gastados para integrar a las universidades a sus comunidades regionales y nacionales.

 

Nuestras compa√Ī√≠as art√≠sticas, museos, medios de comunicaci√≥n eran tan importantes como las facultades, institutos y centros, cuanto ampliaban el aula al conjunto del pa√≠s y pon√≠an el pensamiento y la creaci√≥n cient√≠fica al alcance de todos. En el compromiso real con ¬†las necesidades y demandas populares, y siempre atentas a lo que suced√≠a en el mundo, nuestra docencia e investigaci√≥n se renovaba constantemente y cobraba br√≠os en esta estrecha relaci√≥n.

 

Las grandes transformaciones pol√≠ticas y sociales estuvieron iluminadas desde las aulas. La reforma del agro, la nacionalizaci√≥n del cobre y la consolidaci√≥n de tantos derechos c√≠vicos fueron concebidos desde la universidad y por quienes se formaban en ella. De la misma forma es que el pa√≠s sorteaba ejemplarmente, los desastres naturales que siempre acompa√Īaron nuestra geograf√≠a, destac√°ndose nuestros expertos en la construcci√≥n, las predicciones clim√°ticas, las mediciones sismol√≥gicas, como asimismo en esos grandes objetivos, como superar la desnutrici√≥n infantil, las epidemias y el analfabetismo, entre otros grandes rezagos .

 

La educación fiscal gratuita y el carácter genuinamente estatal del sistema le trajeron al país mucho más dividendos que la actual condición en que éstas deben autosustentarse o están completamente condicionadas por el afán de lucro. En la competencia por conseguir recursos, hasta las universidades tradicionales han desnaturalizado su quehacer y, en ciertas disciplinas, francamente empobrecido sus niveles.

 

Ya no es el inter√©s del pa√≠s sino el de las grandes empresas e inversionistas el prop√≥sito que rige la orientaci√≥n ‚Äúacad√©mica‚ÄĚ de nuestras facultades de econom√≠a, al grado que sus instalaciones ya toman m√°s el aspecto de multitiendas, por la cantidad de logotipos comerciales que rotulan sus diversos y holgados espacios, como sus propias salas de clases. Al mismo tiempo, en nuestra propia Universidad de Chile se multiplican las vacantes estudiantiles en el √°nimo cierto, aunque disimulado, de aumentar ingresos, prodigarse en el otorgamiento de t√≠tulos y diplomas, importando un bledo si ¬†dichos cartones acreditan la excelencia debida.

 

Todo se vale en el mercado universitario donde los más eficientes son los que recaudan más dinero en matrículas, como proyectos de investigación que importen o no al desarrollo del país o, incluso, atenten contra la sustentabilidad ambiental. Como vergonzosamente ha ocurrido con la certificación que algunas universidades han entregado a iniciativas ecocidas y productos de consumo humano y animal.

 

La más reciente manifestación del imperio de las prácticas del mercado y la competencia es la planilla de sueldos y honorarios que los planteles de la Educación Superior se obligan ahora a exhibir gracias a la Ley de Transparencia. Una situación que demuestra la descomposición ética de nuestras comunidades por las graves inequidades que superan incluso los niveles de injusticia del país que, se sabe, son los más pronunciados del mundo.

 

Profesores del mismo rango, la misma jornada y que hacen lo mismo, pero perciben hasta tres o cuatro veces más o menos que sus colegas de la facultad vecina. Decanos que se fijan a discreción sus sueldos dependiendo si pertenecen a facultades ABC 1, C 2 o C3 en la pronunciada estratificación de nuestras universidades.

 

Y lo peor y más escandaloso: esa grotesca diferencia entre los ingresos del personal de colaboración y los docentes.

 

Secretarias, auxiliares, enfermeros y tecn√≥logos que deben cumplir con una r√≠gida jornada y en los cuales recae la responsabilidad de importantes funciones universitarias, pero perciben menos de la d√©cima parte de lo que recibe ciertos acad√©micos o esta nueva suerte de ‚Äúejecutivos‚ÄĚ. Cuya ¬†jornada laboral, casi siempre, es mucho m√°s laxa que la de los que deben firmar registro de asistencia y horario fijo.

 

Un panorama escandaloso que se har√≠a todav√≠a m√°s agraviante si se transparentaran los ingresos que algunos¬† a√Īaden a sus sueldos mediante la creaci√≥n de fundaciones y otras entidades vinculadas a las unidades acad√©micas y de servicios para allegar m√°s recursos. En esta curiosa realidad¬† de planteles estatales que, en su quehacer, ya est√°n privatizados, pero todav√≠a les redit√ļa el prestigio hist√≥rico de la universidad p√ļblica, sus instalaciones y equipos. Para para que unos pocos obtengan ingresos ‚Äúde mercado‚ÄĚ, mientras la mayor√≠a mantiene un empleo precario.

 

Cuando lo lógico sería que la universidad fuera un faro y un ejemplo dentro de la sociedad desigual en que vivimos. Situación que es denunciada por los estudiantes y los universitarios dignos en sus movilizaciones, diagnósticos y publicaciones, desconociendo hasta ahora que los pagos y deudas que sirven para obtener una licencia universitaria tienen tan desigual destino.

 

En efecto, sobre la falacia de que ‚Äúlas universidades privadas andan con una gr√ļa llev√°ndose los mejores acad√©micos de las universidades p√ļblicas‚Ä̬† se acometen en nuestras casas de estudio desprop√≥sitos totalmente atentatorios contra la excelencia acad√©mica ¬†y la justa distribuci√≥n del ingreso universitario. Una prevenci√≥n que entra√Īa, por lo dem√°s, un grave desprecio a la vocaci√≥n demostrada por tantos profesores e investigadores que desde siempre han preferido trabajar en una entidad libre, tolerante y digna, en vez buscar mejor sustento econ√≥mico en aquellas entidades en que el pensamiento y la iniciativa son regidos por el negocio educacional y/o los cometidos ideol√≥gicos de sus sostenedores.

 

Es preciso corregir severamente esta realidad que nos acucia con m√°s democracia interna en que, por ejemplo, todos los tres estamentos concurran en la elecci√≥n de sus autoridades m√°ximas y en una participaci√≥n¬† sistem√°tica al momento de definir las pol√≠ticas universitarias. En una interpelaci√≥n de todos los universitarios al Estado de Chile y a sus autoridades a fin de que √©ste al menos concurra con el 50 por ciento del financiamiento de las entidades p√ļblicas.

 

En la correcci√≥n urgente de estas inequidades y, sobre todo, en la recuperaci√≥n √©tica de un quehacer que debe mirar al servicio p√ļblico y al progreso del pa√≠s por sobre cualquier otra consideraci√≥n. Siendo y pareciendo. Con el ejemplo, la sobriedad y la elocuencia de sus acciones. En el esp√≠ritu de Andr√©s Bello y los grandes forjadores.
‚ÄĒ‚ÄĒ
* Periodista. Profesor universitario.
Director de la Radio de la Universidad de Chile ‚ÄĒen cuyo bolet√≠n informativo se public√≥ este art√≠culo.

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4 Coment√°rios - A√Īadir comentario

Comentarios

  1. Carmen
    10 abril 2012 13:44

    S√© de las peticiones de los estudiantes universitarios chilenos, pero poco m√°s de la realidad universitaria de ese pa√≠s y por ello me disculpo y advierto que hay que tomar mi comentario en ese contexto. A pesar de esas limitaciones, me animo a enviarlo en aras a la defensa de una universidad p√ļblica de calidad y al servicio del pa√≠s que la sustenta, y que comparto plenamente con el autor de este art√≠culo.
    ¬ŅA qu√© momento se refiere el inicio de este art√≠culo? ¬ŅCu√°ndo tuvo Chile la suerte de que sus universidades y universitarios, con un comportamiento √©tico intachable, tuvieran sobre el pa√≠s la influencia que se describe? Conviene explicarlo ya que, de lo contrario, puede parecer que estamos asumiendo, de forma bastante acr√≠tica, el principio de que ¬ęcualquier tiempo pasado fu√© mejor¬Ľ. Y no queremos eso. Queremos reivindicar, aqu√≠ y ahora, la mejor universidad posible. No lloremos sobre lo que deber√≠a ser: definamos qu√© necesitamos y qu√© podemos aportar

  2. Eduardo Aldana
    10 abril 2012 13:45

    Interesante

  3. Aura Violeta Aldana Saraccini
    10 abril 2012 19:58

    Contextos distintos (hist√≥ricos y actuales) condicionan la vida universitaria de Latino Am√©rica (para quedarnos s√≥lo con el continente); pero en general, sin ¬ępecar¬Ľ de fan√°tica, la base econ√≥mico-social-pol√≠tica del neoliberalismo y su capitalismo transnacional, es el condicionante de las caracter√≠sticas de la vida universitaria de hoy. Las universidades son en estos tiempos, lugares en donde interesa m√°s la ganancia, la inversi√≥n en infraestructura (edificios, fundamentalmente)y el cobro de aranceles, que la formaci√≥n human√≠stica. La responsabilidad est√° entonces, en quienes dirigen la educaci√≥n superior. Son responsables quienes elaboran pol√≠ticas educativas para este nivel, como lo son tambi√©n quienes, desde dentro de las universidades (autoridades y docentes) permiten este estado de cosas.
    Un buen artículo, para reflexionar en un asunto tan delicado por su trascendencia. Gracias al autor.

  4. Antonio Casalduero Recuero
    11 abril 2012 1:56

    Concuerdo plenamente con Juan Pablo C√°rdenas, hombre de principios probos e intachables. Habr√≠a que a√Īadir que el estudiantado estaba constituido por cinco tramos, seg√ļn los ingresos familiares: A, B, C, D y E ; en el primero se hallaban quienes deb√≠an cancelar la totalidad de los estudios, pero la inmensa mayor√≠a de nosotros estaba en el tramo D, pag√°bamos solamente el Servicio M√©dico y Dental, una cuota muy modesta al inicio de cada semestre, y eso ser√≠a todo. Durante el gobierno de Allende se busc√≥ una m√°xima gratuidad en la educaci√≥n superior, y efectivamente se logr√≥ en gran parte. Nunca he podido entender por qu√© los gobiernos de la Concertaci√≥n hayan avalado y sustentado una discriminacion tan grande entre los alumnos universitarios, y para peor, durante tanto tiempo, un sistema que prevalece hasta el d√≠a de hoy. Es cierto cuando C√°rdenas se√Īala que el imperio del dinero es el √ļnico norte perseguido hoy, en detrimento de una investigaci√≥n seria y acabada, algo tan inherente a toda universidad. Las llamadas actualmente ¬ęuniversidades privadas¬Ľ se hayan reducidas a simples academias de estudio, no muy diferentes en su formato a una academia de peluquer√≠a.