May 15 2021
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CulturaSociedad

Uno es demasiado

 

En la novela “Los Hermanos Karamazov” de Fyodor Dostoevsky, Iván desafía a su hermano Alyosha. “Imagina que estás creando una trama del destino humano con el objetivo de hacer felices a los hombres, dándole paz y descanso. Pero, para ello es esencial e inevitable torturar hasta la muerte a una sola criatura diminuta, a ese bebé sonriente lleno de energía moviendo sus brazos y piernas en el aire. ¿Consentirías en ser el arquitecto en estas condiciones?»

Una amiga personal, una saludable mujer de 52 años que murió de una trombosis cerebral a los pocos días de haber recibido la vacuna AstraZeneca en la provincia de British Columbia en Canadá expresó que… “incluso si solo hay una posibilidad entre 55 mil de que alguien desarrolle un raro coágulo cerebral de sangre con la vacuna AstraZeneca que la lleva a la muerte, personalmente creo que es demasiado”.Alemania restringe el uso de la vacuna de AstraZeneca - YouTube

Según las últimas estadísticas de Canadá, una persona de cada 55 mil sufre de trombosis cerebral. Los oficiales de la salud pública han identificado 28 casos con la condición llamada “vaccine-induced thrombotic” y cuatro muertes después de recibir la vacuna AstraZeneca. El riesgo es real, como también los beneficios. En opinión del primer ministro “los impactos de contraer Covid son mucho más letales, como hemos visto en todo el país, que los posibles efectos secundarios. Permítanme recordarles a todos que cada vacuna administrada en Canadá es segura y efectiva, según la evaluación de Health Canadá”. Cierto… sólo que un posible efecto secundario podría ser la muerte. Posibilidad remota, pero posibilidad después de todo.

El problema, a pesar de ello, es que cuando las autoridades no tienen el privilegio de elección porque la pandemia está fuera de control, cuando la muerte de los afectados aumenta cada semana y cuando los cuidados intensivos y la ventilación mecánica están al borde del colapso, los números muestran que el uso de la AstroZeneca en ese momento fue el mal menor y su uso ayudó, en el momento en que faltaban otras vacunas, a volver a controlar la infección.

Son este tipo de decisiones con las que tienen que enfrentarse todas las autoridades políticas y sanitarias alrededor del mundo. Decisiones difíciles de tomar, que nadie envidia. Y cuando deciden, ¿cual es el principio ético que los guía? Por lo menos, los países que han decidido seguir usando AstraZeneca, a pesar de sus riesgos, conscientemente o no, siguen la moral utilitaria.

La pregunta fundamental de la ética es ¿qué debería hacer? Y la cuestión fundamental para la filosofía política es ¿qué deberíamos, como sociedad, hacer?

Trombosis tras vacunación con AstraZeneca: por qué se produce y cómo tratarla | Ciencia y Ecología | DW | 19.03.2021El utilitarismo, fundado por Bentham y luego desarrollado por John Stuart Mill y Henry Sidwick, entre otros, da una respuesta simple y directa. En breve, dice que lo correcto es producir las mejores consecuencias y aumento de felicidad para el mayor número posible de individuos. ¿Significa ésto que si se logra la felicidad del 70% sería correcto, incluso si hacemos al 0% restante miserable? No exactamente. El utilitarismo concibe lo bueno como lo útil para los demás, independientemente de que coincida o no con nuestro propio bienestar personal. Lo bueno es lo útil para los otros, aunque esta utilidad entrara en contradicción con los intereses personales.

El interés personal exige, por un lado, conservar la propia vida, pero el interés general reclama, por el contrario, renunciar al interés puramente personal e, incluso, arriesgar la vida. El utilitarismo acepta el sacrificio de la felicidad y la vida en beneficio de la comunidad. El sacrificio no es útil o bueno en sí mismo, sino sólo en cuanto contribuye a aumentar la cantidad de bien para el mayor número de individuos. Incluso el arriesgar la vida en este caso es útil o provechoso porque, de lo contrario, las consecuencias serían peores que cualquier otro acto que se realizara en su lugar.

Lo útil, entonces, depende de las consecuencias. Independientemente de que el individuo se haya propuesto o no que su acto sea ventajoso para él, para los demás o para toda la comunidad, si el acto es beneficioso por sus consecuencias, entonces será útil y, por tanto, bueno. Pero, estas consecuencias sólo podemos conocerlas y evaluarlas después de realizada la elección. Para el que muere, la evaluación llega demasiado tarde.

A diferencia de la ética egoísta, el utilitarismo pretende ser una ética altruista. El principio de hacer lo que producirá el mayor bien tiene obviamente un poder explicativo que ninguna otra teoría moral posee y, en este momento, ofrece un claro criterio práctico a las políticas sanitarias. El objetivo es el bien de todos, el bien de cualquier individuo como también el de uno. Sin embargo hay situaciones en donde el bien de todos excluye el bien de uno o de unos pocos.

Imaginemos, por ejemplo, que viene el tren y vemos a cinco personas en la línea que no tienen tiempo para escapar. La única manera de evitar la muerte de estas cinco personas es desviar el tren a la otra línea. Pero, en medio de ella, también hay una persona que tampoco tiene tiempo para escapar. Ahora imaginemos que nosotros estamos al lado de la palanca de cambio de línea y que debemos elegir entre hacer nada, que lleva a la muerte de cinco personas o desviar el tren a la otra línea que lleva a la muerte de una sola persona.

La pregunta, entonces, es ¿estamos moralmente obligados a desviar el tren a la segunda línea o no? Si fuéramos utilitaristas estaríamos llamados a desviarlo para salvar más vidas. Si fuéramos kantianos, en cambio, tendríamos problemas con esta elección. Según el utilitarismo todos tenemos la obligación de maximizar el bienestar social, sin excusas. Para el kantiano, en cambio, “evitar la muerte”, una vez que se transforma en imperativo categórico, significa literalmente “evitar la muerte”, incluso si hay razones que indican que sería una buena idea.

Es la diferencia entre lo que es bueno y lo que es correcto. Tirar la palanca para desviar el tren y matar a uno en lugar de cinco puede ser un mejor resultado, pero no uno correcto. Cualquiera que sea la decisión alguien va a morir. En este caso la elección es forzada y de poco nos ayuda el imperativo categórico.

¿No es ésta la situación en que se encuentran los dirigentes políticos y las autoridades sanitarias? Cuando el doctor en la sala de cuidados intensivos tiene dos pacientes que necesitan un ventilador y sólo hay uno… ¿a quién se lo da? ¿Qué criterio va a definir su decisión? Aquí no hay espacio para discusiones interminables acerca de qué principios éticos son verdaderos o no. El utilitarismo ofrece un criterio práctico: debería recibirlo el que tiene más probabilidades de sobrevivir.

A diferencia del imperativo categórico de Kant algunos utilitaristas sostienen que las decisiones morales implícitas en las políticas sanitarias son prescripciones basadas en propiedades universales y no en referencia a individuos.

En las estadísticas los individuos son solo números. Detrás de cada número, sin embargo, hay seres humanos concretos de carne y hueso. Si el Primer Ministro de Canadá hubiera conocido de antemano que esa madre llena de vida y sueños iba a morir como consecuencia de la administración de la vacuna AstraZeneca, si hubiese conocido personalmente su historia, ¿habría tomado la decisión de usar colectivamente la vacuna?

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