Dic 26 2015
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Opini贸nPol铆tica

Venezuela: Lo que m谩s duele no es la derrota electoral, sino la derrota cultural

Seamos claros: no es criticable en s铆 mismo que los gobiernos tengan relatos. No existen gobiernos sin relatos. Pero un tema opinable, discutible, debatible, son sus contenidos pol铆ticos. El problema mayor no surgi贸 ahora, de cara a las elecciones parlamentarias, sino mucho antes, cuando la narrativa sobre los logros de la revoluci贸n chavista -pac铆fica, democr谩tica- se distanci贸 crecientemente de las percepciones sociales.

Cuantos m谩s problemas se generaban en la realidad econ贸mica, m谩s se concentr贸 el gobierno en narrar lo logrado en los a帽os de la Revoluci贸n. Lo publicit贸 hasta el cansancio y cre贸 鈥搊 crey贸 crear- un imaginario no solo nacional, sino latinoamericano, internacional sobre el hecho que esas indudables conquistas cimentaban un camino hacia el 茅xito electoral.

Esa cansina insistencia ten铆a otra implicancia, la de seguir el libreto del s铆ndrome de 鈥減laza sitiada鈥. Los asesores (espa帽oles, franceses) del gobierno insistieron en que el mensaje deb铆a ser 鈥渄efender鈥 lo logrado ante las amenazas de la guerra econ贸mica, del 鈥渓obo鈥 de la intervenci贸n extranjera. Se insisti贸 en que no era momento para nuevos sue帽os y nuevos logros. Si las grandes mayor铆as siempre elegir铆an la realidad actual a los momentos anteriores a la llegada de Hugo Ch谩vez al poder, eso no implica que estuvieran dispuestas a dejar de imaginar mejores futuros.

En esta trampa de la guerra medi谩tica, cultural, muchos de quienes trazan y dirigen la comunicaci贸n en nuestros pa铆ses se sienten seducidos por el s铆ndrome de la plaza sitiada 鈥揾ay que defenderse constantemente de la eventual agresi贸n externa, imperial-, que si bien sirvi贸 a la Cuba revolucionaria de los primeros a帽os del bloqueo, es hoy una teor铆a impensable y por dem谩s incoherente en pa铆ses con cientos de radios privadas, decenas de televisoras, diarios, medios cibern茅ticos privados. Y donde las llamadas redes sociales juegan su rol como una herramienta m谩s en la transmisi贸n de mensajes e imposici贸n de imaginarios.

Los voceros oficiales, p茅simos int茅rpretes del concepto gramsciano de hegemon铆a, se convierten en expertos en denunciolog铆a, olvidando construir una comunicaci贸n democr谩tica, donde todos tengan voz e imagen, y donde la ciudadan铆a participe protag贸nicamente de los debates sobre la realidad y el futuro del pa铆s que se est谩 construyendo.ven maduro y cabello

El s铆ndrome de plaza sitiada genera una estrategia reactiva (se responde a la agenda del enemigo, valid谩ndola), y no proactiva, donde se dise帽e la agenda informativa, comunicacional y pol铆tica. No se informa, se reacciona a lo que dice el enemigo, tratando de acertar un golpe cuando ya uno est谩 groggy. Esto genera a su vez una subcultura del no-debate: si hay cr铆ticas es de quienes le hacen el trabajo a la derecha nacional e internacional. Si no hay cr铆tica, se eliminan los mecanismos de revisi贸n, rectificaci贸n y reimpulso. Es el dilema de las falsas alternativas.

Desde la muerte de Ch谩vez, Venezuela no tuvo acceso a la informaci贸n real: se termin贸 el Al贸 Presidente. Nunca hubo una pol铆tica comunicacional, nunca se elabor贸 (y cumpli贸) con una agenda informativa, comunicacional y pol铆tica. Ese es uno de los grandes y graves d茅ficits de la Revoluci贸n Bolivariana (desde 2001 lo discutimos con Ch谩vez, en foros, lo se帽alamos en textos period铆sticos y libros).

Crear medios no garantiz贸 informar a la ciudadan铆a ni crear una nueva hegemon铆a: las cifras de sinton铆a de los cinco, seis, canales oficiales de televisi贸n, no superaban un d铆gito. 隆Medios p煤blicos sin p煤blico? Y para peor, subsiste la permanente confusi贸n entre lo p煤blico, el Estado, el gobierno y las instancias partidarias.

Pocos aguantan horas y horas de consignas, y discursos alejados de la realidad-real que se vive a diario, mientras espera un contenido que lo informe, forme, recree. Por eso a nadie puede extra帽ar que casi tres millones de chavistas, cansados de esa realidad virtual de la prensa oficial, ni siquiera apelaron al voto-castigo, sino a la ausencia-castigo.

Cualquier cr铆tica al gobierno era interpretada como 鈥渁rma鈥 que el enemigo pod铆a utilizar contra 茅ste. 鈥淓se salt贸 la talanquera, es un agente de la CIA鈥, supieron encastrar a muchos militantes honestos y preocupados por su pa铆s y su revoluci贸n. Verticalismo, burocratismo, invisibilizaci贸n de las mayor铆as, falta de transparencias e insuficiencias en la deseada democracia popular. Y el s铆ndrome emergi贸 una vez m谩s como bandera de los 鈥渘uevos鈥 defensores de la Revoluci贸n鈥 tan cerca del gobierno y tan lejos del pueblo y de la realidad.

Muchas veces denunciamos la manipulaci贸n medi谩tica de la derecha, tratando de crear imaginarios colectivos que distan mucho de ser c贸nsonos con la realidad, en campa帽as de terror comunicacional en pos de la desestabilizaci贸n de nuestros procesos de construcci贸n. Declamamos sobre la necesidad de recrear el pensamiento cr铆tico en la regi贸n鈥 Pero es m谩s f谩cil copiar modelo del enemigo.

鈥淎nalistas鈥 de la izquierda latinoamericana, 鈥渁sesores鈥 comunicacionales del 鈥減rogresismo鈥 europeos tratan, en buena medida, de imponer imaginarios (entre los ya convencidos, entre quienes apoyan a la revoluci贸n chavista) muy distantes de la realidad venezolana, en una especie de bajada de l铆nea continua que se queda sin respuestas cuando suceden estos previsibles acontecimientos.

Son a帽os de vivir en la comodidad de la denunciolog铆a y el lloriqueo, incapaces de tener pensamiento cr铆tico, incapaces de construir nueva comunicaci贸n, incapaces de coadyuvar en la construcci贸n de nuevas sociedades. 脕vidos de participar en cualquier foro panegirista, terminan convirti茅ndose en sicarios del esfuerzo de los pueblos por cambiar la historia.

 

ven capriles saluda聽El discurso de la derecha

Cuando la derecha se apropi贸 de los t茅rminos 鈥渃ambio鈥 y 鈥渇uturo鈥, eso ya implicaba una derrota cultural. Los proyectos populares o de izquierda se colocan a la defensiva. Todos defendemos, por ejemplo, la educaci贸n p煤blica. Pero no podemos regalarle a la derecha el an谩lisis de los problemas de la educaci贸n que el pueblo percibe, ni podemos dejar de tener propuestas transformadores que respondan a las demandas de los sectores m谩s humildes. Cuando el juego pol铆tico se plantea de ese modo, los proyectos populares deben convocarse a debates que permitan construir una nueva imaginaci贸n y nuevas ideas para el futuro

Pero eso no sucedi贸 ni sucede, y ni siquiera queda la esperanza de que ya vendr谩 Ch谩vez para arreglar ese entuerto. Hoy se expande la idea de que esta elecci贸n fue resultado del poder de los medios (nacionales, internacionales, cartelizados en sus campa帽as de terror y desestabilizaci贸n). Pero los medios ten铆an el mismo poder cuando se obtuvo tantas veces el triunfo.

Y los modos de conducci贸n dificultaron el surgimiento de propuestas y perfiles diferenciados, que pudieran alimentar y fortalecer al gobierno desde cierta diversidad. La paradoja es que la ausencia de esa diversidad interna desdibuj贸 el perfil del Polo Patri贸tico, a la vez que dej贸 mucha disconformidad p煤blica en el chavismo. Los niveles de conflictividad 鈥搚 el descreimiento de las bases- fueron muy agudos antes y despu茅s de la proclamaci贸n de los candidatos del PSUV a la Asamblea.

A veces conviene aceptar que uno no tiene la raz贸n o no tiene toda la raz贸n o que se ha equivocado en las estrategias, en los modos de organizaci贸n, en renunciar a hablarle a los no convencidos, en no alentar la cr铆tica constructiva y el debate franco, en no dar la batalla cultural, o no entender qu茅 significa, m谩s all谩 de que es un linda consigna. Fue, a trav茅s de esos errores, que fue drenando el capital pol铆tico hegem贸nico.

 

El poder f谩cticoVEN LorenzoMendoza-Maduro

Por otro lado, el poder f谩ctico 鈥揵谩sicamente el econ贸mico-financiero anclado en el terrorismo de la prensa hegem贸nica- ha sido exitoso en el manejo de la desesperanza, la frustraci贸n, la guerra econ贸mica y la incertidumbre, apostando a la desorientaci贸n, el olvido y la p茅rdida de identidad de los venezolanos.

Y el aparato burocr谩tico partidista, el PSUV, no ha logrado generar esperanza presentando un listado de candidatos digitados desde la c煤pula, repitiendo nombres resistidos por la militancia, sin permitir disensos ni debates entre las decenas, centenares de agrupaciones que componen el llamado 鈥渃havismo鈥..

El golpe que supuso la p茅rdida de Hugo Ch谩vez fue y sigue siendo) demasiado grande, m谩xime cuando en 15 a帽os no se puso 茅nfasis en formar nuevos cuadros pol铆ticos, pero tambi茅n para la gesti贸n administrativa. Ch谩vez construy贸 una serie de equilibrios que no hered贸 Maduro, quien no supo hacer valer en la poblaci贸n los logros de la Revoluci贸n Bolivariana. Quiz谩, sin darse cuenta que esos logros son pasado, y lo que el pueblo espera es esperanza, futuro.

No nos cabe la menor duda: Nicol谩s Maduro no es Hugo Ch谩vez, aunque sus asesores socialdem贸cratas europeos (franceses, espa帽oles) se lo hayan querido hacer creer al pueblo, pajaritos mediante.

Pero, a pesar de eso, la oposici贸n venezolana unida logr贸 solo 400 mil votos m谩s que en las presidenciales de 2013, cuando Maduro se impuso por apenas un punto porcentual de diferencia a Henrique Capriles. Dos a帽os despu茅s, en 2015 se repiti贸 lo mismo: el ausentismo del chavismo. De los 8,2 millones de votos logrados por Ch谩vez en 2012, el apoyo al gobierno en las elecciones parlamentarias mostr贸 una diferencia de casi 2,5 millones de votos (800 mil sufragios menos que cuando Maduro gan贸 las presidenciales). Ausenstismo, voto castigo, desilusi贸n.

Fueron entre 2,5 y tres millones de chavistas que se quedaro

quedaron empantuflados en sus casas, los que no creen de ninguna forma de que la derecha pueda o deba gobernar. Obviamente, las apelaciones a la 鈥渢raici贸n鈥 de sectores del chavismo a la Revoluci贸n Bolivariana no ayudan a remontar la cuesta, y la convicci贸n de que alcanza con tener una maquinaria electoral aceitada se viene cayendo por s铆 sola desde hace a帽os, cuando enfrente hay un pueblo que, gracias al chavismo, pas贸 de ser objeto de pol铆ticas, a ser sujeto de las mismas, a creer en el protagonismo popular en un nuevo tipo de democracia. En la que no parecen creer los dirigentes de hoy.

La campa帽a opositora cont贸 con el descontento acumulado en la poblaci贸n 鈥揹esgastada por hacer largas colas para conseguir alimentos y medicinas鈥, donde destacan la inflaci贸n, el desabastecimiento, la escasez y la disparada de precios. Aun cuando la oposici贸n y los oportunistas 鈥揺ntre ellos varios travestidos en neoliberales- acusaron al gobierno de la situaci贸n, 茅ste no es el 煤nico participante en esta confrontaci贸n, aunque s铆 el responsable de no haber encontrado una soluci贸n a ninguno de los problemas.

El hundimiento de los precios de los hidrocarburos es un golpe dif铆cil de asimilar en un pa铆s monocultivador acostumbrado a vivir de la renta petrolera, a煤n m谩s cuando la crisis es utilizada por la oposici贸n 鈥搃nterna y externa- para golpear al gobierno con presiones para romper la OPEP y mantener bajos los precios del crudo, con acaparamiento de bienes, 聽con subida intencional de precios, 聽con fraude en el cambio del d贸lar, con contrabando, con guerra psicol贸gica alimentada por los medios de comunicaci贸n, con sabotajes, con鈥

La disputa por el poder pol铆tico en Venezuela es apenas un medio para el control de la quinta parte de los hidrocarburos del planeta.

 

Hay que reconocer que el gobierno de Maduro fue 鈥揾asta el momento- firme en la defensa de los programas sociales e inversiones estrat茅gicas del chavismo, pero no ha encontrado la forma de parar la especulaci贸n, la inflaci贸n y el desabastecimiento y en casi tres a帽os no ha elaborado ni una sola medida para atemperar la crisis, mientras tolera en el seno del Estado a corruptos, ineficientes e ineficaces por doquier, garantiz谩ndoles hasta ahora la impunidad, en medio de una guerra econ贸mica, ante un escenario de grave restricci贸n externa.

La responsabilidad mayor, quiz谩, sea de los grupos econ贸micos 鈥揺l poder f谩ctico-, especialmente el capital financiero y el bancario, que desde 2004 establecieron una estrategia para desmontar el control cambiario y retomar el control de la fijaci贸n del tipo de cambio y la privatizaci贸n de las divisas. Muchos funcionarios, que han tenido total control, desde 2009, del tipo de cambio y de la estrategia especulativa que se fragu贸 con el d贸lar paralelo, tienen nombre y apellido y est谩n montados en esta confabulaci贸n.

Maduro sigue siendo presidente, y para sacarlo deber谩n juntar las firmas necesarias que les permitan convocar un referendo revocatorio u ofrecer alguna alternativa de golpe blando parlamentario. Mientras tanto, liber茅monos de la mordaza (o del bozal de arepa) y tengamos la audacia de llamar las cosas por su propio nombre.

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