Ene 23 2012
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Política

Venezuela preelectoral y el síndrome golpista

Ayer domingo, en la entrevista con José Vicente Rangel, Chávez se refirió a que sectores de la oposición acarician la “Doctrina Obama”, refiriéndose a quienes promueven la desestabilización del país: “aquí hay sectores jugando a la doctrina Obama, pues, porque Obama lo dijo, después del caso Libia, él dijo que ese es un método que sería aplicable en el futuro para el cambio de régimen en aquellos estados fallidos o, qué sé yo, terroristas”.| NÉSTOR FRANCIA.*
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Las señales de ese plan se perciben por doquier. En torno al tema estrictamente electoral, esos sectores siembran dudas, por ejemplo, en torno al árbitro (CNE) y al custodio (FANB, la Fuerza Armada).
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Ante los reiterados llamados que han hecho Chávez y otros dirigentes revolucionarios, exhortando a los pre-majunches a expresar públicamente que respetarán el resultado electoral del siete de octubre, ayer se pronunció Leopoldo López en el sentido de que sí habrá tal reconocimiento. Pero además de mentir insinuando que Chávez no aceptó los resultados del referéndum de la reforma constitucional en 2007, cuando lo cierto es que lo hizo de manera inmediata y sin asomo de dudas, echó sombras sobre la idoneidad de la Fuerza Armada como custodio de los comicios.
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O sea, es un “sí, pero” que termina por no despejar dudas sobre la intención opositora de cantar fraude. López enarboló de nuevo la matriz en torno al ministro Rangel Silva y pidió aclaratorias a este general del pueblo.
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Como se sabe, estos manipuladores tergiversaron una declaración de análisis político del ahora ministro, que jamás dijo que no habría un reconocimiento de resultados electorales, sino más bien se refirió a las consecuencias que traería para el país un hipotético triunfo electoral de la derecha, en el sentido de que vendría una situación de inestabilidad pues ni el pueblo ni la fuerza armada se quedarían de brazos cruzados si se pretendiera liquidar las conquistas de la revolución.
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Y eso es estrictamente cierto. Ayer Chávez dijo, con respecto a la posibilidad de una derrota suya el siete de octubre, que la Revolución no es cosa de un día. Es verdad, para los revolucionarios las elecciones son solo una herramienta táctica, y no la estrategia. La estrategia es la transformación de la sociedad y, de cara a ese objetivo, por supuesto que armaríamos un alboroto de altos decibeles si alguien pretendiera arrebatar los logros del pueblo e imponer un retroceso.

No es que no reconoceríamos una derrota, sino que la lucha continuaría en nuevas condiciones, y seguiría siendo lucha de clases, y no podríamos descartar la eclosión de la violencia.
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Otro pre-majunche, Pablo Pérez, igualmente pretendió echar sombras sobre la actuación de las FANB el 7 de octubre, al afirmar, refiriéndose a Rangel Silva, que “no se puede poner a zamuro a cuidar carne”, y que “Ese general dijo que no iba a reconocer los resultados, si no favorecían a Hugo Chávez”. 
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Ahora bien, la posibilidad de situaciones definitorias más allá de lo electoral también la plantean abiertamente sectores de la derecha. En un artículo publicado ayer, Oswaldo Alvarez Paz afirma lo siguiente:
“Desde hace años hemos dicho que los demócratas venezolanos debemos visualizar todos los escenarios posibles para rescatar la institucionalidad perdida. Especialmente los peores, los más peligrosos. Si no se dan, pues que viva Dios, pero si se dan que no nos sorprendan. Que los sorprendidos sean los oficialistas al encontrarnos organizados para luchar en cualquier terreno. El electoral es uno de ellos. Importante, sin duda. Sin embargo no es el único, ni será suficiente de no estar acompañado de suficiente fuerza civil y militar capaz de derrotar definitivamente las pretensiones de Chávez de permanecer en el poder hasta que le dé la gana o la salud se lo permita. Las intenciones están a la vista y las amenazas se han multiplicado en los últimos días y meses”.
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Alvarez Paz no está solo en esta posición, casi todos en la oposición piensan lo mismo, aunque no lo digan con esa franqueza.
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Los que plantean más abiertamente en la oposición la vía golpista y violenta cobrarán fuerza a medida que se desarrolle el muy probable escenario electoral de que Chávez amplíe su ventaja en tanto se vaya desarrollando la campaña. Chávez dijo ayer, en la mencionada entrevista, que “¿Seis precandidatos? yo creo que ninguno calza los más mínimos requisitos para ser un candidato a la Presidencia de la República de la Venezuela de hoy”.
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En ese sentido, decíamos en nuestro análisis del 16 de enero, al referirnos a la calidad del liderazgo mostrado por Chávez en el mansaje anual ante la Asamblea Nacional, que el Presidente “Está sobrado, simplemente y, en nuestra opinión, convertirá en polvo cósmico al majunche que lo confronte en la campaña electoral. Demasiada distancia, de la tierra a la luna”. Lo mismo planteó ayer el comandante, cuando señaló que “Cualquiera de ellos nos va a permitir acentuar el contraste entre la anti Patria y la Patria, entre la nada y el futuro de la Patria”.
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Esta realidad no es una especulación, es una cosa objetiva: el pre-majunche elegido pasará las de Caín ante este Chávez crecido. Es algo muy bueno, sin duda, pero al mismo tiempo muy peligroso, pues incidirá en que los sectores más radicales y violentos de la oposición ganen posiciones a lo interno de la derecha y cobren mayor fuerza. Ojo avizor.
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La “huelgas” de hambre
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Este asunto de las “huelgas de hambre” parece ser uno de los instrumentos preferidos de los cachorros del Imperio en estas tierras caribeñas. Las huelgas de hambre existen desde hace mucho y uno las apoya o no según el contenido de clase que reflejen. Los huelguistas de hambre chantajean a los gobiernos con el anzuelo de sus vidas. Todos lo hacen, pero nosotros apoyamos por supuesto a los nuestros.
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Es conocida la frase atribuida a Henry Kissinger refiriéndose a Pinochet como nuestro hijo de puta (otros la atribuyen a Franklin Delano Roosevelt referida a Anastasio Somoza). Los huelguistas de hambre revolucionarios son “nuestros chantajistas”, y los apoyamos. Aquí, una vez más, no juega ninguna inocentada aséptica, es otro tema, como hemos dicho, de la lucha de clases.
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El caso es que ahora muere un delincuente en Cuba (lamentable, por supuesto) y se le quiere achacar a una supuesta huelga de hambre. En Venezuela los escuálidos han hecho varias pantomimas de huelga de hambre, todas fracasadas, aunque hubo una de verdad con un lamentable desenlace, la de Franklin Brito.
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En Cuba la minoritaria “disidencia” ya tiene un “trofeo” de las huelgas de hambre, el fallecido Orlando Zapata. Repetidas veces han lanzado a ese barranco a Gustavo Fariñas. Ahora se aparecen con Wilmar Villar.
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Todos ellos son instrumentos del imperialismo, como lo son en Venezuela los jóvenes fascistas de JAVU, las llamadas “Damas de negro” y otros escuálidos militantes. Ni en Cuba ni en Venezuela estas huelgas tienen apoyo popular, pero son carne de lomito para la canalla mediática.

Periodista.

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