Oct 31 2017
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Cultura

Viglietti, el trovador muerto por exceso de solidaridad

Daniel Viglietti montevideaneaba habitualmente, con su guitarra-compa√Īera y era f√°cil cruzarse con √©l por la calle, o encontr√°rselo en cualquier caf√© del centro. Lejos, muy lejos de cualquier prototipo de artista exitoso, popular, querido.

¬ŅQui√©n era Viglietti? √Čl se autodefine: ‚ÄúSoy eso, una especie de referencia de una etapa que se ha venido viviendo, con aciertos, errores, desajustes, con emociones, con valent√≠a, con miedos, una etapa de hallazgos, de p√©rdidas‚Ķ Seguimos buscando lo humano, eso que el Che simbolizaba como el hombre nuevo lo seguimos buscando, a√ļn cuando seamos generacionalmente veteranos‚Ķ Creo que no hay conciencia sin emoci√≥n‚ÄĚ.Imagen relacionada

En realidad, dec√≠a √©l, uno siempre se est√° componiendo, porque se est√° pensando, so√Īando, sufriendo,¬† respirando la porci√≥n de realidad que al trovador le toca vivir, siempre se est√° como afinando ideas‚ĶPero tampoco creer que uno es una m√°quina de cantos pol√≠ticos. As√≠ como me nacen canciones de opini√≥n, me nacen otras sobre el paisaje, sobre el amor, sobre seres entra√Īables, siempre desde un modo de concebir la vida.

Y hablaba de ‚Äúuna vida igualitaria, lo m√°s parejita posible, sin soberbia, sin codicia, defendiendo la alegr√≠a, como nos ped√≠a nuestro entra√Īable Mario (Benedetti); la ternura, el compa√Īerismo. ‚ÄúDefendiendo las arenas rochenses de Valizas al cantar El vals de la duna, defendiendo el amor al cantar ‚ÄúAnaclara‚ÄĚ, defendiendo la educaci√≥n al recordar a la maestra uruguaya desaparecida Elena Quinteros, cuestionando la impunidad al cantar mi m√ļsica para el poema de Circe Maia Otra voz canta.

Y ‚Äúdefendiendo nuestra cultura cuando abordamos a Violeta Parra o a Atahualpa Yupanqui o a Mario Benedetti o a Eduardo Galeano, defendiendo la libertad de pensamiento cuando evocamos al sacerdote colombiano Camilo Torres que, en su momento, cambi√≥ la sotana por un fusil, o al capit√°n Carlos Lamarca que cambi√≥ la punter√≠a del suyo, defendiendo la memoria de Salvador Allende, de Miguel Enr√≠quez, de V√≠ctor Jara en Chile, como en mi pa√≠s la de Ra√ļl ‚ÄúBebe‚ÄĚ Sendic, o en el mundo la del nuestroamericano que fue el argentino Ernesto Guevara‚ÄĚ.

Quiz√° el lac√≥nico t√≠tulo de la primera p√°gina de La Diaria lo expresa todo: S√≥lo digo compa√Īero.

Muchos lo recuerdan por A desalambrar, un himno popular desde hace 50 a√Īos: ‚ÄúEse verbo que invent√© en 1966 es un s√≠mbolo que me naci√≥ del Reglamento de Tierras que Artigas cre√≥ en 1813. Se trata, todav√≠a hoy y no solamente en Uruguay, de desalambrar los latifundios‚ÄĚ. Y con Viglietti llegamos a la conclusi√≥n ‚Äďron mediante, en Caracas- que ahora hab√≠a que desalambrar tambi√©n los latifundios medi√°ticos.

‚ÄúPermanece el latifundio, sobrevive, se realimenta, se redimensiona. El yugo de la banca internacional nos sigue sometiendo, salvo rar√≠simas excepciones como son los casos de Cuba y del proceso bolivariano, o una experiencia altamente positiva como la de Bolivia con Evo Morales. Todos esos elementos que permanecen hacen que la canci√≥n -en el caso m√≠o- tenga un eco y pueda encontrar nuevos o√≠dos‚ÄĚ, dec√≠a a principios de octubre en Chile.

Seis décadas

Lo conoc√≠ hace 60 a√Īos, por su amistad entra√Īable y creativa con mi hermano Cori√ļn. Quiz√° por eso se me hace dif√≠cil escribir. Recuerdo el estuche de su guitarra que anteced√≠a a su enorme jopo mientras bajaba por la empinada Susviela, all√° en El Prado, en el norte montevideano.

Dice La Diaria que ‚Äúcuando cantaba no ten√≠a edad. La memoria del cuerpo, ejercitada en la escuela exquisita de Abel Carlevaro, lo despojaba de los a√Īos y era cada vez el de siempre, como iluminado en integraci√≥n perfecta con la guitarra, como si aquel mech√≥n de pelo joven le cayera todav√≠a sobre la frente.

Resultado de imagen para daniel viglietti zitarrosa el sabalero carlos molinaEra parte de aquel renacer cultural uruguayo de los a√Īos 1960, junto a Los Olimare√Īos, a Alfredo Zitarrosa, al Sabalero¬† (Jos√© Carvajal), el payador Carlos Molina, y tantos otros, que ‚Äďdec√≠a √©l-¬† cantaban ‚Äúa coro sin saberlo […]. Todos amantes de la libertad en el sentido m√°s profundo y menos manoseado del t√©rmino; me gustar√≠a decir libertarios‚ÄĚ. ‚ÄúOjo: no estoy olvidando a los luchadores an√≥nimos. Todos son una especie de sujeto colectivo que impulsa a seguir‚ÄĚ.

Recorrió medio mundo llevando su humildad y su solidaridad, su rebeldía y esperanza, su excelsa guitarra y su canto. Compuso hitos como A desalambrar, Canción para mi América, Declaración de amor a Nicaragua, La Patria Vieja, Duerme Negrito, Canción para el hombre nuevo…

Nicol√°s Casullo comentaba, en setiembre de 1971, el recital en el Teatro √ďpera de una revolucionada Buenos Aires: ‚ÄúDe pronto cientos de voces cobijadas por las estrellitas del cielo raso: Lucha, lucha armada, viva el Che Guevara‚Ķ. De golpe: la toma del escenario, muchedumbre sobre las tablas suben y suben. Solo dejan un peque√Īo c√≠rculo en el centro, vac√≠o. Iluminado, con tres micr√≥fonos apunt√°ndolo. All√≠ se ubica, recibido por miles de palmas que aplauden, Daniel Viglietti‚ÄĚ.Resultado de imagen para daniel viglietti

‚ÄúEl uruguayo cantar√°, sin ning√ļn tipo de histrionismo ni histerismo. Le cantar√° a Guevara, a Camilo Torres, a los estudiantes, a las guerrilleras. Contar√° de los tupamaros sin nombrarlos, hablar√° del Sendic, del chueco ¬†Maciel, dir√° con m√ļsica, con una guitarra pausada, que crece, que desaparece, dir√° con una letra, coherente en lo pol√≠tico e ideol√≥gico, zonas de la epopeya de una liberaci√≥n que se asume un continente‚ÄĚ, narraba en la revista Nuevo Hombre.

Cuando lo detuvieron en 1972, los estudiantes rodearon en una manifestaci√≥n rel√°mpago la Jefatura de Polic√≠a y volantearon una imagen con dos manos y una leyenda que dec√≠a ‚Äúen Jefartura se est√° torturando a un patriota‚ÄĚ, que obliga a las autoridades a visibilizarlo. Lo que permite la protesta internacional y su posterior liberaci√≥n y exilio.

La tarea m√°s dura en su exilio franc√©s, fue abastecerlo de jalea y licor de p√©talos de rosa negra, manufacturados por do√Īa Victoria, la madre de su amigo Cori√ļn. A √©ste se le dio por morirse tres semanas antes que Daniel, rompiendo seis d√©cadas de amistad. El jueves √ļltimo, lo record√≥ cenando comida armenia con su compa√Īera Lourdes (mexicana y para peor psicoanalista) y Nair√≠, la hija de Cori√ļn, extra√Īando a su propia hija, Trilce, quien vive en Paris.

Nuestroamericano soy

Resultado de imagen para daniel vigliettiRecordaba El Flaco que ‚Äúen 1982 en la Nicaragua sandinista inicial, se me ocurri√≥ el t√©rmino ‚Äúnuestroamericano‚ÄĚ en la letra de mi canci√≥n Declaraci√≥n de amor a Nicaragua; me naci√≥ de un sentimiento de siempre que nos viene de Bol√≠var, de Mart√≠, del Che, del propio Artigas, la idea de la unidad latinoamericana. Pero con el tiempo me doy cuenta que esto no borra las identidades, en sus aspectos positivos y negativos, de cada una de nuestras patrias‚ÄĚ.

‚ÄúSomos todos uno, pero cada una de nuestras historias es un mundo y tiene sus coordenadas propias. Pienso que hay que lograr aunar toda esa diversidad y los logros obtenidos‚ÄĚ, remarcaba, grabadora en mano, dispuesto a entrevistar a su entrevistador.

√öltimamente¬† se hab√≠a decidido mezclar temas de vieja y nueva cosecha ‚Äď‚Äúes una despedida en continuado‚ÄĚ, me dijo a principios de octubre-, como en su √ļltima presentaci√≥n en Piri√°polis, en Santiago de Chile, en Vallehermoso, ‚Äúun paseo por diferentes estilos de m√ļsicas, seres que est√° prohibido olvidar, historias de amor y resistencia, algo de humor, con canciones en su mayor√≠a de mi autor√≠a, que voy a elegir desde mis comienzos en 1957 hasta este 2017, en que conmemoramos los cien a√Īos del nacimiento de ‚Äėla √ļnica violeta que naci√≥ de una parra‚Äô‚ÄĚ.

Imagen relacionadaLe gustaba estar al tanto de la realidad y le preocupaba mucho el terrorismo medi√°tico: ‚Äúnos abarcan y nos manipulan en una hipnosis que rompe conciencias, que adormece el sentido cr√≠tico. No es f√°cil ni es habitual ejercitar la contralectura de lo que vemos, de lo que leemos, de lo que escuchamos en esa suerte de nueva iglesia inquisidora que son los medios. Las im√°genes intentan dominar el imaginario colectivo, y muchas veces lo consiguen. Y lo cultural es infiltrado por la seducci√≥n de los mensajes del poder‚ÄĚ.

‚ÄúSi un d√≠a crece la rebeli√≥n popular, ah√≠ est√° siempre latente la amenaza de la represi√≥n, de encarcelar, torturar, y si la situaci√≥n se agrava, aplicar la receta de los misiles y las bombas, ahora muchas veces en ataques an√≥nimos desde los siniestros drones no tripulados. En nuestro sur esto fue muy claro en los a√Īos de plomo, aunque sin la guerra generalizada. Y hoy contin√ļa este otro conflicto, la guerra invisible, la de los medios‚Ķ sin olvidar las de destrucci√≥n y las desesperadas migraciones de tantas poblaciones, como en campos de concentraci√≥n m√≥viles‚ÄĚ, se√Īalaba a principios de este octubre, 100 a√Īos despu√©s del otro.

‚ÄúComo m√≠nimo son cinco las prioridades para un mundo mejor: la alimentaci√≥n, la vivienda, la salud, la educaci√≥n y el trabajo: es un buen resumen de la sed de estos tiempos. Como los cinco dedos de la mano izquierda. En ese caso, de pu√Īo abierto‚ÄĚ, le dec√≠a a periodistas curiosos.

Elegí recordar dos anécdotas, una de 1971 y la otra de 2005.

La patria chueca

Resultado de imagen para el chueco macielNelson El Chueco Maciel, a quien la prensa sensacionalista montevideana lleg√≥ a bautizar como ‚Äúel enemigo p√ļblico n√ļmero uno‚ÄĚ, naci√≥ en Tacuaremb√≥ y recal√≥ junto con su familia en los cantegriles del barrio Marconi, por Aparicio Saravia, en la periferia de Montevideo.

Cantegril era una zona de m√°s lujo en Punta del Este y el pueblo con ese humor cr√≠tico que lo caracteriza, le aplic√≥ a los lugares m√°s pobres, a las villas miseria, el t√©rmino cantegril. ‚ÄúY all√≠ creci√≥ un muchacho que ven√≠a del interior del Uruguay, en el proceso de migraci√≥n campo-ciudad, que se llamaba Nelson Maciel y le dec√≠an ‚Äúchueco‚ÄĚ, porque all√° nombran as√≠ a los que caminan con los pies un poco hacia adentro‚ÄĚ, recuerda Viglietti.

‚ÄúEste muchacho comenz√≥ a hacer algunos asaltos para acercar comida a los miembros del cantegril. Asalt√≥ camiones de comestibles y bancos para conseguir dinero para ayudar a los del cantegril y as√≠ se convirti√≥ en un s√≠mbolo creciente. Se le defendi√≥ mucho en el cantegril, hasta que un d√≠a de 1971 fue capturado y asesinado dentro de una camioneta. Esto despert√≥ una enorme cantidad de sentimientos. As√≠ yo hice la canci√≥n. Tuve la oportunidad de cantarla incluso delante de la madre del propio Chueco Maciel‚ÄĚ.

Era √©poca de persecuci√≥n pol√≠tica, de medidas ‚Äúprontas‚ÄĚ de seguridad. En ese 1971, el general L√≠ber Seregni, l√≠der del reci√©n fundado Frente Amplio, fue a visitar el comit√© de base que se hab√≠a formado en el cantegril, mientras Viglietti compon√≠a con mucho cuidado su canci√≥n, para que no sirviera de excusa para alguna represi√≥n o prisi√≥n por ejemplo por apolog√≠a del delito. Por eso, el Chueco ‚Äúaprieta el gatillo¬† y no quiere matar‚ÄĚ.

Con Chávez, vía Alí Primera

Viglietti lleg√≥ por primera vez a Venezuela en 1974 para encontrarse con el cantautor Al√≠ Primera. ‚ÄúYo capt√© la autenticidad, profundidad, y el hecho de que no hab√≠a que detenerse en dos o tres canciones para juzgar una obra. Cuando empec√© a recorrer su obra, en la medida que lo conoc√≠ hablando de cosas pol√≠ticas, ideol√≥gicas, en seguida me sent√≠ cerca, amigo. Si alguien lo cuestionaba yo era de los que defend√≠an‚ÄĚ, explica, 40 a√Īos despu√©s de esos d√≠as de playa, cuando Viglietti dio algunos recitales en la aula magna de la Universidad Central de Venezuela.Resultado de imagen para ali primera y viglietti

En 1983, Daniel y Al√≠ arriba de un avi√≥n de combate, sobrevolando el cielo de Nicaragua junto a la chilena Isabel Parra, y el cura y poeta sandinista, Ernesto Cardenal, cuatro a√Īos despu√©s de aquel ingreso triunfal rojo y negro por las calles de Managua, de la victoria revolucionaria.¬† En cuartel de San Carlos, en la zona de frontera con Costa Rica, Al√≠ tom√≥ su cuatro y cant√≥ a un grupo de milicianos sobre las luchas de ese pa√≠s en revoluci√≥n, que resist√≠a contra una guerra dirigida desde Estados Unidos.

Ese recuerdos lo llev√≥ de regreso a Venezuela, cuando se conmemor√≥ un aniversario de su muerte, y se lo particip√≥ en 2005 al presidente Hugo Ch√°vez, cuando lo conoci√≥, frente a frente, guitarra en mano y asado y vino adelante, en los quinchos del Pepe Mujica. ‚ÄúAl√≠ Primera es la banda sonora del chavismo‚ÄĚ, me coment√≥ entonces.

Estaba la larga mesa en U, con ministros, ex guerrilleros, dirigentes, trabajadores, disfrutando del asado y la presencia del ‚Äúcomandante‚ÄĚ, y venezolanos y uruguayos intercambian opiniones y tarjetas. Ch√°vez ya hab√≠a anticipado que iba a estar un ratito, y que quer√≠a descansar.

De repente, con el postre ya servido y el vino mermado, aparece un flaco melenudo con una guitarra, sentado delante de Ch√°vez, los embajadores Jer√≥nimo Cardoso y Mar√≠a Urbaneja¬† y otros homenajeantes, tocando unos acordes, en espera del silencio. Ch√°vez miraba con cara de ‚Äúno entiendo nada‚ÄĚ, hasta que ‚Äďcomo si hubiera un protocolo preestablecido ‚Äď se fue haciendo silencio en la concurrida sala.

Resultado de imagen para hugo chavez y vigliettiObvio: ni un micr√≥fono, ni una c√°mara de video, ni un grabador. Apenas tenedores y cuchillos. Hubo que explicarle silenciosamente a Ch√°vez qui√©n era ese se√Īor tan serio que insist√≠a con su guitarra. La segunda canci√≥n fue una de Al√≠ Primera (Techos de Cart√≥n, si no recuerdo mal) y a Ch√°vez se le fue enseguida el cansancio y termin√≥ cantando las coplas de Florentino y el diablo.

Numerosas veces Viglietti visit√≥, desde entonces, Venezuela. Siempre solidario, siempre presente. Siempre buscando material para sus audiciones de radio y televisi√≥n. Y su √ļltimo mensaje a Ch√°vez fue: ¬ęLos combates de la vida son tantos, tantos y tantos, por ellos canto¬Ľ.

‚ÄúMi deseo de cantar de nuevo en Venezuela, Cuba, Chile, Ecuador, Colombia, Bolivia, Per√ļ, El Salvador, siempre es fuerte, pero se pospone por razones de organizaci√≥n, de producci√≥n, o porque no hay eventos que hayan requerido de mi solidaridad. Siempre ando navegando a dos aguas; la de la solidaridad y la de mantenerme con mi trabajo. Es evidente que no formo parte del show business… M√°s de la mitad de mis actuaciones son por causas solidarias‚ÄĚ, recapitulaba dos semanas atr√°s.

Resultado de imagen para daniel viglietti dibujoYa no habr√° m√°s A dos voces con Benedetti, ni actuaciones donde la solidaridad lo reclamara. Todos saben que El flaco muri√≥ de exceso de solidaridad, a los 78 a√Īos, en la misma Montevideo, cuando La Cumparsita cumpl√≠a cien a√Īos. Pero la ciudad no era la misma: ya no estaban Benedetti, idea Vilari√Īo ni Galeano, hac√≠a mucho que se hab√≠an ido Zitarrosa, El Sabalero, Capagorry, Carlitos Molina, Lazaroff. Y reciencito nom√°s, se fue Cori√ļn‚Ķ

 

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