Abr 17 2012
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CulturaSociedad

Virginia Vidal* / La Nación literaria, literatura siempre viva

La Nación literaria 1970-1973, de Eduardo Vassallo Alfaro, Ediciones Alterables, verdadero trabajo de paleontología cultural, recopila los artículos dedicados a la literatura durante el gobierno de la Unidad Popular: no solo momento político intenso, sino también fecundo proceso creador.

 

Y demuestra que represión, quema de libros, exilio y muerte no pudieron fosilizar parte sustancial de nuestra memoria y surgen vigorosos los nombres de señeros escritores de ese tiempo.
 

 

El editor ha realizado un formidable trabajo literario, aunque el Fondo de Fomento del Libro y la Lectura lo incluyó en la “nómina de proyectos declarados inadmisibles” cuando lo presentó a concurso.
 

 

No menos de tres años dedicó a la tesonera recopilación. Sucintas notas contribuyen a ampliar la visión del  lector y a proponerle elementos de reflexión. En ese medio de comunicación democrático se informaba y daba cuenta de escritores y obras universales vinculadas a la literatura chilena: Valéry y la reflexión metafísica (Anguita, Díaz-Casanueva, etc.);  Pound y la crítica del capital y la usura (Uribe). Especial interés reviste el artículo sobre el poeta Saint-John Perse, de Jorge Zalamea, conocedor y  traductor de este Premio Nobel nacido en Guadalupe.

 


Rescata Letra sobreletras, la crítica literaria erudita y sin sectarismos de Luis Íñigo-Madrigal. Este notable crítico estudió en la Universidad de Chile y en la Universidad Complutense de Madrid. Catedrático de la Universidad de Chile y de la Universidad de Concepción (Chile). Exiliado, hoy  es profesor emérito de la Universidad de Ginebra (Suiza).

 

Sus aportes enriquecen el conocimiento de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Violeta Parra, cuyas “Décimas” fueron  publicación póstuma, de Andrés Garafulic y su novela del cobre “Carnalavaca”, como también de muchos escritores y obras.
 

 

Sorprende y conmueve La guitarra desafinada  entrevista del poeta Francisco Urondo a Nicanor Parra. Este se refiere a las “tomas”, fijación de cuadros o fotogramas  —ejercicios visuales y gráficos— donde participa el arquitecto Fernán Mesa, amigo del poeta, revelación de un aspecto de la creación literaria parriana. (Paco Urondo nació el 10 de enero de 1930 enBuenos Aires y fue asesinado por la junta militar el 17 de junio de 1976 en Mendoza).
 

 

La Declaración de Salvador Allende sobre la compra de Zig-Zag testimonia la gestión del presidente, decisión  clave para la creación de la editorial estatal Quimantú.
 

 

Pedro Miras ofrece una visión aguda de Luis Oyarzún, poeta, filósofo y humanista que no puede ser olvidado.
 

 

Julio Cortázar en la transmisión del mando del presidente Allende, en su diálogo con escritores en la SECh y con los alumnos del Liceo Darío Salas demuestra sus facetas de Cronopio compenetrado con el proceso que vivía nuestro país. Francisco Coloane le recuerda su primer viaje a Chile y su partida en el “Arica”,  barco de Persio García. Cortázar no lo olvidó y ve en ese viaje elementos que influyeron en “Los Premios”.
 

 

“Un poeta siempre está en peligro” vaticina Roque Dalton en  el diálogo con Enrique Lihn y Waldo Rojas. El comentario a “Cobra” de Severo Sarduy,  la dedicación a José María Arguedas o la entrevista de Joaquín Santana a Alejo Carpentier revelan el interés por los escritores de América.

 

“La tragedia del color, de  Alfonso Echeverría Yáñez”, por Silvia Balmaceda Wilms, hija de Teresa Wilms, homenaje al joven escritor y su obra póstuma que devela su pensamiento e ideales, sobre todo su repudio definitivo al racismo, al apartheid en Sudáfrica.

 

Un artículo de Orlando Oyarzún Garcés palpitante de vida evoca la juventud bohemia cuando él, Pablo Neruda, Tomás Lago y otros amigos compartían vivienda, hambres, alegría e imaginación.
 

 

La crónica de R.R. y su conversación con Carlos Contreras Labarca revela que antes de ser el máximo dirigente del Partido Comunista, fue nada menos que el secretario del Grupo de los Diez. Contreras dice: “Fue un foco cultural extraordinario para su época. Me acuerdo el día que llegó Domingo Gómez Rojas. Sí, fue un momento inolvidable”.

 

Inolvidable y gratificante ese lapso de nuestra historia donde Pablo Neruda le dio el Premio Nobel a Chile.
——
* Periodista, escritora. Dirige Anaquel Austral (http://virginia-vidal.com).
En Revista Punto Final N°754.

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