Los millonarios planes de ayuda humanitaria de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para Cuba, que en dos años sufrió el embate de tres huracanes, sobre todo el devastador Melissa, corren el riesgo de retrasarse debido al bloqueo energético impuesto a la isla por Estados Unidos; mientras los apagones prolongados, el transporte limitado, los empleos amenazados y los precios al alza, afectan la vida cotidiana de los habitantes.
“El acceso a combustible es urgente para poder responder y proteger a la población más vulnerable”, advirtió el coordinador de la ONU en la isla, Francisco Pichón.

En Cuba, de 9.6 millones de habitantes, el gobierno suspendió la venta de diésel y restringió la de gasolina. El transporte público se redujo sustancialmente y se duplicó el precio del pasaje de los pocos taxis privados y de los triciclos eléctricos de transporte colectivo que aún circulan en La Habana.
Si bien este año disminuyó aún más la disponibilidad de electricidad en comparación con 2025, esta baja está siendo mitigada con un aumento significativo de la producción de energía solar.
Cuba, que importa 80 por ciento de los alimentos que consume, tiene contenedores con frutas, verduras y otros productos paralizados en el puerto comercial de El Mariel, por falta de diésel para su distribución.
Mientras, fuerzas militares de Washington interceptaron un tercer buque petrolero en la zona de responsabilidad del Comando Indo-Pacífico de Estados Unidos. Según el Departamento de Guerra de Estados Unidos, el buque Bertha fue perseguido «desde el Caribe hasta el Océano Índico», durante una inspección realizada la noche del lunes, cuando intentaba «desafiar» el bloqueo impuesto por Donald Trump a Venezuela y Cuba.
En diciembre, Trump ordenó «el bloqueo total y completo de todos los petroleros sancionados que entren y salgan de Venezuela», tras acusar gratuita y falsamente a Caracas, sin aportar pruebas concretas, de utilizar el petróleo de supuestos «yacimientos robados» para «financiarse a sí mismo, el terrorismo relacionado con las drogas, el tráfico de personas, los asesinatos y los secuestros».
Bajo tales acusaciones infundadas, Trump concretó una intervención militar en Venezuela el pasado 3 de enero que dejó más de 100 muertos y terminó en el secuestro del presidente constitucional bolivariano, Nicolás Maduro, y de su esposa Cilia Flores. Ambos fueron conducidos a la fuerza hacia territorio estadounidense donde permanecen encarcelados y enfrentan un juicio por cargos relacionados con supuestos actos de narcotráfico y terrorismo.
Ante todos estos retos, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, reafirmó: “lucharemos, pelearemos, resistiremos, transformaremos y, sobre todas las adversidades y amenazas imperiales, ¡venceremos!”, enfatizó al dirigirse ayer a los miembros del Poder Popular (parlamento).
En tanto, Eric Martin, periodista de Bloomberg que cubre el Departamento de Estado estadounidense, informó que “la administración (del presidente Donald) Trump planea asegurar a las compañías energéticas que pueden vender petróleo y combustible a empresas privadas en Cuba, después de que una renovada campaña de presión estadunidense generó advertencias de una crisis humanitaria en la isla”, escribió en X.
Cuba

Trump empezó repitiendo que era una “nación fallida”, que “fracasará muy pronto”, y ha terminado especulando sobre un posible diálogo con la cúpula habanera. Entre tanta expectativa sobre lo que podría o no suceder en el futuro cercano, hay una idea en la que se ha puesto menos atención, pero que Trump, muy a tono con su política doméstica, se ha encargado de reiterar en varias de sus recientes declaraciones: la posibilidad de que los migrantes cubanos regresen a una isla que les abra las puertas.
O, en otras palabras, incluir las deportaciones en la mesa de negociaciones.
Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, convocó al ex presidente estadunidense Barack Obama, también distinguido con ese galardón, a “asumir el compromiso con tu pueblo y con la humanidad. “Es necesario reconocer tu gesto de acercamiento a Cuba al viajar a la isla y abrir la posibilidad de diálogo (…) Ahora puedes aportar tu experiencia a encontrar caminos alternativos y evitar el daño a un país que aporta a la humanidad la solidaridad médica, técnica y educativa”, añadió.
“Cuba no es una amenaza para Estados Unidos, tu país es una amenaza para Cuba, con las permanentes agresiones y mentiras durante décadas”, enfatizó.
En Georgetown, en la reunión de la Comunidad del Caribe, el primer ministro de Jamaica y presidente saliente del organismo, Andrew Holness, instó a “abordar la situación en Cuba con claridad y valentía (…) Es nuestro vecino caribeño. Sus médicos y maestros han prestado servicio en toda nuestra región (…) Debe quedar claro que una crisis prolongada no permanecerá confinada a la isla, afectará la migración, la seguridad y la estabilidad económica en toda la cuenca del Caribe”.
En España, 547 intelectuales, artistas, periodistas y activistas firmaron el manifiesto Dejen vivir a Cuba: Por la vida, la soberanía y la dignidad de un pueblo. En contraste, el gobierno de Honduras cancelará un convenio con Cuba y pondrá fin a la permanencia de un grupo de 169 médicos de la isla que prestan servicios en el país centroamericano, confirmó el ministro de Comunicaciones, José Augusto Argueta.
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