Martina Navratilova, la leyenda viviente del tenis que fulminó a Milei

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Martina Navratilova, indeleble leyenda del tenis internacional, considerada por muchos especialistas como la mejor tenista de todos los tiempos, ratificó su rechazo al presidente argentino Javier Milei y le retrucó un comentario en las redes sociales. 

Histórica activista por los derechos sociales, luchadora contra el cáncer y ferviente opositora a las políticas del presidente estadounidense Donald Trump, la multicampeona checo-estadounidense marcó su postura con un tajante mensaje para el líder de La Libertad Avanza: “Bruto total”.

Leyendas Martina Navratilova agasajada junto a la argentina Gabriela Sabatini.

El comentario de Navratilova llegó luego de aquella sentencia de Milei que provocó polémica. El mandatario argentino había dicho, sin preocupación alguna ante la contaminación del agua, en un video que volvió a viralizarse en el mundo digital: “Una empresa contamina el río. ¿Y? ¿Dónde está el daño? ¡Pueden contaminar todo lo que quieran! Hay suficiente agua. Nos preocuparemos por eso cuando haya escasez”.

Muy activa en las críticas a las políticas del presidente de los Estados Unidos -“No soy leal a Trump: Estados Unidos no es una democracia”-, la ex número uno del mundo ya había disparado contra Milei horas después del triunfo en el balotaje presidencial ante Sergio Massa, en noviembre de 2023.

“Esto realmente apesta, más para Argentina que para nosotros pero… ¡ay! Un paso en la dirección equivocada, sin duda», había adjuntado ante una dura crítica de un historiador y profesor universitario argentino llamado Federico Finchelstein: “Argentina acaba de elegir a un mini-Trump que es aún más inestable y dañado que el original… Milei ganó por un amplio margen y esta victoria remodelará el panorama argentino en los años venideros… no hay duda de que la democracia sufrirá“.

Más de cincuenta años atrás, en 1975, Navratilova abandonó la Checoslovaquia comunista en la que había nacido (Praga, 18 de octubre de 1956) para radicarse en los Estados Unidos. Activista de los derechos sociales y asqueada con la política migratoria de Trump, la ex jugadora de 69 años había comentado que, si tuviera que elegir otro país para vivir en la actualidad como lo tuvo que hacer en su adolescencia, seguramente no lo haría a Estados Unidos: “Si ahora siguiera en la misma situación (que en 1975) y tuviera que irme a vivir a algún sitio, no sería Estados Unidos, porque en este momento no es una democracia”.

Tuesday was not the first time Martina Navratilova wore her "Impeach" hat in public. (Getty)

Años atrás en Wimbledon, durante el primer mandato de Trump, Navratilova protagonizó un curioso episodio: mientras jugaba un partido de dobles de leyendas en el torneo más valioso del mundo, vio cómo las acciones fueron interrumpidas por alguien del personal del All England. Si bien cumplía con el estricto código de vestimenta del torneo, con ropa completamente blanca, Navratilova había quebrado la regla que impide expresiones políticas: llevaba puesta una gorra con la palabra Impeach (procesar) en contra de Trump.

Criada en la localidad de Revnice, en el oeste de Praga, alguna vez recordó que, cuando se fue, no sabía cuándo volvería a ver a sus padres, y que lo hizo con un deseo creciente: “Quería convertirme en la número uno del tenis mundial y no podía hacerlo en mi país en aquellas circunstancias”.

“Mi vida siempre se ha basado en la justicia: cuando veo algo injusto lo denuncio”, sostuvo alguna vez Navratilova, la eterna luchadora por los derechos de los homosexuales que está casada desde 2014 con la modelo Julia Lemigova. Desde 1981, cuando reveló su bisexualidad en un disruptivo reportaje con New York Daily News, se erige como un faro social en el mundo del deporte.

Navratilova es un mito viviente. Número uno del mundo tanto en singles (332 semanas) como en dobles (237), conquistó 177 títulos como singlista y 167 por duplas, un doble récord en la Era Abierta. Miembro del Salón de la Fama del Tenis Internacional desde 2000, conquistó 18 trofeos de Grand Slam en individuales, nueve de los cuales fueron en Wimbledon, y la asombrosa cantidad de 31 por parejas.

En 2010, cuando fue diagnosticada con cáncer de mama a los 52 años, llegó a recordar su primer pensamiento al advertir el resultado de los estudios: “Dios mío, me voy a morir”. Más adelante, tras un tratamiento que admitió como “un infierno”, dejó un mensaje esperanzador: “El cáncer me enseñó a apreciar cada día de la vida, pero, sobre todo, a no preocuparme por las cosas pequeñas. Esas tienen arreglo”.

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