Apoderarse del petróleo, gas y uranio, lo que quiere Trump de Irán

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Los ataques de Washington sobre Teherán forman parte de una estrategia política que busca hacer frente al incipiente declive energético al que se deberá enfrentar Estados Unidos con el ocaso del ‘fracking’. Por eso quiere apoderarse por la fuerza del petróleo, gas y uranio: ese es el botín que busca Donald Trump en Irán. Y con el ataque, Israel espera sacar su propia tajada.

El petróleo se está agotando y, con él, se agota también la ficción de un imperio sostenido a base de rentas energéticas. En concreto, el fracking –la técnica que permitió a Estados Unidos convertirse en exportador neto de hidrocarburos– está comenzando su declive. Washington lo sabe, y está dispuesto a hacer lo que sea para estirar unos años más esa supremacía energética. Por eso, el ataque a Irán no es un desliz, sino un movimiento estratégico: necesitan que el petróleo suba de precio para que el fracking vuelva a ser rentable, aunque eso implique incendiar Oriente Medio. Porque no se trata de ganar, sino de no hundirse todavía.

Desde que en 1972 llegó al máximo de producción convencional, EEUU ha sido un país dependiente de las importaciones de petróleo. Gracias a esta tecnología, EEUU pasó de ser un importador masivo de hidrocarburos a convertirse en el mayor productor mundial de petróleo y gas natural (dejando atrás a Arabia Saudita y a Rusia) y el mayor exportador mundial de gas natural y gasolina. Es cierto que consiguió más que abastecer sus necesidades de gas natural (EEUU continúa siendo un país muy carbonífero, así que no usa tanto gas para la producción de electricidad), pero nunca dejó de comprar petróleo, aunque las importaciones cayeron de más del 60% a menos del 40%.

Desde 2022, el fracking en Estados Unidos ha entrado en una fase crítica. Uno de cada tres pozos ha cerrado, y la actividad perforadora ha caído a mínimos no vistos en años, con apenas 442 equipos operativos en todo el país. Hay que recordar que EEUU hizo saltar por los aires el Nord Stream para forzar a Europa a depender de su gas, aunque se vendiese más caro. Por eso también, en las negociaciones comerciales, EEUU condicionó la retirada de aranceles a que la UE consumiera ingentes cantidades de energía fósil made in USA (en concreto 350.000 millones de dólares).

Venezuela, Irán… ¿y ahora?

Ocurrió antes en Caracas, ahora en Teherán. EEUU ataca junto a Israel el Estado de Irán y trata de derrocar el régimen teocrático. Pero el asesinato del ayatolá Ali Jameneí poco tiene que ver con un proceso de democratización en el país persa. El interés de Washington reside, en realidad, en los recursos naturales del territorio islámico, que posee una de las mayores reservas de petróleo y gas natural, controla el estrecho de Ormuz –uno de los enclaves críticos en el transporte de hidrocarburos– y tiene en marcha un programa nuclear que Trump y Netanyahu siguen  de cerca.

“Resulta bastante evidente que detrás de la motivación del ataque a Irán están los hidrocarburos y, más en concreto, las reservas de petróleo y de gas que atesora”, declara Luis González, portavoz de Ecologistas en Acción. De acuerdo con el informe Statistical Review of World Energy, produjo el 5,2% del petróleo mundial. Fue junto a Irak el quinto mayor productor, tan solo por detrás de EEUU (15,9%), Rusia (12,3%), Arabia Saudí (11,1%), y Canadá (6,2%).

Explica que “la mayoría del gas lo exporta por un gasoducto que va hacia Turquía y luego tiene la exportación que tiene de gas natural licuado (GNL), como otros países, pero comparación con el resto de la zona, no es un gran exportador porque no tiene infraestructuras suficientes”.
Nord Stream Pipeline Leaks Underscore Threats to Critical Energy ...

Turiel, director del portal The Oil Crash, afirma que los últimos ataques contra Irán tienen que ver con “reforzar la hegemonía de Israel en la zona”, pero sobre todo, con “garantizar el acceso privilegiado a los recursos del petróleo, igual que han hecho en Venezuela, porque Estados Unidos empieza a tener un problema muy serio”. Y es que la gran apuesta de EEUU durante las últimas décadas ha sido el fracking o fracturación hidráulica. Esta técnica consiste en perforaciones profundas del suelo y quebrar las rocas subterráneas, conocidas como shale, para extraer de ellas gas natural y petróleo. Pero “los pozos de fracking van a entrar en declive” muy pronto, advierte.

Un análisis del español Real Instituto Elcano apunta que las exportaciones de gas “tienen crecientes dificultades para cumplir los contratos con Armenia, Turquía y, hasta la reciente imposición de sanciones estadounidenses, con Irak”. El mismo estudio remarca que “las sanciones estadounidenses al petróleo iraní exigen descuentos al alza en el precio de sus exportaciones, mayoritariamente destinadas a China, que alcanzaron los nueve dólares por barril en enero de 2026”.

La política de sanciones de EEUU es una estrategia más en su pugna por el control de los recursos. Sus ofensivas en este horizonte no han cesado desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025. Desde sus anhelos expansionistas hacia Groenlandia , vergel de minerales estratégicos y tierras raras, hasta el secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela, donde se encuentra de una de las mayores reservas de petróleo, además de coltán y oro.

Puede que Oriente Medio arda. Puede que la guerra se descontrole. Pero eso es un precio asumible si sirve para sostener artificialmente el valor de cambio de su energía fósil. Mientras tanto, el planeta se calienta. La energía útil se agota. Pero el capital, como un zombi ciego, solo responde a la rentabilidad inmediata, aunque eso implique dinamitar las bases de la vida, señala, Turiel e Irene Calvè al comentar esa lógica suicida.

*Analista de temas energéticos.

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