Periodistas e investigadores pasarán los próximos meses hurgando en los archivos Epstein en busca de más conductas delictivas o de una nueva arista conspirativa. Pero ya se ha revelado una verdad. La naturaleza escandalosa de algunas de las revelaciones, combinada con la prominencia y el estatus de las personas en el entorno de Epstein, no ha hecho nada para acallar las teorías conspirativas que su comportamiento generó.
Con todo lujo de detalles, los documentos dejan al descubierto las actividades, antaño solapadas, de una élite que no rendía cuentas, formada en gran parte por hombres ricos y poderosos del mundo de los negocios, la política, la academia y el espectáculo. Las páginas cuentan la historia de un criminal atroz al que la clase dominante en la que vivía le daba carta libre, todo porque tenía cosas que ofrecerles: dinero, contactos, cenas suntuosas, un avión privado, una isla apartada y, en algunos casos, sexo.
Esta historia de impunidad resulta aún más escandalosa ahora, en medio de una creciente ira populista y de una desigualdad cada vez mayor. Las excentricidades tipo Calígula de Jeffrey Epstein y sus amigos ocurrieron a lo largo de las dos décadas en que se produjo el declive del sector manufacturero estadounidense y la crisis de las hipotecas de alto riesgo, en la que millones de estadounidenses perdieron sus casas, señala Robert Draper en el New York Times.
Si el objetivo de Epstein era construir un muro de protección en torno a sus abusos rodeándose de personas bien relacionadas, al final fracasó. Pero tanto antes como después de ser procesado por primera vez por abusar de niñas y mujeres jóvenes, su correspondencia describía una red de personas cuyas vidas de alto vuelo no reflejaban las luchas de los estadounidenses corrientes. Y en el centro de esa red había un depredador sexual aparentemente en la cima del mundo.
“Hemos oído hablar mucho del escándalo Epstein en los últimos años”, dijo Nicole Hemmer, profesora de Historia de la Universidad de Vanderbilt, quien escribe con frecuencia sobre cultura política. “Y, sin embargo, la gente parece escandalizada por el alcance de la complicidad de las élites en su mundo. Es un nivel de corrupción del que el público está teniendo ahora una visión completa”.
En 2002, Epstein llevó al expresidente Bill Clinton y el actor Kevin Spacey en una gira por países africanos a bordo de su jet privado. Su talento para agasajar a sus invitados atrajo el interés de uno de los hombres más ricos del mundo, Elon Musk, quien le envió un correo electrónico a Epstein en 2012 para preguntarle: “¿Qué día/noche será la fiesta más salvaje de tu isla?”. (Musk ha dicho en las redes sociales que “mantuve muy poca correspondencia con Epstein y rechacé repetidas invitaciones para ir a su isla”). Estaba, por supuesto, su amistad con Donald Trump.

Jeffrey Epstein provocó la mayor reestructuración de la cúpula directiva en Apollo Global Management. Los extensos archivos del Departamento de Justicia revelan detalles impactantes de sus intentos por acercarse a los tres fundadores multimillonarios de Apollo para hacer negocios. Esto plantea nuevas preguntas para la firma financiera cinco años después de que Leon Black cediera las riendas de la presidencia tras el escándalo desatado a causa de sus vínculos con Epstein, a quien contrató como asesor financiero de forma particular.
Y Epstein concedió favores y se codeó con Woody Allen; Noam Chomsky, lingüista e intelectual; Kenneth W. Starr, el abogado independiente en la investigación sobre Clinton; Kathryn Ruemmler, exasesora de la Casa Blanca de Obama, quien dimitió como consejera general de Goldman Sachs en medio del escrutinio de sus vínculos con Epstein; Stephen K. Bannon, uno de los principales aliados políticos del presidente Trump; Deepak Chopra, el gurú del new age; el productor cinematográfico Barry Josephson; Lawrence H. Summers, exrector de Harvard y exsecretario del Tesoro; Andrew Mountbatten-Windsor.

Y en Europa, al expríncipe británico Andrés; Sarah Ferguson, exduquesa de York; la princesa heredera Mette-Marit de Noruega, y una retahíla de titanes financieros.
James E. Staley, quien recientemente dimitió como director ejecutivo de Barclay’s a raíz de las acusaciones sobre sus vínculos con Epstein, le envió un correo electrónico a Epstein en 2014 para sugerirle que era improbable que los estadounidenses de clase alta como ellos se enfrentaran alguna vez a un levantamiento populista como las protestas que estaban teniendo lugar en Brasil en aquel momento.
* Socióloga estadounidense, profesora universitaria, colaboradora del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la). Traducción de Maxime Doucrot


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