La Unión Europea vuelve a vender la misma ficción de siempre: que ceder ante Donald Trump es “estabilidad”, que aceptar amenazas es “pragmatismo”, que tragarse un acuerdo claramente desigual es “responsabilidad institucional”. Y así, paso a paso, amenaza tras amenaza, Ursula von der Leyen ha terminado firmando un pacto comercial que consolida un desequilibrio brutal a favor de Estados Unidos.
La UE dio luz verde al pacto comercial que impone aranceles del 15% a los productos europeos. El acuerdo aún tiene que ser ratificado por el Parlamento Europeo y los Estados miembros. Bruselas firmó unos aranceles del 15% contra Europa mientras mantiene abierto el mercado europeo a Estados Unidos y compra energía estadounidense por 700.000 millones de euros.
Así, el Consejo de la Unión Europea –el organismo comunitario que representa a los Estados miembros–, la Comisión Europea y el Parlamento Europeo han llegado a un acuerdo que deja el texto legislativo casi tal cual lo firmó la presidenta del ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen, y el presidente de Estados Unidos, el verano pasado. Tanto Bruselas como la mayoría de gobiernos estatales —incluso el de Pedro Sánchez— han insistido públicamente en que su prioridad es que se apruebe cuanto antes para evitar que la Casa Blanca se desdiga y pida un acuerdo aún más favorable a la potencia estadounidense.
Nada de eso salió adelante. Ni cláusula automática. Ni protección real. Ni mecanismos claros frente a futuras agresiones comerciales estadounidenses. Bruselas y los gobiernos estatales prefirieron evitar cualquier elemento que pudiera molestar a la Casa Blanca, aunque eso significara dejar a la propia Unión Europea desprotegida frente a nuevos abusos.
La realidad es que gobiernos que luego se presentan como defensores de la soberanía europea, como el español, también respaldaron acelerar el acuerdo. para evitar que Trump exija todavía más concesiones.
El Parlamento Europeo sí logró incluir una disposición temporal importante: el acuerdo expirará justo antes de que termine el mandato actual de Trump, obligando a renegociarlo desde cero si se quiere mantener. También consiguió introducir la posibilidad de suspender el pacto si las empresas y trabajadores europeos resultan perjudicados por los aranceles estadounidenses. Pero incluso ahí hay trampa. No será automático. La decisión final quedará en manos de la Comisión Europea de Von der Leyen. Es decir, de quienes ya han demostrado hasta dónde están dispuestos a ceder.
Mientras tanto, buena parte de los grupos progresistas, ecologistas y algunos sectores liberales siguen mostrando reticencias ante la ratificación definitiva del acuerdo. Y no es extraño. Lo que se está consolidando aquí no es una alianza equilibrada. Es una relación de subordinación económica envuelta en lenguaje diplomático.
Europa acepta aranceles, abre su mercado, compra energía masivamente a Estados Unidos y renuncia a mecanismos automáticos de defensa. Todo para evitar enfadar a Trump.La gran potencia económica que prometía liderar un nuevo orden mundial lleva años actuando como un continente rehén del miedo político, energético y militar. Y cada concesión alimenta la siguiente. Porque cuando el chantaje funciona, el chantajista siempre vuelve a pedir más.
Cabe recordar que la Eurocámara aplazó hasta tres veces su visto bueno al inicio de las negociaciones con los Estados miembros y la Comisión Europea del acuerdo comercial con Washington porqueTrump no dejaba de lanzar amenazas contra la UE. El presidente estadounidense no solo aseguró que subiría los aranceles aún más a varios Estados miembros del bloque comunitario, sino que quería invadir por la fuerza Groenlandia, territorio soberano de un país de la UE como es Dinamarca.
En este contexto, el Parlamento Europeo dio vía finalmente al trámite, pero pidió incluir en el texto legislativo varios condicionantes. El primero era que, en caso de una nueva amenaza de Trump contra la soberanía del bloque comunitario, el pacto comercial dejase de estar en vigor automáticamente. Sin embargo, tanto los gobiernos estatales como Bruselas han preferido no incluir nada que no esté directamente relacionado con las relaciones comerciales.
La Eurocámara también ha fracasado en su intento de añadir un requisito: el acuerdo comercial no entrará en funcionamiento hasta que Trump no rebaje los aranceles al hierro y al aluminio europeo al 15%, tal y como pactaron Bruselas y Washington. Además, el pacto tampoco dejará de estar en vigor de manera automática si la Administración liderada por el magnate lanza nuevas amenazas comerciales contra el bloque europeo e incluso si incumple su parte del acuerdo comercial.
Sin embargo, el Parlamento Europeo ha celebrado en un comunicado emitido este miércoles que se haya añadido la posibilidad de suspender el acuerdo comercial en caso de que las empresas y los trabajadores europeos se vean perjudicados por los aranceles de Trump. Sin embargo, no se trata de una cláusula automática, sino que dependerá en última instancia de la Comisión Europea de Von der Leyen, que primero tendrá que evaluar las consecuencias del pacto o cualquier posible nuevo incumplimiento por parte de la Administración Trump.
Cabe recordar que el acuerdo transatlántico supone un aumento del 15% en los aranceles que EEUU aplica a las importaciones europeas, mientras que el mercado único europeo sigue estando igual de abierto a los productos estadounidenses. Además, la Unión Europea se ha comprometido a importar productos energéticos por valor de unos 700.000 millones de euros procedentes de Estados Unidos, a pesar de que Bruselas repite una y otra vez que su intención es ganar independencia respecto a la potencia estadounidense, también en materia energética.
*Periodista chilena residenciada en Europa, analista asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)

Von der Leyen dijo: «Un pacto es un pacto, y la Unión Europea cumple con sus compromisos».
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