Sep 23 2021
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CulturaLiteratura

Apocalipsis de septiembre: cuatro cuentos de Daniel Pizarro

Uno: la panadería

Sucedió que entraste en una panadería de barrio muy recomendada por tus vecinos, y te atendió una mujer joven.
Sucedi√≥ que la mujer, due√Īa de este comercio, te advirti√≥ de entrada que ten√≠a problemas para recibir pagos de tarjetas bancarias, pues la empresa que sostiene aquellos pagos electr√≥nicos estaba en huelga.
Sucedi√≥ que comentaste, m√°s que nada por ingenuidad, que qu√© bueno eso de la huelga, qu√© bien que por fin una huelga de trabajadores produzca alg√ļn efecto, porque al final es el √ļnico medio de presi√≥n con que cuentan los trabajadores para empujar sus demandas. Fotos: El pan en Chile: La intimidad de las panader√≠as chilenas | El Viajero | EL PA√ćS
Entonces la mujer te miró feo.
Te dijo que es inaceptable que una huelga perjudique a los emprendedores como ella. Y con un amplio gesto del brazo te ense√Ī√≥ su panader√≠a y a uno o dos panaderos que cab√≠an en ese movimiento semicircular.
Entonces t√ļ dijiste algo como que deber√≠amos apoyarnos entre todos y solidarizar con las huelgas de los trabajadores, de lo contrario estamos perdidos.
Pero la mujer arremeti√≥ con el mismo argumento, que giraba sobre su cuerpo y la proteg√≠a de los virus: ella era una emprendedora y se sacaba la mugre trabajando. Sonaba como si t√ļ, que no eres un emprendedor, estuvieras moralmente muy por debajo de su actividad y, por lo tanto, podr√≠as ir cerrando la boca desde ya.
Pero fue el momento en que dijiste: A no ser que te gusten las ideas de derecha.
Y ella te contestó: En las primarias voté por el candidato de izquierda.
Y agregó: Pero cada uno puede opinar como quiera.
Eso está fuera de discusión, le dijiste. El asunto es lo que pensamos, si es que pensamos.
Y entonces el pago electrónico fue aceptado por la máquina, lo que no significa que la huelga haya fracasado o tenido éxito.
Algo mucho m√°s grande parece haber fracasado, pensaste, saliendo con una bolsa de pan en la mano.

Dos: la Puntilla de Sanfuentes

La Puntilla de Sanfuentes es una saliente de tierra en el pueblo de Quintero donde vienen a reventar las olas del Pacífico.
Parecen viajar desde muy lejos, desesperadas por morir en las rocas.
Dice la leyenda que hace m√°s de cien a√Īos un hombre enamorado quiso construir aqu√≠ un castillo de piedra para vivir con su mujer. Levant√≥ algunos torreones y muros, pero muri√≥ antes de ver la obra terminada.
De su proyecto sobreviven esos torreones y muros de piedra ocre y una amplia explanada con vista al mar y a la bahía hacia donde siguen rodando las olas que pasaron de largo por la Puntilla.
En este lugar, todo lo que ha hecho la naturaleza es hermoso.
En este lugar, todo lo que ha hecho el hombre es feo.
Parece ser un axioma.
Casas muy feas invadieron los alrededores en una batalla por ganarse la mejor vista.
Los automóviles estacionan al borde de la explanada mientras el sol se hunde en vapores lejanos.
Algunos visitantes bajan de los autos y arrojan botellas vac√≠as contra las rocas, haci√©ndolas estallar en sentido contrario de las olas. Al pie del muro la arena gruesa se mezcla con los a√Īicos de vidrio.
M√ļsica de moda retumba desde la terraza de un restor√°n que mira al mar.
Anuncian jornada de participación ciudadana por urbanización de la Puntilla Sanfuentes en Quintero | El ObservadorCuando el sol desaparece los vehículos aceleran por la huella barrosa y se alejan de la Puntilla de Sanfuentes, que va quedándose sola.
Un perro olisquea por aquí y por allá entre la basura y los desperdicios que forman un sedimento geológico bajo los pies, y luego hace caca.
Su mierda es lo m√°s bonito de la Puntilla, comentas, por el gusto de bromear.

 

Tres: la bandera

Hace ya unos cuantos a√Īos (veinte, por lo menos) yo viv√≠a en el quinto piso de un edificio, mientras en el cuarto lo hac√≠a la se√Īora Mar√≠a Cortezzi o Contesse, no recuerdo bien su apellido.
Aunque la comunidad del edificio hab√≠a contratado un administrador, esa se√Īora le disputaba el trabajo cent√≠metro a cent√≠metro, factura por factura, bajo la convicci√≥n de que uno no debe confiar en nadie que maneje dineros ajenos.
La se√Īora Mar√≠a lo auditaba a diario.
Era la viuda de un coronel o comandante de Carabineros cuyo retrato en blanco y negro descansaba enmarcado sobre una mesita de la sala donde nos reuníamos para hablar del edificio.
Todav√≠a no entiendo por qu√© me hab√≠a involucrado m√°s de lo necesario en esas reuniones y sus asuntos; incluso, a falta de voluntarios, acept√© reemplazar a la se√Īora Mar√≠a para visar los pagos en caso de que estuviera ausente. Recib√≠ una carpeta con gastos documentados y uno por uno los fui aprobando; no me demor√© m√°s de un minuto.
Cuando regresó de su corto viaje revisó en detalle la carpeta y rechazó todo lo que yo había firmado.
Me miraba aguzando los ojos con esa benevolencia con que se trata a los faltos de seso.
Ahora que la observo en el recuerdo, cazurra y desconfiada al extremo, me doy cuenta de que a mí también me llamaba la atención su falta de seso. Supongo que era algo recíproco.
Sus p√°rpados ca√≠dos le daban un aire so√Īoliento como de una cabeza vac√≠a donde flotaba el retrato de su marido en uniforme. Ten√≠a la astucia de un descerebrado.
Parte de lo mismo, qu√© duda cabe, debe ser el hecho de que viv√≠amos en una comuna de personas semejantes en esp√≠ritu a do√Īa Mar√≠a Contesse o Cortezzi, que reeleg√≠an un per√≠odo tras otro a un alcalde que hab√≠a sido un torturador de la DINA, como ya estaba documentado y se confirmar√≠a m√°s adelante, sin que esto les causara el menor disgusto, al contrario, el hombre les parec√≠a un excelente alcalde, la se√Īora Mar√≠a no se guardaba elogios para el torturador.

*

Si de torturas se trata, me vienen al recuerdo unas Fiestas Patrias de esos a√Īos. La se√Īora Mar√≠a encarg√≥ al portero izar la bandera chilena a la entrada del edificio, como no s√≥lo es una costumbre sino una obligaci√≥n en estas fechas, de lo contrario te expones a una multa.
Entonces el portero del edificio, un hombre joven y sin experiencia como portero (pues estaba visto que quienes aceptaban el empleo venían de trabajar en cualquier otro rubro y luego migrarían a cualquier otra actividad), Bandera chilena en Fiestas Patrias: Qué día es obligatorio izarla | T13tampoco tenía experiencia en izar una bandera en el mástil. Primero había que amarrarla o engancharla a una piola para luego poder izarla.
Izar la bandera o arriarla, esa era toda la cuestión.
Sin embargo, pasaban las horas y el portero no lo conseguía.
Cada tanto la se√Īora Mar√≠a bajaba a la porter√≠a para ver si la bandera ya colgaba del m√°stil. Y como esto a√ļn no ocurr√≠a, comenz√≥ a presionar al portero hasta amenazarlo con el despido si no era capaz de izar la bandera. Y con endosarle la multa que le pasar√≠an al edificio.
Pues es asunto es izarla o arriarla, ya se dijo.
Recuerdo que ese día también pasé varias veces por la entrada del edificio y veía al portero cada vez más desesperado. Tampoco yo sabía izar la bandera. Sus ojos estaban congestionados.
En una de esas vueltas me cruc√© con la se√Īora Mar√≠a, que me hizo un gesto de fastidio resignado por la falta de seso del portero.
Si no puede, no puede, le dije yo.
¬°Tiene que poder!, me dijo ella.
En eso pasaron las horas de este día.
Hacia el anochecer me asomé por una ventana y por fin vi la bandera flameando en la brisa.
No bajé a felicitar al portero.
Pues aquello no era un logro, por supuesto.
Bajé para saber cómo estaba.
Y vi el alivio en su cara.
Como si se hubiera salvado de la muerte.

*Nacido en 1971 y de profesi√≥n periodista, ha publicado: La carta propia (cuentos, 1993), Plaza del sol nocturno (novela, 2004). Algunos de sus cuentos y relatos han aparecido en distintas antolog√≠as, entre ellos, ¬ęLos hechos puros¬Ľ, finalista en el concurso de cuentos de la revista Paula (Alfaguara, 2007). Guionista de los largometrajes Para√≠so B (2002) y Bah√≠a Azul (2012). Ha escrito adem√°s algunas historias para TV.

surysur ha publicado varias de sus obras, que pueden verse haciendo click en https://www.surysur.net/autor/daniel-pizarro/

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