Ago 31 2022
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Basura hoy, hambre mañana: el urgente menú con desperdicios

En Latinoamérica se calcula que el hambre afecta a 47 millones de personas, mientras supermercados, verdulerías y mercados pierden 220 millones de toneladas de alimento al año. Un hecho que no sólo genera un costo económico cerca a los 150 mil millones de dólares, sino también  un incalculable daño al medio ambiente. Hablamos con un grupo de expertos y activistas, quienes nos explicaron cómo lo que el mercado predominante considera un desperdicio, puede satisfacer las necesidades alimentarias de gran parte de la población regional.

Son las tres de la tarde y un grupo de cuatro oficinistas sale de un alto edificio ubicado en Providencia, Santiago de Chile, con el objetivo de ir a almorzar a una avenida que agrupa diversos restaurantes gourmet. Tras encontrar uno con mesa disponible, pedir la carta y recibir suculentos platos con firma de autor, uno de ellos, proveniente de una ciudad de la región de Los Lagos, nota que su plato es el único que terminó vacío después de la comida.

¿Por qué no se comen lo que queda?”, preguntó con la voz ingenua de un joven recién egresado que llega a trabajar a la empresa que siempre soñó. Uno de ellos lo miró fijamente y con la voz firme de un mentor le respondió: “porque es de mala educación comerse todo, siempre hay que dejar un poco”.

Tras el almuerzo, quien hizo la pregunta recordó las enseñanzas que le hizo su familia desde que era pequeño, aquellas frases de sus padres de que “tienes que comerte todo” y que “hay un esfuerzo grande para traer comida a la mesa”. Y a pesar de que sentía que era lo correcto, no pudo evitar pensar, “¿habré causado una mala impresión?”, “¿me verán como un maleducado?”.

La respuesta del oficinista es solo uno de los diversos motivos de por qué se desperdicia comida en el día a día. Y, precisamente, tampoco es la causa que genera más pérdidas a nivel global.

La activista y cofundadora de Minga, Anke Kessler, manifiesta que “reciclamos todo tipo de cosas, menos lo más costoso y lo más importante, que es la comida”. Foto: Darío Contreras.

Factores como el incumplimiento de estándares para ofrecimiento al consumidor en campos agrícolas, supermercados y verdulerías, entre otros, provocan que se genere una cadena en la que frutas y verduras terminen pudriéndose entre la tierra o en basureros, mientras que también se provoca un daño incalculable al medio ambiente.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, los cuales fueron reunidos por el medio alemán Deutsche Welle en un artículo, solo en América Latina y El Caribe “se pierde el 11,6% de los alimentos, desde la producción hasta el comercio minorista, sin incluir a este”, lo que en palabras de la Asesora Regional en Sistemas Alimentarios Inclusivos y Eficientes de dicho organismo, Sara Granados, “equivale a 220 millones de toneladas al año, con un costo económico de 150.000 millones de dólares”.

En entrevista con POUSTA, la activista por el agua y el clima, Anke Kessler, quien también es cofundadora de Minga, una aplicación para celulares que recompensa a los usuarios por sus acciones a favor del clima y la comunidad, dice que “reciclamos todo tipo de cosas, menos lo más costoso y lo más importante, que es la comida (…) Un tomate puede hacer un cambio grande en nutrición, en hambre y en paz social, en todos los ámbitos de la vida, pero estamos fallando como sociedad”, destaca.

Sus declaraciones se condicen con las de Granados, quien aseguró al citado medio que el desperdicio de alimentos afecta a “47 millones de personas que padecen de hambre en la región”, una cifra que equivale a más del doble de la población total de Chile. A eso se le suma que “el 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero en todo el mundo son generadas por el desperdicio alimentario”.

Es por esto que desde Minga realizan una invitación para que los participantes de su aplicación puedan contribuir a reducir el hambre, se aprovechen recursos que hoy se consideran como “basura” en el mercado y, de la misma forma, se contribuya a reducir el cambio climático.

“No estamos aprovechando el enorme capital que es esta comida, son millones de dólares que botamos todos los años”, dice Kessler a POUSTA, “no estamos redirigiendo los fondos, los cuales podríamos destinar a centros de economía circular”.

-¿Cómo evalúas la presentación de la ley cero desperdicio de alimentos que se presentó hace dos años?

La ley fue aprobada en agosto del 2020 con unanimidad en el Senado, por todos los senadores, pero ni siquiera ha sido puesta en tabla por la Cámara de Diputados. Últimamente, alguien lo vio en la Comisión de Salud, diciendo que tal vez lo pondrían en la tabla en un futuro, esa es la prioridad que le estamos dando al hambre en la sociedad. Esta haría un cambio fundamental, ya que está basada según el modelo francés, que es el más avanzado del mundo, por lo que hay que hacer presión en todas las instancias de la sociedad para que pase lo antes posible”.

El creador de Maifud y voluntario de la fundación Retroalimenta, Darío Contreras, cuenta que caminando por campos agrícolas puedes notar que “en el suelo hay cientos y cientos de alimentos en buen estado, pero que se terminan pudriendo”. Foto: Maifud.

-¿Cómo crees que se posiciona la problemática del hambre en medio de la crisis económica que enfrentamos actualmente en Chile?

-“Existe una ‘nueva pobreza’ que afecta a las personas que antes del Covid vivían más o menos bien, pero que ahora están endeudadas hasta las patas y actualmente comen tarde, mal y nunca. Antes con el sueldo mínimo te alcanzaba para comprar comida. Antes de la inflación la gente ganaba un kilo de pan por hora, ahora incluso con el sueldo mínimo aumentado a 400, la gente gana 800 gramos de pan por hora. En Alemania, con el sueldo mínimo te compras nueve kilos de pan por hora, esa es la diferencia”.

-¿Por qué crees que esta problemática aún no es considerada por la Cámara como una prioridad?

-“Porque ellos comen bien”.

-Respecto a la pérdida de comida, ¿deberíamos considerarlo como una emergencia nacional?

-“Botar comida es un símbolo de estatus, de riqueza. Entonces, por su lado algunos dicen ‘mientras me lo pueda permitir, boto mi comida, porque yo puedo comprar más’. Esa es una vertiente, la otra es que los que toman decisiones ganan sueldos millonarios, van a supermercados exclusivos, no les interesa el tema, encuentran poco atractivo o incluso asqueroso un tomate con una mancha, piensan que hay que botarlo. Está tan dentro que es muy difícil que alguien se siente y diga ‘estamos cometiendo un crimen’, porque podemos catalogar aquello como un crimen contra la humanidad”.

-¿Y en el daño medioambiental?

-“El gas metano generado por la pérdida de comida en general en el mundo, es el equivalente al sector transporte. O sea, podríamos no hacer autos eléctricos y simplemente no botar comida y estaríamos bien. Esa es la dimensión que estamos abordando. Recuerdo que trabajé en la COP en Madrid en 2019 y los mejores científicos en el stand de los glaciares me dijeron ‘oh, tú eres de Santiago, pobrecita, ahí tienen los días contados con el agua, porque ustedes tienen una mezcla de mal información, derroche y falta de inversión en infraestructura’”.

Según datos del laboratorio de la Universidad de California especializado en investigar el cambio climático, el desperdicio de comida causaba cerca de un 6,7% de los gases invernadero en el planeta solo hasta 2017, por lo que si aquel factor fuese un país, sería el tercero que más contamina después de Estados Unidos y China, una realidad que impacta tanto en el medio ambiente como en la alimentación de las personas.

El desperdicio de alimentos genera más gases invernadero que las operaciones de territorios como India y Rusia. Foto: Universidad de California.

***

Fue en 2016 cuando Darío Contreras escuchó acerca del colectivo Disco Sopa a través de un programa de radio. Si bien, recuerda que desde la infancia lo incentivaron a no desperdiciar alimentos y a cuidar el medio ambiente, la idea de hacerlo a través de un colectivo le pareció atractiva.

Era un movimiento ciudadano, de voluntarios que se dedicaban a hacer fiestas gratuitas en torno a la comida recuperada”, cuenta en entrevista con POUSTA, “se rescataban alimentos en ferias y en campos y se hacían almuerzos con música en vivo en los que se invitaba a la gente a ser parte de la recuperación y de la cocina de esos alimentos”.

A partir de ahí, empezó a dedicar sus tiempos libres a contribuir a la causa. Según recuerda, cuando era parte de la agrupación, él y sus compañeros empezaron a recibir cada vez más llamados de empresas agrícolas de la Región Metropolitana, quienes les comentaban que perdían grandes cantidades de frutas y verduras y los invitaban a que fuesen a retirarlas, para que así las usaran en los almuerzos comunitarios de Disco Sopa.

En sus palabras, “nunca se enfermó nadie” con las preparaciones vegetales que hacían en los centros culturales de las municipalidades de diversas comunas, mientras que, en promedio, recibían entre 250 y 300 personas por jornada. Asimismo, calcula que rescataron en total 16 toneladas de comida, mientras que en los campos “se pierde mucho y de manera silenciosa”.

Hambre archivos - Página 3 de 3 - Encuentro y solidaridad“Caminas un poco por estos lugares y  empiezas a darte cuenta de que en el suelo hay cientos y cientos de alimentos en buen estado, pero que se terminan pudriendo. Ahí pasan piola, porque están en la tierra, se pudren y se reincorporan, pero el problema es gigantesco”, cuenta.

Aquello llevó a que él y un equipo de voluntarios crearan la fundación Retroalimenta para enfrentar esta problemática, a través de acciones como ir a buscar alimentos a estas empresas agrícolas, para así rescatarlos, derivarlos y donarlos a otras fundaciones.

Más tarde, tras analizar diversos factores en torno al desperdicio de alimentos, empezó a operar con Maifud en 2020, un emprendimiento que describe como “el mercado de lo imperfecto” y mediante el cual ofrece productos que son rechazados por el comercio tradicional, debido a que no cumplen con exigencias en cuanto a tamaño, forma, color, o madurez. En sus palabras, estos tienen precios cerca de un 30% menores que en otros comercios, mientras que se dedica completamente a su operación.

Según la base de datos expuesta en su página web, hasta junio de 2022 han rescatado 43.939 kilos de comida, mientras que también han evitado que se desperdicien 22,1 millones de litros de agua durante la producción.

-¿Cuál es la cantidad estimativa de lo que se pierde en los campos que visitaban con Disco Sopa?

-“Las estimaciones que tenían los agricultores acá en la Región Metropolitana era que del total de hortalizas que ellos cultivaban, un 28% lo perdían, quedaba tirado en el campo. En las ferias es muchísimo menos que eso, yo diría que alrededor de un 5% o 10%, diría que más cercano a un 5%, que es más o menos la cifra de merma que manejan los supermercados también. El tema es que claro, ellos manejan un volumen grande, entonces si llevas a kilos lo que es un 5%, son bastantes toneladas a la semana o al mes, pero en el campo es muchísimo más grande lo que ocurre en términos de volumen.

Según las últimas estimaciones de la World Wildlife For Nature (WWF) en un estudio que hicieron el 2021, la cifra que se manejaba era que cerca de un tercio de la comida se bota, mientras que ahora es un 40% aproximadamente. En términos de kilos, pasaron de ser 1.300 millones de toneladas a 2.500 millones de toneladas, y de ese total, la cifra que es bien impactante es que cerca de la mitad, un 48%, ocurre en los campos, por razones estéticas, no cumplir estándares de mercado o por temas climáticos, tales como las olas de calor, las heladas o las lluvias intensas”.

-¿Qué tan exactas son estas cifras?

-Al final todo esto son estimaciones, es bien difícil conocer un valor preciso y real de cuánto se pierde. La estimación del Ministerio de Agricultura acá en Chile era que 3,7 millones de toneladas se perdían al año, pero con estas nuevas cifras seguramente las cantidades son mucho mayores. Lo que yo he leído en estos estudios es que estas estimaciones pueden verse bastante cortas respecto a lo que está pasando realmente, pero son las mejores estimaciones que hoy tenemos”.

El cofundador de Good Meal, Maximiliano Acosta, explica que cerca de la mitad de las frutas y verduras son desechadas durante el proceso de producción. Foto: Maifud.

-¿Ves diferencias entre el descarte de alimentos en empresas agrícolas y ferias?

“La empresa agrícola descarta principalmente por apariencia, por no cumplir un estándar de calibre, de color o de forma. En las ferias, pasa más por un tema de madurez, porque el producto está machucado, maduró mucho o porque le salieron hongos, esas son las razones de por qué cuando uno va a la feria a rescatar alimentos a la tarde, cuando ya están cerrando, te das cuenta de que al lado de donde estuvieron, dejan cajas de cosas que generalmente están muy maduras y que podrías aprovechar haciendo muchas preparaciones, como puré de manzana o queques de plátano”.

-¿Qué acciones crees que se deberían tomar desde el Estado para enfrentar esta problemática?

-“Evitar que se bote comida impactaría directamente en la emisión de gases de efecto invernadero en la atmósfera, por lo tanto, donde se tiene que atacar fuerte.  Lo primero es rayarle la cancha a los supermercados, prohibirles que boten comida y que obviamente tengan que donarla a gente que lo necesite, porque en el fondo el problema moral es gigante, que estemos botando comida cuando hay gente que pasa hambre es ridículo. Se estima que con la comida que se pierde en el mundo, se podrían alimentar tres veces la cantidad de personas que hoy sufren hambre.

Por otro lado, aunque entiendo que se están haciendo en algunas comunas como La Pintana, planes de compostaje municipal. Eso es súper importante, porque al final, parte de esta contaminación producida por los residuos orgánicos no ocurriría si es que hubiese planes de separación de basura en los hogares, y que fueran dirigidos por la municipalidad también. Esos dos puntos son fundamentales para frenar las consecuencias de este problema, porque hoy estamos cultivando alimentos que están terminando en la basura y para los que se usó agua, tierra, trabajo de personas, en la agricultura tradicional también fertilizantes y todo eso, requirió también energías fósiles”.

***

Antes de que Maximiliano Acosta y Rodrigo Haydar se unieran para crear la aplicación Good Meal en 2020, notaron que si bien existen datos que abordan la temática del desperdicio de comida, estos son escasos.

“Algunos estudios que salieron hace varios años, como el 2014 o el 2015, que determinaron que en Chile se pierden 3.700 millones de dólares en comida, que es, para ponerlo en perspectiva, suficiente para llenar un estadio de fútbol”, dice el primero de ellos a POUSTA, “también arrojaron que en promedio cada familia desperdicia 63 kilos de pan, pero hay muy poca información al respecto, no está actualizada, falta estudio, eso fue lo primero que me impactó”.

Acosta se refiere a la aplicación como un marketplace en donde en donde negocios de comida, tales como pastelerías, panaderías, verdulerías y supermercados pueden vender productos que les sobran al final del día, ya sea porque tienen algún defecto estético en el producto o empaque, porque están cercanos a su fecha de caducidad o porque simplemente sobraron de la venta del día. Aquello lo ofrecen en un formato que describe como de “bolsa sorpresa” y, según él, con descuentos de hasta un 70%.

Comer de la basura, el drama del hambre en Venezuela“En el escaneo nos dimos cuenta de que a nadie le gustaba botar comida, pero todos lo hacían, porque lamentablemente no existía una solución que les implicara salirse de su operación diaria. Notamos que, en realidad, cualquier negocio de comida bota productos”, explica, para luego añadir que durante su estudio notaron que la categoría de frutas y verduras a nivel mundial es una de las que más pierde alimentos durante su proceso de producción, hasta el punto en que “casi la mitad de las que producimos se pierde, debido a factores que abarcan desde la tecnología en la producción hasta las verdulerías y los consumidores, que por temas estéticos, siempre elegimos la más bonita y ‘perfecta’”.

Tanto desde organizaciones como Minga y Retroalimenta, desde emprendimientos como Maifud y Good Meal, y desde el proyecto de Ley que duerme en la Cámara de Diputados, además de las acciones de la ciudadanía, se intenta combatir esta problemática que amenaza tanto al medio ambiente como a más de 47 millones de personas solo en Latinoamérica y el Caribe, por lo que Anke Kessler es enfática al recalcar que “necesitamos hacer de esto un gran movimiento”.

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