Abr 19 2005
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Opini贸n

Benedicto XVI: un papa de transici贸n

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El sucesor de Juan Pablo II fue elegido en la cuarta ronda de votaciones el segundo d铆a del C贸nclave. El cardenal alem谩n Ratzinger, a su vez, eligi贸 para su pontificado el nombre de Benedicto XVI, lo que se interpret贸 primeramente como un indicio de que seguir谩 los pasos de Benedicto XV, papa entre 1914 y 1922, con fama de tolerancia e incansable luchar por la paz.

En los d铆as venideros 鈥揺l protocolo vaticano es lento, la Iglesia sabe que los apuros se pagan caro鈥 se ver谩 si esta primera impresi贸n causada por el nombre elegido se mantiene, o si los analistas y expertos tendr谩n que profundizar m谩s en su simbolog铆a.

Antes de la muerte de Juan Pablo II los expertos en los asuntos de la pol铆tica de 芦puertas adentro鈥 de la Iglesia romana estuvieron proclives a pensar en que se eligir铆a un papa por cierto no joven, m谩s bien conservador y cercano a la tarea del entonces agonizante pastor. Acertaron.

Josef Ratzinger cuenta 78 a帽os, no podr铆a acus谩rsele de liberal en su enfoque de los problemas del siglo y trabaj贸 codo a codo con Juan Pablo II, bajo cuyo reinado fue indiscutido en su calidad de Prefecto de la Fe.

Ya vendr谩n las interpretaciones 鈥搈atizadas, como siempre, por cuidadosos 鈥渢rascendidos鈥 de aparentes altas esferas eclesiales鈥 acerca de las posibles razones de los 115 cardenales actuantes en el c贸nclave. Una de ellas posiblemente se refiera a la conducta del aparato pol铆tico interno del Vaticano respecto de la Iglesia en Am茅rica, en especial en Am茅rica Latina, donde 茅sta tiene alrededor del 43 por ciento de sus fieles.

La Iglesia latinoamericana est谩 dividida 鈥搇o que no quiere decir que haya peligro de cisma鈥 entre los prelados conservadores, que separan la fe de las condciones materiales en que viven los creyentes, y aquellos que 鈥損odr铆amos decir鈥 mantienen que de alg煤n modo el Para铆so se anticipa en la Tierra y que obras son amores y no buenas palabras.

A los dos sectores 鈥搚 a otros: la condici贸n de vida de la enorme mayor铆a de los conversos en 脕frica difiere poco de la pobreza extrema que padecen sus cofrades latinoamericanos鈥 un papa de transici贸n, que mantenga el fr谩gil equilibro logrado por Paulo VI y Juan Pablo II, luego de las expectativas de una acci贸n m谩s terrenal de la Iglesia que despert贸 el Concilio Vaticano II, a principios de la d茅cada 1961/70, les conviene.

Las grandes batallas son tan silenciosas como minuciosamente preparadas. No existe peligro inmediato de rebeli贸n, un cisma est谩 lejos, pero los historiadores y te贸logos del Vaticano no han olvidado, por cierto, el vendaval social, sangriento y prolongado, que se desat贸 en Europa cuando Mart铆n Lutero se vio obligado a 鈥渁brir鈥 la doctrina al pueblo por el silencio del papado ante las denuncias, m谩s que de corrupci贸n de los curas, de abandono de la grey por los obispos y otros nobles de la Iglesia.

Existen indicios de que Benedicto XVI a lo largo de su vida sacerdotal no ha miradao con malos ojos la descentralizaci贸n de la Iglesia, lo que equivale a su democratizaci贸n: en t茅rminos org谩nicos temporales el papa es un monarca absoluto y los pr铆ncipes 鈥搊bispos, arzobispos y cardenales鈥 sus delegados que a nadie sino a 茅l rinden cuenta.

Juan Pablo II rest贸 influencia al 鈥渆j茅rcito personal鈥 del papa, la Compa帽铆a de Jes煤s, juzgando probablemente demasiado liberal su comprensi贸n del mundo extra-iglesia, y otorg谩ndole mayor confinza al Opus Dei, cuyas imbricaciones con los poderes terrenales en los planos pol铆tico y financiero son de sobra conocidos.

En suma: Benedicto XVI, sacerdote desde 1951, fil贸sofo y te贸logo, tendr谩 un papado breve 鈥搎ue se puede aventurar por la estad铆stica de la expectativa de vida contempor谩nea鈥 y su misi贸n ser谩 preparar el terreno para la pr贸xima cosecha.

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