Jul 10 2023
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Política

Chile, camino al abismo

De la mano de algunos chilenos probos, el periodismo digno ha puesto en evidencia los millonarios traspasos de caudales p√ļblicos a un conjunto de fundaciones y corporaciones privadas de algunos operadores pol√≠ticos que, a pretexto de realizar tareas de bien p√ļblico, les permitan financiase y recaudar dinero para sus afanes electorales. De norte a sur del pa√≠s se descubren millonarias operaciones en tal sentido que nada explican que no sean los propios organismos del Estado los que asuman tales tareas. O bien, ese valioso conjunto de organizaciones, sin fines de lucro, que tienen ganada la confianza p√ļblica por su desempe√Īo en la atenci√≥n de la pobreza, la ni√Īez desvalida o las demandas habitacionales de aquellos cientos de miles de chilenos que viven en la indigencia.

En menos de un a√Īo han surgido entidades cuya principal motivaci√≥n para acceder a estos suculentos recursos es la relaci√≥n partidaria y filial con quienes en la administraci√≥n del Estado tienen licencia para asignar recursos fiscales desde las gobernaciones regionales y las secretar√≠as ministeriales, como desde los centenares municipios del pa√≠s y otras reparticiones p√ļblicas. Reci√©n empiezan a descubrirse operaciones dolosas que pudieran ser esclarecidas por las fiscal√≠as y el Ministerio P√ļblico, la Contralor√≠a General de la Rep√ļblica y el Consejo de Defensa del Estado. Ejecuciones que resultan evidentemente tramposas ante la opini√≥n p√ļblica, aunque a la postre todas estas irregularidades pudieran resultar blindadas por las propias leyes chilenas ineptas para hacer frente la corrupci√≥n pol√≠tica.

lagos longueira okSin remontarse demasiado al pasado, el pa√≠s todav√≠a recuerda aquellos graves actos de corrupci√≥n, como los del MOP Gate (en el gobierno de Ricardo Lagos), los del Caso Caval (durante Michelle Bachetet), y todo lo que signific√≥ el financiamiento ilegal de la pol√≠tica que involucraron al banco Penta y a Soquimich, bajo la gesti√≥n de Sebasti√°n Pi√Īera. Bulladas denuncias medi√°ticas ante los tribunales que, pese al esc√°ndalo alcanzado inicialmente, se fueron esfumando y permanecen en la m√°s completa impunidad.

Ello se explica en las propias leyes de probidad dictadas en los √ļltimos a√Īos y en cada una de las cuales existen las trampas correspondientes para que la clase pol√≠tica siga indemne y pueda seguir cometiendo desfalcos, cohechos y enriquecimiento il√≠cito. Entre ellas, desde luego, la decisi√≥n de acotar los per√≠odos parlamentarios a fin de impedir que la perpetuidad en √©sta y otras funciones p√ļblicas puedan favorecer la corrupci√≥n de sus titulares. Una norma totalmente in√ļtil desde el momento que nada impide que un parlamentario pueda continuar en la otra c√°mara legislativa despu√©s de ocho a√Īos, acceder a un ministerio o, por √ļltimo, rematar su ‚Äúservicio a la Patria‚ÄĚ en alguna legaci√≥n diplom√°tica.

En este momento las denuncias se amontonan y el malestar ciudadano es considerable. Desde la propia clase pol√≠tica se suceden voces para reclamar el esclarecimiento de estas operaciones, restituirle al fisco lo sustra√≠do y condenar a sus culpables. Sin embargo, bien sabemos algunos que toda esta vor√°gine tender√° a disiparse en el futuro pr√≥ximo. Ya sea porque una nueva pandemia, terremoto u otro evento imponga la calma y, as√≠ como la administraci√≥n de Pi√Īera libr√≥ de ser derrocada por el Estallido Social, el actual gobierno pueda salvarse tambi√©n como el de su antecesor.

Lo que sí es seguro es el costo político que afectará al gobierno de Boric, pero en ello tampoco tenemos normas que permitan la remoción de las autoridades cuando los niveles de adhesión aparecen tan disminuidos como ocurre actualmente. Cuando apenas un 25 por ciento de la población sigue manteniendo alguna confianza en el actual Mandatario y los sondeos indican que apenas el dos por ciento de los ciudadanos confía en los partidos políticos, así como un disminuido cuatro en el Parlamento.

Digamos, de paso, que los sondeos aludidos cuentan con el reconocimiento transversal de los actores p√ļblicos. Por lo dem√°s, el descr√©dito respecto de las autoridades ya se comprob√≥ en el √ļltimo plebiscito constitucional, y mucho se teme que el actual proceso constituyente otra vez pueda ser repudiado por los electores en diciembre pr√≥ximo. Por cierto, no en raz√≥n del texto que se le proponga finalmente al pueblo, sino como una forma de expresar el repudio popular generalizado a quienes ofician y medran como sus representantes.El primer caso de corrupci√≥n de Gabriel Boric - YouTube

Lo m√°s bochornoso de todo es que las primeras denuncias de corrupci√≥n afectan a Revoluci√≥n Democr√°tica, el principal partido oficialista, desde cuyas filas algunos de sus j√≥venes y arrogantes dirigentes aseguraron tener una escala de valores superior a la de quienes gobernaron en estos √ļltimos treinta a√Īos. Jact√°ndose ante el pa√≠s de una ‚Äúsuperioridad moral‚ÄĚ que ahora se estrella ferozmente con la realidad y ha provocado un desencanto general en quienes pensaron que la nueva generaci√≥n de gobernantes efectivamente vendr√≠a a corregir las malas pr√°cticas de sus antecesores.

Cuando las investigaciones reci√©n empiezan, desde la Moneda se consiente en pedirle la renuncia a una subsecretaria y remover algunos funcionarios menores, los que r√°pidamente, adem√°s, son expulsados del partido comprometido en los primeros actos de hurto y nepotismo. Hay en ello, sin duda, una intenci√≥n de demostrar la probidad de los ministros y altos funcionarios de gobierno, sobre todo cuando declaran que nada sab√≠an de la existencia de estas operaciones, algo que, evidentemente, es muy dif√≠cil de aceptar. Cuando ha quedado de manifiesto que estas denuncias alcanzaron los gabinetes de los secretarios de la Vivienda y Desarrollo Social, por lo menos quince d√≠as antes de que estallaran por la prensa. Es posible que ante estos nuevos esc√°ndalos tales autoridades prefieran ganarse el t√≠tulo de ‚Äúboquiabiertos‚ÄĚ antes que el de √≠mprobos. Por lo que siguen aferrados a sus cargos, a pesar del amplio repudio popular.

Todo lo anterior ha alimentado la ira general, lo que nos lleva a asegurar que nuestra institucionalidad pasa por su peor per√≠odo de fragilidad. Lo que, sumado a los problemas econ√≥micos, los conflictos sociales y los problemas de seguridad, adem√°s del crecimiento de la derecha extrema y las molestias castrenses, nos pueden poner de nuevo frente al precipicio institucional. A 50 a√Īos de aquel 11 de septiembre de 1973.

 

* Periodista y profesor universitario chileno de vasta trayectoria. Premio nacional de Periodismo y, Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federación Mundial de la Prensa.

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