Dic 9 2005
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Política

CHILE: ELECCIONES (III) A BOCA DE URNA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La elecci√≥n presidencial, a menos que se produzca un vuelco hasta ahora impensado, pareciera cumplir el mismo juego del gatopardo instalado en el pa√≠s desde que en 1990 se recuperara la democracia formal. Es por eso que, trat√°ndose de un proceso eleccionario importante, usar la expresi√≥n ‚Äúa boca de urna‚ÄĚ para un art√≠culo que se refiere a este asunto, resulta bastante l√≥gico. La jerga de las encuestas identifica as√≠ el sondeo que se realiza a los votantes que salen de los recintos de sufragio, lo que da una idea aproximada de la tendencia que se va produciendo durante la jornada electoral. Sin embargo, ac√° queremos usar el concepto en un sentido diferente, casi en su sentido literal, a prop√≥sito de las grandes expectativas que la elecci√≥n presidencial abre para la izquierda.

Condenada a un aislamiento profundo en la contingencia pol√≠tica del pa√≠s, que la confin√≥ dentro de un ata√ļd luego del retorno de la democracia, por primera vez las mermadas fuerzas populares parecen abandonar la urna lapidaria y emergen con grandes expectativas en un plan recuperativo de plazo largo del cual esta elecci√≥n pudiera ser el primer hito. Examinemos, entonces, a este L√°zaro ‚Äúa boca de urna‚ÄĚ.

Hay, sin duda, una diferencia importante en la candidatura de Tomás Hirsch respecto de las experiencias electorales presidenciales ganadas todas por la Concertación. Para comprender esta diferencia que, creemos, es un rayo de luz de gran relevancia, es necesario remontarse un poco en el tiempo y esbozar un análisis que, estamos seguros, no será del gusto de todos los militantes de la izquierda tradicional.

Bosquejo del pasado para enfrentar el presente

Sin querer entrar en detalles que forman parte ya de la historia pol√≠tica de Chile, es necesario recordar que el movimiento popular dise√Ī√≥ y llev√≥ a la pr√°ctica una estrategia de poder impecable desde finales de los a√Īos cuarenta hasta 1973, m√©rito que, noblesse oblige, hay que reconocerlo, se debi√≥ en gran parte al Partido Comunista, que constituye hoy el eje de la coalici√≥n Juntos Podemos M√°s que postula a Tom√°s Hirsch a la presidencia. Es por eso que no se puede extrapolar el futuro de la izquierda chilena sin vincularlo al PC y su trayectoria que, como se dijo, fuera magistral hasta el momento de la elecci√≥n de Allende.

La Unidad Popular fue el corolario de la pol√≠tica de los comunistas urdida con paciencia de hormigas. Durante d√©cadas, antes del triunfo de 1970, el PC se traz√≥ una estrategia de poder basada en una impecable interpretaci√≥n de la realidad chilena que iba m√°s all√° del esquema cl√°sico marxista de dividir la sociedad en burgueses y proletarios. Un grueso colch√≥n intermedio, representado por peque√Īos y medianos empresarios, profesionales independientes, peque√Īos agricultores, empleados, comerciantes, es decir la llamada clase media, deb√≠a formar parte del proyecto de la v√≠a chilena al socialismo incorpor√°ndose con sus partidos m√°s representativos.

Esta estrategia no fue compartida, sin embargo, por todos los sectores de la izquierda y las diferencias acerca de cómo llevar adelante el proceso del gobierno de Allende, determinó en gran parte su caída a manos de los militares golpistas encabezados por Pinochet. Sin embargo eso pertenece ya a la historia y nuestro objetivo es analizar la resurrección de la izquierda, en la cual el Partido Comunista parece estar jugando otra vez un papel muy importante. Para ello se hace necesario considerar no sólo las grandes virtudes de los comunistas, sino también los grandes errores que se desencadenan poco después del inicio del régimen militar y se prolongan hasta bien entrado el periodo de los gobiernos de la Concertación.

A comienzos de 1974 el PC se plantea como cuesti√≥n primordial elaborar una estrategia para resistir a la dictadura reci√©n instaurada, lo que requiere definir primero el verdadero car√°cter que tiene el nuevo r√©gimen, si es un golpe ‚Äúgorila‚ÄĚ como lo califica el MIR o una dictadura fascista, como la definen los ide√≥logos comunistas. No se trataba, sin embargo, de una discusi√≥n bizantina para determinar si eran galgos o eran podencos, como en la f√°bula, sino de la definici√≥n de una estrategia trascendental en cuanto a la manera de enfrentar a Pinochet.

El frente amplio y un cambio de escenario

Para el PC si la dictadura era fascista, como ocurriera en tiempos del komintern liderado por Dimitrov previo a la II Guerra Mundial, validaba la formación de un amplio frente popular antifascista con cabida para todos, incluida la Democracia Cristiana a quien comenzaron a dirigirse los coqueteos.

En el af√°n de trasparentar su postura, el PC atac√≥ inmisericorde al MIR y su propuesta de utilizar las armas contra la dictadura; ah√≠ est√°n los sesudos documentos El destino de una provocaci√≥n y su contrarr√©plica Una provocaci√≥n sin destino intercambiados por los Comit√©s Centrales del PC y el MIR, de virulento contenido ideol√≥gico, a prop√≥sito de la expulsi√≥n de Humberto Sotomayor del MIR y su incorporaci√≥n al Partido Comunista. Pero este camino pac√≠fico de frente antifascista que incorporara a todo el espectro pol√≠tico de oposici√≥n fracasa luego de siete infructuosos a√Īos de recorrerlo, lo que lleva al PC a un cambio radical luego que Corval√°n proclamara en Estocolmo el uso leg√≠timo de todas las formas de lucha, incluida la armada, dando nacimiento al brazo militar del Partido, el Frente Patri√≥tico Manuel Rodr√≠guez.

Entretanto, el desprestigio de la dictadura y su fracaso econ√≥mico ‚Äďestamos hablando de los primeros a√Īos de la d√©cada de 1981/90‚Äď provoca un repudio internacional en√©rgico al que se incorpora ahora EEUU, a quien ya su t√≠tere no le sirve, pues la represi√≥n irracional y su retenci√≥n del poder a toda costa han despertado a un le√≥n en esos tiempos muy peligroso: el PC chileno, que se pasa a la lucha armada apoyado por una entonces poderosa Uni√≥n Sovi√©tica ‚Äďa la que se une Cuba que resuelve por fin sus diferencias con los comunistas chilenos‚Äď. La salida de esta lucha en ciernes es impredecible para W√°shington, que decide desembarcar a Pinochet alentando ahora la salida ‚Äúdemocr√°tica‚ÄĚ pactada.

La reactivaci√≥n de los partidos de oposici√≥n a la dictadura, principalmente la Democracia Cristiana, hace cambiar el escenario vislumbr√°ndose la salida pac√≠fica bajo la tutela estadounidense, para la cual los pol√≠ticos opositores deben hacer p√ļblico su rechazo a la lucha armada que, ahora y hasta nuestros d√≠as, pasa a ser calificada como ‚Äúterrorismo‚ÄĚ, independiente de los fines que persiga. Se produce entonces el aislamiento de los comunistas que persisten en esa v√≠a, a lo que se agrega el paso imp√ļdico de los socialistas de un ‚Äúguevarismo‚ÄĚ a ultranza hacia un socialdemocratismo de sospechoso perfume oportunista.

Perder el olfato

El Partido Comunista, como viejo sabueso que ha perdido el olfato, contribuye todavía más a su propio aislamiento porfiando en la táctica armada cuando la hora de los hornos ya ha pasado. El PC todavía es poderoso a finales de la década cuando se va a producir el plebiscito. Influye en las grandes masas empobrecidas, en los sindicatos clandestinos y los legales, en la juventud, los estudiantes que están a la cabeza de las protestas que espantaron a Wáshington.

Contar con ellos para la salida ‚Äúdemocr√°tica‚ÄĚ es fundamental para la futura Concertaci√≥n que se est√° formando. Pero una vez m√°s el PC desoye la voz objetiva del momento y se margina del meollo del proceso, descartando a priori la posibilidad de la salida de Pinochet por ese camino, y, ¬°oh, error hist√≥rico! llama a no inscribirse en los registros electorales reci√©n abiertos con miras al plebiscito, se√Īalando el camino de la insurrecci√≥n como el √ļnico posible.

La militancia de base, el estado llano, intuye el incre√≠ble error de la dirigencia y, a pesar del sentido de culpabilidad de hijo desobediente, acude masivamente a inscribirse con los resultados ya conocidos. Su incorporaci√≥n tard√≠a a la campa√Īa del no, campa√Īa que pudo ser un excelente elemento para la inserci√≥n de la izquierda en el conglomerado opositor con un peso espec√≠fico decisivo, neutralizando la claudicaci√≥n socialista, obligando a que esa salida incluyera el real desmantelamientos de los enclaves del pinochetismo, algunos de los cuales todav√≠a persisten, fue desperdiciada en aras de un ‚Äúpurismo‚ÄĚ mal entendido.

A ello se agrega su ingreso al a√Īo siguiente como carro de cola a la candidatura de Aylwin, ahora s√≠ habiendo perdido ya todo peso espec√≠fico al agregarse, para colmo de los males, la ¬ędebacle¬Ľ de los reg√≠menes comunistas en el mundo.

El mundo-concertación y la reacción de la derecha

Se dice que la pol√≠tica es el arte de lo posible. Y lo imposible era que un pueblo hastiado de una dictadura feroz que durara casi 20 a√Īos, desperdiciara cualquier oportunidad para derrotar a los herederos de ese r√©gimen odiado. Eso explica el voto √ļtil que ha generado ya tres gobiernos de la Concertaci√≥n, vislumbr√°ndose un cuarto que elevar√° tambi√©n a 20 los a√Īos concertacionistas. La izquierda ha contribuido gratuitamente a este √©xito al no comprender ni valorar el papel decisivo que ha jugado en las elecciones presidenciales desde 1989, sobre todo en la de Ricardo Lagos donde qued√≥ palmariamente demostrado que su triunfo se debi√≥ a los votos de la izquierda en el balotaje.

La actitud errada de llamar a votar nulo en segunda vuelta de esa elección, desoída una vez más por las bases, fue otro gran traspié que complotó con la inserción urgente de la izquierda en la palestra política nueva, la de este milenio, la que, querámoslo o no, debe superar el trauma del desmoronamiento del socialismo real en el siglo pasado.

La elección del próximo domingo pone de nuevo a la izquierda en un pie expectante. Tomás Hirsch se ha revelado como un candidato de excepción, con un lenguaje moderno, de cara a un futuro en el cual la izquierda puede convertirse en un factor fundamental del espectro político chileno, más aun cuando se vaticinan grandes cambios que van a sacudir a la derecha y que pueden alcanzar de rebote también a la Concertación.

La irrupci√≥n de Sebasti√°n Pi√Īera y su pol√≠tica de apertura hacia el centro, repudiando al pinochetismo abierto representado por la UDI, y que es claramente una maniobra estrat√©gica que va m√°s all√° de los resultados del domingo, puede cambiar radicalmente el panorama pol√≠tico post elecciones.

Está claro que el ostensible quiebre de la derecha no es un salto al vacío de este sector, sino una maniobra concienzudamente elaborada que tiene contemplado un frente nuevo que incorpore a la Democracia Cristiana, o al menos a un grueso sector de ella, el mismo que boicoteó la precandidatura de Soledad Alvear, buscando aislar un eventual gobierno de Michelle Bachelet desde su génesis misma.

Bachelet va a necesitar de la izquierda no s√≥lo para ganar la elecci√≥n, sino para consolidar su gobierno ante un quiebre de la Concertaci√≥n que hoy m√°s que nunca se ve como posible. Resulta, entonces, preocupante que algunos sectores de Juntos Podemos Mas est√©n anunciando de antemano su llamado a votar nulo, sabiendo que jam√°s un militante de izquierda va permitir que, producto de esta porfiada ceguera, se posibilite el triunfo de un Pi√Īera, pinochetista enmascarado, y menos de un Lav√≠n, pinochetista imp√ļdico.

Hay que recordar tambi√©n que Bachelet pertenece al ala m√°s izquierdista del socialismo, por lo que ante un eventual debilitamiento de su base pol√≠tica como presidenta, no le ser√° dif√≠cil buscar el apoyo de una izquierda que debe mostrar una cara s√≥lida, madura, abandonando el aire de montonera revoltosa que ha proyectado en los a√Īos negros de su aislamiento, capaz de imponer sus propias condiciones.

Necesitamos un Partido Comunista que retome su vieja tradición visionaria incorporándose a la realidad que hoy vivimos, aglutinando un frente coherente con los Humanistas, pragmático, flexible, capaz de sentarse a negociar teniendo tras de sí el poderoso aval de una fuerza decisiva a la hora de inclinar la balanza, sin prejuicios ni exclusiones.

Tal como lo insinuara Manuel Riesco en una entrevista, el lunes 12 de diciembre, con las cartas en la mano, se podr√°n planificar los pasos inmediatos a seguir con vistas a la segunda vuelta. Lo que no puede ser, lo que no puede volver a ocurrir, es no planificar nada, entregando el cheque en blanco que significa el voto nulo, a sabiendas que las bases una vez m√°s no aceptar√°n semejante contumacia.

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