Jul 14 2022
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Cultura

Chile: Mercado cultural sin creadores

Los presupuestos y criterios amparados en el neoliberalismo son fuertes, permanecen más allá de cambios jurídicos y reglamentarios en las instituciones del Estado; prevalecen por sobre el cambio de régimen. La burocracia imperante defiende sus prerrogativas, concierta la unidad de los funcionarios, defiende el cuerpo gremial, por encima, incluso, de discrepancias ideológicas individuales.

Hablo, en este caso, del Consejo del Libro y la Cultura, donde act√ļo en representaci√≥n de la Sociedad de Escritores de Chile, desde hace un a√Īo y medio. Hasta hace poco menos de un mes, compart√≠a la honrosa designaci√≥n de consejero, junto al escritor Jorge Calvo, quien cumpli√≥, en junio de 2022, su per√≠odo reglamentario de dos a√Īos, siendo ahora repostulado al cargo, por el directorio de la SECH, en espera de resoluci√≥n.

Estoy de acuerdo con mi amigo Calvo respecto al criterio -en general mercantilista y pragmático chicaguense- que prevalece en las designaciones de concurrentes a diversas ferias internacionales del libro, por encima de juicios o consideraciones de orden estético y de trayectoria en el oficio.

He puesto en duda la propiedad de designar, como concurrente a ferias internacionales, junto a otros escritores y escritoras, por Pablo Simonetti: ‚ÄúLos 90 fueron una √©poca muy dura; yo le dedico mi novela a mis amigos muertos‚ÄĚ - La Terceracuenta del erario nacional, a Pablo Simonetti -lo sigo sosteniendo-, debido a su limitada calidad representativa por sobre autores de mayor peso literario. Se me ha respondido que: ¬ęLa organizaci√≥n de la feria lo solicita; adem√°s, los lectores lo piden, les interesa como autor¬Ľ. Vale, seg√ļn criterio de mercado. Es decir, se trata de rating.

Asimismo -insisto- me parece impropio que el Estado financie viajes de autores que pueden concurrir a donde se les pete, porque pertenecen a la √©lite econ√≥mica privilegiada de nuestra menesterosa rep√ļblica de las letras; se administran bien (envidia latente), cobrando sumas siderales por proferir conferencias y charlas. Los escasos recursos de la cultura debieran destinarse tambi√©n con criterio social, m√°s a√ļn teniendo en cuenta la precariedad de medios de poetas y narradores y ensayistas, investigadores y cronistas que deambulan con sus cuartillas bajo el brazo, a la espera de un milagro editorial o de un mecenas ca√≠do del cielo.

Además, aprovecho la libertad con que suelo hilvanar mis opiniones escritas, para decir que no perdono al bueno de Simonetti su desprecio y desconocimiento (se ufana en no haberlo leído), del más grande, paradigmático e inmortal, de todos los libros escritos en nuestra lengua castellana: El Ingenioso Hidalgo, Don Quijote de la Mancha. Un escritor que se precie no debe ni puede desconocer esta obra capital.

Dicho esto, respecto de la querella suscitada por el prop√≥sito de defenestrar a la Subsecretaria, la poeta Gladys Gonz√°lez, sin conocer yo el detalle ni sustento de las argumentaciones en contra de la representante designada por el actual gobierno, veo, en el fondo, una intencionalidad pol√≠tica de circunstancia, alentada por el criterio de la mercanc√≠a, antes referido. As√≠, no es diferente promover libros que publicitar calcetines. Son productos que valen la sagrada relaci√≥n de oferta y demanda. La cualificaci√≥n est√©tica ser√≠a entonces asunto subjetivo de cada lector o de alg√ļn aburrido cr√≠tico que juega a ser esteta desconstructivista, a veces avalado por prebendas acad√©micas o camarilla editoriales.

Como viejo escritor, con sesenta a√Īos de oficio, abomino de la visi√≥n mercantil economicista de la literatura, cuya acci√≥n pragm√°tica relega al creador a un tercer o cuarto lugar en la generaci√≥n del maravilloso e irremplazable objeto espiritual llamado libro. ¬°Por favor! Sin Miguel de Cervantes no existir√≠a El Quijote. Es un sine qua non del que prescinden, de manera tan ol√≠mpica como aberrante, quienes menoscaban la tarea de escritoras y escritores, reduci√©ndola a un intercambio de precios y condiciones de mercado, en donde la mayor parte de los beneficios y de la plusval√≠a llegan a las arcas de quienes rigen el comercio de las artes. Casi nunca a sus creadores.

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