Jun 16 2014
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Política

Colombia: contra la guerra, mandato por la paz

La paz es el mandato que recibe Santos para reiniciar un nuevo gobierno. Pasará a la historia como un plebiscito por la paz y contra la guerra, no como una buena evaluación a su gobierno actual. Santos no podrá reducir la agenda de estado al programa de un partido o de la llamada unidad nacional, tiene en sus manos una agenda de paz para cerrarla y empezar su ejecución material.

Esta vez los votos adicionales respecto a su contendor son votos sociales, salidos de la abstención que sigue siendo la ganadora indiscutible de un sistema caduco. Estos votos sumaron junto a las militancias políticas de izquierda, conservadores o verdes.

Como un retrato en su escritorio los votos sin nombre estar√°n haci√©ndole memoria a Santos de que para el nuevo gobierno quiz√° miles de votos altamente significativos vinieron de intelectuales, acad√©micos, artistas, obreros, campesinos, mineros, estudiantes, que estaban afuera de la lucha pol√≠tica electoral y llegaron en silencio en el √ļltimo momento a aportar al mill√≥n de votos que le permiti√≥ superar a su contendor del r√©gimen Uribista. Eso habr√° de entenderlo el presidente para gobernar sin triunfalismo, sin prevalencia por los suyos y sus tradicionales electores.

Para garantía de la gobernabilidad no hubo una votación, hubo un plebiscito entre la continuidad de la guerra representada por la extrema derecha y su finalización representada por la derecha tradicional. El plebiscito lo gano la paz y contra la guerra y el mandato es para Santos. Hubo siete millones de votos a favor de avanzar hacia el fin del conflicto armado y el cese del uso de las armas como instrumentos, como medio principal para el ejercicio político.

El presidente esta llamado a reiniciar desde ahora su mandato y en el inmediato presente ya hay tareas y retos significativos esper√°ndolo. Hay un cambio de agenda de estado y lo primero ser√° provocar una crisis ministerial inmediata. Cambiar sin dilaciones al ministro de guerra, quien con el nuevo mandato es tambi√©n revocado por su papel de representante de los se√Īores de la guerra y por la inmoralidad de sus arengas y llamados a la muerte. √Čste llamado a deshacer alianzas regionales con los sectores pol√≠ticos y abrir los espacios para la entrada de sectores sociales hasta hoy silenciados. Y √©ste llamado a impulsar y logar de inmediato la invalidez de toda reelecci√≥n, tanto presidencial como de los dem√°s cargos p√ļblicos decididos por v√≠a electoral o consultiva.

Su condici√≥n de candidato presidente no le permiti√≥ gobernar los √ļltimos cinco meses y no cabe duda que esta figura ha sido para mal del pa√≠s, de la d√©bil democracia y de la tranquilidad p√ļblica. Pero comienza un buen momento para que reinicie su mandato, abriendo espacios democr√°ticos donde estaban cerrados. Buen momento y suficiente respaldo pol√≠tico y social para gobernar con los compromisos propios de la democracia, la que se construye a la luz p√ļblica, sin cartas escondidas, sin deudas que pagar por cada voto conseguido.

Gana la derecha pero no por cuenta propia, lo hace con el apoyo del centro, la izquierda, los independientes y los inconformes. Gana la paz como posibilidad real para crear condiciones favorables hacia la reducción de las desigualdades y el sostenimiento de las libertades ya ganadas. Los votos que determinaron el triunfo electoral no son enumerables, no dan siquiera un margen para determinar su origen o en su defecto alguien pretender alzarse con el triunfo. Ha sido una situación inédita, distinta. Son votos colombianos, de gentes sin partido, de gentes que no necesitaron de alianzas, ni esperan entrar a ninguna sala de reparto especifico, eso los convierte en celosos guardianes anónimos de una bandera de que entregan a las movilizaciones sociales.

Gan√≥ el pa√≠s con el fin de un tedioso, odioso y peligroso momento de la reciente historia en la que han corrido los r√≠os de sangre que pidieron a sus subalternos algunos generales y el todo vale hizo carrera en todos los espacios pol√≠ticos. Se ha cerrado un capitulo degradado de campa√Īa electoral sin √©tica ni pol√≠tica, sin principios ni responsabilidades. Los candidatos, dijeron cosas que no cumplir√°n, prometieron, enga√Īaron, eso era sabido por los votantes, pero no hab√≠a otra salida. El pueblo otra vez fue conducido desde arriba, desde adentro de los centros de pensamiento de una derecha muy astuta a la que pocas cosas se le quedan por llenar con estrategias en su favor.

Ganó una derecha tan débil como la democracia misma y cercana a su derrota como proyecto político, pero victoriosa y hábil para cubrir con legalidad su falta de legitimidad. Eso lo sabe el pueblo que entregó sus votos invocando la paz. Como en 1789 esta vez se juntaron las clases sociales antagónicas para dar apertura a la posibilidad de construir en colectivo un nuevo pacto social.  Por eso esta vez el pueblo estuvo en las calles para ponerle sus votos a su enemigo de clase y así evitarle su derrota a manos de una derecha extrema que crece y se alimenta con el odio y con las voces y prácticas de la muerte, de la guerra sin fin.  Paradójica pero necesariamente el pueblo salió a contribuir con su adversario para reafirmar que busca en serio la salida final a la guerra.

Los votos que rubricaron la victoria pocos o muchos, no lo sabremos tan pronto, son votos sin alianzas, con √©ticas, con responsabilidades comunes y disposici√≥n para reconstruir al estado de derecho y por garant√≠as inmediatas para los derechos conquistados. Este pueblo que dio sus votos a favor de santos, no lo hizo ganador, pero sin ellos quiz√° no hubiera ganado. La grandeza de Santos II ser√° poder desprenderse del Santos actual y entender que los votos para ganar no fueron por Santos, fueron por un prop√≥sito, por una causa com√ļn: La paz sin esperar recompensa.

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