Víctor de Currea-Lugo
Esto no está perdido, pero sí embolatado. Hablemos sin tapujos, porque el palo no está pa’ cucharas: lo primero es romper ese círculo cerrado de la dirigencia de la campaña, abrirlo, llenarlo de ideas operativas. Si seguimos con las declaraciones a la luna, eso no consigue ni un solo voto.
Seamos realistas. El programa de Cepeda tiene 400 páginas y el de De la Espriella, 3. No sirve escribir 100 páginas más. En 2014 voté por Santos para salvar la paz; ahora hay que llamar a salvar el país. Entonces, empecemos por sugerir qué no hacer.
1.Dejar de culpar al imperialismo yanqui, al fraude y a los medios. Existen, sí, están contra nosotros, esperable, pero es que nosotros hicimos mal la tarea. Estas y otras variables estaban desde el comienzo; lo sabíamos. Claro que los enemigos del cambio no van a quedarse quietos y es tonto esperar eso.
2. Hay que dejar de convencer a los convencidos. El discurso actual ya llegó a su límite; es bueno, tiene cosas útiles, pero ya no va a convencer a nadie más. No podemos seguir con una campaña del siglo pasado para mirar al futuro.
3. No insistir en lo mitológico. Lo simbólico cuenta, pero las elecciones no son un performance ni una reunión sindical. Las elecciones son una disputa descarnada por ganar y se gana con votos, no con la razón.
4. No se puede seguir con la austeridad. Hay que usar los recursos, pero no bajo la supervisión del centro. Hay que dar recursos a las regiones, especialmente a Antioquia y a los santanderes. El que guarda manjares, guarda pesares. Esa plata está ahí para lo que sea. Esos no son territorios perdidos, pero sí representan un gran desafío.
5. No hablar más de la constituyente. Este no es el momento para un debate distinto del electoral. Discutir para perder votos, hacer dudar a los convencidos y generar tensiones innecesarias no sería otra cosa que el típico suicidio de izquierda.
6. No pensar solo en otros candidatos, sino también en sus bases. No hay que esperar alianzas para hablarles a los indecisos. Los votos de la gente no están endosados a sus precandidatos, sino que hay un gran fragmento que, ante todo, es contrario al fascismo, no son “rebaño”. Y ahí es donde tenemos que tocar. Pero para eso toca abrirse. Si todos los que no comulgan al 100% con nosotros “son fascistas”, no hay nada que hacer.
¿Y qué hacer?
7. Mantener la esperanza. Ese oportunismo, muy nuestro, de apostar solo al ganador es perverso. Hay una comunidad indignada por lo que ocurre en Palestina, muy preocupada por la crisis climática y muy sensible al maltrato animal. Esas son personas que, si son coherentes, no votarían por De la Espriella. De hecho, sin broma, más de un “michi” vota. Hay que hablarle también a los propalestinos, los ambientalistas y los animalistas.
8. Repito: abrir la campaña. Si se sigue manejando el proyecto desde un círculo cerrado y desde la capital, no hay nada que hacer. Los esfuerzos de la Junta de Acción Comunal del municipio más perdido son loables, pero es Cepeda quien decide cualitativamente para dónde y hasta dónde va esto: abra la campaña.
9. Hablemos de las ciudades. El país es urbano. Hay problemas de inseguridad reales que no figuran en la Paz Total. No digo que la paz no sea importante, sino que es electoralmente marginal. Por eso perdimos el Plebiscito. Hablemos de las angustias del vecino. Y, sobre todo, de las mujeres urbanas. Debemos volver a los barrios. Incluso, hay que aceptar que la propuesta de Paz Total fue un fracaso. De hecho, varias fuentes me dicen que la pérdida de votos en la región del Catatumbo hay que buscarla en esa estrategia fallida.
10. Hablemos a los jóvenes en clave de jóvenes. Pongamos a los jóvenes al frente. Las bases sociales del paro nacional de 2021 siguen esperando respuestas a preguntas que no fueron respondidas. Y no es ninguna herejía separarse de los errores del gobierno actual cuando sea necesario.
11. Cepeda es un producto electoral que hay que vender. ¿Poco ortodoxo lo que digo? Si. Hasta sacrílego si quieren, pero esa es la realidad de la política. Aquí se grita, se manotea en política. No solo hay que hablarle al cerebro y al corazón de la gente, sino también al hígado, a la tripa, a aquello que nos conmueve. La gente no vota por programas de gobierno sino por personas en las que confía. Somos un país premoderno, no para escuchar discursos leídos.
12. Menos gente en la tarima al lado de Cepeda y más en la calle. Es vergonzoso cuando recibo llamadas de las regiones preocupadas por la falta de presencia de dirigentes regionales del Pacto Histórico que deberían estar haciendo la tarea. Tenemos lógica de partido para afuera y comportamientos censurables para dentro; pero lo más grave es que no estamos haciendo campaña.
13. Dividir claramente las tareas jurídicas de las políticas respecto del escrutinio. Los esfuerzos no pueden perderse en la minucia del fraude que, incluso de probarse, no puede modificar el futuro inmediato.
14. Hablarle a la gente. Ni la invocación histórica al fascismo ni el análisis del mercado de valores dicen algo tangible a la gente. Ya sabemos que quien no conoce la historia está condenado a Ariel Ávila, pero ese debate no es para este momento. Si no ganamos un debate en la tienda de la esquina, no vamos a ganar el 21 de junio.
15. La política de alianza implica hablarle a un país que no es solo de indígenas, negros y campesinos. La clase media es clave, pero hay que hablarle al país entero. Antes que cualquier otra cosa, somos colombianos. En Bogotá perdimos muchos espacios porque no hay un mensaje claro y efectivo para la capital.
16. Lo que ha sido un logro del cambio (aumento del salario, matrícula cero, hectáreas para los campesinos) hay que decirlo no con números, sino con historias reales. Que la gente sienta lo que ha ganado y lo que puede perder. Hay que hacer una campaña de historias reales de gente real.
17. En términos de comunicación, necesitamos una sola consigna por lo menos unos pocos. Pero una consigna que contagie, que pegue. Hay una dispersión de mensajes que no calan ni llegan a la gente, sino a nichos específicos, en el mejor de los casos.
18. Crear mensajes específicos para votantes urbanos que no se identifican con el petrismo pero rechazan posiciones extremas. En otras palabras, no es Petro con la derecha, es el país contra el pasado. Toca superar el marco de visión. Hay que “defender la democracia, maestro”, pero de verdad. La segunda vuelta es, y así debe presentarse, una disputa entre la democracia y el autoritarismo.
19. Convertir el miedo al gobierno de De la Espriella en ejemplos concretos de lo que podría perderse en derechos,
libertades y políticas sociales, usando sus propias palabras. La verdad es que un joven entiende mejor si le decimos que la matrícula cero está en riesgo que si la hablamos de forma abstracta. Una serie de videos de Cepeda, dirigidos a los jóvenes, a la clase media y al mundo urbano, podría ser una buena opción.
20. Claro que las redes virtuales suman, pero cuidado: en 2010 Antanas Mockus ya era presidente en internet, pero en las urnas ganó Santos.
Se gana con votos, no con ideas. Las ideas hoy sirven si ponen votos.
Ya sé que hay algunas propuestas que no gustan o que podrían ser menos eficaces, pero la pregunta de fondo es si nos rendimos ya mismo o no. No está perdido todo, pero sí embolatado y el que lo logre desembolatar un buen defensor del cambio será. La tarea es una sola: reconquistar la esperanza.
*Médico, trabajador humanitario, periodista, escritor, profesor universitario y activista por la paz.
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