Ago 8 2013
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CulturaSociedad

Cuba, un pa铆s con el coraz贸n partido

Para los cubanos, el b茅isbol no es un deporte y muchos menos un juego: es casi una religi贸n, algo definitivamente muy serio.聽 Esta pr谩ctica competitiva, nacida en Estados Unidos, lleg贸 a la isla hacia la mitad del siglo XIX tra铆da por j贸venes cuyas familias los enviaban a estudiar a las ciudades del norte de ese pa铆s.

Apenas recalado en las costas cubanas, el entonces base-ball comenz贸 un proceso de arraigo que llegar铆a a convertirlo en una de las se帽as de identidad cubana.

En aquellos tiempos originarios, 鈥渆l juego de pelota鈥, seg煤n se le calificar铆a en el pa铆s, tuvo una importancia crucial en diversos territorios de la espiritualidad nacional: como actividad social contestataria, pues entra帽aba los deseos de progreso (lo moderno estadounidense en oposici贸n a lo atrasado espa帽ol, la metr贸poli colonial) y como manifestaci贸n de unidad nacional, pues muy pronto se practicaba en toda la isla.

Tambi茅n lo tuvo como veh铆culo para el acercamiento entre clases sociales y grupos 茅tnicos (pues los negros y los campesinos muy pronto se aficionaron tambi茅n al juego); y como espect谩culo en donde conflu铆an lo deportivo y lo cultural, gracias a la animaci贸n solicitada a orquestas de danzones (el baile nacional cubano), los dise帽os de sus uniformes, banderines y elementos gr谩ficos de sesgos modernistas y toda la literatura art铆stica y period铆stica que se concret贸 en la existencia de una larga decena de publicaciones dedicadas a promoverlo y comentarlo.

Para los cubanos, el b茅isbol ha sido el deporte m谩s practicado, m谩s amado, el que m谩s mitos ha fundado y el que m谩s peso social ha cargado. Es un s铆mbolo y en consonancia con esa cualidad siempre ha tenido un papel mucho m谩s que deportivo en las relaciones sociales y pol铆ticas del pa铆s.

El b茅isbol, para Cuba o para Estados Unidos es lo que el f煤tbol ha sido es para Espa帽a, Italia, Brasil鈥

En los 煤ltimos a帽os el b茅isbol ha sido tambi茅n (como no pod铆a dejar de ser) un campo de batalla en el cual se han desplegado algunos de los m谩s 谩lgidos conflictos pol铆ticos, sociales y econ贸micos que hoy atraviesa la sociedad cubana.

El hecho de que varias decenas de jugadores cubanos, asumiendo el riesgo de que la ret贸rica oficial los califique de 鈥渄esertores鈥 o 鈥渢raidores鈥, hayan decidido dejar de jugar en la isla para probar fortuna en otras del exterior (especialmente en el sistema de las Grandes Ligas norteamericanas, el m谩s competitivo y econ贸micamente poderoso), ha provocado dram谩ticas conmociones en la sociedad y el deporte cubanos, aferrados a los modelos y pol铆ticas del amateurismo patentado en los pa铆ses socialistas.

El hecho de que estos jugadores salgan del pa铆s ha tenido tres consecuencias fundamentales.

Una deportiva: la sangr铆a sufrida por los equipos regionales y nacionales, pues a un 鈥渄esertor鈥 le es vedada de inmediato la posibilidad de volver a representar a su club o al pa铆s en cualquier evento oficial.

Otra econ贸mica: mientras los que permanecen en la isla ganan salarios de 鈥渁mateurs鈥, los que navegan con fortuna en el extranjero pueden llegar a firmar contratos de varios (muchos) millones de d贸lares, y los que navegan con poca, al menos de varios cientos de miles anuales.

Y una pol铆tica: el gobierno cubano, sin modificar en lo esencial su pol铆tica hacia el deporte, ha comenzado a permitir la contrataci贸n de jugadores de b茅isbol en campeonatos profesionales for谩neos (aunque no en las Grandes Ligas)鈥

La tirante relaci贸n que el peso de la pol铆tica ha depositado sobre el b茅isbol le permite a esta pr谩ctica deportiva expresar de manera cuantitativa la distancia existente entre los cubanos que viven en la isla y los que han marchado fuera en busca de otras posibilidades.

Pero su enorme peso espec铆fico en la espiritualidad y la sociedad cubanas,cuba beisbolistas-famosos convierte a este deporte, junto a las manifestaciones culturales, en una de las facetas de la vida donde cualquier soluci贸n de acercamiento y comunicaci贸n puede adquirir especiales connotaciones, capaces de incidir en todos los 贸rdenes, incluida la pol铆tica. Porque, ya lo dije, para los cubanos el b茅isbol es mucho m谩s que un juego.

Recientemente, un empresario cubano radicado en Miami tuvo la osada idea de realizar en el estado de Florida dos o tres partidos de b茅isbol entre jugadores retirados del club m谩s emblem谩tico de Cuba en los 煤ltimos 50 a帽os, los Industriales de La Habana.

El grano de pimienta de la idea radicaba en el hecho de que se enfrentaran del otro lado del estrecho y que los protagonistas del acto fuesen exdeportistas tanto radicados en la isla como fuera de ella, o sea los hasta ahora llamados desertores鈥

El primer paso del proceso ser铆a obtener el visto bueno de las autoridades cubanas para que esos jugadores participaran en los desaf铆os contra sus excompa帽eros y, sin que hubiera ning煤n tipo de afirmaci贸n oficial, se supo que el permiso hab铆a sido concedido, como no pod铆a (o deb铆a) dejar de ocurrir seg煤n la letra de las nuevas leyes migratorias aprobadas a principios de 2013. Pero todo en silencio, como si no estuviera ocurriendo.

El segundo paso ca铆a entonces del otro lado del estrecho. 驴Aceptar铆an los cubanos del exilio la presencia de los cubanos de Cuba en la realizaci贸n de un acto p煤blico y, posiblemente, multitudinario?

Desde el principio los exjugadores radicados fuera del pa铆s mostraron su disposici贸n a participar de esos encuentros con sus colegas de la isla, para benepl谩cito de la mayor铆a de los exiliados cubanos, deseosos de volver a ver a sus viejos 铆dolos.

Pero un sector minoritario, aunque potente de ese exilio, se opuso al proyecto, y entre sus razones aduc铆an que dos de los jugadores invitados hab铆an agredido, hace unos 15 a帽os, a un cubano radicado en Miami que se hab铆a lanzado a un terreno de juego, en Canad谩, portando una pancarta de car谩cter pol铆tico鈥

A partir de este incidente comenz贸 el calvario que han debido atravesar los promotores de esta actividad (con un enorme trasfondo social y humano), que adem谩s de recibir amenazas de todo tipo, han debido vagar por la ciudad de Miami buscando un terreno que acoja los partidos all铆 planificados. Pero el promotor asegura que se har谩n, 鈥渁unque sea en un ca帽averal鈥.

No tener capacidad para ver lo que social y pol铆ticamente significa para Cuba y su futuro que los jugadores emigrados y los que han permanecido en el pa铆s confraternicen en un terreno de b茅isbol, es una actitud de una ceguera pol铆tica supina. Pero, creo, constituye ante todo la expresi贸n de una fractura del alma nacional cubana tan profunda, tan cargada de resentimiento, que ni siquiera a trav茅s de algo tan sagrado como el b茅isbol ser谩 f谩cil remediar.

Demasiados a帽os de enquistamiento, de odios, de necesidad de revancha, de cruces de insultos y vejaciones (los de all谩 gusanos, ap谩tridas, traidores; los de ac谩, comunistas, represores, c贸mplices del castrismo, etc茅tera), se han ido acumulando y todav铆a enturbian el presente y el futuro de las diversas partes en que se ha partido el coraz贸n de esta isla del Caribe.

*Escritor y periodista cubano, galardonado con el Premio Nacional de Literatura 2012. Su m谩s reciente obra, 鈥淓l hombre que amaba a los perros鈥, tiene como personajes centrales a Le贸n Trotski y a su asesino, Ram贸n Mercader.

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