Abr 7 2017
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Pol铆tica

CUT chilena: triste, solitaria y final

La Central Unitaria de Trabajadores (CUT) ha entrado en la espiral final de su decadencia. Si se mira desde el punto de vista de los patrones y poderosos de toda laya, ha sido una fruct铆fera vida. Si se mira desde el punto de vista de los trabajadores, casi no ha existido.

Esta CUT naci贸 con nombre cambiado. Y del pasado glorioso de esa que fue arrasada por las bayonetas, solo mantuvo su sigla. La Central Unica de Trabajadores fue un baluarte de los trabajadores que se la jug贸 por el proceso de los tres a帽os m谩s relevantes de la historia de Chile. La otra, la que vino de la mano de la alegr铆a que nunca lleg贸, fue una organizaci贸n necesaria para la instalaci贸n de la cultura neoliberal.

Esta CUT hizo lo posible por amaestrar a los trabajadores y restarle maulosamente su contenido esencialmente revolucionario a sus luchas. La CUT actual no fue domesticada producto de una casualidad ni por dirigentes remolones. Desmovilizar a los trabajadores fue una condici贸n esencial para asentar lo que vendr铆a: esa cultura que hoy muestra sus primeras fisuras en medio de un hedor a corrupci贸n que lo penetra todo.

Esa crisis del sistema no ha dejado inmune a la CUT que vive su propio desmoronamiento, en medio de un olor parecido. La posdictadura requer铆a pacificar el 铆mpetu de la militancia de los partidos de Izquierda que jugaron un rol no despreciable en diecisiete a帽os, necesitaba desmovilizar su fuerza militar que enfrent贸 al tirano, y por cierto, aguachentar la organizaci贸n de los trabajadores.

Solo bajo esas condiciones, junto con la extinci贸n de casi toda la prensa democr谩tica, fue posible que la Concertaci贸n se abocara con esp铆ritu de colonos a 鈥渉umanizar鈥 lo hecho por la dictadura.

Contrariando las exigencias populares por democratizar derechos y condiciones de vida, la CUT se ha dado ma帽a para reproducirse mediante un cuoteo pol铆tico que ha repartido cargos y prebendas entre amigos, comparsas y camaradas. Jam谩s ha habido una elecci贸n en la que los trabajadores hayan ejercido su derecho a decir su opini贸n. Tampoco lo ser谩n las 鈥渆lecciones鈥 del pr贸ximo 20 de abril.

Las 煤ltimas votaciones de la Central fueron seguidas por un esc谩ndalo sin precedentes. A los hist贸ricos sindicatos fantasmas que solo aparecen en temporada de elecciones, se sumaron acusaciones de fraudes, padrones inflados, votos fuleros, intervenci贸n de la Subsecretar铆a del Interior, entre otras linduras. El esc谩ndalo dio paso a una 鈥済uerra civil鈥 entre comunistas, socialistas y democratacristianos, que dur贸 lo que dura una flor.

Abuenados en breve, la dirigencia acusada de fraude convoc贸 a un congreso, pero las cosas fueron de mal en peor: solo se permitir谩 a los trabajadores elegir a sus dirigentes a partir del a帽o 2020.

Entonces comenz贸 la ca铆da final.

La asamblea nacional del Colegio de Profesores, el miembro m谩s numeroso de la Central, determin贸 congelar su participaci贸n. Lo mismo hizo la Federaci贸n de Trabajadores del Cobre. Y la Confusam congel贸 su participaci贸n a la espera de resolver si contin煤a o no en la CUT. Como se mire, la Central ha tomado el inevitable rumbo de la debacle triste, solitaria y final.

El escenario en que suceden estas cosas est谩 marcado por la profunda crisis del sistema, v茅ase no m谩s el incre铆ble fraude en Carabineros, que por cierto no va a llegar a mucho, y por otra parte, la inexistencia de una opci贸n que ofrezca algo m谩s que reclamos y desfiles.

Hay un malestar generalizado que no puede soslayarse y que no logra expresarse como una amenaza el sistema. Por todos lados palpita la necesidad de impulsar un cambio ante el agotamiento de una posdictadura que no ha sido una real transici贸n democr谩tica.

Es ah铆 donde la CUT ha jugado un rol estrat茅gico para los fines de los due帽os y sostenedores del modelo. Ha entibiado el rol de los trabajadores como sujetos necesarios e inevitables en cualquier proceso que se proponga superar el neoliberalismo, despoj谩ndolos de su sentido de clase y el rasgo insurgente de sus exigencias y peleas. El rol de los trabajadores y sus organizaciones ha ido de lo modesto a lo nulo. Quienes han 鈥渏aqueado鈥 al r茅gimen han sido los estudiantes, aunque en el 煤ltimo tiempo hayan perdido el oriente, demostrando de paso que los poderosos tambi茅n sufren y sienten temor.

Resulta incre铆ble que luego de la irrupci贸n del Movimiento No+AFP, quiz谩s la m谩s importante de las movilizaciones de los 煤ltimos a帽os, la CUT brillara por su ausencia hasta la marcha del 26 de marzo. Aunque tampoco estuvo en las movilizaciones de los profesores, de los trabajadores del cobre, de los forestales, pescadores, etc.

A pesar de los efectos nocivos del sistema en toda la sociedad, del costo que ha tenido en t茅rminos de calidad de vida la aplicaci贸n inmisericorde de una econom铆a inhumana, y a pesar de las innumerables experiencias de luchas sectoriales, el mundo social no ha sido capaz de proponer un camino.

A煤n no ha sido posible enhebrar una estrategia que sea capaz de administrar la tremenda fuerza del pueblo. Y entre otros factores, ha sido por la ausencia notable de los trabajadores en la lucha pol铆tica. Lo que, inevitablemente, nos remite a las irresponsabilidades de la Izquierda, cualquiera sea el envase en que esta repose por estos d铆as. Solo se ha conocido de la experiencia electoral que empuja el Frente Amplio, el que tampoco los ha tomado en cuenta.

Lo cierto es que, como pocas veces en la historia, se extra帽a el rol subversivo de los explotados en un escenario descompuesto que requiere de una opci贸n capaz de catalizar la ro帽a acumulada. Y si se considera la abdicaci贸n de los partidos de la Izquierda hist贸rica, hace falta un instrumento de la lucha social que sea capaz de impulsar un proceso en el que la rabia y la impotencia se expresen pol铆ticamente.

No parece razonable que un proceso de cambios pueda obviar el rol de los trabajadores. Es falso que la lucha reivindicativa excluya avanzar en propuestas y acciones pol铆ticas capaces de interpretar eso que anda en la gente. La organizaci贸n de los trabajadores en este momento crucial de la historia debe asumir ser sujeto de las transformaciones necesarias. La contradicci贸n entre el duopolio que intenta mantener el modelo, y quienes quieren superarlo, requiere de una ruptura. Y en ese enfrentamiento un gran movimiento popular capaz de aunar las peleas aisladas en una sola, debe capitalizar el valor subversivo que subyace en la movilizaci贸n de la gente, entendida como algo m谩s que marchas y desfiles.

Pocas consignas tan peligrosas como la propuesta de un pa铆s decente que trate bien a su gente, que recupere sus riquezas y jam谩s olvide que las personas tienen derechos. Y que no castigue sino al malvado. En cualquier proyecto que considere esas consignas revolucionarias, los trabajadores tienen un papel central. Y quiz谩s se haga m谩s necesario que nunca fundar una Central de Trabajadores que, esta vez s铆, sea una herramienta de lucha de los explotados.

*Publicado en 鈥淧unto Final鈥, edici贸n N潞 872, 31 de marzo 2017.

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