Abr 10 2022
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OpiniónSociedad

Doble filo

La retirada rusa en Ucrania y las revelaciones del asesinato de civiles y posibles crímenes de guerra afectarán profundamente la forma en que otras naciones ven la guerra, inclinando la balanza hacia aquellos que quieren ver a Rusia derrotada y aislada del resto del mundo, y en contra de los que quieren un compromiso de paz, que cada vez se hace más difícil. Lo cierto es que los que abogan por una prohibición total de la importación de petróleo y gas ruso se fortalecerán y tendrán un mayor apoyo popular.

Las consecuencias de las sanciones económicas tienen, sin embargo, un doble filo. Las complejas cadenas de suministros, construidas sobre la creencia en un régimen comercial estable, basado en los principios de la Organización Mundial del Comercio, amenazan con desmoronarse. Estados Unidos, o por lo menos su clase comercial, está descubriendo que Rusia no es simplemente un petroestado, sino que también es un Estado que les suministra materiales críticos a su industria y ejército, además de ser un importante proveedor de trigo y fertilizantes, siendo este último un elemento clave en la producción agrícola.Un soldado ucraniano hace guardia, ayer, en la ciudad de Severodonetsk, región de Donbass.

La reciente incautación de los fondos de Rusia equivalentes a 300 mil millones de dólares significa, según Pravir Purkayastha editor de Newsclick, que la fe en EU como banquero mundial y en el dólar como moneda de reserva mundial están en entredicho. ¿Por qué los países que tienen un superávit comercial los van a depositar en el extranjero si pueden ser incautado a voluntad a través de sanciones impuestas por EU o Inglaterra?

La idea del dólar como moneda de reserva mundial se basaba en fe de que todos los excedentes en dólares estaban seguros. Con la incautación de 9.500 millones de dólares del banco central afgano, Estados Unidos ha demostrado que considera las reservas de dólares de otro país, en poder del banco central de EU, como su propio dinero. La incautación de las reservas de divisas de Rusia por parte de un puñado de países occidentales, estados excoloniales y coloniales, muestra que el llamado orden basado en reglas ahora se basa en el uso del dólar como arma y en el control de Occidente sobre el sistema financiero global.

Expertos financieros como Michael Hudson y Zoltan Pozsar de Credit Suisse predicen un nuevo régimen en el que surgirá una nueva moneda o alguna otra variante del sistema como la nueva moneda de reserva del mundo. Cuando termine la guerra, dice Pozsar, el dólar será mucho más débil y el renminbi, el sistema de moneda de la Republica Popular China introducido en 1948, será mucho más fuerte, respaldado por una canasta de productos básicos.

Por ahora, lo menos que podríamos decir es que ya hay una gran asimetría en el mundo entre el sistema financiero que sigue siendo espectacularmente centrado en el eurodólar y la nueva multipolaridad del poder, el comercio y la actividad económica. Según el Instituto Lowy, utilizando datos del Fondo Monetario Internacional sobre el comercio mundial, en el 2001 más del 80% de los países tenían a Estados Unidos como su principal socio comercial, en comparación con China. Para el 2018, esa cifra se había reducido a poco más del 30%. 128 países de 190 comerciaron más con China que con EU.

Lo remarcable es que este dramático cambio ha ocurrido en menos de 20 años, debido principalmente a su producción industrial que superó a EU en el 2010, convirtiendo al país en el mayor productor industrial del mundo. Ciertamente EU domina los mercados de servicios, propiedad intelectual y tecnologías de información. Pero ésta es la cosa: los mercados de bienes físicos, a diferencia de los servicios como IP y TI, se basan en un complejo modelo de suministros globales. Si la guerra económica occidental significa sacar los suministros de Rusia del mercado global, muchas cadenas de suministros estarán en peligro de desmoronarse.

Además del gas y el petróleo, la Unión Europea depende de muchos otros productos básicos que son fundamentales para quienes sancionan a Rusia y que ahora pueden tener dificultades para obtenerlos. Rusia es un importante proveedor de zafiro, que se utilizan en la fabricación de chips semiconductores. El otro articulo crítico es el neón, cuyos dos principales proveedores se encuentran en las ciudades de Mariupol y Odessa en el sur de Ucrania que representan entre el 45 y el 54 por ciento del suministro mundial.

Como indica Pravir el plan europeo de transición a la energía renovable también está en peligro. El uso de baterías como elemento de almacenamiento, clave en la ruta hacia una energía verde, también tiene que ver con Rusia. El níquel es fundamental en la fabricación de baterías y Rusia es el tercer proveedor más grande del mundo. Las sanciones pueden llevar a China, que ya emerge como el mayor proveedor de baterías, a alcanzar una posición más dominante en el mercado mundial.

Otros problemas que podrían surgir involucran el paladio, el platino, el titanio y elementos de tierras raras. Todos ellos son usados por industrias avanzadas y es probable que se vean atrapados en los cuellos de botella de la cadena de suministros en todo el mundo. Ellos también están en la lista de 50 minerales estratégicos que necesita EU y que son críticos para su seguridad. Si miramos los efectos de la pandemia en la cadena de suministros, podemos tener una idea más clara de cómo puede ser la crisis que se avecina y que podría ser mucho peor.

Es fácil imponer sanciones, pero mucho más difícil es levantarlas. Según el primer ministro de Inglaterra, las sanciones a Rusia continuarán, incluso si se logra la paz. Las cadenas de suministros globales se han configurado gradualmente durante décadas y rehacerlas es mucho más difícil que demolerlas. Como si esto no fuera poco, los suministros de alimento se verán aún más afectados. Rusia, Ucrania y Bielorrusia producen una cantidad importante de fertilizantes que son vitales para los agricultores de todo el mundo.

Sólo Rusia y Ucrania se encuentran entre los mayores productores de trigo. Si se sanciona el trigo ruso y la cosecha de Ucrania se ve afectada por la guerra, mayor hambre habrá en el mundo. No hay duda, dice Pravir, que el mundo está en la cúspide de un gran cambio económico que conducirá, ya sea a la destrucción completa de la economía rusa, incluso si se logra una rápida paz con Ucrania, o a las puertas, que nunca se abren, de una nueva reconfiguración del orden económico con soluciones cooperativas en lugar de guerras.El trigo se acerca a una cosecha histórica y podría generar un récord de divisas - El Diario de La Pampa

Lo segundo, diríamos, es solo un homenaje al optimismo que, frente a la actual realidad, no sabemos exactamente dónde ponerlo. Lo concreto es que las sanciones continuarán, igual que la guerra. Lo curioso es que los que condenan sus atrocidades, luego las usan para continuar la guerra que inevitablemente producirá más atrocidades. Decir que la guerra las produce es repetir lo obvio. La única forma de poner fin a la matanza es poner fin al conflicto.

El problema es que un gran número de políticos y expertos en la guerra impulsan a los ucranianos para derrotar a Rusia. Los dirigentes políticos, especialmente en Inglaterra y EU, disfrutan con la idea de que Rusia este atrapada en un atolladero, sin importarles mucho lo que le suceda a los ucranianos que viven y experimentan la batalla. Estos son los mismos que creen que Vladimir Putin nunca usaría armas nucleares o químicas en esta ocasión. La revista The Economist, por ejemplo, dice que “la mejor disuasión es que la OTAN haga frente a la amenaza velada de Putin y deje en claro que una atrocidad nuclear o química conduciría al aislamiento total de Rusia”.

Esta apreciación del peligro nuclear es en sí misma un desarrollo amenazante en el contexto de un líder autocrático arrinconado. La estrategia de EU, aunque consciente de los peligros de la situación al tomar medidas para evitar la participación militar directa, en el fondo no muestra prisa por poner fin al conflicto, aparentemente creyendo que Rusia ya está sufriendo las consecuencias y que una derrota humillante, si continua la guerra, podría disuadir a China de alinearse con Rusia en el futuro.

La clase política occidental ve la guerra a través de una óptica puramente militarista, insensibles, como siempre, a los desastrosos efectos económicos indirectos y a la seguridad alimentaria del Oriente Medio, África y Asia Central. La estabilidad general de la economía mundial corre un gran riesgo, a menos que EU y China se den cuenta de que su cooperación es el único freno a un colapso económico mundial profundo, costoso y prolongado.

Al final, si es que la guerra actual no va más allá de sus actuales fronteras, el pueblo de Ucrania habrá ganado muy poco en comparación con lo que perdió. Las familias de las tropas rusas se encontrarán en una situación similar. Y la mayoría en el resto del mundo estaremos en una peor situación económica y ecológica de la que ya estábamos antes de que empezara este conflicto. Los hombres y las mujeres que dirigen y animan esta guerra en los medios de comunicación son, en verdad, los enemigos de la mayoría de la población mundial.

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