Mar 11 2012
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Cultura

Eduardo y Galeano

Galeano es una elección  por no apellidarse Hughes, que quizá le sonaba muy anglosajón, o por no usar la fonetización Gius con la que firmaba sus caricaturas, en las que abundaban cerditos muy simpáticos que todavía dibuja con sus dedicatorias.

EDUARDO

Eduardo fue obrero, mecanógrafo, mensajero, aspirante a futbolista, caricaturista, periodista y finalmente escritor, ese oficio que no consiste en nada porque vive las vidas del infinito de los seres, de los avatares, de las épocas.

GALEANO

Quién sabe ante cuántas aduanas hostiles habrá tenido  que explicar  Galeano pasaporte en mano que si el Hughes, que si el Germán o Eduardo Germán María, que si la de escritor no era profesión la de exiliado sí, la de ser tantas veces apartado de los suyos por las palabras que lo unían con la totalidad de los hombres.

EDUARDO

Una de tantas errancias lo llev√≥ por Cuba y otra por Venezuela, donde lo conoc√≠ personalmente a principios de los setenta como corresponsal de Prensa Latina. Montevideano incurable, hab√≠a encontrado forma de vivir ante el mar en el desvencijado hotel La Alemania de Macuto; de interesarse por los cantares de marineros margarite√Īos, de indagar por la narrativa luminosa de Alfredo Armas Alfonso, trotar por las playas y ascender en buses hacia el laberinto de la capital.

GALEANO

Antes de pisar la treintena ya Galeano hab√≠a escrito Las venas abiertas de Am√©rica Latina, que present√≥ al premio Casa de las Am√©ricas e inexplicablemente no gan√≥, aunque s√≠ conquist√≥ ante el p√ļblico el galard√≥n de imperecedero cl√°sico, con sus an√°lisis socioecon√≥micos que por momentos ten√≠an sabor de manifiesto e √≠mpetu de proclama.

EDUARDO

Ya Eduardo esquivaba con √©xito los casilleros de los g√©neros as√≠ como el futbolista de casta se mueve a sus anchas por toda la extensi√≥n del campo, no s√≥lo cultivando varios g√©neros, sino mezcl√°ndolos con maniobras r√°pidas y precisas en b√ļsqueda siempre de la plenitud del gol.

GALEANO

Ya Galeano quiz√° contra su voluntad acumulaba exilios que lo sacaban del casillero porte√Īo ypor las buenas o las malas lo llevaban a conocer guerrilleros guatemaltecos, mineros bolivianos, milicianos cubanos, buscadores de oro venezolanos, sin saber o quiz√° sabiendo que de esa fragmentaci√≥n iba a nacer la totalidad.

EDUARDO

Una vez cenamos en Caracas en casa de Jaime Ballestas y lo not√© un poco apagado y d√≠as despu√©s supe por qu√©. Ven√≠a de hacer un reportaje sobre los buscadores de oro venezolanos, luego de la cena fue a Maracaibo y en el aeropuerto cay√≥ desmayado. Los mosquitos selv√°ticos hab√≠an sido descorteses con aqu√©l catire de piel sonrosada y le inocularon una malaria que los m√©dicos que lo atendieron llamaban ‚Äúla econ√≥mica‚ÄĚ, porque de no ser diagnosticada a tiempo despachaba al paciente en cuarenta y ocho horas. Tras la milagrosa curaci√≥n escribi√≥ sobre su delirio un relato, que ilustr√© para alguna revista, y que rememora una de sus tantas escapadas del destino.

GALEANO

Aquello que no me mata me hace m√°s fuerte, dec√≠a Nietzche. Cada vez que las polic√≠as o los virus o los infartos se ensa√Īan contra Eduardo, sale repotenciado. Consecutivos exilios lo separan de la edici√≥n de Marcha y de √Čpoca y de Crisis, una de las revistas de repercusi√≥n continental que en 1973 cierra la dictadura argentina.¬† Galeano me explica las incidencias de su exilio en Barcelona, donde las autoridades le exig√≠an que tuviera trabajo para renovarle la visa, pero no le permit√≠an trabajar si no ten√≠a renovada la visa.

EDUARDO

En aqu√©l laberinto catal√°n Eduardo recopila y reelabora con paciencia de hormiga los materiales de Memorias del Fuego, narrativa totalizante sobre Nuestra Am√©rica, mural tit√°nico en el cual las partes se miran con el todo, hecho de detalles que resultan leyes generales y de an√°lisis √°giles como aforismos. Entre tantas monta√Īas de erudici√≥n ten√≠a fuerzas para navegar en un esquife √≠nfimo en las playas de Calela, s√≥lo parecidas a las de Montevideo en el infinito abrupto del mar.

GALEANO

Escribe con inspiración siempre ágil cuentos, novelas, tratados sociopolíticos, agresivos reportajes en los que compendia laboriosas demostraciones en frases demoledoras como aquella en la cual hace decir a los banqueros: “el socialismo, después de todo, no es tan malo a la hora de compartir las pérdidas.

EDUARDO

Eduardo  no parece nunca sentirse tan bien como cuando la eternidad se desgaja en instantes y uno de sus párrafos parece querer vivir con vida propia, liberado de las laboriosas tramas que lo integran en la totalidad.

GALEANO

Al tratar la Historia como folletín apasionante y la mitología indígena como noticia y la denuncia como poesía Galeano se va haciendo cada vez más propenso a la antología porque todo lo suyo es antologizable.

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