Feb 25 2023
104 lecturas

CulturaSociedad

El asalto del nihilismo

¬ŅQu√© es lo que podemos hacer con nuestras vidas? ¬ŅPerseguir un gol final, cualquiera que este sea? ¬ŅSacrificar la vida en defensa de alg√ļn valor supremo y trascendente? ¬ŅSeguir un destino supuestamente pre ordenado? Y, por otro lado, ¬Ņqu√© pasa si no hay un esquema c√≥smico de las cosas, un orden trascendente del que creemos derivar la verdad? En tal caso ¬Ņno ser√≠a mejor olvidarnos de toda metaf√≠sica y sumergirnos en un puro hedonismo sensorial, en el mero placer como ultima motivaci√≥n? Seg√ļn algunas mentes bien inteligentes este ser√≠a el significado del nihilismo.

¬ŅSer√° esta una buena definici√≥n? La verdad es que la palabra ‚Äúnihilismo‚ÄĚ, si carece de claridad, la pone en peligro de convertirse en un signo de todo lo malo y decadente. As√≠ el nihilista pasa a ser aquel individuo que no cree en nada, que no es leal a ninguna cosa y que no tiene otro prop√≥sito, tal vez, que el de destruir por el mero placer de destruir. En la cultura popular el ejemplo t√≠pico es el Joker, el enemigo de Batman, al que no le importa nada en absoluto, ni siquiera el dinero o la fama. Solo quiere causar caos y destrucci√≥n. Un nihilista de principio a fin. La gente com√ļn y corriente, por el contrario, no es nihilista. Eso es solo para los que odian la vida o para los desesperados.

¬ŅRealmente? Seg√ļn otro sentido, es justamente la gente com√ļn y corriente la peor culpable, porque son ellas las que se sumergen irreflexivamente en trivialidades en lugar de las cosas importantes de la vida como si esta no tuviera una significaci√≥n ultima o m√°s profunda. Cuando perdemos la dimensi√≥n trascendental de las cosas lo √ļnico que nos queda es la banalidad de la existencia… ¬Ņc√≥mo llegamos a esta conclusi√≥n?

Llegamos a ella, podr√≠amos decir, porque las ilusiones son parte de nuestras vidas y durante cientos de a√Īos la adoctrinaci√≥n religiosa nos ha llevado a creer que todo el valor e importancia de la vida provienen de un mundo imaginario, suprasensible, ubicado en el cielo, en alg√ļn lugar detr√°s de las nubes, haciendo que las cosas de la vida real solo valen la pena gracias a esa supuesta realidad. La muerte de Dios en Nietzsche es la abreviatura de toda esa tradici√≥n metaf√≠sica y su mundo atemporal, inmutable y suprasensible en contraste con el mundo tal como aparece a nuestros sentidos que es el mundo del tiempo y el devenir.

El significado de la muerte de Dios contiene la idea de que el verdadero mundo, el suprasensual, pierde su poder efectivo, de que las creencias dejan de ser cre√≠bles y que la base de la realidad se pierde. En breve, el mundo imaginario de la teolog√≠a colapsa en el mundo actual. La realidad ordinaria se convierte en la √ļnica realidad desprovista de objetivo, unidad, verdad y valor. En breve… un mundo sin sentido. Y es esta ausencia de sentido lo que alimenta al nihilismo.

El fil√≥sofo del coraz√≥n. La inquieta vida de S√łren Kierkegaard. Clare Carlisle ‚Äď Espacio P√ļblicoSentido de la vida y nihilismo, lo bueno y lo malo, pasan a ser motivo de especulaci√≥n a mediados del siglo XIX. Soren Kierkegaard, creador del existencialismo, usa el t√©rmino ‚Äúnivelaci√≥n‚ÄĚ, que posteriormente se equipara con el de nihilismo, en referencia a una vida moderna tremendamente trivial y superficial, carente de toda pasi√≥n. Su soluci√≥n fue la de recuperar el fervor del cristianismo, viendo la fe como una lucha emocional por la existencia de una vida verdaderamente aut√©ntica frente a un Dios inescrutable y caprichoso.

En el siglo XX la discusión del nihilismo se extendió por todas partes viéndola en ocasiones como una fuerza de decadencia que conduce a la civilización a su propia destrucción, mientras que en otras se la ve como una fuerza liberadora que ofrece nuevas oportunidades. Martin Heidegger, el famoso filósofo alemán que participó en el régimen nazista, concibe el nihilismo como un proceso histórico que se remonta al nacimiento de la metafísica en la antigua Grecia que inicia el olvido del Ser y la caída en el ente. La adopción posterior de una forma de vida puramente cientificista termina por sofocar nuestra capacidad de escuchar la voz del Ser y acaba con las posibilidades de asombro.

Para hacer la historia corta, digamos que, si leemos entre l√≠neas, la historia del nihilismo es la historia del humano que poco a poco se da cuenta que no hay una buena raz√≥n para suponer que vivimos en un realidad dise√Īada por Dios, con un prop√≥sito espec√≠fico que cumplir y un m√°s all√° que nos espera. Ver esto por primera vez fue impactante porque todav√≠a se quer√≠a ver la vida llena sentido y valor. Rechazar a Dios y el para√≠so es una cosa, pero aceptar la idea de que nuestras vidas no tienen una existencia c√≥smicamente valiosa es otra muy distinta. El problema es que sin Dios para otorgar un significado c√≥smico a la existencia la tarea se hac√≠a bien dif√≠cil, si no, imposible.

Para disipar los temores a la falta de sentido y evitar el nihilismo muchos buenos pensadores promueven sustitutos de Dios, ya sea la naturaleza, la ciencia, formas extravagantes de etnonacionalismo, l√≠deres autoritarios y cosas parecidas. Te√≥ricos como Charles Taylor, Huber Dreyfus y Sean Kelly, por ejemplo, siguiendo a Heidegger, creen que es posible superar la amenaza de la falta de sentido recuperando o redescubriendo alg√ļn poder ‚Äúsagrado‚ÄĚ para curar las consecuencias existenciales negativas del nihilismo contempor√°neo.

Seg√ļn Taylor, el fil√≥sofo canadiense, lo que distingue a la modernidad occidental de otras etapas de la historia humana es la erosi√≥n de su apego a seres y cosas que tienen poder sobrenatural y estatus divino, como los amuletos m√°gicos, los ritos sagrados o los festivales anuales de fertilidad para que traigan lluvias y buena cosecha. Dreyfus y Kelly piensan que al centrar nuestras vidas en torno a una voluntad antropoc√©ntrica, o libertad radical como dicen los existencialistas, ha producido la condici√≥n social del nihilismo moderno. Su liberaci√≥n, seg√ļn dicen, requiere la participaci√≥n de algo m√°s que lo humano… algo misterioso, m√°s poderoso y sagrado.EL DIOS DE LA NEW AGE. THE GOD OF NEW AGE. | SANCHO GOBERNADOR DE UNA √ćNSULA

Definitivamente algo no tan mortal y humano. La espiritualidad a la New Age, la meditaci√≥n yoga, el uso de sicod√©licos, el √©xtasis producido por un concierto de m√ļsica rock o el estallido emocional de los fan√°ticos desencadenado por el triunfo de su equipo de f√ļtbol, entre otras, ser√≠an experiencias no racionales, pre modernas y no cient√≠ficas de abordar el mundo. Exactamente, el tipo de experiencias misteriosas y trascendentes que los oponentes de la ilustraci√≥n cre√≠an que el nihilismo amenazaba.

Experiencias que nos dejan con asombro existencial y con un profundo sentido de conexi√≥n con la vida, con la historia y las tradiciones de la comunidad a la que pertenecemos. Durante esos momentos dicen ‚Äúsucede algo tan abrumador que brota ante t√≠ como una presencia palpable y te lleva como una ola poderosa‚ÄĚ. Esto habr√≠a que verlo como una renovada articulaci√≥n de lo sagrado que podr√≠a salvarnos del flagelo del vac√≠o y la desesperaci√≥n que el nihilismo supuestamente produce. Una posibilidad salvadora despu√©s de la muerte de Dios y la ruptura del monote√≠smo.

Pero, esta es la cosa, sin embargo… lo que es genuinamente sagrado solo puede ser trascendente y lo que es en √ļltima instancia trascendente es el ser m√°s elevado en la cadena de seres. Y as√≠, entonces, traemos por la puerta trasera de vuelta el problema de Dios.

La verdad es que preferimos quedarnos con Nietzsche que a finales del siglo XIX vio el nihilismo como una fuerza destructiva dispuesta a barrer el orden cristiano. Lo que realmente está en juego, dice, es si mantenemos los valores que tenemos o los sometemos a una reevaluación radical.

La vida, o la voluntad de poder, como dice Nietzsche, nos obliga a establecer valores que son las formas en que la vida se interpreta o expresa a s√≠ misma. Lo que mantiene unido al mundo no es un elemento o juicio trascendente, ya sea Dios o la racionalidad, sino la voluntad inmanente. Sin vida obviamente nada ser√≠a posible y los valores, por tanto, tendr√≠an que ser vistos desde esta perspectiva. La elecci√≥n, por tanto, no es entre valor o ausencia de valor, sino que la cuesti√≥n crucial es el valor de los valores, su relaci√≥n con la vida, ya sea que est√©n afirm√°ndola o neg√°ndola. Si el v√≠nculo entre el humano y el mundo, entre el animal que somos y la naturaleza se rompe la tarea es, entonces, ahora y m√°s que nunca, la de restablecer este v√≠nculo con nuevos valores y nuevas creencias que no sean trascendentes. La polaridad m√°s significativa dentro de este contexto es entre la metaf√≠sica de un ‚Äúverdadero mundo‚ÄĚ y el materialismo de este mundo, entre la trascendencia y la inmanencia.

La trascendencia es esencialmente el dominio del sacerdote en tanto que la inmanencia es el de la filosof√≠a. Como dice Deleuze, siempre que hay trascendencia, Ser vertical, Estado imperial en el cielo o la tierra, hay religi√≥n y hay filosof√≠a siempre que hay inmanencia. Seg√ļn la perspectiva inmanente no hay dimensi√≥n suplementaria o un ‚Äúm√°s all√°‚ÄĚ. Inmanencia es inmanente solo a s√≠ misma y, en consecuencia, capta y absorbe todo sin dejar nada restante. El gesto esencial ser√≠a, dice Nietzsche, volver a la naturaleza, a la tierra, como fuente de valores y creencias… ‚ÄúOs ruego, hermanos m√≠os, permanecer fieles a la tierra y no creas a los que te hablan de esperanzas supra terrestres‚ÄĚ. Este no es un darwinismo ni un regreso rom√°ntico a una naturaleza idealizada a lo Rousseau, sino un ‚Äúascenso‚ÄĚ, una especie de superaci√≥n pr√°ctica que no separa la raz√≥n, el afecto y la voluntad, uno del otro.

Esta idea de inmanencia es un tipo perfecto de nihilismo, uno que busca sus propios l√≠mites, se vuelve contra s√≠ mismo y se destruye a s√≠ mismo. Parad√≥jicamente una enfermedad y una cura al mismo tiempo. La disoluci√≥n activa del yo y la desaparici√≥n del significado, es la oportunidad de otro yo, de otro significado: ‚Äúcuando la negaci√≥n se deshace de las fuerzas reactivas que lo caracterizan, el nihilismo se completa, es decir, pasa al servicio de la vida‚ÄĚ.

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


A√Īadir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.