Nov 17 2023
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Política

El Chico Hermosilla

Es un producto. Una firma de los tiempos. Un rasgo indeleble y sobresaliente de la cultura dominante. La confirmación, una más entre millones, de la descomposición propia y necesaria del capitalismo en su versión fundamentalista.

Es el ganador al costo que sea. El vivo.

Se le veía siempre apurado en los pasillos de la Vicaría de la Solidaridad, esa institución que durante la dictadura salvó tantas vidas.

Se sabía que ese jovencito petulante y siempre ocupado, conocido como el Chico Hermosilla, era uno más de los abogados que hacían esfuerzos por la vida y seguridad de miles de personas perseguidas por los tentáculos terroríficos del tirano.Estado y Mercado de la mano. Los audios de Luis Hermosilla que desnudan al gran empresariado chileno

Los funcionarios del segundo piso de Plaza de Armas 444, eran objetivos permanentes del tirano. Se recordará de los intentos por hacerse de las fichas médicas en las que constaban miles de nombres de patriotas que habían sido víctimas de torturas o de feroces golpizas a manos de los esbirros del régimen.

El caso más desgarrador fue el de José Manuel Parada, funcionario de la Vicaría, quien sería salvajemente asesinado junto a Santiago Nattino y Manuel Guerrero, en un caso que conmovió al mundo entero por su crueldad y salvajismo.

Pasaron los a√Īos y cuando vinieron las componendas secretas para permitir la transici√≥n que llev√≥ al pa√≠s a un estado tal en el que fueron imposibles la verdad, la justica y la reparaci√≥n, junto con darle un toque leg√≠timo al orden inaugurado por la dictadura, se desmantel√≥ la Vicar√≠a de la Solidaridad.

Ya no estaba ese gran patriota, valiente y consecuente cristiano, que fuera el Cardenal Ra√ļl Silva Henr√≠quez. A esa altura el Chico Hermosilla ya sab√≠a que deb√≠a cambiar r√°pidamente de banda. La iglesia cat√≥lica tambi√©n se acomodaba a los nuevos tiempos del s√°lvate.

Entonces comenzó a pudrirse todo.

Los partidos otrora perseguidos desmantelaron sus estructuras clandestinas que habían jugado un papel determinante en el desgate del tirano. Algunos, habían tomado la decisión de combatirlo con todos los medios legítimos al alcance del pueblo.

Fue cuando cundió e hizo más efecto el temor a una posible salida democrático popular, que a la permanencia del tirano y su reguero de sangre, robos y desfalcos.

Muchos ex dirigentes de la izquierda perseguida mutaron a comprensibles hombres de Estado disponibles a colaborar en la llamada transición que no fue otra cosa que una rendición incondicional digitada por el Departamento de Estado y la CIA.

Factop: Hermosilla, Daniel Sauer y la abogada Leonarda Villalobos.

Se cambiaron de barrios, de colegios, de universidades, de ropa de vestir. Y de moral.

De esa traición emergieron los prohombres que harían del legado pinochetista, la base para la construcción del Chile que sufrimos en estos días: un país consumido por la corrupción de rango cancroide.

Y de ese menjunje que fue pasto para los vivos y desvergonzados, salieron sujetos como el Chico Hermosilla, uno de los m√°s exitosos en la nueva cancha moral.

De militante comunista, a defensor eficiente de lo m√°s nefasto del orden legado por el tirano. De defensor de presos pol√≠ticos, a abogado de lo m√°s despreciable y execrable de esos diecisiete a√Īos de terror y descomposici√≥n.

‚ÄĚ, en Punta Peuco / Fot√≥grafo: Claudio Reyes.

Miguel Estay Reyno, ¬ęEl Fanta¬Ľ

Un Fanta, pero por otros medios.

Lo podrido del caso del Chico Hermosilla contrasta por propia fulguración en su vastedad digna y patriota, la memoria de aquellas decenas de miles de esforzados, fogueados y heroicos compatriotas, militantes aguerridos y heroicos, que día a día dejaron gran parte de sus vidas en la lucha cotidiana en contra del tirano.

Esos que perdieron. Esos que quedaron orillados. Los que no están en la historia oficial ni en la fotografía de los exitosos. Esos que murieron aplastados por el silencio y el olvido, sin cuyo aporte silencioso y cotidianamente heroico, el costo de terminar con la dictadura habría sido mucho más alto de lo que fue.

El Chico Hermosilla se alza luego de su confesi√≥n, como el mejor representante de todo lo que el pueblo no quer√≠a. La traici√≥n, la indignidad de qui√©n miente para consolidar su estatus de persona con conocimientos y poder, la corrupci√≥n de todo lo corruptible, para quienes el dinero, o el poder que es lo mismo, tiene en el Chico Hermosilla su estampa se√Īera.

Mentiroso desvergonzado y vil, jam√°s pudo haber sido miembro, por cierto, mucho menos jefe, de lo que falsamente llama la Inteligencia Militar del Partido Comunista.

En esas responsabilidades, o de un dominio cercano y parecido, y que por cierto jamás se llamó así, hubo heroicos y anónimos proletarios, viejos comunistas hermosos, de linda conciencia y convicción, que hicieron lo suyo y terminaron tan pobres como cuando nacieron.

El Chico Hermosilla es el ep√≠tome de la fals√≠a, el acomodo, la sinverg√ľenzura, la falta de honor, de √©tica, de los m√°s indigno que se col√≥ en la historia como herencia nefasta de la cultura de sentina que inaugur√≥ la asonada de aquel martes nublado.

Por esos m√©ritos, en un pa√≠s podrido hasta sus cimientos, tranquilamente podr√≠a llegar a ser presidente de la Rep√ļblica. Porque al Reino de los Cielos podr√° entrar, pero a la c√°rcel, esa cosa para pobres que delinquen, jam√°s.

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