La pandemia de la Covid 19, dada su velocidad de contagio y mortandad, nos marcó profundamente para establecer la prioridad en la diariedad, es decir, del día a día. La pandemia fue una ruptura abismal de la visión modernista de los grandes trazos. Es decir, ese horizonte que nos hacía postergar lo presente. La vulnerabilidad de nuestros cuerpos vino como tsunami existencial a recordarnos lo efímero que somos.
Según la OMS, tomando el criterio del exceso de mortalidad, es decir de fallecimientos directos e indirectos, fueron más de 14 millones los seres humanos que murieron. Esta tragedia mundial consustanció en el inconsciente colectivo, la primacía de la existencia cotidiana. La necesidad de los cuerpos se impone a toda dilación de las políticas públicas. La espera se fragilizó: hoy es hoy. Los tiempos asimétricos y simultáneos entre la otrora dinámica de las gestiones estatales y las necesidades de las personas han entrado en falencia por la traición del tiempo, que corre sin aviso. Actualmente la mejor política pública es la que da respuestas a la micro existencialidad de las personas.
Esa urgencia de lo que conocíamos y no recordábamos: nuestra fragilidad, ha llevado lamentablemente a un desembozado individualismo, que debemos mutarlo en solidarismo. Uno de los pasos en ese sentido, es la amabilización de las ciudades. Que el agua potable, los sanitarios, el aire y la luz solar estén ayudando y resolviendo problemas para las personas en situación de ciudad. Una molestia menos, es un bienestar más para la sociedad. Veamos las distintas situaciones del suministro de agua potable y el saneamiento para las personas en situación de ciudad.
La evolución de los servicios de agua potable y de los sanitarios desde fines del siglo XIX, nos señalan que el gran desarrollo producto, entre otras causales, de las epidemias de cólera y fiebre amarilla, van estar centrados fundamentalmente en los domicilios particulares. Ello era así, porque se buscaba las satisfacciones inmediatas de los cuerpos en situación de domicilio. En el libro que he publicado “El derecho de jarras de agua y el derecho a los sanitarios libres. Una mejoranza social ambiental” de la editorial UNR nos sindica cómo desde una ciudad amable damos respuesta de humanidad a las personas en situación de ciudad.
El proceso de amabilización de las ciudades nos muestra el desafío de lograr una ciudad habitable, donde los cuerpos en situación urbana o de ciudad puedan acceder a poder realizar sus necesidades fisiológicas sin necesidad de mercantilizar sus geografías físicas. Es decir, que las personas en situación urbana puedan tomar agua potable libre y gratuita e ir a los sanitarios para satisfacer sus necesidades fisiológicas, sin que ello impliquen tener que abonar.
Las ciudades son las protagonistas del espacio en la Tierra, el 70% de la población en el año 2050 las habitarán, el 80% del PIB se producen en ellas actualmente y el 70% de la contaminación es generado en estos ámbitos. En el 2050 se calcula que la población muncial ascenderá a 10 mil millones de personas, actualmente somos 8.200 millones.
El libro que he producido plantea estos desafíos a resolver. Por un lado la amabilización urbana para lograr sociedades armonizadas y por otra parte la vecinalización para la educación, concientización y visibilización del derecho humano al agua y al saneamiento para todas las
personas en situación de ciudad, en las distintas funcionalidades de los cuerpos: trabajo, turismo, paseantes, deportes, caminantes, consumidores, contemplantes, incontenidos sociales y todas aquellas personas cuyas vivencias y necesidades sanitarias son extra domiciliarias.
Actualmente no se ha logrado alcanzar el Objetivo 6 del Desarrollo Sostenible de la ONU, así 2100 millones de personas no acceden al agua potable gestionada en forma segura y 4200 millones de personas no tienen acceso a saneamiento seguro.
Tenemos que conseguir con la gobernanza hídrica y sanitaria, conjuntamente con la mejoranza social ambiental preparar a las ciudades para amabilizarlas. Aprendamos de las crisis en su momento en la ciudad de San Pablo y en la Ciudad del Cabo. La primera de las mencionadas presentó un período de sequía inicial desde el año 2013 hasta el 2015 con graves problemas hídricos para millones de personas. La segunda urbanidad mencionada, la Ciudad del Cabo presentó una escasez climática del agua en el período 2015 a 2018. Ambas ciudades mostraron como factores determinantes: la crisis climática, hídrica y la presencia de densidades demográficas urbanas no planificadas.
Desde la dirección de la Cátedra del Agua UNR y del Centro Interdisciplinario del Agua UNR, hemos advertido científicamente estas problemáticas. En tal sentido desde nuestra praxis académica social, en el año 2010 suscribimos con Leonardo Boff el Manifiesto de Rosario sobre el Agua, planteando y vislumbrando estas necesidades En el año 2011 suscribimos el Pacto Público del Agua junto a Riccardo Petrella y Luis Infanti de la Mora.

Logramos que el documento fuera aprobado por el Foro Social Mundial 2012 de Porto Alegre, un gran avance. Estas efectividades conducentes nos indujeron desde la dirección de la Cátedra del Agua UNR a la generación del Derecho de Jarras de Agua. En vigencia en Rosario desde enero de 2016 mediante la ordenanza 9.465 ( modificada por la ordenanza 10.819), agua potable libre y gratuita en los bares y restaurantes, luego con la ordenanza 9.545 se estableció el agua potable libre y gratuito en espectáculos públicos y con la ordenanza 9.836 se configuró el Derecho de Jarras para superficies comerciales mayor a 1200 metros cuadrados.
El mayor logro que obtuvimos desde la dirección de la Cátedra del Agua, fue la ley 13.935 única en su tipo en América Latina que estableció el Derecho de Jarras de Agua en todos los bares y restaurantes, escuelas e instituciones en las 365 localidades de Santa Fe. Todo un gran avance para la vecinalización y amabilización de las ciudades.
El Derecho a los Sanitarios Libres establecido por la ordenanza 9.875 generado por nuestra dirección, establece el acceso a los sanitarios en forma gratuita en todas las instituciones públicas y privadas de Rosario, con atención al público, tanto para los ciudadanos en situación de trámite como así también para las personas que pasan por el lugar.
Debemos construir el derecho a la ciudad amable y vecinalizada, para que las personas tengan un problema menos y un bienestar más en la urbanidad.
(*) Director de la Cátedra del Agua de la Universidad Nacional de Rosario. Doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales. Magíster en Ambiente y Desarrollo Sustentable.
Los comentarios están cerrados, pero trackbacks Y pingbacks están abiertos.