Jul 31 2021
1004 lecturas

Sociedad

El desprecio al pesimismo

Marginado de la historia y la prensa, el pesimismo nunca ha calificado muy bien y muchos creen que para ser consecuente y estar a la altura de sus ideas el pesimista deber√≠a suicidarse. De lo contrario es simplemente un hip√≥crita. En la pr√°ctica somos una raza de optimistas. El futuro se ve mejor que el presente y el presente mejor que el pasado… ¬ŅQui√©n podr√≠a dudar de esto cuando no hace mucho ‚Äúun cuarto de la miseria humana era el dolor de muelas‚ÄĚ?

El ‚Äúhumanismo tr√°gico‚ÄĚ reconoce que la vida humana es ostensiblemente insignificante, pero, a pesar de ello, debemos continuar como si esto no fuera as√≠, alimentando y sosteniendo las ilusiones de nuestra grandeza. Debemos creer que no somos lo que somos.Mirando siempre el vaso medio vac√≠o - LA GACETA Tucum√°n

Todas las civilizaciones tienen un término. Todas las especies se extinguen. Incluso el Universo tiene una fecha de expiración. Los humanos no serán, ciertamente, los primeros en desaparecer, pero si podrían ser los primeros en precipitar su propia extinción.

El optimismo, como creencia dominante en la cultura humana, surge de nuestros instintos animales de sobrevivir y reproducirnos, m√°s que de un pensamiento articulado. Quiz√°s sea por esto que en cualquier momento dado hay m√°s soldados que fil√≥sofos pesimistas. Cada sufrimiento, seg√ļn el lugar com√ļn, vale la pena en nombre de un orden de existencia m√°s alto. No hay soldado que no est√© consciente que en el campo de batalla puede sufrir heridas incapacitantes o perder su vida, pero lo hace por su patria o por Dios. Nadie voluntariamente confesar√≠a que est√° jugando el mismo juego de siempre. La racionalizaci√≥n optimista necesita desacreditar el pesimismo y mantenerlo a distancia.

Existencialismo, psicoan√°lisis, teor√≠a cr√≠tica y posmodernismo rutinariamente son calificadas de filosof√≠as pesimistas porque describen una pat√©tica realidad humana que ofende la sensibilidad modernista, en contraste con el utopianismo de los descendientes del pensamiento hegeliano y del liberalismo progresista, seguidores de Locke, Kant, Mill y Dewey. Por los √ļltimos cientos de a√Īos la creencia dominante ha sido la idea de un mejoramiento gradual de la condici√≥n humana

C√≥mo explican la realidad los pesimistas, los optimistas y los economistas - LA NACION¬ŅPero, qu√© pasa si ese mejoramiento no viene? El pesimismo, seg√ļn el te√≥rico Joshua Dienstag, es la filosof√≠a pol√≠tica que acepta este desaf√≠o.

La consciencia lineal del tiempo, que surge en los inicios de los tiempos modernos, trajo la idea del progreso junto con el pesimismo, que es su reverso. La idea del progreso es difícil de desplazar y desde esta perspectiva el pesimismo aparece como una creencia desconcertante, una enfermedad más que una filosofía que amenaza radicalmente la opinión acerca de nosotros y lo que podemos esperar de la política. Si dejamos de lado la idea de que el pesimismo es sólo una triste disposición sicológica que misteriosamente ataca al individuo, podremos ver que, más que una condición afectiva, es una idea moderna.

El recuento optimista de la condición humana es lineal y progresivo. El liberalismo, el socialismo y el pragmatismo son optimistas en el sentido de que se basan en la idea de que la aplicación de la razón a las condiciones sociales y políticas dará como resultado la mejora de estas condiciones. El pesimismo, que sigue la misma condición lineal del tiempo y la historia, niega esta premisa o, por lo menos, no encuentra evidencia de ella.

√Čsta es una pura extensi√≥n lineal sin progreso, gol o fin. Una condici√≥n temporal sin nada que nos distraiga de su infinitud y sin sentido. A menos, por supuesto, que podamos distraernos con tareas y fines autoimpuestos que ir√≥nicamente crean da√Īos colaterales.

Contrariamente a lo que com√ļnmente se cree, el pesimismo no insiste en una cat√°strofe final, al estilo de las profec√≠as b√≠blicas, sino simplemente en una lamentable condici√≥n humana que experimenta el tiempo como una carga, la historia como una gran iron√≠a, la libertad y la felicidad como algo incompatible y la vida humana como una existencia absurda.Las caracter√≠sticas que definen a una persona pesimista - Foto 1

A diferencia del animal, cuya vida es un presente encarnado, el humano tiene consciencia del tiempo que, trágicamente arrastra la conciencia de la muerte, el inevitable camino que lleva a la decadencia y a la propia extinción. Vivir en el flujo del tiempo significa que todo lo que existe ahora siempre se precipita hacia el abismo de la inexistencia. En virtud del tiempo todo se vuelve nada en nuestras manos y todo pierde su valor real. Nada es permanente y lo que más sufrimos es la falta de permanencia de las personas que más amamos y de las cosas que más nos preocupan.

De hecho, cuanto más amamos y cuanto más nos preocupamos, más sufrimos. La esperanza, la anticipación del futuro, es una pobre compensación. De hecho, agrava nuestra situación, ya que en la mayoría de los casos nos defraudan y cuando se cumplen se incumplen en el momento siguiente al deslizarse hacia el pasado. La conciencia del tiempo, en verdad, es un mal negocio desde la perspectiva de la felicidad humana. Es el precio que pagamos por nuestra capacidad de reflexión, del descubrimiento que la realidad conspira en contra de nosotros.

La consciencia de la dimensi√≥n temporal de nuestra existencia nos da el conocimiento de que nuestras experiencias se acumulan, se multiplican e interact√ļan y esto es lo que significa ser un animal hist√≥rico. La mayor parte de las filosof√≠as dan por seguro que estos efectos son positivos.

El pesimismo encuentra pocos indicios de que esto sea así. Ciertamente hay progresos en ciertas áreas y las tecnologías y el poder de las ciencias han aumentado considerablemente. Esto no está en discusión. Lo que ellos cuestionan es si estos avances han resultado en un mejoramiento de las condiciones humanas, especialmente para las grande mayorías. Cualquiera que mire el panorama social difícilmente podría evitar el hecho de que la historia esta llena de ironías.

En la superficie pareciera que las cosas est√°n mejorando cuando en realidad est√°n empeorando o, por lo menos, no mejorando. 1,3 billones de seres humanos viven en la pobreza, a pesar del avance tecnol√≥gico y cada a√Īo 1,2 millones de personas mueren en accidentes automovil√≠sticos.

El calentamiento global, la obesidad, el terrorismo nuclear, la industria del armamento, la p√©rdida de especies, el abuso de drogas,la contaminaci√≥n ambiental y qu√≠mica, etc., etc. son consecuencias del progreso que producen inmensa miseria en el mundo ¬ŅNo es ir√≥nico, entonces, el hecho de que el progreso se transmuta en su opuesto y nuestra libertad lentamente se deteriora, esclavos de una tecnolog√≠a que ilusoriamente creemos controlar y sin la cual no podemos vivir?

Desde hace un largo tiempo hemos venido creyendo que hay una √≠ntima correlaci√≥n entre el verdadero conocimiento y la aut√©ntica felicidad. Para el pesimista √©ste es un error fundamental que necesita ser corregido. Por supuesto, la raz√≥n tiene muchos beneficios, pero la felicidad no es uno de ellos. Como destructora de ilusiones y autoenga√Īo, es nociva para la felicidad humana. La adquisici√≥n del conocimiento acerca de nuestro destino no es un regalo, sino un golpe penoso. La demolici√≥n de las ilusiones con que vivimos puede contarse como un avance filos√≥fico y moral. Pero, si supi√©ramos de antemano c√≥mo esto va a afectar nuestra felicidad, tal vez no perseguir√≠amos tal conocimiento.

El crecimiento de la raz√≥n, sin embargo, una vez iniciado no puede detenerse. A la mente cognoscente le es pr√°cticamente imposible valorar la ignorancia. Lo parad√≥jico es que en tanto m√°s tratamos de desarrollar nuestras capacidades conscientes, m√°s aumentamos nuestro malestar en el mundo. S√≥lo nuestra liberaci√≥n del peso de la consciencia es lo que podr√≠a traer de vuelta nuestra felicidad. Pero, no estamos dispuestos a tal renuncia.Analizando a Freud: Analizando (cient√≠ficamente) a Freud | EL PA√ćS Semanal | EL PA√ćS

Es este persistente desajuste entre los prop√≥sitos humanos y los medios disponibles para logarlo, entre nuestros deseos de felicidad y nuestra capacidad para encontrarla o sostenerla, la que le permite decir a la filosof√≠a pesimista que la existencia humana es absurda. Por mucho que se nos diga que nuestros objetivos son alcanzables, la vida se presenta como una continua decepci√≥n, ya sea en peque√Īas o en grandes cosas.

Seg√ļn Freud, el prop√≥sito de la vida es simplemente el programa del principio del placer… y, sin embargo, este programa est√° en desacuerdo con el mundo entero. Todas las regulaciones del universo van en contra de √©l. Como dice Camus, es el divorcio entre el humano y su vida, entre el actor y su entorno. Y lo m√°s inquietante es que √©sta no es solo una cuesti√≥n sicol√≥gica que podemos curar con la ayuda del terapeuta, sino un mal ajuste ontol√≥gico entre el humano y el mundo que habita. El mundo, al contrario de lo que el modernismo crey√≥, no est√° hecho para nuestro beneficio.

Para Camus la cuesti√≥n fundamental de la filosof√≠a es si la vida vale la pena vivirla o no. Lo sorprendente aqu√≠ no es la pregunta, sino el que tan pocos han considerado responder a este desaf√≠o. Los pesimistas, al reconocer la fuerza de la pregunta, no la evitan. Ning√ļn pesimista recomienda el suicidio, aunque algunos han llegado cerca de el. Escritores como Camus, Nietzsche y Unamuno terminan afirmando la vida en tanto que otros como Rousseau y Schopenhauer recomiendan cierto tipo de retiro. El sufrimiento de la vida, dice Schopenhauer, no tiene objetivo ni prop√≥sito y la consciencia no es una compensaci√≥n suficiente, porque todos los proyectos que de ella derivan son barridos por el continuo paso del tiempo. En tanto que el suicidio no es una salida, lo que queda es la pr√°ctica de un cierto desapego de la existencia, un endurecimiento de la voluntad.

Nietzsche y el Psicoan√°lisisLa filosof√≠a de Nietzsche, por el contrario, valora la existencia, no porque ella constituye un progreso o tenga sentido. La justificaci√≥n metaf√≠sica de su existencia no es necesaria. La constante transformaci√≥n, la continua reaparici√≥n de lo nuevo, junto con la decadencia y la muerte bastan para abrazar la vida. Si entre todos los animales el humano es el √ļnico capaz de apreciar la significancia de la muerte, especialmente la propia, igualmente es el √ļnico capaz de apreciar el significado del nacimiento, sobre todo el suyo propio. Cada ser humano es un nuevo comienzo, un conjunto de nuevas posibilidades.

El pesimismo, al sugerir que miremos el tiempo y la historia diferentemente, pide que alteremos radicalmente nuestra opinión de nosotros y de lo que podemos esperar de la política y la moral. Un pedido no muy fácil de acceder, especialmente frente a las ilusiones del optimismo.

El pesimista es ese sujeto que abre la puerta equivocada, ve algo que no debería ver y luego paga las consecuencias.

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


A√Īadir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.