Abr 5 2013
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CulturaSociedad

El enemigo interior

limonov1Y cuando tambi√©n en Rusia la Revoluci√≥n devor√≥ a sus hijos, quedaron sueltos los hijos de ellos: hijos de enemigos del pueblo, hijos de muertos en la guerra civil o en las hambrunas o en las purgas de Stalin o en el barro y la nieve de la Gran Guerra Patri√≥tica, que es como llaman los rusos a la Segunda Guerra. En todas las ciudades de la URSS hab√≠a manadas salvajes de ellos, los besprizornye o ni√Īos perdidos.
| JUAN FORN.*

 

Todos hab√≠an aprendido a la fuerza el arte de sobrevivir, robar, enga√Īar, ense√Īar los dientes, resistir los golpes y beber. Las madres les dec√≠an a sus hijos: ‚ÄúSi sigues en la calle te llevar√°n los besprizornye‚ÄĚ.
Entonces muri√≥ Stalin y, como dijo Anna Ajmatova, dos Rusias se encontraron: la que denunci√≥ y la que fue denunciada, y ambas miraron para otro lado, avergonzadas hasta el asco, y mientras tanto todo adolescente sovi√©tico harto de la vida de mierda de su casa so√Īaba despierto con tomar la calle y el c√≥digo de los besprizornye.

 

Para ser besprizornye había que ser capaz de beberse un litro de vodka por hora, y quedar zapoi, una curda homicida que dura varios días y consiste en beber, subirse en trenes y olvidar todo lo que hagas durante esos días.
Se bebe un vodka casero fabricado en palangana con az√ļcar y alcohol de farmacia, o ‚Äúl√°grima de konsomol‚ÄĚ, que es gaseosa con desodorante para pies.

 

Los besprizornye son el enemigo interior. Tarde o temprano caen, y los mandan a Siberia o al manicomio, seg√ļn la edad o el crimen. En el campo los embrutecen con trabajos in√ļtiles (cavar una zanja para que las piedras que sacan cubran la zanja que cavaron ayer); en el manicomio les ponen chalecos de fuerza y los manguerean con agua helada, para que al congelarse aprieten m√°s. Cuando los sueltan, est√°n quebrados: marchar√°n derechos, ya saben qui√©n manda.

 

Es el caso de Edichka Limonov
limonov2A los cinco a√Īos contrae otitis, la madre lo lleva tironeando al dispensario, paran frente a las v√≠as del tren, pero el peque√Īo Edichka no piensa que es para mirar a ambos lados antes de cruzar: piensa que su madre est√° esperando que pase el tren para tirarlo a los rieles.

 

En la escuela le machacan en la cabeza que, durante Stalingrado, Stalin no quiso trocar a su hijo Yakov, apresado por los nazis, por el mariscal de campo Von Paulus: ‚ÄúNo se cambia un mariscal por un teniente‚ÄĚ, fueron sus famosas palabras (Yakov termin√≥ suicid√°ndose contra los alambres electrificados del campo donde estaba).

 

En cuanto puede, Edichka toma la calle. A los veinte a√Īos es un veterano besprizornye que viene de comerse un a√Īo en el manicomio: est√° acabado, a los ojos de los dem√°s. Cuando lo miran, piensan: ‚ÄúPobre Edichka‚ÄĚ. El les contesta mentalmente: ‚ÄúPobre de m√≠ si me vuelvo como ustedes, imb√©ciles‚ÄĚ.

 

Pero no encuentra vía de expresión a esa ira hasta que dos amigos de juerga lo arrastran una noche a un sótano donde oye recitar por primera vez poesía y descubre la fórmula que puede sacarlo de perdedor: no es difícil, basta concentrar todo el odio en un punto y los imbéciles creen que tienen un poeta delante.

 

Para entonces ya estamos en la segunda época de las tertulias clandestinas en cocinas y sótanos soviéticos. Al culto a los poetas se le ha sumado el culto al rocanrol, y Edichka es el perfecto punk avant-la-lettre: en cuestión de meses, sus poemas rabiosos se recitan de boca en boca, lo persiguen chicas que antes ni lo miraban, lo bautizan Limonov porque ha salido amarillo del manicomio e igual de amargo, y porque está a punto de explotar (granada, en ruso, se dice limonka).

 

A él le parece mejor que su anónimo apellido de nacimiento y lo adopta, y agita y agita hasta lograr que las autoridades lo expulsen del país, y que, en lugar de Israel, su destino sea Estados Unidos.

 

D√©jenme dar un salto ac√° de los 70 a los 90 y contar c√≥mo vuelve Limonov a la URSS de la Perestroika: es un escritor de culto, ha vivido una d√©cada en Nueva York y otra en Par√≠s; en NY pas√≥ de codearse con Baryshnikov y Warhol a vivir en la calle y hacerse romper el culo a diestra y siniestra hasta que consigui√≥ que le publicaran en Par√≠s un libro brutalmente confesional titulado Al poeta ruso le gustan los negrazos, y se fue a vivir all√° y represent√≥ durante una d√©cada su papel de Charles Manson de las letras, a raz√≥n de un libro por a√Īo y notas incendiarias en pasquines alternativos del trotskismo a la ultraderecha nihilista.

 

Pero Occidente le parece blando; en cuanto tiene la oportunidad vuelve a Mosc√ļ, limonov3y all√° descubre que en el desmadre del post-comunismo est√° el auditorio que siempre anhel√≥: veintea√Īeros besprizornye que hayan probado todo, y lo odien todo, como √©l.

 

Para entonces, la Rusia de Gorbachov se ha convertido en la Rusia de Yeltsin, el gran puticlub del hampa universal; los setenta a√Īos de atraso capitalista se los han zampado febrilmente y se les atragantan en el ga√Īote, la mitad de los rusos que ped√≠a el fin del comunismo pide que vuelvan los viejos tiempos, al menos algo de los viejos tiempos, y en respuesta a su pedido viene Putin.

 

El venerable disidente Andrei Siniavsky murmura con desolación:
‚ÄúLo m√°s terrible es la sensaci√≥n de que la verdad parezca estar hoy del lado de las personas a las que siempre he considerado mis enemigos‚ÄĚ.

 

Limonov funda el Partido Nacional-Bolchevique. Su bandera es como la bandera nazi, pero con la hoz y el martillo en lugar de la esv√°stica. Su saludo: pu√Īo en alto mezclado con el brazo alzado del sieg heil! Para saludar se dicen: ‚ÄúNa smiert‚ÄĚ, que significa ‚Äúhasta la muerte‚ÄĚ.

 

Reivindican los tiempos en que la URSS era capaz de dar miedo, hacia afuera y hacia adentro.
Kasparov, el ajedrecista devenido pol√≠tico, dice: ‚ÄúEn Rusia abundan los generales sin ej√©rcitos; Limonov tiene soldados‚ÄĚ.
Putin prefiere no tener un Mishima en Mosc√ļ y lo manda a la c√°rcel; a los tres a√Īos lo suelta, pero hace vigilar todos sus movimientos. El organy encargado de la misi√≥n cita a Limonov en una estaci√≥n del metro de Mosc√ļ, para hac√©rselo saber, una vieja costumbre de los tiempos sovi√©ticos.

 

Al poeta Joseph Brodsky, a Andrei Sajarov, a Siniavsky y a muchos m√°s les hicieron lo mismo. A diferencia de ellos, Limonov le ofrece sus servicios al FSB (ex KGB):
‚ÄúEn lugar de perseguirnos deber√≠an servirse de nosotros para hacer lo que ustedes no pueden hacer‚ÄĚ, dice desafiante.

 

Limonov tiene hoy 69 a√Īos, dice que los √ļnicos interlocutores que no lo asquean (ni se asquean con √©l) son los besprizornye de cada rinc√≥n de Rusia, limonov4√©l es uno de ellos: durmi√≥ en la calle, estuvo preso, no les tiene miedo a los golpes, sabe beber y ense√Īar los dientes.

 

Su partido está prohibido, su revista (Limonka) también, ya no le interesa escribir, pero no puede parar, incluso acepta que otros reescriban su vida, la hagan novela (como Emmanuel Carrère, por ejemplo).
Se niega a aceptar que Rusia sólo se entiende como novela rusa, que Rusia es la mayor novela rusa de todos los tiempos, se limita a recitar como un mantra a quien lo quiera oír que los rusos saben morir, pero no saben vivir; y él, en cambio, no sabe morir.

‚ÄĒ‚ÄĒ
* Escritor
En el diario P√°gina 12 (www.pagina12.com.ar).

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