May 8 2008
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Econom铆a

Entre la recesi贸n y el colapso. – SE HUNDE EL CENTRO DEL MUNDO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Bajo la apariencia de varias crisis convergentes se despliega ante nuestros ojos el final de lo que deber铆amos mirar como el primer cap铆tulo de la declinaci贸n del imperio norteamericano (aproximadamente 2001-2007) y el comienzo de un proceso turbulento disparado por el salto cualitativo de tendencias negativas que se fueron desarrollando a lo largo de per铆odos de distinta duraci贸n.

De todos modos las malas noticias financieras, energ茅ticas y militares no parecen aplacar los delirios mesi谩nicos de W谩shington, sino todo lo contrario: es como si Bush y sus halcones no fueran a dejar la Casa Blanca dentro de unos pocos meses. Siguen amenazando a gobiernos que no se someten a sus caprichos, insin煤an nuevas guerras y afirman querer prolongar indefinidamente las ocupaciones de Iraq y Afganist谩n, incluso un ataque devastador contra Ir谩n todav铆a es posible. De tanto en tanto emerge una nueva ola de rumores b茅licos apuntando hacia Ir谩n por lo general originados en declaraciones o trascendidos de altos funcionarios del gobierno, un ataque contra ese pa铆s tendr铆a consecuencias inmediatas catastr贸ficas para la econom铆a mundial, el precio del petr贸leo se disparar铆a hacia las nubes, el sistema financiero global pasar铆a a una situaci贸n ca贸tica y la recesi贸n imperial se convertir铆a en ultra recesi贸n encabezada por un d贸lar en ca铆da libre.

Tal vez algunos estrategas del Pent谩gono y del c铆rculo de halcones mas radicalizados est茅n imaginando un gran fuego mundial purificador del que emerger铆a victoriosa la naci贸n elegida por Dios: los Estados Unidos de Am茅rica. Se trata de una locura pero forma parte de la configuraci贸n psicol贸gica de una porci贸n importante de la 茅lite dominante atravesada por una corriente letal que combina virtualismo, omnipotencia, desesperaci贸n y furia ante una realidad cada d铆a menos d贸cil.

En los grandes centros de decisi贸n econ贸mica actualmente domina la incertidumbre que se va convirtiendo en p谩nico; el fantasma del colapso comienza a asomar su rostro. Mientras tanto la autoridades econ贸micas norteamericanas inyectan masivamente liquidez en el mercado, otorgan subsidios fiscales e improvisan costosos salvatajes a las instituciones financieras en bancarrota intentando suavizar la recesi贸n sabiendo que de ese modo aceleran la inflaci贸n y la ca铆da del d贸lar: su margen de maniobras es muy peque帽o, la mezcla de inflaci贸n y recesi贸n hace completamente ineficaces sus instrumentos de intervenci贸n.

La palabra colapso fue apareciendo con creciente intensidad desde fines del a帽o pasado en entrevistas y art铆culos period铆sticos muchas veces combinadas con otras expresiones no menos terribles, en algunos casos adoptando su aspecto m谩s popular (derrumbe, muerte, ca铆da catastr贸fica) y en otros su forma rigurosa, es decir como sucesi贸n irreversible de graves deterioros sist茅micos, como decadencia general.

Paul Craig Roberts (que fue en el pasado miembro del staff directivo del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y editor de Wall Street Journal) public贸 el 20 de marzo un texto titulado El colapso de la potencia americana donde describe los rasgos decisivos de la declinaci贸n integral de los Estados Unidos (1), el 27 de marzo The Economist titulaba Esperando el Armagedon a un articulo referido a la marea irresistible de bancarrotas empresarias norteamericanas. El 14 de marzo The Intelligencer titulaba Expertos internacionales pronostican el colapso de la econom铆a norteamericana鈥 en el que recog铆a las opiniones entre otros de Bernard Connelly del Banco AIG y de Martin Wolf, columnista del Financial Times.

El tres de abril Peter Morici en una nota aparecida en Counterpunch se帽alaba que 鈥渆s imposible negar que la econom铆a (estadounidense) ha entrado en una recesi贸n cuya profundidad y duraci贸n son impredecibles鈥 (2). A modo de conclusi贸n el 14 de abril Financial Times publicaba un articulo de Richard Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos donde se帽alaba que 鈥渓a era unipolar, periodo sin precedentes de dominio estadounidense, ha terminado. Duro unas dos d茅cadas, algo m谩s de un instante en t茅rminos hist贸ricos鈥 (3).

Una prolongada degradaci贸n

Para entender lo que est谩 ocurriendo as铆 como sus posibles desarrollos futuros es necesario tomar en cuenta fen贸menos que han modelado el comportamiento de la sociedad norteamericana durante las 煤ltimas tres d茅cadas generando un proceso m谩s amplio de decadencia social.

En primer lugar el deterioro de la cultura productiva gradualmente desplazada por una combinaci贸n de consumismo y pr谩cticas financieras. La precarizaci贸n laboral incentivada a partir de la presidencia de Reagan buscaba disminuir la presi贸n salarial mejorando as铆 la rentabilidad capitalista y la competitividad internacional de la industria, pero a largo plazo degrad贸 la cohesi贸n laboral, el inter茅s de los asalariados hacia las estructuras de producci贸n. Ello deriv贸 en una creciente ineficacia de los procesos innovativos que pasaron a ser cada vez m谩s dif铆ciles y caros comparados con los de los principales competidores globales (europeos, japoneses, etc.). Uno de sus resultados fue el d茅ficit cr贸nico y ascendente del comercio exterior (2 mil millones de d贸lares en 1971, 28 mil millones en 1981, 77 mil millones en 1991, 430 mil millones en 2001, 815 mil millones en 2007).

Mientras tanto se fue expandiendo la masa de negocios financieros absorbiendo capitales que no encontraban espacios favorables en el tejido industrial y otras actividades productivas. Las empresas y el Estado demandaban esos fondos, las primeras para desarrollarse, concentrase, competir en un mundo cada vez m谩s duro, y el segundo para solventar sus gastos militares y civiles que cumpl铆an un papel muy importante en el sostenimiento de la demanda interna. Recordemos por ejemplo las erogaciones descomunales motivadas por la llamada ‘Iniciativa de Defensa Estrat茅gica’ (mas conocida como ‘Guerra de las Galaxias’) lanzada por Reagan en 1983 en el momento en que la desocupaci贸n superaba el 10% de la Poblaci贸n Econ贸micamente Activa (la cifra m谩s alta desde el fin de la Segunda Guerra Mundial).

Un segundo fen贸meno fue la concentraci贸n de ingresos, hacia comienzos de los a帽os 1980 el 1 % m谩s rico de la poblaci贸n absorb铆a entre el 7 % y el 8 % del Ingreso Nacional, veinte a帽os despu茅s la cifra se hab铆a duplicado y en 2007 rondaba el 20 %: el m谩s alto nivel de concentraci贸n desde fines de los a帽os 1920, por su parte el 10 % mas rico paso de absorber un tercio del Ingreso Nacional hacia mediados de los a帽os 1950 a cerca del 50% en la actualidad (4). Contrariamente a lo que ense帽a la 鈥渢eor铆a econ贸mica鈥 dicha concentraci贸n no deriv贸 en mayores ahorros e inversiones industriales sino en m谩s consumo y m谩s negocios improductivos que con la ayuda del boom de las tecnolog铆as de la informaci贸n y la comunicaci贸n engendraron un universo semi virtual por encima del mundo, casi m谩gico, donde fantas铆a y realidad se mezclan ca贸ticamente.

Por all铆 navegaron (y a煤n navegan) millones de norteamericanos, en especial las clases superiores.

Enlazado a lo anterior irrumpi贸 un proceso, casi imperceptible primero pero luego arrollador, de desintegraci贸n social uno de cuyos aspectos m谩s notables es el incremento de la criminalidad y de la subcultura de la transgresi贸n abarcando a los mas variados sectores de la poblaci贸n, acompa帽ado por la criminalizaci贸n de pobres, marginales y minor铆as 茅tnicas.

Actualmente las c谩rceles norteamericanas son las m谩s pobladas del planeta, hacia 1980 alojaban unos 500 mil presos, en 1990 cerca de 1.150.000 , en 1997 eran 1.700.000 a los que hab铆a que agregar 3.900.000 en libertad vigilada (probation, etc.), pero a fines de 2006 los presos sumaban unos 2.260.000 y los ciudadanos en libertad vigilada unos 5 millones; en total m谩s de 7.200.000 norteamericanos se encontraban bajo custodia judicial (5). En abril de 2008 un articulo aparecido en el New York Times se帽alaba que los Estados Unidos con menos del 5 % de la poblaci贸n mundial alojan al 25 % de todos los presos del planeta, uno de cada cien de sus habitantes adultos se encuentran encarcelados; es la cifra m谩s alta a nivel internacional (6).

Militarizaci贸n y decadencia estatal

Otro fen贸meno a tomar en cuenta es la larga marcha ascendente del Complejo Industrial Militar, 谩rea de convergencia entre el Estado, la industria y la ciencia que se fue expandiendo desde mediados de los a帽os 1930 atravesando gobiernos dem贸cratas y republicanos, guerras reales o imaginarias, per铆odos de calma global o de alta tensi贸n. Algunos autores, entre ellos Chalmers Johnson, consideran que los gastos militares han sido el centro din谩mico de la econom铆a norteamericana desde la Segunda Guerra Mundial hasta las guerras eurasi谩ticas de la administraci贸n Bush-Cheney pasando por Corea, Vietnam, la Guerra de las Galaxias y Kosovo.

Seg煤n Johnson, que define a la estrategia sobre determinante seguida en las 煤ltimas siete d茅cadas como ‘keynesianismo militar’, el gasto b茅lico real del ejercicio fiscal 2008 superar铆a los 1,1 billones (millones de millones) de d贸lares, el m谩s alto desde la Segunda Guerra Mundial (7). Estos gastos han ido creciendo a lo largo del tiempo involucrando a miles de empresas y millones de personas, de acuerdo a los c谩lculos de Rodrigue Tremblay en el a帽o 2006 el Departamento de Defensa de los Estados Unidos emple贸 a 2.143.000 personas. mientras que los contratistas privados del sistema de defensa empleaban a 3.600.000 trabajadores (en total 5.743.000 puestos de trabajo) a los que hay que agregar unos 25 millones de veteranos de guerra.

En suma, en los Estados Unidos unas 30 millones de personas (cifra equivalente al 20 % de la Poblaci贸n Econ贸micamente Activa) reciben de manera directa e indirecta ingresos provenientes del gasto p煤blico militar (8).

El efecto multiplicador del sector sobre el conjunto de la econom铆a posibilit贸 en el pasado la prosperidad de un esquema que Scott MacDonald califica como ‘the guns and butter economy’, es decir una estructura donde el consumo de masas y la industria b茅lica se expand铆an al mismo tiempo (9). Pero ese largo ciclo esta llegando a su fin; la magnitud alcanzada por los gastos b茅licos los ha convertido en un factor decisivo del d茅ficit fiscal causando inflaci贸n y desvalorizaci贸n internacional del d贸lar. Adem谩s su hipertrofia otorg贸 un enorme peso pol铆tico a 茅lites estatales (civiles y militares) y empresarias que se fueron embarcando en un autismo sin contrapesos sociales.

La creciente sofisticaci贸n tecnol贸gica paralela al encarecimiento de los sistemas de armas alej贸 cada vez m谩s a la ciencia militarizada de sus eventuales aplicaciones civiles afectando negativamente la competitividad industrial. Esta separaci贸n ascendente entre la ciencia-militar (devoradora de fondos y de talentos) y la industria civil lleg贸 a niveles catastr贸ficos en el per铆odo terminal de la ex Union Sovi茅tica, ahora la historia parece repetirse.

A todo esto se agrega un acontecimiento aparentemente inesperado, las guerras de Iraq y Afganist谩n y de manera indirecta el fracaso de la ofensiva israel铆 en el Libano muestran la ineficacia operativa de la s煤per compleja (y s煤per cara) maquinaria b茅lica de 煤ltima generaci贸n puesta en jaque por enemigos que operan de manera descentralizada y con armas sencillas y baratas. Planteando una grave crisis de percepci贸n 鈥搖na cat谩strofe psicol贸gica鈥 entre los dirigentes del Complejo Industrial Militar de los Estados Unidos y de la OTAN 鈥揺n la historia de las civilizaciones no es esta la primera vez que ocurre un fen贸meno de este tipo.

Ahora bien, la hipertrofia-crisis de la militarizaci贸n esta estrechamente asociada (forma parte de) la decadencia del Estado expresada por el repliegue de su capacidad integradora (declinaci贸n de la seguridad social, predominio de la cultura elitista en sus centros de decisi贸n, etc.), la degradaci贸n de la infraestructura y por un d茅ficit fiscal cr贸nico y en aumento que ha derivado en una deuda p煤blica gigantesca.

Si nos remitimos a las 煤ltimas cuatro d茅cadas los super谩vits fiscales constituyen una rareza, desde los a帽os 1970 los d茅ficits fueron creciendo hasta llegar a comienzos de los 1990 a niveles muy altos, sin embargo Clinton se despidi贸 a fines de esa d茅cada con algunos super谩vits que observados desde un enfoque de largo plazo aparecen como hechos ef铆meros. Pero desde la llegada de George W. Bush el d茅ficit regres贸 alcanzando cifras sin precedentes: 160 mil millones de d贸lares en 2002, 380 mil millones en 2003, 320 mil millones en 2005…

Nos encontramos ahora frente a un estado imperial cargado de dudas, cuyo funcionamiento depende ya no solo del sistema financiero nacional sino tambi茅n (cada vez m谩s) del financiamiento internacional, le hubiera resultado extremadamente dif铆cil a la Casa Blanca lanzarse a su aventura militar asi谩tica sin las compras de sus t铆tulos por parte de China, Jap贸n, Alemania y otras fuentes externas.

La dependencia energ茅tica

A lo anterior es necesario agregar la dependencia petrolera, hacia 1960 los Estados Unidos importaban el 16% de su consumo, actualmente llega al 65%. Durante mucho tiempo pudieron importar a precios bajos pero ahora la situaci贸n ha cambiado, la producci贸n mundial de petr贸leo se esta acercando a su m谩ximo nivel (dentro de muy poco tiempo comenzar谩 a descender) lo cual combinado con el debilitamiento del d贸lar esta llevando el precio a niveles nunca antes alcanzados. Y el reemplazo parcial de combustible de origen f贸sil por biocombustibles (en el que tambi茅n est谩n empe帽adas la otras grandes potencias industriales) reduce la disponibilidad relativa global de tierras agr铆colas para la producci贸n de alimentos lo que provoca la suba general de los precios de los productos de la agricultura, en consecuencia el efecto inflacionario se amplifica.

Los Estados Unidos emergieron como un gran pa铆s industrial porque desde comienzos del siglo XX fueron tambi茅n la primera potencia petrolera internacional. Al igual que Inglaterra durante el siglo XIX respecto del carb贸n, gozaron de una ventaja energ茅tica que les permiti贸 desarrollar tecnolog铆as apoyadas en dicho privilegio y competir exitosamente con el resto del mundo. Pero a mediados de los a帽os 1950 prestigiosos expertos norteamericanos como el geologo King Hubbert anunciaron el fin pr贸ximo de la era de abundancia energ茅tica nacional, seg煤n lo anticip贸 Hubbert (en 1956) desde comienzos de los 1970 la producci贸n petrolera estadounidense comenzar铆a a declinar: as铆 ocurri贸.

La incapacidad de los Estados Unidos para reconvertir su sistema energ茅tico (tuvo casi cuatro d茅cadas para hacerlo) reduciendo o frenando su dependencia respecto del petr贸leo puede ser atribuida en primer lugar a la presi贸n de la compa帽铆as petroleras que impusieron la opci贸n de la explotaci贸n intensiva de recursos externos, perif茅ricos, que fueron sobrestimados. Podr铆a afirmarse en este caso que la din谩mica imperialista forj贸 una trampa energ茅tica de la que ahora es victima el propio Imperio. El Estado no desarroll贸 estrategias de largo plazo tendientes al ahorro de energ铆a, lo que probablemente habr铆a desacelerado (no evitado) la crisis energ茅tica actual, no solo por la imposici贸n del lobby petrolero sino tambi茅n porque sus c煤pulas pol铆ticas (dem贸cratas y republicanas) se fueron sumergiendo en la cultura del corto plazo correspondiente a la era de la hegemon铆a financiera, subordin谩ndose por completo a los intereses inmediatos de los grupos econ贸micos dominantes.

Pero tambi茅n deber铆amos reflexionar acerca de los l铆mites del sistema tecnol贸gico occidental-moderno que los estadounidenses exacerbaron al extremo. El mismo se ha reproducido en torno de objetos t茅cnicos decisivos de la cultura individualista 鈥損or ejemplo el autom贸vil鈥 que definen el estilo de vida dominante y a procedimientos productivos basados en la explotaci贸n intensiva de recursos naturales no renovables o en la destrucci贸n de los ciclos de reproducci贸n de los recursos renovables. Gracias a esa l贸gica destructiva el capitalismo industrial pudo en Europa desde fines del siglo XVIII independizarse de los ritmos naturales sometiendo brutalmente a la naturaleza y acelerando su expansi贸n. Ello aparec铆a ante los admiradores del progreso de los siglos XIX y XX como la gran proeza de la civilizaci贸n burguesa, una visi贸n m谩s amplia nos permite ahora darnos cuenta que se trataba del despliegue de una de sus irracionalidades fundamentales que los Estados Unidos, el capitalismo m谩s exitoso de la historia, llev贸 al m谩s alto nivel jam谩s alcanzado.

Desequilibrios, deudas, ca铆da del d贸lar

La p茅rdida de dinamismo del sistema productivo fue compensado por la expansi贸n del consumo privado (centrado en las clases altas), los gastos militares y la proliferaci贸n de actividades parasitarias lideradas por el sistema financiero. Lo que engendr贸 crecientes desequilibrios fiscales y del comercio exterior y una acumulaci贸n incesante de deudas p煤blicas y privadas, internas y externas. La deuda p煤blica norteamericana pas贸 de 390 mil millones de d贸lares en 1970, a 930 mil millones en 1980, a 3,2 billones (millones de millones) en 1990, a 5,6 billones en 2000 para saltar a 9,5 billones en abril de 2008; por su parte la deuda total de los estadounidenses (p煤blica m谩s privada) rondaba en la 煤ltima fecha mencionada los 53 billones de d贸lares (aproximadamente equivalente a Producto Bruto Mundial) de esa cifra el 20 % (unos 10 billones de d贸lares) constituyen deuda externa.

Solo durante 2007 la deuda total aumento cerca de 4,3 billones de d贸lares (equivalente al 30 % del PBI estadounidense) (10). El proceso fue coronado por una sucesi贸n de burbujas especulativas que marcaron, desde los a帽os 1990 a un sistema que consum铆a m谩s all谩 de sus posibilidades productivas.

A partir de los a帽os 1970-1980 es posible observar el crecimiento paralelo de tendencias perversas como los d茅ficits comercial, fiscal y energ茅tico, los gastos militares, el n煤mero de presos y las deudas p煤blicas y privadas. Todas esas curvas ascendentes aparecen atravesadas por algunas tendencias descendentes; por ejemplo la disminuci贸n de la tasa de ahorro personal y la ca铆da del valor internacional del d贸lar (que se se aceler贸 en la d茅cada actual), expresi贸n de la declinaci贸n de la supremac铆a imperial.

La articulaci贸n de esos fen贸menos nos permite esbozar una totalidad social decadente a la que se incorporan (convergen) una gran diversidad de hechos de distinta magnitud 鈥揷ulturales, tecnol贸gicos, sociales, pol铆ticos, militares, etc.

Esta visi贸n de largo plazo ubica a la era de los halcones presidida por George. W. Bush como una suerte de 鈥渟alto cualitativo鈥 de un proceso con varias d茅cadas de desarrollo y no como un hecho-excepcional o una desviaci贸n-negativa. Nos encontrar铆amos ante la fase m谩s reciente de la degradaci贸n del capitalismo estatista-keynesiano iniciada en los a帽os 1970 puntapi茅 inicial de la crisis general del sistema.

La experiencia hist贸rica ense帽a que esos despegues hacia el infierno casi siempre debutan en medio de euforias triunfalistas donde detr谩s de cada se帽al de victoria se oculta una constataci贸n de desastre. La loca carrera militar sobre Eurasia estaba (est谩 a煤n) en el centro del discurso acerca del supuesto combate victorioso contra un enemigo (terrorista) global imaginario que sumergi贸 en el pantano a las fuerzas armadas imperiales, las expansiones desenfrenadas de la burbuja inmobiliaria y de las deudas eran ocultada por las cifras de aumento del PBI y la sensaci贸n (medi谩tica) de prosperidad.

El centro del mundo

Los Estados Unidos constituyen hoy el centro del mundo (del capitalismo global), su declinaci贸n no es solo la de la primera potencia sino la del espacio esencial de la interpenetraci贸n productiva, comercial y financiera a escala planetaria que se fue acelerando en las tres 煤ltimas d茅cadas hasta conformar una trama muy densa de la que ninguna econom铆a capitalista desarrollada o subdesarrollada puede escapar 鈥搒alir de esa tupida red significa romper con la l贸gica, con el funcionamiento concreto del capitalismo integrado por clases dominantes locales altamente 芦transnacionalizadas禄.

Durante la d茅cada actual la expansi贸n econ贸mica en Europa, China m谩s otros pa铆ses subdesarrollados y el modesto 鈥揺f铆mero鈥 fin del estancamiento japon茅s sol铆an ser mostrados como el restablecimiento de capitalismos maduros y el ascenso de j贸venes capitalismos perif茅ricos cuando en realidad se trat贸 de prosperidades estrechamente relacionadas con la expansi贸n consumista-financiera norteamericana. Estados Unidos representa el 25 % del Producto Bruto Mundial y es el primer importador global, en 2007 compr贸 bienes y servicios por 2,3 millones de millones de d贸lares, es el principal cliente de China, India y Jap贸n, Inglaterra, el primer mercado extra europeo de Alemania.

Pero es sobre todo en el plano financiero, 谩rea hegem贸nica del sistema internacional, donde se destaca su primac铆a. Por ejemplo, la red de los negocios con productos financieros derivados (m谩s de 600 millones de millones de d贸lares registrados por el Banco de Basilea, es decir unas 12 veces el Producto Bruto Mundial) se articula a partir de la estructura financiera norteamericana, las grandes burbujas especulativas imperiales irradian al resto del mundo de manera directa o generando burbujas paralelas como fue posible comprobar con la experiencia reciente de la especulaci贸n inmobiliaria en los Estados Unidos y sus clones directos en Espa帽a, Inglaterra, Irlanda o Australia e indirectos como la superburbuja burs谩til china.

Si observamos el comportamiento econ贸mico de las grandes potencias comprobaremos en cada caso como sus esferas de negocios superan siempre los l铆mites de los respectivos mercados nacionales e incluso regionales cuya dimensi贸n real resulta insuficiente desde el punto de vista del volumen y la articulaci贸n internacional de sus actividades. La Uni贸n Europea est谩 s贸lidamente atada a los Estados Unidos a nivel comercial e industrial y principalmente financiero, Jap贸n agrega a lo anterior su hist贸rica dependencia de las compras norteamericanas, por su parte China desarroll贸 su econom铆a en el 煤ltimo cuarto de siglo sobre la base de sus exportaciones industriales a los Estados Unidos y a pa铆ses, como Jap贸n, Corea del Sur y otros, fuertemente dependientes del Imperio.

En fin, el renacimiento ruso gira en torno de sus exportaciones energ茅ticas (principalmente dirigidas hacia Europa), su 茅lite econ贸mica se fue estructurando desde el fin de la URSS multiplicando sus operaciones a escala transnacional en especial sus v铆nculos financieros con Europa occidental y los Estados Unidos. No se trata de simples lazos directos con el Imperio sino de la reproducci贸n ampliada acelerada de una compleja red global de negocios, mercados interdependendientes, asociaciones financieras, innovaciones tecnol贸gicas, etc., que integra al conjunto de burgues铆as dominantes del planeta. El mundo financiero hipertrofiado es su espacio de circulaci贸n natural y su motor geogr谩fico son los Estados Unidos cuya decadencia no puede ser disociada del fen贸meno m谩s amplio de la llamada globalizaci贸n, es decir la financierizaci贸n de la econom铆a mundial.

Podr铆amos visualizar al Imperio como sujeto central del proceso, su gran beneficiario y manipulador, y al mismo tiempo como su objeto, producto de una corriente que lo llevo hasta el m谩s alto nivel de riqueza y degradaci贸n. Gracias a la globalizaci贸n los Estados Unidos pudieron sobre-consumir pagando al resto del mundo con sus d贸lares devaluados imponiendoles su atesoramiento (bajo la forma de reservas) y sus t铆tulos p煤blicos que financiaron sus d茅ficits fiscales. Aunque tambi茅n gracias al parasitismo norteamericano, europeos, chinos, japoneses, etc., pudieron colocar en el mercado imperial una porci贸n significativa de sus exportaciones de mercanc铆as y de excedentes de capitales.

En ese sentido el parasitismo financiero, producto de la crisis de sobreproducci贸n cr贸nica, es a la vez norteamericano y universal, la otra cara del consumismo imperial es la reproducci贸n de capitalismos centrales y perif茅ricos que necesitan desbordar sus mercados locales para hacer crecer sus beneficios. Ello es evidente en los casos de Europa occidental y Jap贸n pero tambi茅n lo es en el de China que exporta gracias a sus bajos salarios (comprimiendo su mercado interno).

Lo que se est谩 hundiendo ahora no es la nave principal de la flota 鈥搒i as铆 fuera, numerosas embarcaciones podr铆an salvarse鈥: solo hay una nave y es su sector decisivo el que est谩 haciendo agua.

Horizontes turbulentos e ilusiones conservadoras

Debemos ubicar en su contexto hist贸rico a las actuales intervenciones de los Estados de los pa铆ses centrales destinadas a contrarrestar la crisis. En los 煤ltimos meses han proliferado ilusiones conservadoras referidas al posible desacople de varias econom铆as industriales y subdesarrolladas respecto de la recesi贸n imperial pero lo hechos van derrumbando esas esperanzas. Junto a ellas apareci贸 la fantas铆a del renacimiento del intervencionismo keynesiano: seg煤n dicha hip贸tesis el neoliberalismo (entendido como simple desestatizaci贸n de la econom铆a) ser铆a un fen贸meno reversible y nuevamente como hace un siglo el Estado salvar铆a al capitalismo.

En realidad en las 煤ltimas cuatro d茅cadas se ha producido en los pa铆ses centrales un doble fen贸meno: por una parte la degradaci贸n general de los estados que manteniendo su tama帽o con relaci贸n a cada econom铆a nacional quedaron sometidos a los grupos financieros, perdieron legitimidad social. Y por otra fueron progresivamente desbordados por el sistema econ贸mico mundial no solo por su trama financiera sino tambi茅n por operaciones industriales y comerciales que burlaban los controles (cada vez mas flojos) de las instituciones nacionales y regionales.

En los Estados Unidos dicho proceso avanz贸 m谩s que en ning煤n otro pa铆s desarrollado, nunca fue abandonado el hist贸rico keynesianismo militar por el contrario el Complejo Militar-Industrial se hipertrofi贸 articul谩ndose con un conjunto de negocios mafiosos, financieros, energ茅ticos, etc., que se convirti贸 en el centro dominante del sistema de poder apropi谩ndose groseramente del aparato estatal hasta convertirlo en una estructura decadente.

En los pa铆ses centrales el estado intervencionista 鈥揹e ra铆z keynesiana鈥 no necesita regresar porque nunca se ha ido, a lo largo de las 煤ltimas d茅cadas, obediente a las necesidades de las 谩reas m谩s avanzadas del capitalismo, fue modificando sus estrategias, apuntalando la concentraci贸n de ingresos y los desarrollos parasitarios, cambiando su ideolog铆a, su discurso 鈥揳yer integrador, social, productivista-industrial, hoy elitista, neoliberal y virtualista-financiero.

Es en el mundo subdesarrollado donde el estatismo retrocedi贸 hasta ser triturado en numerosos casos por la ola depredadora imperialista, la desestatizaci贸n fue su forma concreta de sometimiento a la din谩mica del capitalismo global. All铆 el regreso al estado interventor-desarrollista de otras 茅pocas es un viaje en el tiempo f铆sicamente imposible, las burgues铆as dominantes locales, sus negocios decisivos, est谩n completamente transnacionalizados o bien bajo la tutela directa de firmas transnacionales.

Ahora, en plena crisis, quedan al descubierto los dos problemas sin soluci贸n a la vista del Estado desarrollado (imperialista): su degeneraci贸n estructural y su insuficiencia, su impotencia ante un mundo capitalista demasiado grande y complejo. Es lo que se帽ala Richard Haas en el articulo arriba citado aunque sin decir que no se trata de una reconversi贸n positiva sobredeterminante del capitalismo internacional lo que acorrala al estado norteamericano y a los otros estados centrales sino m谩s bien de un fen贸meno mundial negativo que de manera rigurosa deber铆amos definir como decadencia global 鈥揺con贸mica-institucional-pol铆tica-militar-tecnol贸gica鈥. Es por ello que el paralelo ahora de moda en ciertos c铆rculos de expertos entre la implosi贸n sovi茅tica y la probable futura implosi贸n de los Estados Unidos es totalmente insuficiente porque existe entre otras cosas una diferencia de magnitud decisiva, el hiper-gigantismo del Imperio hace que su hundimiento tenga un poder de arrastre sin precedentes en la historia humana. Pero tambi茅n porque los Estados Unidos no constituyen 鈥渦n mundo aparte鈥 (marginado) sino el centro de la cultura universal (el capitalismo), la etapa m谩s reciente de una larga historia mundial en torno de Occidente.

La inmensidad del desastre en curso, la extrema radicalidad de las rupturas que puede llegar a engendrar, muy superiores a las que caus贸 la crisis iniciada hacia 1914 (que dio nacimiento a un largo ciclo de tentativas de superaci贸n del capitalismo y tambi茅n al fascismo, intento de recomposici贸n b谩rbara del sistema burgu茅s) genera reacciones espont谩neas negadoras de la realidad en las 茅lites dominantes, los espacios sociales conservadores y m谩s all谩 de ellos, pero la realidad de la crisis se va imponiendo. Todo el edificio de ideas, de certezas de diferente signo, construido a lo largo de m谩s de dos siglos de capitalismo industrial est谩 empezando a agrietarse.

Notas

1) Paul Craig Roberts, 鈥淭he collapse of American power鈥, Online Journal, 20-03-2008.
2) Peter Morice, 鈥淏ush Administration Dithers While Rome Burns. The Deepening recesion鈥, Counterpunch, April 3, 2008.
3) Richard Haass, 鈥淲hat follows American dominion?鈥, Financial Times, April 16, 2008.
4) Center on Budget and Policy Priorities.
5) U.S. Department of Justice – Bureau of Justice Statistics.
6) Adam Liptak, 鈥淎merican Exception. Inmate Count in U.S. Dwarfs Other Nations鈥, The New York Times, April 23, 2008.
7) Chalmers Johnson, ‘Going bankrupt: The US’s greatest threat’, Asia Times, 24 Jan 2008.
8) Rodrigue Tremblay, ‘The Five Pillars of the U.S. Military-Industrial Complex’, September 25, 2006, (www.thenewamericanempire.com/tremblay=1038.htm.
9) Scott B. MacDonald, ‘End of the guns and butter economy’, Asia Times, October 31, 2007.
10) Grandfader Economic Report (http://mwhodges.home.att.net/nat-debt).

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* Doctor en Econom铆a.

Un despacho de Argenpress, agencia de prensa independiente argentina.

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