Dic 15 2021
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Despacito por las piedras

Extremos y extremistas

Mi t√≠o cura, hermano de mi madre, era ac√©rrimo pinochetista. Abominaba de todo lo que aludiese a socialismo -comunismo, ni hablar-. Claro, esto se manifest√≥ despu√©s del 11 de septiembre de 1973. Pero antes, hablo aquellos d√≠as de finales de 1972, cuando viv√≠amos en constante confrontaci√≥n ideol√≥gica y tambi√©n de ¬ępol√≠tica aplicada¬Ľ; los √°nimos estaban caldeados -como ahora- y la sensibilidad se electrizaba a flor de epidermis.

T√≠o Mario empleaba con habilidad su iron√≠a, a trav√©s de pullas y afirmaciones el√≠pticas, un recurso en que los derechistas son particularmente h√°biles -lo hemos apreciado en estos d√≠as-, sobre todo cuando hay que ¬ęsacarle el poto a la jeringa¬Ľ o ¬ętirar el culo para las moras¬Ľ.

En una cena familiar conmemorativa, mi madre nos hab√≠a instado a no incurrir en alusiones de pol√≠tica contingente, solicitud que extendi√≥ al cura… Este ven√≠a achispado, despu√©s de una visita a los alambiques de Do√Īihue, y desoy√≥ la exhortaci√≥n de su hermana. Despu√©s del consom√©, alz√≥ la copa y dijo: -¬ęA la salud del compa√Īero Allende, que tiene a medio Chile haciendo la cola del pan¬Ľ.

No respond√≠ y nadie m√°s lo hizo. Mi padre, gallego republicano espa√Īol (no de estos ¬ęsocialcristianos de pu√Īal bajo el poncho¬Ľ), clav√≥ la mirada en su impertinente cu√Īado. Este no se arredr√≥, como si fuese virtual candidato ultramontano.

-Nos van a expropiar las citronetas Рagregó con sorna el cura, porque hoy son autos de lujo.

No me contuve. Me puse de pie, levanté la copa y ofrecí mi propio brindis: -A la salud de Carlos Marx, que expulsó a los mercaderes del templo.

T√≠o Mario se descompuso, dio un golpe de pu√Īo sobre la mesa, y me grit√≥: -No te permito que compares a Cristo con Marx…

Le respond√≠, en el acto: -¬ŅY c√≥mo usted compara al dictador asesino, Francisco Franco, con San Miguel Arc√°ngel? (Pinochet irrumpir√≠a un a√Īo m√°s tarde).

Este cuento, paciente lectora, amable lector, me volvi√≥ a la memoria ayer, despu√©s de un comentario que hice, en esta red, a prop√≥sito de una o dos escritoras, y un escritor, que denostaban a Boric y declaraban su apoyo a Kast. Dije que me extra√Īaba que hubiese gente del oficio de las letras apoyando al v√°stago ideol√≥gico de Augusto Pinochet, neonazi ejemplar, habiendo nosotros -los marginados escribas de este pa√≠s- padecido abusos, vej√°menes y aun asesinatos de nuestros pares.

El colega salt√≥, como si fuese mi t√≠o cura resucitado -hoy en el para√≠so sin culpa de los cat√≥licos-, para espetarme que el voto es libre… A rengl√≥n seguido, me habl√≥ de Venezuela, Nicaragua y Cuba, acus√°ndome de complicidad silenciosa con esos reg√≠menes funestos… Luego, como si fuera poco el infundio, me ech√≥ en cara los cien millones (estad√≠stica tan certera como las de CADEM) de muertos por cuenta del comunismo estalinista, nombrando de pasada al fascismo, como que no quiere la cosa. Me cepill√≥ por haberle yo recordado que viv√≠ en carne propia, y en la piel agujereada de nuestro gremio, los ultrajes de la √ļnica dictadura en la que he vivido y conozco de cerca: la militar empresarial, entre 1973 y 1990.

Al final de su atropellada perorata, donde parec√≠a un caballero de triste figura, blandiendo mohosa espada para defender a sus bellas due√Īas kastistas, puso como r√ļbrica ¬ęViva Chile Libre¬Ľ. A√ļn no me entero si ese Chile a que alude y glorifica es el de Pinochet, el de Pi√Īera o el de Kast… Ya nos enteraremos.

Cierro, para decir que me doli√≥ su ep√≠teto de ¬ęsoberbio¬Ľ. No se lo dejar√© pasar, porque a m√≠, como afirmaba mi progenitor emigrante: ¬ęa humilde y modesto, no me gana ni Dios¬Ľ.

Ciudadanas y ciudadanos, voten el domingo 19 ¬ęen conciencia¬Ľ, libremente, -no como en enero de 1980- aunque ya est√©n cansados de dilemas casu√≠sticos.

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