Jul 17 2023
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OpiniónPolítica

Fabricantes de piqueteros

Vivimos tiempos violentos, cuando una nueva y cruenta fase de acumulación originaria tiene lugar en Latinoamérica y el Caribe, ante una inédita concentración de poder, riqueza e influencia social en manos de un grupo cada vez más reducido de la población, mientras vastas mayorías nacionales son relegadas a la marginación y a la desesperanza, a la exclusión, el hambre y la pobreza por gobiernos neoliberales.

Hoy, en varios países de la región, se insiste en criminalizar la lucha de los desposeídos, los que quedaron sin nada gracias a las políticas neoliberales de gobiernos corruptos y antipopulares, en cada uno de los países de Nuestra América. Criminalización, multas, represión y prisión para quienes protesten -trabajadores, estudiantes, desocupados, campesinos, indígenas- es la cantinela repetida hasta el cansancio por políticos y los medios hegemónicos de comunicación.

Pero eso ocurre solo en América Latina. Las calles de París, Roma y Berlín, entre otras ciudades europeas dan la impresión de una riqueza ampliamente compartida y del confort del siglo XXI. Detrás de las fachadas ornamentadas y de las avenidas ultramodernas existe una realidad paralela: personas hacinadas en viviendas del casco céntrico, deterioradas construcciones suburbanas e incluso campamentos al aire libre sin instalaciones sanitarias. En Europa se calcula que hay 20 millones de personas viviendo en villas miseria. La exclusión y la pobreza en el primer mundo no la cuenta nadie en los medios.

La Uni√≥n Europea transita por el peor momento hist√≥rico desde su creaci√≥n y los peligros de desmembramiento y de ruptura de su moneda ya ocupan el centro del debate. Francia¬†est√° en el ojo de la tormenta por las protestas y violentos disturbios.¬†El estallido social responde al asesinato de un joven de ascendencia africana de 17 a√Īos en las banlieus¬†de Nanterre, al noroeste de Par√≠s.

América Latina ha sido expuesta al mundo con todas sus cicatrices, denostada por su inestabilidad social y política, castigada por sus crisis y sus éxodos. Los países del primer mundo, que rara vez acercan su mano hacia este continente saqueado por ellos y Estados Unidos, tienen la habilidad de no mostrar su miseria y exclusión.

El brutal ajuste fiscal en Grecia, exigido por el capitalismo usurario y el FMI para ¬ęrefinanciar¬Ľ su deuda se presenta como¬†la mecha de un potencial estallido social en cadena que podr√≠a, como emergente principal, desencadenar un proceso de crisis pol√≠tica y de p√©rdida de la gobernabilidad que se proyecte de la eurozona a toda la periferia europea.

¬ŅCausas de los estallidos? Para citar una sola: en 2023 son 735 millones las personas que sufren hambre en el mundo, 122 millones m√°s¬†que¬†los 613 millones de 2019.¬†Y estos datos significan que el hecho de poner fin al hambre en 2030, que se hab√≠an planteado como objetivos organizaciones internacionales, ser√° muy dif√≠cil de cumplir.

¬ŅM√°s desocupados que trabajadores?

La Oficina Regional de la Organizaci√≥n Internacional del Trabajo (OIT)se√Īal√≥ que Am√©rica Latina y el Caribe enfrentan en 2023 un mercado laboral ‚Äúaltamente complejo y cargado de incertidumbre‚ÄĚ a causa de una conjunci√≥n de m√ļltiples crisis que impactan los mercados de trabajo y hacen necesaria la aplicaci√≥n de pol√≠ticas para crear empleo formal. Y por ello se multiplican las ollas populares que garantizan la alimentaci√≥n solidaria.

: hace 31 a√Īos

El ¬ęCaracazo¬Ľ

A√Īade que la regi√≥n es afectada por ¬†m√ļltiples crisis a nivel global -persistencia de la pandemia, la guerra en Ucrania-, y al mismo tiempo enfrenta la perspectiva de un crecimiento econ√≥mico bajo, las secuelas de una elevada inflaci√≥n, desocupaci√≥n, limitado espacio fiscal y altos niveles de endeudamiento.

Desde el momento mismo de la fundación de América Latina, el Estado fue una fuente de rápido aprovisionamiento para políticos y gentes influyentes. La clase dirigente vivía del Estado, lo que acabó convirtiéndose en un rasgo permanente: en general, los políticos y funcionarios arribaban al poder para saquear al país. Los políticos son los mayores fabricantes de miseria por antonomasia, contra quienes se alza el dedo acusador de la sociedad, seguramente porque son los más visibles.

A ellos se suma en conchupancia la sombra militar creciente. Esos viejos fabricantes de miseria pol√≠tica, econ√≥mica y moral en Am√©rica Latina vuelven a la carga, a veces disfrazados, otras a cara descubierta. Despu√©s de obligados a retirarse a sus cuarteles ante la ola democratizadora, han vuelto a poner las botas sobre la mesa: el autoritarismo civil apoyado en los ej√©rcitos y la anemia de las instituciones democr√°ticas con la √ļltima era de dictaduras latinoamericanas.

‚ÄúHoy el verdadero poder es otra cosa. Es financiero y econ√≥mico. Cada vez m√°s los gobiernos se convierten en simples delegados, agentes que cumplen los mandatos de sus superiores. M√°s que un gobierno por el pueblo y para el pueblo, nos enfrentamos a algo que podr√≠amos llamar la fachada democr√°tica. ¬ŅPara que elegir dirigentes pol√≠ticos s√≠ los financistas tienen todo el poder?‚ÄĚ, preguntaba hace un cuarto de siglo el pensador portugu√©s Jos√© Saramago.

Los ¬ęranchitos¬Ľ de¬†Caracas, las ¬ęfavelas¬Ľ brasileras, los ¬ępueblos j√≥venes¬Ľ¬†peruanos, los ¬ęgamines¬Ľ colombianos, las ¬ęvillas¬†miserias¬Ľ argentinas, los ‚Äúcantegriles‚ÄĚ uruguayos la prueba de la ¬†gravedad de la crisis social ¬†que se expresa en cruentos procesos de desintegraci√≥n social y la fractura de las redes¬†colectivas de solidaridad que, no hace tanto tiempo, colaboraron eficazmente a mejorar las condiciones¬†¬†de vida de grandes sectores de nuestras sociedades, desalojados por convivencia social que alimentan el c√≠rculo vicioso de la impunidad, el crimen, la corrupci√≥n, el¬†narcotr√°fico, la exclusi√≥n social y la marginaci√≥n.

Violentos por el¬†‚Äúdarwinismo social‚ÄĚ del mercado, con su cortejo de previsibles minor√≠as ganadoras e igualmente previsibles y¬†masivos¬†perdedores.

Si hace 70 a√Īos el ingreso per c√°pita de los pa√≠ses de Am√©rica Latina equival√≠a aproximadamente al 50 % del que ten√≠an los habitantes de los pa√≠ses industrializados, esta proporci√≥n descendi√≥ a la mitad en la d√©cada de los 90 y sigue en ca√≠da permanente. La polarizaci√≥n parece avanzar de una manera irresistible, tanto en los capitalismos metropolitanos como en los que pertenecen a la periferia del sistema.

Cada a√Īo mueren alrededor de 16 millones de ni√Īos a causa del hambre o de enfermedades curables, buena parte de ellos en esta parte del planeta, hecho que es invisibilizado por los medios hegem√≥nicos de comunicaci√≥n de masas, gigantescos emporios privados que dominan sin contrapesos, nuestra esfera p√ļblica, reproduciendo una visi√≥n conformista y optimista de la realidad, para ocultar los estragos que las pol√≠ticas neoliberales produjeron y siguen produciendo en nuestros pa√≠ses.

Un estudio del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) se√Īala que en cuatro a√Īos los ni√Īos victimizados por la violencia neoliberal, violencia ‚Äúinstitucionalizada‚ÄĚ que se oculta tras los pliegues del mercado, igualan a los 60 millones de muertos ocasionados por la segunda guerra mundial. Como bien lo observara Ernest Mandel, ‚Äúcada cuatro a√Īos una guerra mundial contra los ni√Īos‚ÄĚ.

A√Īade que con una peque√Īa burgues√≠a conservadora y en conjunto pr√≥spera, el neofascismo no tiene ninguna posibilidad objetiva de ganar una amplia base de masas. Los ricos propietarios no se lanzan a combates en la calle contra los trabajadores revolucionarios o los estudiantes de extrema izquierda.

Hoy se hace necesario¬†superar ¬†la camisa de fuerza de la ‚Äúalternancia sin alternativas‚ÄĚ que¬†predomina en la pol√≠tica ¬†de nuestros d√≠as a partir de la aceptaci√≥n sin discusi√≥n de la bondad del¬†‚Äúmodelo‚ÄĚ y evidenciada en la verdadera competencia partidaria para ver qui√©n otorga mayores y mejores¬†garant√≠as a sus excluyentes beneficiarios.La ultraderecha teje nuevas alianzas para crecer en Am√©rica Latina

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) indica que en lugar de discutir los inocultables problemas que ha suscitado el ajuste neoliberal, tales como: crecimiento escalofriante de la deuda externa y la consiguiente vulnerabilidad de la econom√≠a, los desajustes fiscales, el colapso de las econom√≠as regionales, regresividad tributaria, ¬†empobrecimiento extremo de las clases y capas populares, desprotecci√≥n social, auge de la violencia y la inseguridad ciudadana, la clase pol√≠tica se empe√Īa en preservar a todas costas un modelo que condena a las mayor√≠as y destruye los fundamentos mismos de la vida social.

Piquetes, estallidos

La Confederaci√≥n Europea de Sindicatos (CES) estim√≥ que 19 millones de trabajadores viven bajo el umbral de la pobreza en el continente y reclam√≥ m√°s empleo y de mayor calidad ante la evidencia de que tener trabajo remunerado no garantiza quedar a salvo de la exclusi√≥n social en Europa. Las personas en riesgo de exclusi√≥n social en Europa rebasan los 80 millones, por lo que llamaron a las ¬†distintos Estados a ‚Äúreforzar el papel de los servicios p√ļblicos‚ÄĚ.

El momento que provoca el estallido social, la gota que derrama el vaso viene en diferentes presentaciones hasta el punto que puede parecer insignificante, pero se convierte en el momento que revela los problemas fundamentales de una sociedad.

No son nuevos los estallidos sociales en la regi√≥n. Caben destacar el Caracazo en Venezuela,¬†las llamadas ¬ęguerras¬Ľ del gas y del agua en Bolivia¬†y¬†el estallido del 2001 en Argentina. En los √ļltimos a√Īos, la presi√≥n sobre los gobiernos ha aumentado debido a un malestar general de la poblaci√≥n.

No todos los levantamientos sociales han tenido el mismo origen, la misma línea ideológica o el mismo desenlace. El momento que provoca el estallido social, la gota que derrama el vaso viene en diferentes presentaciones hasta el punto que puede parecer insignificante, pero se convierte en el momento que revela los problemas fundamentales de una sociedad.

Quiz√° 2019 sea recordado como el a√Īo del estallido social en Am√©rica Latina. En su √ļltimo trimestre, emergieron protestas nueve pa√≠ses, entre ellos Ecuador, Chile (en octubre de 2019 y marzo de 2020), Bolivia y Colombia. El miedo al contagio de Covid-19 pareci√≥ sofocarlas cuando la pandemia lleg√≥ a la regi√≥n en 2020. Sin embargo, en Bolivia y en Colombia, el descontento pudo m√°s que el miedo y la gente sali√≥ a las calles aun con pandemia, bronca, desesperaci√≥n.Chile despert√≥', la situaci√≥n un mes despu√©s del estallido social | Euronews

En Per√ļ y Paraguay, que hab√≠an vivido crisis institucionales en 2019, las protestas estallaron a fines de 2020 y principios de 2021, respectivamente. En Chile, Per√ļ y Colombia, los j√≥venes lideraron las protestas en el marco de una menor densidad organizativa de la sociedad civil y, por ende, la falta de representantes claros con capacidad para negociar salidas de la crisis.

El despertar democr√°tico no trajo redistribuci√≥n para las mayor√≠as, sino procesos de ajuste econ√≥mico y una ola de reformas de mercado. Las elites econ√≥micas perdieron el miedo a la democracia, y si bien los militares se resistieron a los intentos de juzgar sus cr√≠menes contra los derechos humanos, se mantuvo la paz social, ya fuera por miedo a la represi√≥n pasada o por el desgaste que implicaba la supervivencia econ√≥mica, con el aumento de la pobreza y la informalidad que trajeron los a√Īos 90.

Cuando las elites pol√≠ticas parec√≠an acordar en el Consenso de Washington (reformas que inclu√≠an privatizaciones, desregulaci√≥n y liberalizaci√≥n comercial), la resistencia de las clases populares empobrecidas comenz√≥ a surgir y se agudiz√≥ con la crisis econ√≥mica que caracteriz√≥ el √ļltimo lustro del siglo XX.

El piquete es uno de los paradigmas en los cuales se concentra parte de la protesta comunitaria. Consiste en la interrupción -no total ni violenta- del tránsito normal de una vía de comunicación, con el fin de obtener mejores condiciones de vida o al menos que no empeoren las existentes.

Se conoce como¬†movimiento piquetero¬†al movimiento de trabajadores desocupados surgido en¬†Argentina¬†a mediados de la d√©cada de 1990.¬†El crecimiento de la desocupaci√≥n y los √≠ndices de pobreza, que fueron en aumento durante la presidencia de Carlos Menem, crearon un caldo de cultivo en el pa√≠s para el surgimiento de m√ļltiples protestas y formas de organizaci√≥n de trabajadores que perd√≠an su empleo y corr√≠an el serio riesgo de quedar excluidos del mercado laboral.Argentina 2001: el desenlace final de un Estado que no pudo afrontar sus compromisos | Universidad de San Andr√©s

El movimiento piquetero argentino nace de una necesidad vital para los trabajadores (y no s√≥lo de los desocupados): la lucha contra el desempleo, que con el neoliberalismo adquiri√≥ dimensiones de cat√°strofe, ante el absoluto abandono de los desocupados y de sus reivindicaciones por parte de la burocracia oficial de los sindicatos. En la medida en que ¬ęorganiza a los desorganizados¬Ľ, el movimiento piquetero es un freno al intento ¬†de atomizar a la clase obrera a trav√©s del desempleo.

La denominaci√≥n ¬ępiquetero¬Ľ proviene del hecho de¬†que los movimientos de desocupados principalmente tienen como forma de protesta social¬†la instalaci√≥n de piquetes en lugares estrat√©gicos, para imposibilitar total o parcialmente la circulaci√≥n por calles, caminos o rutas.

El piquete es una forma de llamar la atenci√≥n sobre un reclamo a quienes gobiernan y presionar para que sea resuelto. Los desocupados se ven obligados a ejercer este tipo de acciones porque el capitalismo no les ofrece ninguna alternativa. Contra ello es que los piqueteros se organizan: para garantizar su propia vida, algo que el capitalismo y su democracia burguesa no puede hacer, a pesar de la ficci√≥n de los ‚Äúderechos‚ÄĚ, como el derecho a tener trabajo y a comer.

A comienzos del siglo XXI, la Argentina se vio azotada por una catástrofe social: 25% de desocupados y un 60% de pobres e indigentes en un país que supo encabezar la lista de los países más ricos La Dignidad de los Nadies Pino Solanas - YouTubedel mundo. Con la intención de rescatar la memoria contra el olvido, el director de cine Pino Solanas construyó La dignidad de los Nadies, con relatos e historias de los protagonistas de la resistencia social, de las clases medias empobrecidas, desocupados y piqueteros.

La ciudadan√≠a con demandas insatisfechas busca una democracia que la escuche¬†y¬†la siente a la mesa de¬†las decisiones. Esa demanda de legitimidad democr√°tica es m√°s importante que los l√≠mites a la pol√≠tica p√ļblica que sugieren¬†los ¬ętransit√≥logos¬Ľ¬†socialdem√≥cratas, con el pretexto del¬†miedo al retorno militar.

Pero esa legitimidad no es suficiente si no se asocia a una esperanza de mayor bienestar futuro. Y si los gobiernos no lo logran, seguirán los estallidos, porque sus políticas neoliberales son las que en realidad fabrican a los piqueteros.

 

*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

 

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