El Mundial de Fútbol 2026 estuvo marcado por un aumento significativo de racismo e islamofobia, tanto en redes sociales como en incidentes presenciales, afectando a jugadores, aficionados y generando denuncias internacionales, muchas de ellas sin motivo, sobre todo la que desde España quieren imponer el imaginario colectivo de que Argentina es un país racista.
En la fase final del Mundial, a Argentina, se le atribuyó el rol del “malo de la película” en ese relato: ni a Trump, ni al VAR, ni a Infantino.
Mientras desde España y EU enfilaron los cañones contra los futbolistas argentinos, el Consejo de Europa investiga si hubo partidos arreglados en el Mundial: lo que investigan son dos encuentros de España.Las acciones puntuales que ya se encuentran bajo la mirada de un grupo asesor del Consejo de Europa, apenas terminada la Copa del Mundo que España ganó a Argentina.
El portal deportivo The Athletic de Estados Unidos (uno de los tres países que organizó la Copa del Mundo), un grupo asesor del Consejo de Europa publicó un informe y alertó sobre siete posibles casos de arreglo de encuentros relacionados con las apuestas deportivas o las «prediction markets» (mercados de predicción) durante el certamen.
Entre los principales incidentes reportados se encuentran: a) La tarjeta roja a Themba Zwane en Sudáfrica frente a México, en el partido inaugural que el conjunto local ganó por 2-0 por el Grupo A; b) las supuestas apuestas de más de cuatro millones de euros a que la candidata España no iba a ganarle a la débil Cabo Verde, duelo que culminó 0-0 por la primera fecha del Grupo H; c) Una larga revisión del VAR que al final anuló el gol de Ferran Torres en España vs. Arabia Saudita, por la segunda jornada de la misma zona H.
La FIFA afirmó oficialmente «no haber detectado ninguna actividad sospechosa» en las apuestas bajo su propio grupo de investigación, indicando que los 104 partidos fueron monitoreados en tiempo real y «no se encontraron pruebas» de la supuesta manipulación de los mismos.
También hay sospechas de manipulación en mercados de predicciones con respecto a la tarjeta roja retirada a Folarin Balogun en Estados Unidos vs. Bélgica, por ejemplo, ya que fue una decisión tomada por el propio presidente de la FIFA Gianni Infantino a pedido de su amigo-socio, el presidente estadounidense Donald Trump.
Y surgió un nuevo misterio de la final del Mundial entre Argentina y España: la FIFA anuló la roja contra el argentino Leandro Paredes, que Slavko Vincic, árbitro conocido por su afición a visitar burdeles de Europa, le había sacado por supuestamente golpear a lo futbolistas españoles Eric García y Gavi.
Desde la redes insisten que se investigue el partido Francia-Inglaterra, donde se anotaron 10 goles en un cotejo por el tercer puesto (ganaron lo ingleses 6-4). Killian Mbappé y Jude Bellimgham, ambos jugadores del Real Madrid, hicieron goles. Kiki terminó siendo bota de oro. Saka anotó dos tantos después de que Declan Rice y Ezri Konsa pusieran a Inglaterra por delante en los primeros 20 minutos. La dinámica cambió radicalmente tras el descanso: Francia recortó distancias con tres goles y desperdició ocasiones claras para empatar.
Kylian Mbappé marcó un gol antes y otro después del tanto de Bradley Barcola, situándose en cabeza en la lucha por la Bota de Oro de 2026 y superando al argentino Lionel Messi para convertirse en el máximo goleador histórico de los mundiales con 22 dianas. Saka completó su triplete desde el punto de penalti en el minuto 87.
(Casi) todos contra Argentina
El éxito deportivo de la Selección argentina también implicó una mayor exposición y, con ella, la aparición de voces críticas que encuentran en cada episodio un motivo para cuestionar al país. Históricamente, Argentina recibió críticas por distintos aspectos de su identidad, pero el racismo nunca había ocupado un lugar central en esas observaciones.

Las críticas de la influencer Mia Khalifa y los comentarios atribuidos al actor Samuel L. Jackson sobre Argentina reflejan un mismo error: extrapolar las opiniones de un dirigente político a toda una sociedad. Ven al presidente Javier Milei y creen que representa el pensamiento de los 50 millones de argentinos. Es un error de concepto. en un país atravesado históricamente por crisis económicas y sociales, el fútbol funciona como uno de los pocos espacios donde los argentinos pueden sentirse protagonistas a nivel mundial, les permite ser ganadores en algo.
En ese marco, se diferencian las figuras de Diego Maradona y Lionel Messi. Maradona es recordado como «el héroe», por su capacidad de sacrificio y representación popular, y a Messi se lo concibe como un símbolo admirado por su habilidad y su conducta dentro y fuera de la cancha.
Organizaciones afroargentinas estiman que alrededor de dos millones de personas podrían tener ascendencia africana, aunque no todos se autoidentifiquen como afrodescendientes. Durante las seis semanas de competencia, se conformó una narrativa internacional destinada a instalar una imagen negativa de la Argentina y de sus principales figuras deportivas.
Las acusaciones de racismo, los cuestionamientos por supuestos favoritismos arbitrales, la viralización de jugadas polémicas, la proliferación de las expresiones “ArgenFIFA” y “Mundial amañado”, las referencias a la relación del país con Israel y la transformación de Lionel Messi —el héroe de Qatar 2022— en objeto de críticas y burlas fueron agrupadas como expresiones de un mismo fenómeno.
Una medición de la consultora Ad Hoc Digital aportó una dimensión cuantitativa al fenómeno. El trabajo, que monitoreó las conversaciones en redes sociales entre el 11 de junio y el 20 de julio, identificó cuatro narrativas principales vinculadas con la Argentina durante el Mundial. La caracterización del país como racista acumuló 826.000 menciones. La vinculación entre la Argentina e Israel reunió 764.000. Las publicaciones que utilizaron las expresiones “ArgenFIFA” y “Mundial amañado” llegaron a 688.000, mientras que las referencias explícitas a la existencia de una campaña antiargentina alcanzaron 379.000 menciones.
El debate sigue intenso en Argentina: la cantante Cazzu habló de que en el país hay racismo hacia el pueblo indígena y clasismo con la gente de bajos recursos e hizo hincapié en las desigualdades socioeconómicas y geográficas que sufren miles de personas a diario.
La senadora paraguaya Celeste Amarilla lanzó comentarios deshumanizantes contra el jugador francés Kylian Mbappé tras el partido Paraguay vs. Francia, lo que generó indignación internacional y denuncias ante la FIFA y organismos de derechos humanos. En Argentina, el streamer estadounidense IShowSpeed fue víctima de insultos y gestos racistas por parte de aficionados durante el partido contra Cabo Verde. Además, se documentaron gestos racistas hacia jugadores como Lamine Yamal, de España, de origen marroquí y ecuatoguineano.
El actor español Javier Bardem salió a responder a la polémica que generaron sus recientes declaraciones tras la final del Mundial 2026 y aseguró que nunca afirmó que la Argentina fuera un país racista o xenófobo y expresó su respeto y admiración por el pueblo argentino. La controversia surgió luego de una entrevista con el periodista británico Mehdi Hasan, en la que Bardem analizó el contexto político que rodeó la final del Mundial.
Allí cuestionó la postura internacional del presidente Javier Milei, especialmente su respaldo al gobierno de Israel, y sostuvo que esa situación podía influir en la percepción de algunos hinchas durante el torneo.
Pero una imagen se viralizó durante los últimos días del Mundial en redes sociales, en la que se les pide a las personas negras que no apoyen a la Selección argentina porque el país sería “uno de los más racistas del mundo”. La imagen utiliza una foto editada del actor Samuel L. Jackson con la camiseta argentina para reforzar ese mensaje, que circuló ampliamente durante el Mundial y alimentó la discusión.

El escritor argentino Martín Caparrós, residente en España, publicó un extenso texto en X después de que se viralizaran mensajes que calificaban a la Argentina como “uno de los países más racistas del mundo”. En su reflexión repasó la historia del país y defendió la idea de que la sociedad argentina se construyó a partir de la mezcla. “En la Argentina, por suerte, no hay pureza posible. Somos pura mezcla, somos los mismos y distintos: no podemos descalificar a ningún otro porque nosotros mismos somos otros”, añadió.
«En la Argentina, por suerte, no hay pureza posible. Somos pura mezcla, no podemos descalificar a ningún otro porque nosotros mismos somos otros», afirmó Caparrós.
Wilkipedia señala que los «negros», son un grupo que en la Argentina no se encuentra claramente definido, pero se asocia, aunque no exclusivamente, con personas pertenecientes a la clase baja, pobres y, más recientemente con la delincuencia. También se han desarrollado términos y actitudes de tipo racista, xenófobo y despectivo para dirigirse a los inmigrantes. Antiguamente, «gallego», «tano», «turco» y «ruso» poseían connotaciones peyorativas, que aún continúan en los «chistes de gallegos» en el primer caso y en los insultos antisemitas, en el último.
Durante la época colonial, la población afrodescendiente en el territorio del actual Argentina era considerable. En el Censo de 1778, el 46% de la población tenía origen africano, incluyendo negros, mulatos y zambos, y en algunas ciudades superaban la mitad de los habitantes. Entre 1777 y 1812, más de 72 mil esclavos africanos llegaron a los puertos de Buenos Aires y Montevideo, provenientes de Angola, Congo, Mozambique y otras regiones del sudeste africano.
Los afroargentinos participaron activamente en la sociedad colonial, trabajando, luchando en guerras de independencia y contribuyendo a la cultura, como en la música y el lenguaje, con palabras de origen africano como “milonga”. Según el Censo de 2010, 149.493 personas se reconocieron como afrodescendientes (0,37% de la población), mientras que en el Censo de 2022 esta cifra aumentó a 302.936 personas (0,66%).

El término «negro», cuando es usado en términos despectivos, se asocia, aunque no exclusivamente, con personas pertenecientes a la clase baja, los pobres y los excluidos. En Argentina, «cabecita negra» fue un término despectivo usado principalmente a mediados del siglo XX para referirse a personas de piel más oscura y rasgos indígenas o mestizos, generalmente de la clase trabajadora.
Surgió en la Buenos Aires, en la capital del país, durante la década de 1940, en el contexto de una gran migración interna desde las provincias del norte hacia la ciudad, por la industrialización y la búsqueda de empleo en fábricas y fue la base de ese gran movimiento social conocido como peronismo (seguidores del expresidente Juan Domingo Perón y su esposa Eva Perón, «la abanderada de los humildes».

Las últimas cifras oficiales indican que apenas 149.493 personas en una Argentina de 47 millones de habitantes se autoperciben de esta manera. En la época colonial, más del 40% de la población tenía origen africano. Las nuevas migraciones y el mestizaje, entre las razones de la marcada disminución.
Hoy, los afroargentinos representan una minoría pequeña pero creciente. Este aumento se atribuye tanto a nuevas migraciones de países africanos y latinoamericanos como a cambios en la autoidentificación de los censados. Los afroargentinos actuales incluyen descendientes de la era virreinal, inmigrantes de Cabo Verde y Senegal, y migrantes recientes de otros países africanos y latinoamericanos.
Colofón
Dos añadidos que hace Sergio Ferrari desde Suiza: 1)Aunque todavía es difícil de contabilizar cifras definitivas, la ganancia neta de la FIFA ascendería entre 14 mil millones de dólares y 19 mil millones de dólares. ¡Cifras siderales!, y 2) ¿El “Show Mundial” le dará a Trump más votos en noviembre o le restará popularidad en las urnas? Pienso que el balance final se verá en torno a los resultados electorales.
* Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la). Autor de Vernos con nuestros propios ojos, El asesinato de la verdad, y El asesinato de la democracia, El progresismo en su laberinto, entre otros textos
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