Jul 1 2022
158 lecturas

OpiniónPolítica

Gustavo Petro: El diario de Carmenza

Hace unos d√≠as me encontr√© en mi casa con un exgeneral del Ej√©rcito. Me cont√≥ que de joven hab√≠a estado al frente de la tarea de perseguirme y capturarme en Zipaquir√°. Me present√≥ a su esposa y conversamos como viejos conocidos, como ex militares de una guerra a√Īeja, perpetua, que ambos deseamos que se acabe. Nos encontramos como amigos. √Čl, lleno de victorias militares y yo, con mis mismos deseos de joven, quiz√°s tambi√©n de victorias, si como victoria entendemos el simple hecho de seguir vivos.

Hablando con √©l, llegamos a la conclusi√≥n de que quienes hacen la guerra en Colombia no son en realidad los hombres de uniforme, sino los pol√≠ticos, los que se apropian del poder y la riqueza.Qui√©n fue La Chiqui en la toma de la Embajada de Rep√ļblica Dominicana - Pol√≠tica - ELTIEMPO.COM

El exgeneral me trajo un regalo que me hizo estremecer, un obsequio que me deja una herida, un dolorcillo en el coraz√≥n, una tristeza, una nostalgia. Me entreg√≥ las fotocopias del diario de campa√Īa de ‚ÄúLa Chiqui‚ÄĚ: Carmenza Cardona Londo√Īo. La jovencita que puso a sus pies al gobierno de Turbay, en la toma de la Embajada Dominicana. La mujer, peque√Īa de estatura, pero de inmensa valent√≠a, que con su brazo en alto y su capucha nos puso a so√Īar a muchos, cuando le grit√≥ a toda Colombia, en 1980: ¬°Dignidad!

En una agenda de Ecopetrol, Carmenza, quien se hac√≠a llamar Natalia, escribi√≥ su d√≠a a d√≠a. Narr√≥ casi cuatro meses de traves√≠a armada por el Choc√≥, desde el mar donde desembarc√≥ con sus compa√Īeros so√Īadores, hasta el Alto Andagueda, ya en Risaralda.

Devor√© ese diario en menos de dos horas hasta que llegu√© a la p√°gina en blanco que segu√≠a a su √ļltima palabra. Ese blanco inmenso en el que m√°s nunca escribir√° ella; ese blanco que ya no se llenar√° de palabras; el blanco de un autor desaparecido, el blanco de las palabras que ya no estar√°n. Esa p√°gina en blanco, al final de su √ļltima palabra, estaba llena de su muerte en combate. Ese blanco que me dej√≥ un nudo en la garganta, una impotencia.

All√≠ en esas p√°ginas, con su clara letra femenina, volv√≠ un poco a reencontrarme. Era abril de 1981, yo ten√≠a 21 a√Īos cuando eso. Quiz√°s hab√≠a festejado mi cumplea√Īos con mi mam√°, mi padre, y mis hermanos, quiz√°s estaba a√ļn tranquilo so√Īando revoluciones en Zipaquir√°, aun estudiante de econom√≠a, mientras ella, a punta de valent√≠a, atravesaba esas selvas espesas y esos r√≠os caudalosos, soportando la persecuci√≥n permanente de los helic√≥pteros y la infanter√≠a del ej√©rcito.

Su diario estaba en su mochila ensangrentada y les permiti√≥ saber a quienes la abatieron, su nombre, su gigante significado, el s√≠mbolo enorme de aquella que estaba arrojada en la trocha, en medio de aquel inmenso verde esplendoroso que admir√≥ el d√≠a anterior, y sobre el cual escribi√≥. Seguro alg√ļn mando del ej√©rcito guard√≥ ese diario, y seguro alguien le sac√≥ fotocopias. Sin que nadie en Colombia lo supiera, el diario esper√≥ 40 a√Īos, mucho m√°s que la edad que alcanz√≥ a tener su autora, antes de llegar a mis manos. Ahora no puedo menos que comprometerme a publicarlo.

Leyendo esas p√°ginas encontr√© mis propios recuerdos, los br√≠os que nos acompa√Īaban e impulsaban, esa ingenuidad rom√°ntica de pensar que Colombia se pod√≠a cambiar, esa ilusi√≥n de joven, de mujer, rompiendo el dolor f√≠sico, las llagas de sus pies, el dolor de su columna por el peso. Ese trasegar sin quejas d√≠a y noche, esos d√≠as llenos de lluvias, de marchas, de hambre, persiguiendo como se persigue una estrella, una idea, un sue√Īo.

Las rutinas azarosas de los d√≠as pasaron por esas p√°ginas. Los √ļltimos meses de la vida de Carmenza Cardona est√°n all√≠ escritos con doloroso amor. Acababan de celebrar un 19 de abril y en su √ļltima p√°gina escrita se apreciaba un nivel moral tan alto, un sentimiento de victoria tan sublime, que en cierta forma era tambi√©n un sentimiento de paz. De haber logrado la proeza de atravesar durante meses las tierras del Choc√≥ para llegar luego a las altas tierras desde donde so√Īaba con hacer una revoluci√≥n, hubiera convergido en un torrente enorme de transformaci√≥n para el pa√≠s.

Su cuerpo nunca fue entregado. Está enterrado allí en esas tierras de indígenas emberas y, sin embargo, hoy una parte de su vida está entre mis manos. Su diario la resucita, para las mujeres jóvenes de hoy.

Allí en esas páginas hay un hilo conductor. Su paso por caseríos innombrables, lejanos y aislados, llenos de mineros negros y pescadores, de indígenas emberas.

Hasta Encontrarlos! Twitter ŗ™™ŗ™į: "Desde el 25/abril/1981 est√° desaparecida forzadamente Martha Gisella Restrepo Valencia, junto a Carmenza Cardona Londo√Īo y 8 de sus compa√Īeros, asesinados por el ej√©rcito en acciones b√©licas enNos describe Carmenza, la pobreza, el hambre, el abandono. La alegr√≠a de esos pueblos al recibir a los hombres y mujeres del M19, el encuentro con la esperanza.

Pueblos negros descendientes de los esclavos que trajeron los espa√Īoles a la fuerza y sobre los cuales construyeron un sistema econ√≥mico y pol√≠tico que a√ļn nos persigue.

Carmenza encontraba en esa pobreza, que a veces se lee ins√≠pida en los libros, en las estad√≠sticas, desde las oficinas de los bur√≥cratas que gobiernan en Bogot√°, el af√°n de superarla y de vivir. Al dormir all√≠ en los mismos ranchos, al comprar una vaca para darle por primera vez carne a los ni√Īos negros, al compartir las escazas medicinas que tra√≠a con personas que jam√°s hab√≠an visto un m√©dico, Carmenza se llenaba de ganas de luchar, le encontraba sentido a su existencia.

Pasó cerca de Istmina, por el San Juan, y cruzó el río Andagueda donde los esperaba una emboscada, combatió dos veces, pero llenó sobre todo sus días, de selva, de lluvias, y del pueblo más pobre de Colombia.

Nunca pensó en desertar o salir corriendo, ni una sola palabra de flaqueza en su diario, nunca un reproche o un resentimiento. A través de su diario se nota que, por esas selvas y esos recónditos parajes de la pobreza colombiana, transitaba una mujer joven llena de amor, transitaba el amor. Porque en lo más inhóspito siempre está el amor.

Carmenza sabía que recorría las tierras de los descendientes de la gente que se había liberado de cadenas, huyendo. Los esclavistas jamás dejaron el poder en Colombia. Se vistieron de virreyes y después de libertadores. Se dieron libertad a sí mismos y luego destruyeron a quienes clamaban por una libertad real para toda la sociedad, hasta que destruyeron el mismo ejército libertador. Hasta que hicieron de la palabra democracia una burla.

Los esclavistas siguieron gobernando hasta llegar a los tiempos de Carmenza y desde sus privilegios cómodos le lanzaron un ejército para matarla. Ella que se llenaba del aliento de la libertadora de esclavos.

En ese Choc√≥ abandonado, y en el litoral del Valle y del Cauca, y de Nari√Īo, y en los barrios populares de Bogot√°, y de Cali, y de Medell√≠n, est√°n los descendientes de estos pueblos emberas y negros que encontraba Carmenza a su paso.

Los hijos del M-19: de la clandestinidad al exilio - Las2orillas.coEn las décadas que siguieron a la muerte de Carmenza, siguió el desplazamiento del pueblo que abrazaba, siguió la toma mafiosa y paramilitar del territorio, se abalanzó sobre esas tierras el vandalismo de los politiqueros, llegó la minería ilegal que desataron los lavadores de dólares, décadas después. Llegó el destrozo de su territorio, de sus ríos, de sus selvas, la gente salió de allí despavorida e inundó los barrios de pobres de las ciudades.

No lo supo Carmenza, pero de los pueblos pobres que ve√≠a, las gentes con las que se abrazaba y bailaba y cantaba, y hablaba de ideas revolucionarias y de un pa√≠s distinto y justo, tuvieron que salir corriendo con lo poco que ten√≠a, con familias y ni√Īos en los brazos, en noches oscuras por r√≠os miedosos y selvas tupidas, llenos de terror, desplazados por los oscuros gobiernos de los esclavistas.

El pueblo que vio por √ļltima vez a Carmenza, nunca sospech√≥ que aquella jovencita en aquellos remotos y h√ļmedos lugares, era la misma que hab√≠a puesto el mundo a negociar con ella, la misma que hab√≠a dado √≥rdenes al embajador de los EU para que barriera bien la cocina y atendiera con humildad a sus compa√Īeros embajadores, la misma que le hab√≠a dicho al pa√≠s que era necesario un Di√°logo Nacional para reconstruir la Patria.

La misma que se hizo escuchar del presidente de la rep√ļblica y que hab√≠a logrado que las primeras p√°ginas de los principales diarios del mundo le sacaran esa, su foto ic√≥nica, de mujer brav√≠a grit√°ndole a la humanidad sus verdades.

Ese pueblo que la quería viviendo en esos caseríos y ranchos miserables, terminarían mucho tiempo después de su propia muerte, desplazados, aterrorizados, convertidos en los parias de la tierra, en los parias de siempre, en las víctimas de la injusticia.

Un r√≠o negro y embera saldr√≠a de la selva para refugiarse en la gran ciudad, en la Medell√≠n, en la Capital de la Rep√ļblica, esperando el abrazo solidario. El que ellos mismo dar√≠an si un ciudadano de Medell√≠n, Cali o Bogot√° llegase hasta sus tierras, como se lo dieron a Carmenza.

Al acabar de leer el diario, mire mi celular y sus redes. La noticia era la masacre de cinco ni√Īos negros en un barrio popular de Cali. Una masacre de ni√Īos, como las de los ni√Īos bombardeados. 400 ni√Īos ca√≠dos, bombardeados, miles de ni√Īos fusilados, decenas de miles de ni√Īos muertos por el hambre y la sed.

Carmenza Cardona Londo√Īo - WikipediaJuan Manuel Monta√Īo de 15 a√Īos, Jair Andr√©s Cort√©s de 14 a√Īos, Jean Paul Perlaza de 15 a√Īos, Leyder C√°rdenas de 15 a√Īos, √Ālvaro Jos√© Caicedo de 14 a√Īos. Todos ni√Īos negros, degollados en Llano Verde, cerca de la polic√≠a.

Ni√Īos degollados ante hombres de machetes ensangrentados que eran miembros de la seguridad de un gran ca√Īaduzal, hombres de negro armados de machete junto a la polic√≠a, custodios de una riqueza ajena, la de los antiguos esclavistas, la que monopoliza el uso de la tierra del Valle del Cauca, la que consume la mayor parte de su agua, ni√Īos degollados tirados en el ca√Īaduzal donde trabajaron sus padres, sus abuelos sus bisabuelos, sus ascendientes esclavos, esclavos que tambi√©n eran asesinados en la tierra de los esclavistas.

Una masacre m√°s entre centenares de masacres de Colombia. La masacre del pueblo negro. El genocidio.

J√≥venes a los que, quienes gobiernan el pa√≠s miran con desd√©n o ni siquiera miran. A los que les cierran las puertas de la universidad y del buen vivir. A los que persiguen permanentemente bajo el mirar de una polic√≠a que a√ļn no entiende que su papel es protegerlos. J√≥venes abandonados por la injusticia social. Hijos descendientes de los esclavos, de los que trajeron a la fuerza para explotar y hacer riqueza para otros.

En esa Cali, donde quedaron condenados al olvido, mientras los apellidos de los esclavistas, despu√©s de cinco siglos contin√ļan resplandeciendo en las altas esferas del estado. Descendientes de esclavistas de quienes no solo conservan el apellido, sino la mentalidad del liberticida.

Esos jóvenes eran los que Carmenza abrazaba, 40 atrás. Cuatro décadas han pasado y la misma alevosía, la misma pobreza, la misma violencia.

40 a√Īos han pasado desde que Carmenza escrib√≠a el dolor y la rabia que le causaba la pobreza de la gente que encontraba en su deambular de Quijote, y hoy el paisaje social, la realidad del pueblo negro e ind√≠gena es la misma.

Colombia es injusta. Un solo norteamericano negro muerto por la policía desencadenó la oleada social que está a punto de acabar con un mandato oprobioso: el de Trump. Aquí miles de jovencitos negros han sido asesinados y la respuesta es el silencio. La apatía de una sociedad acostumbrada a la muerte. Un país que normaliza la violencia y la sumisión.

Colombia Humana gan√≥ electoralmente en la misma tierra por donde anduvo Carmenza. Ganamos en San Qui√©n fue La Chiqui en la toma de la Embajada de Rep√ļblica Dominicana - Pol√≠tica - ELTIEMPO.COMJuan y en Istmina, los emberas nos apoyaron y cobijaron con sus esp√≠ritus nuestra candidatura. Por esas selvas, casi de regreso por el camino que tom√≥ Carmenza, se produjo una oleada electoral de cambio. Ella entr√≥ con sus armas, nosotros recorrimos sus pasos con la palabra, el celular que nunca conoci√≥, el pueblo desarmado. Quiz√°s ambos vientos, los que la acompa√Īaron a ella, los que nos acompa√Īaron a nosotros casi cuarenta a√Īos despu√©s, se encontraron, quiz√°s se entrecruzaron en vientos huracanados, quiz√°s se besaron.

Por las poblaciones de todo el litoral pacífico, por los pueblos y veredas que desde la Boca del San Juan hasta el Risaralda votaron en forma tan mayoritaria y contundente por nuestras ideas y programas, es que debemos entender que la Colombia Humana está para generar la esperanza, para generar una nueva libertad, para generar emancipación.

A√ļn millones de personas no han entendido que mientras se masacra a los ni√Īos, mientras se masacren a los pueblos, mientras nos olvidemos de la Colombia profunda y abandonada, en la gran Ciudad y en las selvas, no habr√° paz.

Carmenza negoci√≥ la libertad de decenas de embajadores en una camioneta, ante funcionarios asustados por su juventud y su feminidad digna, pero Carmenza tambi√©n descubri√≥ que la verdadera paz no llegar√≠a hasta que un di√°logo de toda la sociedad permitir√≠a la democracia verdadera y la justicia social, hasta que esos seres humildes y negros que abrazaba con su candor de revolucionaria, no encontraran la Justicia, el cobijo de un estado democr√°tico, la emancipaci√≥n de ser due√Īos de su tierra, de sus r√≠os y de su cielo.

Carmenza en su traves√≠a se encontr√≥ con el coraz√≥n de Colombia. Hoy sabemos que ese coraz√≥n rodea atribulado los hogares de los ni√Īos degollados en tierras de los descendientes de los esclavistas. Carmenza all√° enterrada en un sitio desconocido en una tierra sorprendentemente verde y Colombia aqu√≠ adolorida, saben que el d√≠a en que ning√ļn ni√Īo sea asesinado, ning√ļn negro, ind√≠gena, mujer o trabajador excluido, brillar√° el comienzo de la historia de un gran pa√≠s, de una Colombia que merecer√° el t√≠tulo de humana.

*Artículo escrito el 16 de agosto de 2020, por Gustavo Petro, actual Presidente Electo de Colombia

 

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


A√Īadir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.