Sep 7 2020
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Cultura

Jorge Goyeneche: La dictadura del 76, bajo amenazas de muerte, me dej贸 sin trabajo

Novelista, poeta, docente durante cuatro d茅cadas, Jorge Goyeneche, nuestro entrevistado, nos cuenta, entre otros t贸picos, c贸mo fue su acercamiento a la Editorial La Urraca y, por lo tanto, a las revistas Humor, Humi, Superhumor y Sexhumor, en las que colabor贸 durante diez a帽os.

聽鈥 Naciste dos meses y pico despu茅s del fallecimiento de Eva Per贸n.

鈥 Es as铆, tan poco despu茅s. En ese clima de 茅poca. Viv铆 hasta pasados los tres a帽os en una casa de chapa, sobre pilotes, en Ensenada, ciudad que como sab茅s integra el Gran La Plata, a la vera de un canal empetrolado que pasa a煤n por el costado de YPF [Yacimientos Petrol铆feros Fiscales]. Recuerdo algunas escenas traum谩ticas para alguien de esa edad: quemarse con un mate y caerse del triciclo en la zanja. Los fines de semana los pas茅 desde entonces hasta la adolescencia en el para铆so, la casa de mis abuelos maternos en Berisso, que por aquellos a帽os se llamaba ciudad Eva Per贸n.

Colegio Estrada de la ciudad de City Bell, provincia de Buenos Aires, 1979, con sus primeros alumnos

Veo a mi abuelo Francesco Saverio Spadafora insultando al cielo por el paso de aviones rasantes (fue durante el 55, cuando Isaac Rojas amenaz贸 con bombardear la regi贸n si Per贸n no dimit铆a), mientras mis padres hu铆an conmigo en un cami贸n que pasaba juntando gente hacia una casa en el campo por Los Talas, de alguna familia generosa que asil贸 a muchos, eran paisanos, como llamaban a sus compatriotas venidos tambi茅n del sur de Italia.

Mis padres dec铆an que yo no pod铆a recordar esta escena: me llevan a upa tapado con un viejo piloto mientras llueve torrencialmente, doblamos 鈥攍o estoy viendo ahora鈥 la esquina de Callao hacia la calle Montevideo, donde espera el cami贸n casi repleto, en medio de gente que grita y corre, aturdidos por el estr茅pito de los aviones.

Luego nos mudamos a las inmediaciones de La Plata, a El Dique, en el partido de Ensenada, a un chalecito de plan, en un barrio de clase media baja. Ten铆a mi propia habitaci贸n, de dos por tres, con una ventana que daba al fondo, donde estaban el limonero de las cuatro estaciones, la parra, naranjos, un olivo y un duraznero; y m谩s all谩 todav铆a, el gallinero y dos plantas de higo (鈥減orque todas sus ramas son grises鈥︹).

Unos a帽os despu茅s, a los siete u ocho, empec茅 a saltar la medianera hacia el potrero que se extend铆a maravillosamente detr谩s de toda la l铆nea de casas, y terminaba en el monte misterioso (una plantaci贸n de eucaliptos que a煤n se conserva, aunque atravesada por una avenida y sin encantos fant谩sticos). Afortunadamente se perdieron mis primeros esbozos de poes铆as escritos en un cuaderno Rivadavia, con la espalda apoyada contra el olivo.

Con Claudia Baldoni

鈥 Ya habr铆as empezado la escuela.

鈥 Lamentablemente empec茅 la escuela. Mis padres, trabajadores de jornada completa (茅l en los Astilleros, ella cosiendo para afuera y dando clases de costura a un grupo de chicas grandes, una de las cuales se escapaba para jugar a la bolita conmigo), cre铆an en la educaci贸n y con un enorme (y equivocado) esfuerzo econ贸mico, me mandaron al colegio m谩s caro de la ciudad. Una escuela de curas preconciliares, de sotana y tonsura, que ve铆an pecado en cada rinc贸n. Doble escolaridad. En toda esa etapa fui sumiso, estudioso, abanderado todos los a帽os menos el 煤ltimo en el que me relegaron a escolta.

Mi madre fue a saludar a la maestra y la se帽orita le dijo que la bandera me correspond铆a a m铆, pero que el padre del otro ni帽o era muy poderoso y鈥 Mi pobre vieja, Ofelia, decidi贸 cambiarme de colegio pese a la oferta de becarme. Me afect贸 mucho el sufrimiento de mis padres, despu茅s de tantos sacrificios, pero estaba feliz por irme de esa c谩rcel. (Muchos a帽os despu茅s ejerc铆 mi venganza con un art铆culo sobre el caso en la revista 鈥淪exhumor鈥). No me dejaron elegir y fui a otro colegio de curas, esta vez mucho m谩s modernos y amables, los salesianos, donde transcurri贸 mi adolescencia. All铆 s铆 hice amigos duraderos, entre compa帽eros y docentes.

En 2008 – Arles, Chambre de Van Gogh

Regreso a la 茅poca de la primaria. Era maravilloso volver a casa, despu茅s de las cuatro, en el tranv铆a, tomar la leche, hacer los deberes y saltar el muro del fondo para mezclarme en los partidos de f煤tbol, donde no hab铆a hijos de profesionales, de comerciantes ricos ni de alg煤n representante diplom谩tico, sino pobretones cuyos padres eran un zapatero ruso, empleados del ferrocarril, polic铆as de barrio, canillitas.

Cuando llov铆a, el 煤nico f煤tbol de cuero estaba pinchado o no me daban permiso, me salvaba la lectura. Mis padres me compraban libros. Buena parte de las colecciones Billiken y Robin Hood. Dicen que uno queda marcado por el primer libro que ley贸. No s茅 si ser谩 cierto en todos los casos, pero s铆 lo es en el m铆o. 鈥淐rist贸bal Col贸n鈥, de Lauro Palma (Biblioteca Billiken, 1942), un librito verde donde se novelaba la historia del Almirante. Escrib铆 dos novelas con Col贸n como personaje: 鈥淪emblantes de bestias鈥, que me llev贸 diez a帽os de trabajo intermitente, y 鈥淎lmirante de sal鈥.

鈥 Lecturas y potrero.

鈥 Si el potrero era un escape de las tardes, el fin de semana era el insuperable para铆so. Los viernes, mam谩 me acompa帽aba hasta la parada del tranv铆a 25 y despu茅s de ese viaje interplanetario me bajaba a unas cuadras de la casa de mis abuelos. El nono hab铆a trabajado en el frigor铆fico, una vida dur铆sima que recreo en parte en mi novela 鈥淨ue algo quedar谩鈥, pero ya estaba jubilado, as铆 que a menudo me llevaba hasta el puerto a ver los gigantescos barcos que ven铆an desde muy lejos a buscar carne; recuerdo especialmente un barco ruso. La nona Josefa era un cascabel, se vest铆a de colores y estaba siempre sonriente, nunca levant贸 la voz. El abuelo en cambio era cabr贸n, aprend铆 todas las malas palabras (parolaccie) calabresas.

El barrio era amistoso, no hab铆a potrero cercano, pero s铆 pasadizos entre las casas de terrenos mal medidos, patios de conventillos y bald铆os, lo que permit铆a recorrer las manzanas por el interior y salir a cualquier parte. A pocas cuadras viv铆an mis t铆os; reci茅n tuve un hermano cuando cumpl铆 catorce, as铆 que mi primo var贸n era amigo y hermano a la vez. La abuela muri贸 joven; yo estaba en primer a帽o de la secundaria, y dej茅 de ir a esa casa, pero comenc茅 a pasar los veranos completos en lo de mi t铆o, con mi primo y sus hermanas que me ense帽aron a bailar.

All铆 pasaba los carnavales, empec茅 a ir a las matin茅s del club Villa San Carlos, y ponerme colorado ante las chicas. La falta de hermanas y el colegio mixto, no me ayudaron mucho para relacionarme f谩cilmente con el otro g茅nero. Me result贸 dif铆cil superar la verg眉enza ante

En Montevideo

cualquier conversaci贸n con una chica. La libertad estaba en recorrer esos mini-laberintos del barrio y en la lectura de cuanto papel se me cruzara. Por ese entonces segu铆 escribiendo algunas pavadas, pero luego pensaba que jam谩s llegar铆a a animarme a mostrar o publicar lo que hiciera porque tem铆a que estuviera lleno de errores. Al principio la escritura y las mujeres me despertaron la misma inseguridad.

A mis parientes paternos no los ve铆a tan seguido. Ten铆a a mi abuela portuguesa, Mar铆a, una mujer bell铆sima, vestida siempre de negro y con rodete desde los cuarenta a帽os hasta los ochenta y cinco. Su esposo, el abuelo Antonio, muri贸 a los cuarenta y nueve. 脡l me conoci贸 de beb茅. Hered茅, no s茅 c贸mo, su gusto por la matem谩tica y la facilidad para los c谩lculos. (Otra de mis luchas internas: me dediqu茅 a la literatura y las lenguas, y tengo por otro lado una especial inclinaci贸n por las ciencias en general, la astronom铆a, la tecnolog铆a, la f铆sica. Me atraen m谩s los suplementos y revistas cient铆ficas que las literarias).

La abuela viv铆a con su hija, mi t铆a Porota (personaje importante de mi vida y de mi novela 鈥淨ue algo quedar谩鈥). Una gorda gracios铆sima, chistosa, dejaba todo por hacer en la casa para tirarse al piso a jugar con sus hijos y conmigo a cualquier cosa. Ante la mirada de reprobaci贸n de su cu帽ada, mi madre, que no pod铆a concebir ese desperdicio de tiempo y que una se帽ora saliera a correr a los chicos por la vereda jugando a la mancha venenosa.

Mis t铆os, en general, merecen un p谩rrafo aparte. Juan, Carlitos y Ra煤l, Nilda, Lidia y Porota, eran el Barcelona de los t铆os, la selecci贸n campeona. Mis padres, en cambio, siempre estuvieron distantes, severos, casi ausentes. Reci茅n en sus 煤ltimos a帽os logr茅 reconciliarme con ellos y descubr铆 que hab铆an sufrido muchas penurias y realizado innumerables esfuerzos para que yo tuviera un 鈥渇uturo鈥.

Esa concepci贸n de algunos hijos de inmigrantes que tem铆an al hambre y se pon铆an como objetivos tener una casa, tener un ahorro, aunque m铆nimo. Mi padre, que sobrevivi贸 por seis meses a mam谩, me dijo meses antes de morir, el a帽o pasado, a los 92, que se arrepent铆a de no haber disfrutado m谩s, y me aconsej贸 que no repitiera su error, que viajara, que viviera.

Con Jer么me Mathe, Dar铆o Zilbersztein y Pedro Cuevas en 2016

A lo largo de toda esa etapa escolar, estudi茅 ingl茅s con una profesora particular, fui rindiendo los ex谩menes anuales en el Instituto Brit谩nico. A partir de segundo a帽o ingres茅 directamente a ese instituto y empec茅 a leer mucho en ingl茅s por mi cuenta. Aparte de cuentos y poes铆as de todas las 茅pocas, las obras completas de Edgar Allan Poe y todo Shakespeare. Tambi茅n aprovech茅 mucho del franc茅s aprendido en la secundaria y gracias a eso y a mi testarudez le铆 poes铆a y narrativa en franc茅s.

Ya en la universidad, los cuatro niveles de griego y de lat铆n me sirvieron para leer pasajes de los tr谩gicos, episodios hom茅ricos, los presocr谩ticos; Virgilio, especialmente las 脡glogas, y Horacio. Tambi茅n estudi茅 alem谩n. Como resultado de todo esto disfrut茅 traducir las poes铆as completas de Poe, los 鈥淪onetos a Orfeo鈥 de Rainer Maria Rilke, 鈥淟a metamorfosis鈥 y鈥淓l proceso鈥 de Franz Kafka, 鈥淓l golem鈥 de Gustav Meyrink y cuentos de E.T.A. Hoffmann; la mayor parte de estas versiones fueron publicadas por la Editorial G谩rgola. Desde hace dos a帽os estudio italiano de manera intensiva, mi gusto por las lenguas se combina felizmente con los recuerdos de mis abuelos maternos, y afloran desde el fondo del inconsciente los di谩logos de Josefa y Francesco.

鈥 C贸mo te llevar谩s 鈥攐jal谩 que no como yo鈥 con los trabajos manuales.

Con Laura Lago

鈥 No soy el estereotipo del intelectual, me gustan los trabajos manuales: he levantado paredes, revocado, techado, s茅 soldar, he trabajado de carpintero, de pintor de altura, en mi casa hice la instalaci贸n el茅ctrica y la del agua, puse cer谩micos y azulejos. Bastante de eso me llev贸 a la escritura de 鈥淔inal de obra鈥, un libro de casi poes铆a que 鈥渄escribe鈥 la construcci贸n de una casa. Los desaf铆os t茅cnicos y los oficios manuales me atraen tanto como las obras de Francisco de Quevedo, Salvador Dal铆, Miguel 脕ngel, Jean-Michel Basquiat, Jean Sibelius o la nueva trova. Soy una especie de todoterreno que hace todo bastante bien, pero nada completamente bien. Un renacentista de la b.

鈥 Vayamos a que est谩s casado con una escritora: Genoveva Arcaute.

鈥 En primer a帽o de la carrera de Letras conoc铆 a mi esposa, con quien estudiamos juntos todos los d铆as, al a帽o siguiente nos pusimos de novios en Mar del Plata. Genoveva me hab铆a dicho que se iba como todos los a帽os a pasar enero en la casa de sus t铆os, cerca del faro, me hizo un planito por si quer铆a ir. O sea, 驴entend茅s que hay onda, Jorgito? (record谩 que ya te mencion茅 mi lentitud para vincularme con las mujeres). Fui. Era 1972, nos casamos en el 75 y ac谩 estamos, juntos.

Pasamos per铆odos muy duros de nuestro pa铆s. La dictadura del 76 nos dej贸 sin trabajo, bajo amenazas de muerte, y viviendo 鈥減rovisoriamente鈥 por once a帽os, en una casa prestada (parte de eso se describe en la novela 鈥淢andorla鈥 de Genoveva). Tuvimos la oportunidad de irnos a Espa帽a, pero quisimos primero recibirnos, despu茅s vinieron los hijos y ya se hac铆a muy dif铆cil. Afortunadamente hubo un oasis en ese p谩ramo ultraviolento, la revista 鈥淗umor鈥, a la que llegamos un d铆a de desolaci贸n. Viv铆amos en un departamentucho horrible y h煤medo los tres (hab铆a nacido nuestro primer hijo).

Era feriado, el d铆a de la bandera, cumplea帽os de mi mam谩 y aniversario de la Masacre de Ezeiza, llov铆a; se nos acab贸 la garrafa, no ten铆amos ni para comer y en lo de mis padres seguramente habr铆a abundancia de pizzas, empanadas y sanguchitos. Ten铆amos un viejo

Con Liliana P茅rez, Martha Darhanp茅, Aurora Venturini y Cecilia Font en 2010

Citro毛n 2cv que cuando nos casamos nos hab铆a llevado sin problemas hasta Monte Hermoso, pero ahora estaba arruinado all谩 afuera, a cincuenta metros de pasillo hasta la calle, sin nafta. Pod铆a llamar por tel茅fono a casa y nos vendr铆an a buscar. Fui hasta el tel茅fono p煤blico m谩s cercano, a tres o cuatro cuadras, bajo la lluvia intensa, y me trag贸 la 煤nica moneda.

Un drama ruso en blanco y negro en medio de Siberia. Entonces, nos pusimos a escribir notas humor铆sticas. Era el invierno del 77. Un a帽o despu茅s apareci贸 el primer n煤mero de la revista 鈥淗umor鈥, con C茅sar Luis Menotti en la tapa. Enviamos aquel material y un par de meses m谩s tarde nos respondieron. As铆 empezamos a publicar para Editorial La Urraca (revistas 鈥淗umi鈥, 鈥淪uperhumor鈥, 鈥淪exhumor鈥) y seguimos durante una d茅cada. Este a帽o, la editorial La Comuna, edit贸 aquellas notas, se cumplen cuarenta a帽os de la aparici贸n de la revista y treinta de nuestro 煤ltimo art铆culo.

Con Ricardo Romero y Omar Genovese

鈥 Un p谩rrafo al menos sobre la radio, tu atracci贸n por ella, tu condici贸n de conductor de programas.

鈥 Fui invitado como profesor universitario o como escritor a distintos programas radiales, y me gust贸 mucho el medio, desde hace m谩s de quince a帽os conduzco distintos ciclos siempre vinculados a la literatura, el humor, los reportajes a artistas. Quiz谩s, ah铆 por el fondo, tambi茅n acompa帽an esa atracci贸n, el recuerdo de mis abuelos y luego de mi madre mientras hac铆a las tareas dom茅sticas, todo el d铆a junto a la radio, emisora de radioteatros, partidos de f煤tbol gritados y vertiginosos, m煤sica de otra manera inaccesible para esa 茅poca. Adem谩s, para m铆, cada experiencia vital se convierte en literatura, estoy en estado de escritura casi permanente.

Por eso, mi paso por las radios siempre se ha transformado en episodios novelescos, tal es el caso de los largos pasajes con el f煤tbol que aparecen en 鈥淪erial writer鈥︹, donde hay una casta gobernante grotesca compuesta por los 鈥渕etaf铆sicos fulb贸licos o pensadores bal贸nicos鈥; la mayor parte de ese material surgi贸 de mis parodias en el programa 鈥淭oda la delantera en ors谩i鈥, que consist铆a en hablar de

Con su padre, y con sus hijos Tom谩s, Alejandro y Mart铆n en 2018

libros como si se trasmitiera un partido, con cantitos de hinchadas, an谩lisis sesudos de pavadas, estad铆sticas llevadas al absurdo. A su vez, ese programa surgi贸 como desarrollo de mi primera novela, as铆 llamada. Tambi茅n sirvieron de fuentes los otros programas para algunas partes de mis relatos.

鈥 Grupo de Teatro Gestual. Y all铆 vos con dramaturgia y puesta en escena.

鈥 Surgi贸 de una imposibilidad. Creamos un grupo de investigaci贸n teatral con actores poco y nada experimentados. La mayor dificultad era para ellos hablar, modular, no sobreactuar la voz. Decid铆 entonces incursionar en obras (escritas por m铆 para ese fin), que fueran mudas. Pero no era propiamente m铆mica, sino desplazamiento silencioso. Una parodia a la burocracia, por ejemplo, consist铆a en que los sucesivos actores (empleados, jefes, grandes capos y p煤blico) iban formando una especie de pir谩mide por la acumulaci贸n de recorridos in煤tiles a los que se somet铆a a un pobre hombre que necesitaba un sellado.

Finalmente, la construcci贸n humana se derrumbaba ante la rebeli贸n del ciudadano. Tambi茅n usamos la c谩mara oscura, como el Teatro Negro de Praga.

En Roma, Italia, 2017

Hab铆a mucho trabajo previo de puesta en escena y de construcci贸n de objetos: una cara que se iba armando requiri贸 que dise帽谩ramos las partes, las pint谩ramos con productos especiales para esa luz. Y todo se mov铆a, articulaba y desencajaba, por actores/titiriteros que, vestidos absolutamente de negro para no ser vistos, se desplazaban con gran precisi贸n. Reun铆a las dos facetas que me forman, lo creativo art铆stico y el trabajo de oficios combinados.

Hice versiones mudas de poemas: 鈥淓l albatros鈥 de Charles Baudelaire, por ejemplo, se convirti贸 en una escena en la que un grupo de seres ciegos y encorvados iba asediando con sonidos guturales y finalmente golpeando al 煤nico hombre erguido. Otras se basaban en los cuentos 鈥淓l t铆o Facundo鈥 de Isidoro Blaisten, 鈥淟a gallina degollada鈥 y 鈥淟os destiladores de naranjas鈥 de Horacio Quiroga, 鈥淐asa tomada鈥 de Julio Cort谩zar.

La gran boca del escenario del Coliseo Podest谩 me permiti贸 trabajar con decenas de actores a la vez, que conformaban diversos grupos de acciones simult谩neas: una cr铆tica a la guerra y la opresi贸n a partir de una versi贸n de las novelas 鈥1984鈥 de George Orwell, 鈥淔ahrenheit 451鈥 de Ray Bradbury y 鈥淯n mundo feliz鈥 de Aldous Huxley, reunidas como visi贸n del mundo.

鈥 Veinte a帽os ten铆as cuando obtuviste el Primer Premio en el Concurso Internacional 鈥淟a influencia hisp谩nica en el Mart铆n Fierro鈥.

鈥 Fue una especie de tesis que escribimos con Genoveva para ese concurso. Rastreamos las lecturas de Jos茅 Hern谩ndez, los dichos y refranes de larga tradici贸n espa帽ola que llegaron hasta los gauchos desde la 茅poca de la conquista, de boca en boca; como tambi茅n caracter铆sticas de los personajes. Todo esto mientras curs谩bamos las materias de la Facultad. Sal铆amos a tomar un caf茅, para despejarnos un poco de lo mucho que le铆amos, y nos pon铆amos a anotar ideas para ese trabajo en papelitos que luego se volcar铆an en la Olivetti.

Lo hicimos como un desaf铆o intelectual. No esper谩bamos casi nada, pero un d铆a nos llamaron por tel茅fono para avisarnos que hab铆amos ganado el premio, que consisti贸 en la publicaci贸n en el Cuaderno n掳 4 del Instituto de Cultura Hisp谩nica y una suma importante de dinero que sirvi贸 para que compr谩ramos varios libros caros y pag谩ramos ambos cursos intensivos de alem谩n (dos horas por d铆a de lunes a viernes). Fue una 茅poca maravillosa. Despu茅s empezaron los miedos y la violencia; los a帽os del encierro.

鈥 鈥淭oda la delantera en ors谩i鈥: retornemos a tu primera novela, y as铆, a tu primer programa radial.

鈥 En realidad, se trat贸 de una nouvelle, en la que el protagonista treinta帽ero habitante de mi ciudad, tiene extra帽as visiones que retom茅 en la larga novela reci茅n terminada, 鈥淢apa f铆sico鈥. Cuando empec茅 en radio Futura, adopt茅 ese t铆tulo porque quer铆a moverme en un territorio en el que los de avanzada, por as铆 decir, estaban siempre descolocados. Luego, gan贸 el formato del que te habl茅 antes, y gir贸 todo bajo el aspecto de un partido de f煤tbol. En uno de ellos, juegan mis escritores favoritos, con sus modalidades pol铆ticas y literarias transformadas para la cancha. Fue muy placentero ese ciclo; para mejor, mi hijo mayor me ayud贸 con la operaci贸n t茅cnica.

鈥 Durante dos a帽os estudiaste producci贸n audiovisual con un destacado director de cine: Eduardo Mignogna (1940-2006).

鈥 S铆, realic茅 cursos de posgrado con Eduardo, luego en Guionarte, y casi a la vez con Fernando Solanas, entre 1991 y 1993. Fue muy sacrificado 鈥攁unque obviamente enriquecedor鈥 porque ten铆a que viajar una o dos veces por semana a tu ciudad, despu茅s de dar clases, y volver tarde para acostarme a la una, una y media, y levantarme a las siete para seguir dando clases. Aprend铆 mucho de ellos dos, no s贸lo de los aspectos t茅cnicos concretos sino de la modalidad de trabajo y la cultura visual.

El otro curso, el de Guionarte, fue exclusivamente de manejo de c谩maras y luces. Por ese entonces, me compr茅 una filmadora de 煤ltima generaci贸n para hacer documentales ligados a la literatura (ahora es una antig眉edad con cassette vhs).

鈥 驴C贸mo fue, qu茅 te produjo, 鈥渜u茅 te dej贸鈥 la experiencia de haber efectuado numerosos reportajes en tu programa radial 鈥淟ejos del centro鈥?

鈥 Nada m谩s democr谩tico que la lectura. En una novela, en un libro de poemas, hay siempre otra 贸ptica distinta de la propia. El artista filtra la realidad por su colador y luego la vuelca con una mirada personal. De todos, grandes o peque帽os, geniales o mediocres, se aprende, se tiene otro 谩ngulo, sea contempor谩neo o antiqu铆simo, vecino o ant铆poda. Y tanto las lecturas como los reportajes de mis programas me pusieron en contacto con seres vivos, con sus pasiones, con maneras a veces inesperadas de resolver los eternos problemas del ser humano: la muerte, el amor, la relaci贸n con los dem谩s, el v铆nculo con la tierra, los deseos, la ni帽ez鈥

Escritores octogenarios inmersos en una producci贸n febril digna de j贸venes, tal el caso de Aurora Venturini o de Horacio Preler; por otro lado, artistas veintea帽eros en los que deposito una fe enorme, como Juan Otero. Y no solo escritores, tambi茅n m煤sicos, escultores, pintores, actores. Adem谩s, la presencia maravillosa del azar (que para algunos cient铆ficos condiciona el desarrollo del universo y la evoluci贸n). Esos v铆nculos que surgen donde y cuando nadie lo podr铆a prever.

Una ma帽ana llev茅 a hacer un cambio de aceite al auto, el mec谩nico septuagenario estaba metido en la fosa, aburrido me puse a caminar en torno; sobre la mesa donde cobraba, adem谩s del tel茅fono y una calculadora, hab铆a tres o cuatro libros, algunos abiertos, con un l谩piz que evidentemente usaba para subrayar: Jacques Lacan, Cort谩zar, creo que Patrick Modiano o Emmanuel Carr猫re. Cuando termin贸 la tarea, nos pusimos a charlar. Hasta ese momento hab铆a sido muy parco, pero cuando vio que yo llevaba un par de libros en uso sobre el asiento del acompa帽ante deriv贸 hacia la escritura. Me cont贸 algo de su vida, me dijo que hab铆a escrito una novela. Finalmente, le铆 buena parte de ella en el programa de radio. Luego, perd铆 contacto con 茅l.

El local cerr贸. Se llama Cayetano Carrara. Una pregunta obvia: 驴cu谩ntos buenos artistas habr谩 por ah铆 que no acceden al mainstream, a ese horrible fluir marketinero solamente interesado en la venta? Por eso trato siempre de circular lejos del centro (de all铆 el nombre de mi 煤ltimo ciclo). Adem谩s, en el universo no existe centro, todo est谩 en movimiento constante, la tierra, el sistema solar, nuestra galaxia. Y nada es recto ni cuadriculado. La l贸gica convencional no resiste ante la visi贸n de estrellas que est谩n ah铆 y han muerto hace millones de a帽os. Si hoy explotaran las que forman la Cruz del Sur o El cintur贸n de Ori贸n nos enterar铆amos dentro de cientos o miles de a帽os.

En cambio, el barrio tiene otra inmediatez, tambi茅n se mueve y muere, pero lo podemos percibir, son cambios en nuestra medida temporal humana. Por eso, creo, no existe ning煤n centro. Y esto tiene una clara connotaci贸n religiosa. Tampoco la verdad es absoluta, salvo para los fan谩ticos. Las palabras 鈥渕entira鈥 y 鈥渕ente鈥 est谩n vinculadas etimol贸gicamente. Lo que produce la mente es mentira, no es f谩ctico ni natural ni tangible sino relato, construcci贸n que supera la caducidad de las cosas concretas. Por eso cada reportaje, cada charla que he tenido con un artista ha ido conformando, aunque en manera modesta, un discurso, una elaboraci贸n de palabras que superan en el tiempo lo perecedero de su soporte f铆sico (es decir, del mism铆simo hombre que las pronunci贸).

鈥 Tu padre te aconsej贸 que, a diferencia de 茅l, por ejemplo, viajaras. Y habr谩s (habr铆as ya cuando te lo dijo) viajado.

鈥 Viajamos varias veces a Europa, tambi茅n por el pa铆s y por Uruguay. No solemos hacer recorridos vertiginosos de un d铆a por lugar, nos quedamos m谩s tiempo, diez d铆as o quince en cada ciudad. En vez de cambiar el auto, comprar un terreno o tener ropa cara, ahorramos para los pasajes y luego sobrevivimos en hostales, peque帽铆simos departamentos de 14 m2 o habitaciones en casas de familias. Vamos al mercado, hablamos con la gente, cocinamos, caminamos como maratonistas. En Roma hicimos un promedio de doce kil贸metros diarios.

En Venecia estuvimos en un camping. Nos la rebuscamos para ir a los museos los d铆as gratuitos o con ofertas. Alquilar auto tambi茅n significa un ahorro y un contacto real con la vida de los peque帽os pueblos; recorrimos Italia de norte a sur dos veces; Francia, de Par铆s a Toul贸n en un viaje, todo el sur en otro, y cruzamos desde Barcelona hasta Narbonne y de ah铆 hasta Burdeos, luego a Bilbao. Tambi茅n estuvimos en Londres. En Sicilia.

Uruguay es sorprendente, desde Colonia hasta Montevideo y de all铆, de regreso, por pueblitos del interior hasta Col贸n, en nuestra provincia de Entre R铆os. Y en todos lados, las librer铆as que no son grandes cadenas. Dialogar con otros artistas es revivificante. En Ostia estuvimos parando en la casa del escultor Francesco Zero; en Florencia descubrimos en la calle a un gran m煤sico, Francesco Garito. Hay bares o peque帽os restaurantes donde hacen encuentros de escritores, especialmente en Par铆s. Estoy esperando poder volver a Londres para encontrarme con un grupo de artistas argentinos que viven all谩 desde hace m谩s de cuarenta a帽os, como Mario Flecha, por ejemplo.

Pero, en s铆ntesis, no es necesario ir demasiado lejos, tambi茅n disfruto enormemente pasar unos d铆as en Necochea, Mar del Plata o Tandil, donde hay mucha actividad cultural. O a煤n m谩s cerca, en el gran Buenos Aires. Hemos descubierto pueblitos hermosos, algunos tristemente abandonados al costado de v铆as muertas, paisajes sorprendentes en largos recorridos por viejas rutas de tierra o conchilla que unen caser铆os rurales en los alrededores del partido de La Plata, desde Chascom煤s hasta el Parque Pereyra Iraola, desde la costa del R铆o de la Plata hasta Brandsen y Ranchos, sin necesidad de meterse en las grandes rutas. Almacenes, casi pulper铆as, donde se venden productos locales y marcas que han desaparecido en los grandes centros urbanos. Aqu铆 tambi茅n veo otra lectura de la realidad. Otros ritmos.

 

 

 

 

 

Ficha

Jorge Goyeneche naci贸 el 11 de octubre de 1952 en La Plata, ciudad donde reside, Rep煤blica Argentina. Es Profesor en Letras (1977) por la Universidad Nacional de La Plata. A partir de 1978 ejerci贸 durante cuatro d茅cadas la docencia secundaria en colegios rurales, urbanos, p煤blicos y privados, y en los niveles terciarios y universitarios en Instituto del Profesorado de San Miguel del Monte, Facultad de Humanidades de la UNLP, Universidad Tecnol贸gica de La Plata y Universidad Cat贸lica de La Plata. Entre 1980 y 1983 dirigi贸 el Grupo de Teatro Gestual, con guiones y puesta en escena propios en, por ejemplo, el Teatro Municipal Coliseo Podest谩 de su ciudad.En 1983 se puso en escena la comedia 鈥淒e dulce de leche y de chocolate鈥 (en cartel durante once a帽os, Primer Premio de Gui贸n en el Festival de Teatro Independiente, 1988), escrita en colaboraci贸n con Genoveva Arcaute. En 2003 fund贸 y codirigi贸 la revista literaria 鈥淥liverio鈥. Durante 2010 y 2011 efectu贸 cr铆tica literaria en el peri贸dico 鈥淓l D铆a鈥 de La Plata. Condujo los programas radiales 鈥淭oda la delantera en ors谩i鈥, 鈥淟a furia del libro鈥 y 鈥淟ejos del centro鈥, fue co-conductor del programa 鈥淟etra y m煤sica鈥 y columnista del programa 鈥淩ap / colectivo de colectivos鈥. Colabor贸 con los programas televisivos 鈥淛uana y sus hermanas鈥 y 鈥淒e la cabeza鈥, y con Genoveva Arcaute escribi贸 el gui贸n de la serie 鈥淗ermanos鈥. Entre otros, obtuvo en 2010 el Primer Premio del Instituto Cultural de Puerto Rico por su novela 鈥淨ue algo quedar谩鈥, el Premio Provincial 鈥淎lmafuerte鈥 (2015) y el otorgado por la Secretar铆a de Cultura de La Plata (2016) por su trayectoria como escritor. Es coautor de 鈥淎genda de los escritores en el tiempo鈥 (Editorial De los Cuatro Vientos). En 2018 el sello La Comuna edita el volumen 鈥淟a cosa se complica鈥 (art铆culos divulgados en la revista 鈥淗umor鈥). Public贸 las novelas 鈥淭oda la delantera en ors谩i鈥 (2001), 鈥淪emblantes de bestias鈥 (2003, y reeditada en 2016), 鈥淪erial writer. Argentino serial鈥 (2008), 鈥淨ue algo quedar谩鈥 (2011, en Espa帽a; 2012, en Chile; 2014, en Argentina), 鈥淎lmirante de sal鈥 (Menci贸n de Honor en el 9潞 Concurso 鈥淎urora Venturini鈥, 2011) y 鈥淢ala praxis鈥 (2015). Su 煤nico poemario, 鈥淔inal de obra鈥, aparece por Editorial Huesos de Jibia, en 2016.

 

*Entrevista realizada a trav茅s del correo electr贸nico: en las ciudades de La Plata y Buenos Aires, distantes entre s铆 unos sesenta kil贸metros, Jorge Goyeneche y Rolando Revagliatti.

 

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