May 8 2016
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CulturaPol铆tica

La criminalizaci贸n del pensamiento

Pensar trae consecuencias. Su ejercicio no ha sido una facultad bien vista. Hoy est谩 en peligro de extinci贸n. Resulta significativo que entre los cr铆menes de lesa humanidad figure la persecuci贸n ideol贸gica y pol铆tica. Desde el castigo b铆blico hasta nuestros d铆as, la acci贸n de pensar se castiga. Dos esferas de la realidad pol铆tica son las m谩s afectadas. La educaci贸n y el periodismo. En ambas, sus representantes son objeto de las iras del poder institucional y la violencia. Las universidades, en tiempos de dictaduras militares o c铆vico-militares, sufren las consecuencias de la criminalizaci贸n del pensamiento.

Maestros y profesores han sido perseguidos y asesinados. Durante la segunda Rep煤blica en Espa帽a se expuls贸 a miles de las aulas del magisterio y qu茅 decir del M茅xico actual. En cuanto al periodismo, se mata directamente al mensajero. El m谩s reciente informe de la Federaci贸n Latinoamericana de Periodistas destaca que s贸lo en M茅xico, durante 2015, fueron ultimados 14 informadores. La lista es larga. Honduras present贸 10 casos, Brasil ocho, Colombia cinco y Guatemala tres. Al mismo tiempo, la Federaci贸n Internacional de Periodistas apunta que de 1990 a 2015 se contabilizaron 2 mil 297 asesinatos de comunicadores. En esa lista vuelve a destacar M茅xico con 120 casos, Rusia reporta 109 y Brasil 62.hon periodistas muertos

Todos los d铆as nos enteramos, por los medios de informaci贸n, de las arbitrariedades del poder pol铆tico a la hora de criminalizar cualquier opini贸n discrepante. Sobre todo si en ella se vierten cr铆ticas al orden social, a la violaci贸n de los derechos humanos y a las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad del Estado. Basta con que la polic铆a emita informes imputando a organizaciones, personas o movimientos sociales de propagar ideolog铆as disolventes para que sus dirigentes sean detenidos, investigados y encarcelados. Asimismo, cualquiera puede levantar falso testimonio y lograr credibilidad cuando la acusaci贸n deriva en el 谩mbito del pensamiento y las ideas.

Si en los siglos XIX y XX el apelativo de terrorista recay贸 en los movimientos anarquistas y anarcosindicalistas, extendi茅ndose a socialistas y comunistas, en pleno siglo XXI se han roto dichas fronteras ideol贸gicas. Ya no asistiremos a un montaje judicial para justificar la persecuci贸n ideol贸gica. No hace falta encubrir el motivo. Abiertamente se imputa al pol铆ticamente incorrecto la condici贸n de antisistema. Basta recordar el reciente caso del c贸mico alem谩n Jan B枚hmermann, acusado de injurias por el presidente de Turqu铆a, Recep Erdogan, al haber escrito un poema sat铆rico. Lo peor no es la acusaci贸n, sino el consentimiento de Angela Merkel, canciller de Alemania, de facilitar la apertura de un proceso judicial por injurias. En la persecuci贸n del pensamiento no hay fronteras. En una sociedad de ciegos, el tuerto no es el rey, est谩 preso.

En la sociedad occidental, democr谩tica y civilizada se criminaliza la cr铆tica y el pensamiento se tilda de subversivo y antisist茅mico. Adjetivos que predisponen al uso de la violencia y la raz贸n de Estado para su represi贸n. En Colombia, la Escuela Nacional Sindical entreg贸 un estudio detallado a congresistas estadounidenses subrayando que entre el 7 de abril de 2011 y el 31 de marzo de 2015 hab铆an perdido la vida en atentados 105 militantes pertenecientes a diferentes sindicatos. Asimismo, la Confederaci贸n Sindical Internacional, en su informe anual sobre los derechos sindicales en el mundo, denuncia que fueron asesinados 101 trabajadores por ejercer actividades del gremio. De esos 101 asesinatos casi la mitad, 48, se registraron en Colombia, 16 en Guatemala, 12 en Honduras, seis en M茅xico, seis en Bangladesh, cuatro en Brasil, tres en Rep煤blica Dominicana, tres en Filipinas, uno en India, otro en Irak y uno m谩s en Nigeria. Dicho texto no considera las amenazas e intentos fallidos de ejecuciones.

col falsos-positivosEl miedo y la violencia, al igual que la autocensura, se apoderan de quienes emiten opiniones contrarias al poder dominante. Desde los atentados a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, el fantasma del terrorismo se convirti贸 en excusa para controlar la cr铆tica pol铆tica y el ejercicio de la libertad de expresi贸n. En el saco del terrorismo se incorporan todo tipo de acciones y pensamientos. La vara de medir est谩 bajo m铆nimos. Cuando m谩s democracia y libertades se dicen reconocer, m谩s se reprime la facultad de pensar. Ya no se diferencia entre pensamiento cr铆tico y terrorismo. El poder no distingue y, lo que es peor, no quiere ejercer dicha distinci贸n.

La cr铆tica te贸rica y la reflexi贸n han sido materialmente despreciadas, su praxis se condena, constituyen una amenaza. El poder pol铆tico se siente propietario de las formas de pensar y actuar. Quienes practican la noble actividad de pensar a contracorriente, militantes pol铆ticos, sindicales, deportistas, cient铆ficos, periodistas, escritores, actores, artistas pl谩sticos, grupos musicales, etc茅tera, son objeto de escarnio y presiones. Existe una guerra declarada al pensamiento en todas las dimensiones de la vida social.

El ejercicio cr铆tico de pensar subvierte el orden y cuestiona el statu quo. Personas y medios que lo impulsan son atacados por el poder. Las medidas aplicadas van de la censura a la clausura de medios de prensa, programas de radio y televisi贸n. Todo es bienvenido si con ello se acallan las voces discordantes. Hoy, los servicios de inteligencia y los aparatos de seguridad del Estado realizan la b煤squeda de irredentos. Intervienen correos electr贸nicos, tel茅fonos m贸viles, graban en aulas de clase, restaurantes y centros comerciales. Ning煤n espacio p煤blico est谩 exento de vigilancia. El pensamiento cr铆tico debe ser controlado en corto. Quienes lo denuncian son objetivo militar y pol铆tico.

wiki Julian_Assange mordazaEs el caso de Juli谩n Assange, fundador de Wikileaks, quien pidi贸 asilo a la Rep煤blica de Ecuador por temor a ser extraditado a Estados Unidos, bajo acusaciones falsas de violaci贸n. Lleva recluido desde el 19 de junio de 2012 en la embajada de Ecuador en Londres. Otro ejemplo es el de Edward Snowden, ex empleado de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, quien hizo p煤blicos los programas de vigilancia masiva a escala mundial desarrollados por la SNA y la CIA. Perseguido y acusado de criminal, se exili贸 en Rusia, donde reside actualmente. Su vida est谩 en peligro.

Las guerras del siglo XXI ampl铆an el espectro de los genocidios civilizatorios. Tecnolog铆as de muerte. Drones y armamento de 煤ltima generaci贸n se utilizan para acallar voces e imponer valores imperiales. Pensar se ha convertido en delito, su ejercicio se ha criminalizado y sus defensores han sido condenados.

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