Entre la ficción y la realidad Donald Trump continúa con sus derivas geoestratégicas. Tal vez estas gesticulaciones no sean más que el resultado de un guion distópico “cuasi” irreal pero que también es la expresión de la cruda realidad que no queremos ver. Peor aún es algo que sobre todo no deberíamos aceptar. Quizás lo que ocurre es que la sociedad actual esté tan mediatizada, tan acostumbrada a la realidad ficcionada, que no le cabe en la cabeza que las aparentes derivas de Trump sean reales y forman parte de un plan meditado basado en causas objetivas.
Al comienzo de este año el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, retiró a su país de decenas de organizaciones internacionales, incluidas muchas que trabajan para combatir el cambio climático. En su particular batalla de ruptura del multilateralismo, ha producido un desmantelamiento de la cooperación internacional, afectando organizaciones de derechos humanos, salud, clima y desarrollo, bajo la premisa de que no sirven a los intereses estadounidenses.
Al menos de los 66 organismos en cuestión casi la mitad son entidades de las Naciones Unidas, incluida la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, un tratado que sustenta todos los esfuerzos internacionales para combatir el calentamiento global. La lista de organismos afectados incluye al Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), la principal autoridad mundial en ciencia climática. La Casa Blanca afirmó que la decisión se tomó porque esas entidades «ya no sirven a los intereses estadounidenses» y promueven «agendas ineficaces u hostiles«.
«En virtud de la autoridad que me confieren como Presidente la Constitución y las leyes de los Estados Unidos de América, por la presente ordeno a todos los departamentos y agencias ejecutivas que tomen medidas inmediatas para que EEUU se retire de las organizaciones enumeradas…lo antes posible», se lee en el memorando firmado por Trump con fecha 7 de enero.
Según el memorando, muchas de las organizaciones señaladas están relacionadas con la Naciones Unidas y son órganos consultivos que trabajan en clima, desarrollo, igualdad de género y conflictos, ámbitos que la administración Trump ha desestimado repetidamente, al considerar que promueven agendas «globalistas» o woke, denominación que se le ha dado a las demandas identitarias de sectores progresistas en Estados Unidos. Entre ellas se incluyen agencias centradas en población y derechos de las mujeres, construcción de la paz y desarrollo económico.
Las organizaciones no pertenecientes a la ONU afectadas incluyen entidades enfocadas en la cooperación en energía limpia, la gobernanza democrática y la seguridad internacional, como la Alianza Solar Internacional, el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral y el Foro Global contra el Terrorismo, junto con la Federación Internacional de Consejos de las Artes y el Instituto Panamericano de Geografía e Historia
En realidad, se ha cancelado aproximadamente el 83% de los programas de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y se ha recortado financiación a agencias de la ONU, como el Programa Mundial de Alimentos. Una política que se caracteriza por una ruptura con las normativas de la posguerra, enfocado en el retorno a la soberanía, la desestabilización del sistema de derechos humanos y un cambio hacia una política más transaccional.
Estas acciones representan una ruptura con la última fase del internacionalismo liberal, buscando reconstituir la potencia estadounidense en sus propias áreas de influencia. Sin duda, estas medidas favorecen un nacionalismo que confronta con el actual orden mundial favoreciendo el desorden económico y también militar.
Esto se ve reflejado claramente en las declaraciones del actual responsable de la diplomacia estadounidense Marco Rubio, según el cual, el orden mundial está obsoleto. En realidad, la administración americana no espera nada de los OI, puesto que las ignora y las destruye más de lo que busca reformarlas.
A su vez la administración ha ampliado la «ley mordaza global» (global gag rule) a diferentes ONGs internacionales y busca reemplazar la influencia de la ONU con nuevas estructuras como la «Junta de Paz», rechazando las normas internacionales tradicionales en vigor. En su reciente visita a Davos, al margen del Foro Económico Mundial, Trump se reunió con una docena de países que lo «nombraron» presidente de un nuevo organismo que según su acta fundacional tiene como objetivo mediar de forma pragmática en conflictos internacionales y establecer una paz duradera.
La ONU, una trampa fatal
En un principio Naciones Unidas (ONU) encargó a Trump la creación de una Junta de Paz para la Franja de Gaza, sin embargo, el Presidente Trump amplio de forma arbitraria un mandato de la ONU que era muy restrictivo, para socavar el orden internacional basado en la Carta de Naciones Unidas y la propia ONU. De ahí que muchos de sus posibles aliados han rechazado la propuesta.
No obstante, el magnate estadounidense se esforzó por disipar estas dudas declarando que “una vez que este organismo esté completamente formado, podremos hacer prácticamente todo lo que queramos. Y lo haremos en colaboración con Naciones Unidas” . O no. Recordemos que dos días antes en Washington, el propio Trump había admitido en una rueda de prensa, que la Junta de Paz podría llegar a sustituir a la ONU en algún momento.
Expertos en derecho internacional consideran que la fuerte centralización en Donald Trump supone un problema fundamental para la legitimidad del organismo en formación. Y, aunque como Presidente de los Estados Unidos representa a su país en el organismo, según la Carta de la Junta de Paz ocupa la presidencia a titulo personal. Y el poder del presidente es absoluto ya que, sin su consentimiento, no se toma ninguna decisión, nadie puede ser admitido o excluido, y el mismo designa su sucesor.
Tampoco se debe olvidar que para ser miembro, los estados deben recibir una invitación de Donald Trump y el país que quiera tener una silla en el consejo de administración deberá pagar mil millones de dólares. La ONU de las sombras avanza entre ambiciones y delirios de los más poderosos de la mano de un sistema económico que favorece a los multimillonarios dueños del mundo. Un imperio en decadencia que en sus últimos estertores se vuelve cada vez más peligroso.
*Periodista uruguayo residente en Ginebra, exmiembro de la Asociación de Corresponsales de Prensa de Naciones Unidas en Ginebra. Analista Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la

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