Dic 3 2014
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Cultura

La historia que somos

T√ļ muestras una foto de cuando eras peque√Īo y con cierto orgullo dices ‚Äúese soy yo‚Ä̂Ķ ¬ŅRealmente?¬† ¬ŅY c√≥mo sabes que el¬† peque√Īo y tu son la misma persona?¬† Por supuesto que somos la misma persona. No faltaba m√°s.¬† Bueno, si as√≠ lo crees¬† ¬ŅQu√© es, entonces, lo que hace que la figura de la foto¬† sea el mismo adulto que hoy la mira? ¬ŅQue es lo que persiste en el y tu a trav√©s del tiempo?

Una de nuestras¬† respuestas m√°s comunes es la creencia de que cada uno es un sujeto individual √ļnico y diferente de los otros gracias a la posesi√≥n de una identidad propia que se mantiene en el tiempo a pesar de todos los cambios que experimentamos. La evidencia que las instituciones sociales usan para determinar la identidad,¬† por ejemplo, son las huellas digitales. Pero, si pierdo mis manos¬† ¬Ņpierdo mi identidad? La investigaci√≥n y desarrollo tecnol√≥gico nos provee con una nueva evidencia‚Ķ el ADN. Ahora el neuro- bi√≥logo nos muestra una formula gen√≥mica y dice‚Ķ ‚Äúesto eres tu‚ÄĚ. Y es aqu√≠ donde me encuentro a mi mismo objetivamente. Observando mi propia¬† objetividad. El problema, te√≥ricamente hablando, es‚Ķ ¬ŅQui√©n es ese que observa objetivamente eso que¬† yo soy?ADN

Esta es la pregunta por el sentido de¬† la si mismidad. Cl√°sicamente se ha mantenido que la existencia del sujeto¬† depende de su habilidad racional¬† para autodeterminarse y distinguirse de los otros. Nos gusta pensar que lo que nos define es nuestra si mismidad dotada de¬† cualidades intr√≠nsecas que nos hace ser lo que somos.¬† Es el n√ļcleo intangible que origina nuestras acciones, nuestra libertad, nuestra singularidad¬† y nuestra¬† independencia. Nuestra identidad esencial.

El conocimiento del mundo, dice Descartes, tiene que esperar hasta¬† que¬† nuestro¬† ego se asegure filos√≥ficamente. Seg√ļn¬† Rousseau, si solo fu√©ramos capaces de liberar nuestra verdadera naturaleza recuperar√≠amos nuestra individualidad y estar√≠amos libres del sufrimiento que hoy tenemos que soportar. Para toda esta tradici√≥n occidental dentro de nosotros mismos, en la profundidad de nuestra subjetividad, se encuentra la unidad¬† de nuestro ser (Yo, Raz√≥n, Esp√≠ritu, Alma, Persona) All√≠ esta nuestra vocaci√≥n y autenticidad que las presiones sociales sofocan. Vivir aut√©nticamente es vivir de acuerdo a este n√ļcleo esencial que yo soy.

¬ŅPero,¬† esta herencia Iluminista,¬† no es, despu√©s de todo, una ilusi√≥n?¬† Nos auto convencemos que la conciencia siempre esta en control y que¬† la si mismidad¬† es¬† nuestra libertad, nuestra verdad¬† y nuestra posesi√≥n mas preciosa, virgen de influencias culturales. Y, sin embargo, en la realidad social en la que vivimos¬† esta ilusi√≥n funciona como un conjunto de pr√°cticas, disciplinas¬† y rutinas¬† que nos aprisionan y determinan. Fij√©monos solo en la tremenda influencia determinante que tienen la escuela, la iglesia, el Estado, los medios de difusi√≥n, la oficina¬† o¬† el ej√©rcito en la formaci√≥n de lo que somos. Pensamos que¬† la unidad de nuestro ser se encuentra dentro de nosotros y lo que all√≠ descubrimos, en cambio, es¬† una interioridad fracturada presa de impulsos irracionales que constantemente amenazan el orden social. Junto a la conciencia siempre encontramos al inconsciente. Junto a la raz√≥n, la irracionalidad amenazando con consumirla. Junto al amor, el odio. La¬† verdad es que la unidad del sujeto es una ilusi√≥n que precariamente¬† encubre su divisi√≥n interior.

¬ŅC√≥mo, entonces, podr√≠amos sentirnos¬† absolutamente seguro de nuestra¬† identidad cuando esta¬† marcada por la descentralizaci√≥n, desintegraci√≥n y dispersi√≥n? ¬ŅComo, a pesar de ello, nos¬† arreglamos para¬† componer un sentido de la existencia¬† a trav√©s del tiempo que¬† continuamente¬† percibimos como propio? ¬ŅC√≥mo hacemos esto?

Seg√ļn Kristeva, gracias a nuestra habilidad para construir y contar historias que encapsulan el sentido de nuestra¬† vida. La habilidad de contar la propia vida es lo que distancia¬† a los seres humanos de los animales. Es la narrativa la que le da un¬† prop√≥sito a la acci√≥n pol√≠tica al inscribirla¬† en la experiencia y memoria de la comunidad. Una acci√≥n, por muy heroica que sea, solo se completa cuando es recordada, escuchada y, luego, recontada por otros. Por eso, una historia no puede ser solo lo que un sujeto se cuenta¬† a si mismo. Su funci√≥n esencial es identificar¬† al ser humano como agente¬† de la acci√≥n narrada y encontrar en su acci√≥n una significancia¬†¬† con la ayuda, la comprensi√≥n e interpretaci√≥n de los que escuchan la historia.¬† En esta forma de vernos, en lugar de preguntar¬† ¬ŅQu√© soy yo? preguntamos¬† por nuestra¬† relacion con los otros. Por nuestra convivencia. Sin los otros no hay historias para contar. La relacion que establecemos con ellos a trav√©s de las historias que contamos no es, por tanto, una cuesti√≥n opcional ni accidental en nuestras vidas, sino que es¬† la verdadera condici√≥n de la existencia humana como tal. El reconocimiento de la importancia que ellas tienen en la constituci√≥n de nuestra identidad significa nada menos que¬†¬† el desplazamiento de la b√ļsqueda de caracter√≠sticas¬† universales y esenciales por¬† caracter√≠sticas particulares y especificas. No es lo mismo nacer en Afganist√°n o en Paraguay,¬† rico o pobre o nacer hoy o en¬† el siglo V DC.

familiaLas historias que heredamos de la cultura en la que vivimos¬† nos ayudan a ser lo que somos. Son la condici√≥n de inteligibilidad¬† y coherencia de nuestras vidas y el veh√≠culo que permite que¬† nuestras experiencias¬† puedan ser contadas a otros. No podemos explicar la unidad de nuestras vidas¬† en t√©rminos puramente sicol√≥gicos. Solamente podemos hacerlo¬† en tanto nuestra¬† vida pueda ser narrada, en tanto podamos dar cuenta de nosotros mismos a otros.¬†¬† Aunque no podemos identificar¬† totalmente la narraci√≥n con la experiencia vivida, es solo¬† a trav√©s de ella que esas experiencias adquieren significado y pueden hacerse p√ļblicas. Es por eso que la existencia es siempre una existencia contada. Cuando alguien expresa¬† que su vida no tiene sentido es tal vez porque la narrativa de su vida se ha hecho ininteligible para el o para ella, que ha perdido toda direcci√≥n hacia un cl√≠max o fin.

Roquentin, el protagonista de la Nausea, dice que tenemos que elegir entre‚Ķ ‚Äúvivir o contar‚ÄĚ. La sugesti√≥n es que las historias falsifican la experiencia y deben ser descartadas como inservibles. Pero, la historia de Roquentin¬† ¬Ņno es ya una historia? Nuestras vidas tal como las vivimos¬† son ya historias o, a lo menos, parte de una posible historia. Y como tales, a pesar de que las historias pueden ser impredictibles, inevitablemente tienen un cierto car√°cter teleol√≥gico. Las historias son nuestro medio natural. Vivimos en ellas y ellas viven en nosotros.

El asunto, sin embargo, no es tan simple como parece, porque la¬† forma, significado y posibilidad¬† de las historias nunca pueden darse por sentadas. Siempre podemos imaginar un estado en donde el sujeto no puede reconocer o construir el significado de su propia narrativa, en donde su vida aparece solo como una sucesi√≥n de eventos, como una secuencia de momentos que no vienen de ninguna parte y no se dirigen a ning√ļn lugar. ¬ŅHay alguien que en alg√ļn instante de su vida no haya sentido algo as√≠?

Es aqu√≠ en donde el psicoan√°lisis puede ser de alguna ayuda al proveer una teor√≠a y un protocolo para que nuevas¬† historias surjan a partir de la materia informe de la experiencia. La pregunta clave que Freud planteo es como el inconsciente puede ser conocido, ya que si este es ajeno e inaccesible¬† a la conciencia todo el proceso de adquisici√≥n de significado queda en suspenso. Seg√ļn el, el¬† lenguaje, al ubicarse¬† al borde de la conciencia y el inconsciente,¬† en su forma de¬† libre asociaci√≥n, desbloquea la represi√≥n¬† traum√°tica y permite el acceso a lo desconocido. La terapia alienta la b√ļsqueda de una narrativa que le de sentido a lo que hay detr√°s de los s√≠ntomas, a¬† transformar lo irrepresentable en representaci√≥n a trav√©s de la mediaci√≥n de la palabra. A poner en una narrativa¬† los fantasmas y los impulsos sadomasoquistas.

Es en el orden simbólico en donde el significado, la representación y las historias son posibles. Pero  estas historias debemos considerarlas con una actitud cognitiva diferente. Ellas no pueden tomarse como verdaderas o falsas. Ellas no buscan significados profundos, permanentes o absolutos y siempre otras historias son posibles. Su efectividad  real  no se mide porque nos entregan un conocimiento objetivo de cómo las cosas verdaderamente son, sino por su capacidad para  tender un puente entre el trauma y la  representación y para facilitar entre nosotros el intercambio de significados. Solo cuando el sujeto empieza a contar su historia, cuando empieza a aceptarla  como un proyecto es cuando podemos verla como un indicio hacia la posibilidad del sentido y  relación. En otras palabras, como un lenguaje para comunicar sus sufrimientos y decir algo significativo a otros. Así, historias se intercambian y las vidas adquieren valor. Es  a través de la restauración de la relacion social cuando una vida carente de significado puede recrear el sentido de su existencia.

Desde que carecemos de un centro esencial las¬† historias que nos contamos a nosotros mismos nunca son completamente nuestras. Son hechas de pedazos de recuerdos y de lo que los otros nos dicen acerca de nosotros. Esta es una de las razones de que muchos rechazan el valor de las historias porque falsamente unifican el individuo. Por supuesto. Quien busque una relacion √ļltima dentro del sujeto o entre el sujeto y los otros no la va a encontrar en las historias que nos contamos. Ellas¬† participan de nuestra ambig√ľedad humana y la relaci√≥n y unidad que crean¬† puede desintegrarse en cualquier momento.

Las historias, relatos y autobiograf√≠as que creamos nos dan la posibilidad de darle significado al sin sentido,¬† de nombrar nuestra experiencia fundamental de lo que significa ser humano¬† y de crear un lenguaje publico que nos libera del solipsismo, lenguaje que, sin embargo, nunca logramos articular completamente.¬† Siempre algo queda m√°s all√° de √Čl.

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